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Nieves
Ser podcast en La ventana. Acontece que no es poco, Un relato personal de la historia con Nieves con costrina. Cadena SER.
Carlos
Buenas tardes, Nieves, ¿Qué tal?
Nieves
Hola, hola, buenas tardes, Carlos. Yo muy bien.
Carlos
Tenemos en este Acontece que no es poco, un poco poquito de continuidad. Mira, me explico. Hoy vamos a seguir con las grandes frases, si te parece, ¿Verdad? Ayer citamos algunas de Picasso, de Miró, de Gaudí. Hoy tengo otra, una de Marx, de Karl Marx, que dijo aquello, y creo que dijo bien, o bastante bien, de que la religión es el opio del pueblo. Imagino que habrá bastante gente que comparta esa opinión, otra que no, pero eso dejémoslo ahí. Lo que posiblemente no se sepa tanto es que el opio, bueno, el opio, la cocaína, la metanfetamina, las drogas en general, las drogas son la religión o una de las religiones de las guerras. Y está bien apuntarlo, la verdad.
Nieves
Así es. La verdad es que cuando hablamos de drogas dices drogas, pues lo primero que te viene a la cabeza es Pablo Escobar, narco, la serie Alijos, El Chapo Guzmán, narcopisos, Guardia civil, trapicheo, narcotráfico, Feijóo, cocaína. Pero hubo un tiempo en la antigüedad clásica en que llevar cannabis a un banquete de amigos, oye, pues era un detallazo, era como llevar ahora un vinazo reserva. Pero también hubo otros tiempos en los que lejos de fliparse con sustancias recreativas por diversión, a los hombres se les hubiera hecho insoportable la guerra sin estar drogados. Vivimos rodeados de ratas, eso ya lo sabíamos todo por la radio. Pero también de drogas desde siempre. Digo yo que desde que el primer neandertal se pegó un atracón de perejil en ensaladas, alucinó y dijo está de lujo y le gustó. Alucine. Y los griegos y los romanos, pues ya ni te cuento. Los paleontólogos ya han dicho que en época prehistórica experimentaron con drogas. Se creen que en contextos funerarios consumían cositas para conectar con quien hubiera en el más allá, con dioses, con otros muertos. Puesto de lo que sea, uno conecta con quien haga falta, así que sin problemas. Muchas cosas ahora demonizadas porque gestionamos mal la vida en general están perseguidas. Pero en la antigüedad todo lo que viniera de la naturaleza era muy apreciado. Servía para comer, para curar, para hablar con dioses para pegarte una juerga. Lo malo antes y ahora es que la línea que separa. Yo no estoy descubriendo nada, estamos comentando solo, pero la línea que separa la droga medicinal de la droga psicotrópica, pues es muy fina y es muy fácil traspasarla sin darte cuenta. Por ejemplo.
Carlos
Por alusiones, yo a usted le veo en la antigua Grecia. Me lo puedo imaginar. ¿Oye, pero ya que has mencionado a griegos y romanos, estos que se metían o qué era lo que más les gustaba así?
Nieves
El opio y el cannabis. El cannabis, por ejemplo, lo usaban en ritos para hablar con dioses y que fuera fácil imaginarte que bajaba el buenorro de Adonis a verte solo con el olorcillo del ambiente porque te envolvía. Se usaba como se usaba el incienso. Y el incienso siempre ha estado unido a magias religiosas porque lo envuelve todo como en un ambientillo de divinidad. Voy a pisar un terreno de Isaías, la fuente per fumare significa a través del humo perfumare y de ese perfumare deriva perfume. Bueno, pues por inhalar ese humo, ese fumus que se desprendía de la cremación del incienso o el cannabis, se experimentaban reacciones estimulantes. Y depende de la cantidad. Es muy fácil contarle a la gente milongas de dioses y vírgenes para que se las crean cuando están envueltos en el humillo, en ese ambiente así de espiritualidad. El humillo del incienso, estoy convencida. El botafumeiro de Compostela, eso los endroga todos para que se crean las cosas más locas. Están todos fumados cuando lo mueven. Hace dos mil años Galeno dejó escrito que igual que ahora llevas un detallito a una cena de amigos, vino, una lata de mejillones gourmet, por ejemplo, antes llevaban cannabis. Lleva un poquito y dice mira qué traigo. Esta era una costumbre de los griegos que luego la copiaron los romanos. Los atenienses se regalaban cannabis en las reuniones sociales porque era apreciadísimo por sus propiedades alucinógenas.
Carlos
Ahí sigue el amigo. Oye, pero el opio y el cannabis son muy distintos. Quiero decir, el opio no lo llevarían como detalle a las cenas.
Nieves
El opio era para otras cosas. El opio ya lo usaban para evadirse de la realidad, a no ser que tuvieras que ir a la cena de la cuñada de mala gana, que tú te quisieras evadir. Pues no. Si no, no usaban opio. ¿Era más bien para curar el opio o se empleaba en ritos con los dioses? Se inventaron esto. Muy gracioso, que fue el dios Asclepio, el dios de la medicina griego, el que le dijo a los mortales, el que hizo un poco de puente ahí, le dijo, oye, el opio que sale de la adormidera está de vicio. Pero mis colegas dioses no quieren que lo sepáis porque se guardan su consumo en exclusiv. Estos dicen que lo dijo Asclepio, otros decían que no, que fue Hermes, el dios de los viajes, el que descubrió que el opio era guay y se lo chivó a los mortales. Había varios dioses relacionados con las adormideras, e incluso en sus representaciones muchos de ellos aparecen con estas plantas en la mano. Pero está claro que fueron los humanos antiguos, sobre todo griegos, los que descubrieron que los efectos del opio y del cannabis eran guays y se inventaron que su consumo era exclusivo de los dioses porque así lo hacías más apetecible a los mortales. Esto lo tomaba solo esto. Pues ahora lo queremos nosotros. Las drogas han acompañado al hombre desde siempre. Para calmar el dolor, como estimulante, para sacar valor de donde no hay, para relajarte, para dormir, para mantenerte despierto. ¿Y quién puede aguantar, que es a lo que íbamos también desde el principio, aunque nos enrollemos, quién puede aguantar el miedo en una trinchera? ¿De dónde se saca el valor para lanzarte a la lucha cuerpo a cuerpo sabiendo que vas a matar o a morir? Si no es hoy, va a ser mañana. Pues de las drogas.
Singer
No puedo vivir sin ti. No hay manera. No puedo estar sin ti, no hay manera. Me dijiste que te irías, pero llevas en mi casa toda la vida. Sé que no te irás. Tú no te irás. Has colgado tu bandera, traspasado la frontera. Eres la reina, siempre reinarás, siempre reinas. No puedo vivir sin ti, no hay manera. No puedo estar sin ti. No hay manera.
Carlos
Oye, Nieves, al margen de lo que los soldados de cualquier época buscaran por su cuenta, se sabe que en la Segunda Guerra Mundial los nazis distribuyeron metanfetaminas entre los suyos, entre sus militares. Eso se sabe.
Nieves
La famosa pervitina que llamaba esto de la pervitina Antes de la guerra, en 1937, se presentó esta metanfetamina, la pervitina, que empezó a venderse sin problemas, sin restricción para la población civil, generaba euforia, mantenía muy despierto a quien lo tomara. Se aconsejaba tomarlo a las personas depresivas, a las personas frígidas que decían que te animaban, los que necesitaban rendir más en el trabajo, y hasta para ayudarse a pasar el síndrome de abstinencia de gente que se estaba desenganchando de la cocaína o el opio. Lo que pasa es que, claro, esto era hacer un pan con buenas hostias, porque para desengancharte de una cosa, pues enganchaban a otra. El consumo de pervitina empezó a correr alegremente. Y cuando se lió ya la guerra, cuando los nazis liaron la guerra, vieron lo bien que funcionaron los soldados durante la invasión de Polonia en 1939. Esa fue la primera vez. Introdujeron esta metanfetamina de manera. A partir de ahí, de esa invasión de Polonia, empezaron a introducir la metanfetamina de manera sistemática para que la consumieran cuanto más mejor, porque, y cito, es un medicamento excelente para animar de golpe a la tropa fatigada. Esto es lo que dijeron. Nosotros sólo lo hemos visto en las películas, pero en la realidad, por lo visto, ver avanzar a los soldados nazis daba miedo, más allá del miedo normal que daban, porque avanzaban con esa contundencia, porque los soldados es que iban puestos de todo, los tanques iban a toda leche, no paraban, los motoristas iban y venían con las órdenes, eran los enlaces, haciendo cientos de kilómetros sin parar, sin dormir. Las columnas de soldados avanzaban con un brío que eso no era normal.
Carlos
Igual esto tiene que ver con el éxito de lo que se llamó la guerra relámpago, lo de atacar muy rápido, muy rápido, por sorpresa y sin miramientos. ¿Igual tiene que ver, no?
Nieves
Es que. Claro que ya lo creo que tuvo que ver. Cuando alguna vez hemos hablado de cómo Hitler se comió Polonia en dos meses, cómo se merendó Dinamarca y Noruega, que fue visto y no visto, y cómo los franceses vieron a los nazis paseándose por París sin entender cómo habían llegado hasta allí en 15 días. Pues eso fue gracias a la pervitina, a las metanfetaminas. Entre los torpes y lo cobardes que fueron a la hora de hacer frente. Entre que no se podían creer que Hitler fuera a hacer lo que hizo porque no se lo creían. Pues resultó que en un mes los nazis atacaron Bélgica, Luxemburgo, Holanda y Francia. Es que los que conducían los blindados podían estar dos noches seguidas sin dormir y muy arriba, porque les daban entre 2 y 5 pastillas de pervitina diaria.
Carlos
¿Oye, y la metanfetamina se la daban solo a los de infantería o también a los pilotos de avión?
Nieves
A los pilotos de la Duftwafe también. Ellos lo llamaban la píldora Göring o Göring. ¿Por qué? ¿Por Göring? Por Göring, porque era el jefe de la aviación, el jefe de la Luftwaffe. Por Hermann Göring. Bueno, pues por él píldora Göring. Los incesantes bombardeos sobre Gran Bretaña los aguantaron los pilotos gracias a esta anfeta. Lo que no se entiendes cómo aguantaron los británicos aquellos meses de bombardeos y las tripulaciones de submarinos masticaban chicles de cocaína y pervitina para estar atentos. Pero lo malo de la pervitina en los soldados es que todo pasa factura. La euforia y la resistencia fueron útiles, pero luego llegaron los brotes psicóticos, las alucinaciones, el mono.
Carlos
Interesante explicar todo esto, oye. De todas formas, seguro que no fueron los alemanes los que inventaron el uso de de drogas en la guerra para mejorar el rendimiento de los soldados. Esto debía venir de atrás, me imagino.
Nieves
Es que cada guerra ha tenido su droga. Hay un libro, yo esto lo sé por un libro de un profesor polaco. El profesor se llama Lukas Kamienski, se llama Las drogas en la guerra. Título sencillo. Y que ahí te cuenta las que usaban los vikingos, las que usaban las tropas de Napoleón, los zulúes, los yanquis en la Guerra de Secesión. Casi se puede seguir la historia de las guerras a través de las drogas. Los de la Segunda Guerra, ya hemos dicho, usaron sobre todo anfetaminas, que no fueron sólo los nazis, porque los británicos y estadounidenses usaron la bencedrina, que la utilizaron aún más en la guerra de Corea. También los yanquis la usaron la guerra de Corea, también en la Primera Guerra Mundial la cocaína fue la estrella en Vietnam, en el SD, en la Guerra de Secesión estadounidense les iba el láudano, la morfina y el opio. Y por supuesto en todas estaba presente el alcohol, porque el alcohol te evadía. En la campaña de Napoleón en Egipto, los soldados franceses se pusieron hasta arriba de hachís. Por lo general el Bonaparte tenía siempre bien servidas a sus tropas de vino para tenerlos contentos. Pero cuando llegaron a Egipto, resultó que por allí no bebían. El alcohol estaba prohibido para los musulmanes. ¿Y qué tomamos, papá? Así que los soldados se buscaron la vida, pillaron hachís y todos fumados. Pero claro, eso los tumbaba. Napoleón se agarraba unos cabreos tremendos. Y cuando acaban todas esas guerras, también llegan las malas noticias. Porque los traumas, las pérdidas, el terror sufrido, las heridas, empujan a seguir tomando drogas para olvidar, para evadirte. Que en Estados Unidos se instalara una epidemia de heroína cuando los soldados volvieron de las guerras de Irak y Afganistán, no fue precisamente casualidad, ¿No?
Carlos
Extraño. Oye, has mencionado a los vikingos. ¿Qué tomaban estos ya por curiosidad?
Nieves
Estos se ponían como motos. Estos secaban un hongo que la Amanita muscaria, que como estimulante y alucinógeno era lo más. Lo llamaban las setas mágicas. Por lo visto no te dejan parar quieto, te tienes que estar moviendo todo el rato. Y además de hacerte ver al de enfrente más pequeño de lo que es. A veces más grande, pero por lo general sentías al de enfrente más pequeño. Depende de cómo alucina cada uno. Pues a su vez, claro, ellos se sentían más poderosos e invencibles. Pues debe ser por eso que atacaban un poco a lo loco, porque veían chiquititos al enemigo. La fama de bestias de los vikingos a lo mejor puede ser por la manita muscaria esta. Porque sin drogarse, lo mismo. Yo que sé, lo mismo eran gente encantadora.
Carlos
Oye, pues terminar la semana de acontecer, que no es poco, con sexo, drogas y rock and roll. Bueno, no sé si está bien o mal, pero es algo, es algo. Ahí lo dejamos. A descansar, Nieves. Hasta el lunes. Cuídate. Adiós.
Nieves
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Singer
Sex and drugs and rock and roll is very good indeed. Every bit of clothing ought to make you pretty. You can cut the clothing grey is such a pity. I should wear the clothing of Mister Water. MIT see my tailor, he's called Simon. I know it's going to fit. Here's a little bit of advice. ¿You're quite welcome It is free, Don't do nothing That is cutlers You know what that'll make you be? They will try their tricky device Trap you with the Order me get your teeth into a small slice The cake of liberty Sex and drugs and rock and roll Sex and drugs and rock and roll Sex and drugs and rock and roll Sex and drugs and look and roll Sex and drugs and look and roll Shakes and rock and roll Shakes and rock and.
Rock and roll.
Podcast: Todo Concostrina (SER Podcast)
Host: Nieves Concostrina
Date: June 26, 2025
This episode of "Acontece que no es poco" explores the historical use of drugs, tracing their presence from the ancient Greek and Roman banquets to their strategic and brutal employment in warfare. With her signature wit, Nieves Concostrina uncovers how substances like cannabis, opium, and amphetamines were far from taboo in the past—in fact, they were not only accepted but highly valued for their social, medicinal, religious, and military properties. The episode also touches on the blurred lines between medicinal and recreational drugs across cultures and eras.
Drugs and Social Rituals:
Nieves explains how in ancient times, bringing cannabis to a dinner party was as prized as bringing a fine wine today. Drugs were not stigmatized; they were considered versatile gifts from nature: for eating, healing, connecting with gods, or simply having fun.
Cannabis and Incienso in Religious Context:
Both cannabis and incense were used to create spiritual atmospheres and, perhaps conveniently, to make people more receptive to religious messages or mystical experiences.
Opium as Medicine and Divine Secret:
In Greek lore, gods like Asclepius or Hermes supposedly bestowed the benefits of opium on mortals. It was prized for both medicinal and ritualistic uses, though its allure grew by being advertised as something divine and limited to the gods.
The Thin Line Between Medicine and Escape:
Drugs have always been used to deal with pain, to stimulate, to summon courage, or to escape fear—especially in war.
World War II: The Age of Methamphetamine (“Pervitin”)
The Nazis famously distributed pervitin (methamphetamine) to soldiers, pilots, and even submarine crews to keep them awake, alert, and unafraid, fueling their rapid and relentless attacks.
Not Just the Nazis:
All armies used stimulants: British and Americans used “bencedrinas” (amphetamines), and in earlier wars, drugs like cocaine, morphine, and hashish were widespread among soldiers.
Vikings and the Magic Mushroom:
Viking berserkers reportedly used Amanita muscaria (“magic mushrooms”), which could induce hyperactivity and hallucinations, making them see enemies as smaller and themselves as invincible.
On drug use through history:
“Las drogas han acompañado al hombre desde siempre. Para calmar el dolor, como estimulante, para sacar valor de donde no hay, para relajarte, para dormir, para mantenerte despierto.”
— Nieves (05:58)
On the recurring cycle of drugs and post-war trauma:
“Cuando acaban todas esas guerras, también llegan las malas noticias. Porque los traumas, las pérdidas, el terror sufrido, las heridas, empujan a seguir tomando drogas para olvidar.”
— Nieves (13:22)
Closing on the universality of vice:
“Pues terminar la semana de acontecer, que no es poco, con sexo, drogas y rock and roll... Bueno, no sé si está bien o mal, pero es algo.”
— Carlos, in a lighthearted sign-off (15:05)
Nieves keeps a tone that's casual, witty, and irreverent, enlivening history with vivid anecdotes and playful skepticism. Carlos’s questions facilitate deeper dives into episodes across eras and inject humor, while Nieves never shies from calling out myth, hypocrisy, or uncomfortable truths. The episode weaves sharp historical insight with accessible, engaging storytelling.
The episode demonstrates that far from being a plague of modern times, drugs have accompanied humanity throughout its history—sometimes as medicine, sometimes as an escape, and too often as an essential tool in both feasts and battles. As Nieves summarizes, perhaps nothing reveals so much about our enduring search for relief, courage, and transcendence as the substances we have chosen along the way.