
Loading summary
A
Ser podcast. En La Ventana. Acontece que no es poco.
B
Un relato personal de la historia con Nieves con costrina.
A
Cadena SER.
C
Hola nieves, buenas tardes.
A
¿Qué tal Carla?
C
Aquí estamos otra vez. Esta semana vamos a abrir nuestra ronda de paseos diarios por la historia hablando de política y más concretamente del bipartidismo. Que alguien pensará eso es lo del PP y el PSOE que se han ido turnando en el poder, en el gobierno central y en otros desde que España recupera la democracia. Bueno, pues no, no, porque ese bipartidismo, con sus pros y sus contras, ha sido fruto del voto de los ciudadanos. Pero del que vamos a hablar hoy. No, no, ese fue un bipartidismo trucado. Bueno, de hecho se llamaba no bipartidismo, sino le llamaban turnismo. Y el nombre ya de entrada da muy mala espina, pero mucha.
A
El turnismo. Hace poco, aunque fue el año pasado, pero hace poco estuve poniendo a parir Antonio Cánovas del Castillo.
C
Lo recuerdo.
A
Para unos un gran político y para otros un corrupto y un retrógrado. Yo estoy en el segundo grupo para dar el dato. Dejamos pendiente hablar del chiringuito que se montó con la complicidad del Borbón para estar en el poder el mayor tiempo posible gracias a su impecable sistema del bipartidismo turnista. Estamos hablando del apasionante último tercio del siglo XIX que en realidad ha marcado la historia política de este país. Para mal, muy para mal, creo yo. Desde mi punto de vista, eso del bipartidismo, del turnismo, significa que las elecciones las iba a ganar sí o sí el partido al que le tocara el turno de gobierno. Ahora te pones tú. Ahora me pongo yo. Y claro, cualquiera ¿Esto cómo se come? Porque si hay elecciones no puede saber a quién le va a tocar hasta después de las elecciones. Pero no estaba todo organizado para que ganara al que le tocara el turno de gobierno. Porque para eso existía el sistema del caciquismo y el pucherazo que se instalaron con el acuerdo de dos únicos el de Antonio Cánovas del Castillo y el de Praxedes Mateo Sarastá, que se irían pasando el testigo.
C
¿Y cuánto tiempo estuvimos así?
A
Estuvimos 15 años más o menos. De Cánovas a Sagasta y de Sagasta Cánovas. Hasta que un anarquista se cargó a Cánovas. Pero el tramposo bipartidismo turnista siguió unos años más. Y de aquellos polvos, estos lodos.
B
Recuerdo aquellos 90, todo empezaba a ir bien. Mi trabajo, aunque precario, era al fin y al cabo trabajo también. Y yo que votaba Felipe, creí en el milagro de Azna.
C
Pedazo canción. Buenísima, buenísima, buenísima. Oye, ¿Y el resto de partidos, volviendo a esa época, porque habría más partidos que estarían al tanto de los pucherazos?
A
Claro que había más partidos. Aquí estaba todo el mundo al tanto. Había partidos republicanos, demócratas, había partidos independientes, tradicionalistas. Pero claro, no se comían un torrao a veces. Se pusieron de acuerdo para poner en práctica lo que llamaron el retraimiento, es decir, no presentarse a las elecciones en protesta para denunciar la corrupción electoral. Pero bueno, le daba igual. Bueno, pues no presentéis, nos importa un pito. Podría dar la impresión de que sólo ganaban los liberales de Sagasta o los conservadores de Cánovas, porque no había más partidos. Pero aquel último tercio del siglo XIX fue muy importante en la política española. Pablo Iglesias fundó el PSOE, nacieron los nacionalismos, Sabino Arana creó el PNV nació en Barcelona, nacieron los movimientos obreros, nació la UGT en Madrid. Pero bueno, es que nada, no había nada que hacer ante el bipartidismo turnista. Todo estaba amañado para que los poquitos votantes que podían votar votaran al Partido Liberal Conservador de Cánovas o al Partido Liberal Fusionista de Sagasta, que luego acabó siendo liberal a secas.
C
Bueno, es una nomenclatura un poquito rara porque los dos partidos se van a liberar uno y uno. ¿Has dicho fusionista? Esto no me suena a mí el Partido Liberal Fusionista.
A
¿Fusionista? Sí, sí. Mira, liberal suena progresista. Tú dices liberal y suena progresista. Y aunque a los conservadores no les gusta el progreso, ni mucho menos, los progresistas sí les gusta la etiqueta. Por eso se apropian siempre de la terminología más progresista. Los que te quieren restringir libertades son los que más usan la palabra libertad y se ponen en cuanto pueden, se ponen lo de liberal. Por eso Cánovas, que era un rancio conservador, llamó a su partido Partido Liberal Conservador. Y el de Sagasta, que se supone que era el progresista, se llamó Partido Liberal Fusionista porque recogió, fusionó de todo y a todos los que tragaran con el sistema turnista o carecieran de ideología o quisieran pillar cargo. Ahí entraba mucha gente, Girauta, Toni Cantó, Albert Rivera García Paje, Borja Mari todos estos encajarían en la fusión de Sagasta. El caso es que los dos partidos, el de Cánovas y el de Sagasta, tenían que agrupar entre los dos el mayor número de gentes, ideologías, facciones, con la única condición de proteger por encima de todo Alfonso XII. Porque debajo de ese paraguas monárquico los oligarcas vivían bien y gobernaban con la estabilidad que da la pactada alternancia. Aunque el Borbón, como ha ocurrido en todos los periodos, estorbe pero ni sirva ni pinche, ni corte ni nada. Y por eso a los dos partidos de Cánovas y Sagasta se les denominaba partidos dinásticos por el rey. Lo mismo que ahora el PP y el PSOE son partidos dinásticos. ¿Se puede decir así a las claras? Hay algún socialista republicano que incluso pagaría por ser paje de Feli o por llevarle el bolso a Leticia.
C
Oye, ¿Cómo empezó esto de gobernar por turnos? ¿Quiere decir cómo se pusieron de acuerdo para hacerlo?
A
Vamos a hacer esto lo más sencillo posible porque es un periodo político farragoso. Podemos poner el principio de todo con la prematura muerte de Alfonso XII, noviembre de 1885, que es cuando se oficializa el turnismo, aunque ya venía aplicándose de facto desde cuatro años antes, desde 1880. Turnismo bueno, pero digamos que oficial. Oficial desde 1885. El rey tiene sólo 28 años y va a cascar a la bodega. Los planes de Cánovar de restaurar a los choris de los Borbones y consolidar la monarquía se le están yendo a la mierda directamente porque el pavo de Alfonso XII se le muere y se va a quedar de regente una tal Cristina de Habsburgo, inexperta, arisca, que cae fatal, austriaca, con dos hijas y embarazada no se sabe de qué. I know she turned and I know.
C
She turned and she love you much more. Esto último que has dicho es muy importante porque lo de embarazada no se sabe de qué, porque de haber nacido una niña, otra vez teníamos la bronca de los carlistas reclamando el trono.
A
Otra vez estaba el fantasma de los carlistas y estaba el fantasma de los republicanos. Bueno, a Cánovas le venía todo mal. Todo mal. Se venía encima un vacío político peligroso para los monárquicos y había que hacer trampas Cánovas tenía que asegurarse el control del país. Y un día antes de la muerte del rey, un día antes sólo, se reúne con Sagasta y le verás, amigo Práxedes, España la tenemos que dirigir entre tú y yo. Los dos somos alfonsinos. Y ahora que se nos muere el figurín este, pues tenemos que manejar a la austriaca, que va a ser seguro, Seguro que va a ser una chica obediente porque querrá proteger el trono. Tú sigue apoyándome en mi plan de proteger la corona, amigo Práxedes, y así la corona nos protegerá a nosotros. Y además, para que veas mi buena intención, yo que soy ahora presidente del Gobierno, voy a dimitir ya mismo antes de que casque el rey para que la regencia de la Cristi empiece contigo un presidente liberal. Y en cuanto convoquemos elecciones, tú sales ganador y el primer turno de gobierno te toca a ti. ¿Qué, amigo prásedes te hace el plan? Dijo práctica, Antonio me hace. Y así se acordó el bipartidismo turnista de Cánovas a Sagasta y de Sagasta Canovas.
C
Claro, es que ese sistema de turnos, otros también, otros seguramente más democráticos incluso, también caen en eso. Pero este sistema de turnos lleva inexorablemente a la corrupción. ¿Porque esto del turnismo exactamente por qué mecanismo se articulaba?
A
Pues haciéndolo todo al revés. En vez de convocar elecciones, disolver las Cortes y que la regente propusiera como presidente al candidato del partido ganador, la regente nombraba al presidente que le tocara Cánova, Sosa, Gasta. Se formaba gobierno, se disolvían las Cortes.
C
Y se convocaban elecciones, hermanos Mar, Es total, ¿Verdad? No, lo digo en serio, claro.
A
No, no, Clar. Esas elecciones, por supuesto, las ganaba el presidente que había propuesto la regente, el gobierno que ya estaba formado. Eso era magia potagia. Aunque estemos hablando de elecciones, nadie llame a esto democracia.
C
Y antes has mencionado el concepto pucherazo, o sea, compra de voto. ¿Esto cómo se hacía? Lo de la compra de votos encima era necesario hacerlo.
A
Sí los censos electorales los controlaban los ayuntamientos y en los pueblos era facilísimo que el cacique manejara al electorado. En las primeras elecciones en las que el turno le tocó a Sagasta, el caciquismo lo tuvo facilísimo, porque en España sólo podía votar el 5% de la población. Y ese 5% eran hombres mayores de 25 años y de determinada renta. ¿Te acuerdas que ya lo mencionamos? Es lo que se llamaba el sufragio censitario. Censitario o sufragio restringido. Pero en las siguientes elecciones ya se cambió al sufragio universal. Universal de solo hombres. Claro, universal de solo hombres y mayores de 25 años. Eso supuso que se pasó de 800 mil votantes, que los caciques manejaban muy bien a los 5 millones de votantes. Y ahí es donde los caciques recurrieron a todo tipo de trampas, irregularidades, falsificaciones. Aquello era de un descaro insoportable. El pucherazo, palabra que nos ha quedado desde entonces, era el más recurrente. Viene de puchero, evidentemente, porque antes no se metían los votos en urnas en los pueblos. En los pueblos se recurría al puchero de barro de los cocidos y dependiendo del resultado que se quisiera obtener, se añadían o se retiraban papeletas simplemente metiendo la mano.
C
Oye, ¿Y con esto ya era suficiente para manejarlo todo o había otros sistemas, otros modelos de fraude electoral?
A
Había muchísimos. Había una cosa que llamaban los lázaros, pues introducir votos de los muertos. Levántate y anda. Y luego también se compraban votos, a veces en metálico, a veces a cambio de una comida o de un bocata de chorizo, a veces se rompían los pucheros de barro para invalidar las mesas. Pegaba una patada, mesa invalidada, porque aquí había pasado algo que no les interesaba, o los miembros de esas mesas eran sobornados para mirar hacia otro lado cuando se daba el pucherazo o introducían ellos mismos los votos del que tuviera que ganar. ¿Hasta cuándo dura esto? Te preguntarás con voz entrecortada. Pues hasta bien metido el siglo XX, gracias al fraude electoral constante y a una corrupción política que duró 20 años y un poco más, y gracias a la cual se consolidó de nuevo la endémica corrupción de los borbones con Alfonso XIII. Así pasamos al siglo XX. Y todo ello en mitad de un calculado analfabetismo y una educación secuestrada por la secta católica que llevó y lleva a la desafección y a la desidia ciudadana. Aquí nada es casualidad. La historia pasa fácil.
C
Así se entienden muchas cosas. Oye, y en algún momento alguien intentaría arreglar esto, ¿No?
A
Sí, lo intentó arreglar Antonio Maura, pero con la oposición de Alfonso XIII. Esto lo vamos a contar otro día. Voy a acabar con una cosa que me he resistido a decir muchos de los oyentes. Les abrazo. No, pero es que tengo que usar una palabra que no me gusta fuera del contexto de la exclamación o de la sorpresa, porque la decimos todos, decimos.
C
Coño y a veces medio mordido.
A
Pues yo la uso mucho, sí, pero fuera de ese contexto, pues me molesta, no puedo evitarlo. Hay dos frases que se atribuyen a Alfonso XII en su lecho de muerte. Son mentiras, seguro, porque no encajan en un moribundo, pero así se han recogido en infinidad de libros y artículos, aún admitiendo que probablemente son falsas, pero son muy ilustrativas de aquel periodo. Son dos consejos que se supone Alfonso XII le dio a la que iba a ser su viuda, Cristina de Habsburgo. Uno fue recomendándole obediencia y fidelidad cuando le cristinita, guarda el coño. Y ya sabes, de Cánovas a Sagasta. Y de Sagasta Cánovas.
C
No está mal.
A
El otro consejo que le dio respecto a su embarazo, si nace un chico, no le pongas Alfonso, que será el 13 y la va a cagar.
C
Ya lo has dicho tú antes. Magia potagia.
A
Magia potagia. Déjame que recomiende.
C
Recomienda lo que quieras.
A
Déjame que recomiende una obra de teatro, ya que estamos hablando de esto, con mucha guasa, que se reestrena en Madrid el domingo que viene, el día 25 de enero, en el Teatro Lara. Viene a cuento porque se titula Historia de España en 70 minutos y es una locura muy divertida, con tres o cuatro actores haciendo de decenas de personajes que pasan a veces como una exhalación por el escenario, pero los identificas a todos. Mira, le tengo mucho cariño además a Forges. Fui a ver la obra con Forges y a Forges le encantó la obra y de hecho les regaló el cartel que aún hoy siguen utilizando.
C
Aquí aparecerán los turnistas en esta obra, supongo.
A
Aquí aparece todo. Dios, en 70 minutos aparece todo. Buenísima.
C
Bueno, pues tomamos nota. Habrá que ir a verla.
A
Gracias, Carla.
C
Oye, que no nos hemos despedido. Hasta mañana, Nieves.
A
Hasta mañana. Un beso, Carlos. Adiós. Para no perderte ningún episodio, síguenos en la aplicación o la web de laser, Podium Podcast o tu plataforma de audio favorita.
B
You can cut prices down all the way to zero. Just download TikTok, search free, pick items in TikTok shop, share the link and boom. Free items unlocked even with free shipping. So seriously, Why Pay Download TikTok and Start Slashing now.
Fecha: 19 de enero de 2026
Host: Nieves Concostrina en SER Podcast
Tema central: Un repaso sarcástico y crítico al sistema del turno de partidos y el caciquismo en la España de finales del siglo XIX, desmontando el llamado "bipartidismo turnista" y su legado de fraude y corrupción política.
En este episodio, Nieves Concostrina explora con su característico humor y mordacidad la historia del "turnismo bipartidista", el sistema político que rigió la España del último tercio del siglo XIX y principios del XX. Nieves desmenuza cómo el apaño de alternancia entre conservadores y liberales, impulsado por Cánovas del Castillo y Sagasta bajo el amparo de la monarquía borbónica, perpetuó el fraude electoral, el caciquismo y una corrupción rampante. Un episodio esencial para entender el escepticismo español hacia la política y la raíz de muchos males contemporáneos.
Fiel a la voz aguda, sarcástica y desenfadada de Concostrina, el episodio mezcla rigor histórico con humor ácido, comparaciones contemporáneas para facilitar la comprensión y una actitud desmitificadora hacia la política y la monarquía españolas.
¡Un episodio imprescindible para entender cómo el pasado fraudulento de la política española dejó huellas profundas y un escepticismo hacia los grandes partidos que aún resuena hoy en día!