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Nieves
Ser podcast.
En la ventana. Acontece que no es poco. Un relato personal de la historia con Nieves con costrina. Cadena SER.
Carla
Hola, Nieves. Buenas tardes.
Nieves
Buenas tardes, Carla.
Carla
¿Todo bien? Todo en orden. Todo en orden, Si. No hay más cambios ni sorpresas de última hora. Mañana se darán a conocer las nominaciones a los Oscars de Hollywood. Este año se ha retrasado todos los días por todo el desastre de los incendios de Los Ángeles, pero de momento la fecha es mañana. Y lo recuerdo porque resulta que hoy, en este paseo diario por la historia, vamos a visitar Hollywood. Pero no el Hollywood de de la imaginación, de la fiesta, de los sueños, todo lo que va aparejado a la meca del cine, sino al Hollywood de los mojigatos. Esta tarde viajamos a una época en la que, según algunos, había que hacer películas, nunca mejor dicho, como Dios manda.
¿Es así el código Haze?
Nieves
Es que se me ha ocurrido, porque el año pasado.
Decir el año pasado parece que hace mucho, pero bueno, fue a finales de noviembre cuando estuvimos hablando del estreno de Casa Blanca. Me pareció que te llamó la atención cuando mencioné el código Hay que son las normas censoras del cine estadounidense.
Carla
Eso que Ingrid Berman dudaba que estaba ahí, que no se acababa de aclarar. Pobre.
Nieves
Que no se acababa. Dice, ¿Cómo me meto yo en el papel? Porque es que como el guión de Casablanca se fue escribiendo sobre la marcha, ella, la pobre, no hacía más que preguntar. Pero al final yo me voy a liar con Rick, voy a seguir con mi marido. Vid. Ella, pues para concentrarse en lo suyo, claro. Y le mira, no sabemos qué pasará, pero de enrollarte con Rick, nada. Que el código Hayes prohíbe que en una película una mujer abandone a su marido para irse con otro. Y como quedamos en hablar de ello, pues hoy toca. Encima coincide lo de los Oscar. Pues mira qué bien. El código Hayes era el conjunto de reglas de censura por el que tuvieron que regirse las películas de Hollywood entre 1934 y 1968. Se llama así porque su mentor se llamaba William Hayes, que era presidente de la Asociación de Productores y Distribuidores de Cine. Era un señor muy rancio. Fue presidente del Partido Republicano y diácono presbiteriano. ¿Diácono? Era una especie de medio cura. No era cura entera. Un medio cura de una de las tropecientas sectas cristianas que campan por Estados Unidos. El código lo inició Hayes con unas cuantas ideas y lo remató un jesuita que se llamaba Daniel Lor. Así que tenemos que dos señores de oscuras, más el editor católico Martin Quickly, que se llamaba, se sentaron a redactar el conjunto de normas a seguir para hacer películas y evitar que llegaran a las pantallas contenidos dudosos. ¿Que podría salir mal de ahí?
Carla
Pero a ver, situemos esto, lo del Código Hays, esta especie de corsé religioso. ¿Esto era una ley o una normativa estatal? ¿Era federal? ¿Era independiente? ¿Era una lista de recomendaciones de obligado cumplimiento? ¿Cómo iba esto?
Nieves
¿Era de obligado cumplimientO, pero era independiente? ¿ERa interna? ¿Era de las propias productoras? En teoría es un código. En teoría. Fíjate que nació para frenar la censura que estaban aplicando algunos tribunales y algún estado o alguna ciudad que estaban legislando por su cuenta para censurar películas.
Carla
Bueno, Disney ha cambiado la trama de una serie que estaba rodando antes de la llegada de Trump, precisamente por eso, para que nadie se moleste. Sí, sí, sí, sí.
Nieves
Pues eso, que te pones la venda sin haber recibido ni siquiera una pedrada. Bueno, pero ya sabes lo que pasa. A los imbéciles, que no hay otra manera de definirlos, En aquellos años, y ahora también, es el equivalente a los abogados cristianos en Estados Unidos no les gustaba que en el cine salieran mujeres que exigían el divorcio, ni mujeres que bebían de más, ni piernas al aire, ni mujeres que se besaban, ni que en los diálogos hubiera tacos, ni que si una mujer recibía una hostia la devolviera. Ni que fueran mujeres las que llevaran la voz cantante en una relación. Todo eso, Mae West en concreto, les tenía a todos hasta la peinet.
Este es un tema para hablar aparte, porque vaya tía lista y valiente con su metro y medio. Pero todo esto de autocensurarse vino rodado a partir del crack, fíjate, a partir del crack bursátil de finales de los años 20.
Carla
Pero ¿Qué tendrá que ver una crisis económica con la censura en el cine? No sé.
Nieves
¿Has oído eso que cuenta en el Parque Jurásico de La teoría del caos? Una mariposa aletea en Pekín y llueve en Nueva York. Pues debió ser algo así, contado muy por encima. Después de la Gran Depresión, el cine también se resintió. Lógicamente, la Depresión a partir de 1929. Porque fíjate, tras la salvaje inversión que había hecho Hollywood en producir en el cine, en la gente con esa gran depresión estaba dejando de ir al cine. No tenían un centavo para animar a que volvieran los espectadores. Las pelis dieron más protagonismo al sexo, la violencia. Hicieron un cine más atrevido, más atractivo. Y entonces, claro, aparecieron los plastas de la religión denunciando en los tribunales y condenando la inmoralidad. Y la propuesta de Hayes ante estas denuncias, la propuesta a las productoras es ¿Y si hacemos nuestra propia normativa? Y así antes de que meta tijera nadie la metemos nosotros. Porque no nos interesa que se nos molesten los católicos, ni los evangelistas, ni los mormones, ni los prebiterianos, ni los metodistas, ni los adventistas. Lo que queremos es que todos vayan al cine y se dejen el dinerito. Hay que contentarlos a todos y que no haya ningún ofendidito.
Carla
¿Pero quién puede pensar que reflejar la vida en el cine quitaba clientela? Yo creo que es al revés.
Nieves
Claro. Pero es que además no quitaba clientela, no quitaba nada. Los ofendiditos lo que querían era prohibir, censurar. Es un modus operandi de los grupos cristianos. Y lo mismo, ojo, que lo mismo pasa en el resto de sectas judías y musulmanas. Necesitan castrar. Un talibán cancela a la mujer y exige moralidad extrema. Pero quiere una puta cuando le apetezca. Y bueno, alguna vez lo he contado. Yo conocí al cónsul marroquí en una ciudad española que se ponía ciego a jamón y a vino en las fiestas privadas. Y en su cas se lo tenía prohibido a la familia porque era musulmane. Los curas condenan a los homosexuales, pero no pueden parar de sobar a los niños. Y los curas no se perdían una película entonces. Pero cuando salían exigían que eso no lo viera nadie más. No hay que explicar que el medio natural de los seguidores de todas estas sectas es la hipocresía. Los espectadores cristianos en aquel momento no dejaron de ir al cine, ni mucho menos, salvo si los amenazaban. Las revistas católicas, por ejemplo, tenían muchísimos lectores. Y si a la multinacional le daba por calificar una película con la C de condenada, los más pacatos renunciaban a verla. Porque claro, era pecado. Nos están diciendo que no vayamos. No porque no quisieran ir. Y los canallas de los curas, además, se permitían señalar que esto era lo más grave. Se permitían señalar a las salas que exhibían las películas condenadas, prohibiendo a los fieles que volvieran a exorciner durante seis meses o un año. Bueno, aunque pusieran Sorcitro en un documental sobre.
Carla
Podía ser una sede cojonudas en lugar de condenadas, que también ¿No hubiera sido una forma de identificar las películas Entonces, resumen? Para evitar todo eso, Hollywood aceptó, en general, aceptó ponerse el corsé.
Nieves
Un corsé redactado por dos curas, por tanto intolerantes e intransigentes. Pero pese a tantos miedos, tanta doble moral, la realidad era que las películas de la descarada y desafiante Mae West seguían siendo las más taquilleras.
Había guantazos por escucharla. Soy una chica rápida a la que le gustan los hombres lentos. Como guionista era maravillosa. A todo este ataque cristiano vinieron a unirse, además que coincidió en el tiempo, una serie de escándalos del star system de Hollywood que tampoco ayudaban a la reputación de la industria cinematográfica, porque los espectadores verían claro que las películas eran reflejo de la depravación de los actores. En fin, como tú decías antes, una mojigatería tras otra.
Carla
Oye, has hablado de escándalos. Las estrellas de Hollywood, por curiosidad. ¿Escándalos como cuáles?
Nieves
Eran escándalos que por ser de famosos tenían repercusión, pero que formaban parte de su vida privada y que simplemente fueron exagerados, deformados y explotados por nuestros colegas periodistas. Por ejemplo, fue la muerte de la actriz Virginia Rapp en 1921, en una fiesta que organizó un actor famosísimo entonces. Se llamaba Roscoe Arbakal, llamaban Fatih Arbakal. Fue una fiesta que organizó en un hotel de San Francisco. Esta muchacha murió y se dijo en mitad de esa fiesta, se dijo que falleció como consecuencia de la rotura de la vejiga porque el actor Rosco este la había violado. Pero era mentira. Después se supo que la actriz sufría una cistitis crónica e inflamación de la vejiga y que murió de peritonitis. Bueno, a este hombre le hicieron tres juicios. Tres juicios por homicidio. De los tres salió absuelto, pero le arruinaron su vida y su carrera. En el tercero de los juicios, el jurado declaró que la absolución ya no es suficiente. Sentimos que se ha cometido una grave injusticia y no había la más mínima prueba que lo relacione de ninguna manera con la comisión de ningún delito. Le deseamos éxitos. Rosco es completamente inocente y libre de toda culpa. Bueno, pues pese a esto, la prensa, sobre todo la del canalla William Inan, Randolph Hearst mordió el tobillo y no soltó. Y consiguió que la opinión pública, tan manejable y tan borrega, siguiera convencida de la culpabilidad de este hombre de Arbakal. Las productoras le negaron trabajo y además prohibieron a los actores que dieran su apoyo públicamente al actor. Solo Buster Keaton, porque Arbaka le ayudó muchísimo, Solo Buster Keaton se lo saltó y lo apoyó públicamente. Y otro supuesto escándalo. Su supuesto escándalo fue el de Mary Pickford. Esta fue la primera gran estrella del cine mudo, considerada la cándida novia de América. Claro, cuando dijo que abandonaba a su marido para casarse con otro, dijeron cómo que se iba a divorciar. De eso nada. La novia de América no se divorcia.
Carla
Dios mío. Oye, pero literalmente, ¿Qué decía el Código Hayes?
Nieves
A ver, era muy extenso, pero las principales exigencias para tener en cuenta por productores, guionistas y directores a la hora de rodar una película nada de homosexualidad, nada de desnudos, nada de matrimonios interraciales, o todos blancos, o todos negros, o todos cherokees. Es que esto tiene que ver con la ley que prohibió en Estados Unidos hasta 1967 los matrimonios mixtos. Fíjate, hablábamos el otro día del mestizaje. Del mestizaje. Bueno, pues en Estados Unidos hasta el 67 se prohibieron los matrimonios mixtos, que fue una ley que desafió una familia. Se llamaba Los Lobbin. Qué curioso nombre. Los Lobby.
Carla
Hay una peli, me parece, de ellos.
Nieves
Ella era negra, el blanco. Y lo hicieron fue denunciar al estado de Virginia. Esto también me lo apunto para.
El Código Hayes exigía que toda acción criminal también fuera castigada. En la película no podía quedar nada sin castigo. El bueno siempre tenía que acabar con el malo y casarse con la chica. Si aparecía una relación extramatrimonial, también tenía que haber un castigo. Los jueces, los policías y los políticos sólo podían aparecer como los malos, pero en situaciones muy particulares, muy específicas. Y si se autorizaba algún descaro sensual de una voluptuosa mujer, como por ejemplo Rita Haybor quitándose el guante en Hilda, tenía que haber luego un justo castigo. Por eso el guantazo que le pega. Glenn Ford no fue censurado. Era el precio para que la censura no metiera tijera mientras cantaba Put the blame on main. Si luego le das una hostia, estupendo. Y la hostia estaba bien empleada, Hilda, por mover las caderas y la melena con el arte que las movía. El Código Hayes desvirtuó centenares de películas. Pero es que también agudizó el ingenio de directores y productores para esquivar la censura. El más hábil con esto fue Alfred Hitchcock. Cuentan. Pero bueno, para esto no hay tiempo. Hemos contado esto así un poquito rápido porque hay muchísima historia. Solo decir, por ejemplo, que a partir del Código Hayes, Jane, la de Tarzán, tuvo que usar vestido en vez de bikini. Y que a finales de los 60, finalmente se derogó el código y se puso la categoría por edades. Y claro, las proyecciones infantiles eran las preferidas de los curas.
Carla
Igual Tarzán gritaba para protestar.
Nieves
Pues seguro.
Carla
Son cosas tan ridículas que el que nos dan, nos da, nos dan risa. Pero joder, pues son muy graves.
Nieves
Y siguen aquí.
Carla
Siguen. Y.
Bueno, mañana más. Venga, va. No nos deprimamos antes de ahora.
Nieves
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Singer
Moonlights of the night.
I light up When you call my name And you know I'm gonna treat you right You can move Fever.
When you kiss me Fever When you hold me tight.
Fever.
In the morning Fever All through the.
Everybody'S There got the fever That is something you all know Fever Isn't such a new thing Fever Started long ago.
Romeo loved Juliet Juliet She felt the same When he put his arms around her He said Julie, baby you my flame Now give us fever.
When we kiss us Fever With thy flaming youth Fever.
I'm on fire Fever, yeah, Burned for sooth.
Captain Smith in Pocahontas Had a very mad affair.
When her daddy tried to kill him She said Daddy, oh, don't you dare get me Fever.
Where these kisses Fever When he holds.
Carla
Me time.
Singer
Fever.
I'm his misses Daddy, won't you treat him right.
Now You listen to my story Here's the point that I have made.
Cats were born to gift checks Fever Be it Fahrenheit or some greater We give you fever.
When we kiss you Fever If you live and learn fever.
Carla
Till.
Singer
You sizzle But what a lovely way to Burn what a lovely way to burn.
What a lovely way to burn. What a lovely way to burn.
Host: Nieves Concostrina
Date: 22 January 2025
Podcast: SER Podcast – Acontece que no es poco
Theme:
This episode delves into the history and societal impact of the “Código Hays,” a set of moral censorship rules that shaped Hollywood movies for over three decades. Through her signature witty and incisive style, Nieves explains the origins, content, and lasting consequences of this self-imposed corset on the US film industry, highlighting its roots in religious conservatism, industry scandals, and the hypocrisy of the censors themselves.
The episode aims to uncover how and why the Hays Code emerged in Hollywood, explore its principal rules and enforcement, and reveal its effects on film narratives, gender roles, and social representation. Nieves Concostrina debunks myths, exposes the deep hypocrisy behind the code, and connects its legacy with current trends in social censorship.
Timestamps: 01:15-03:37
El Código Hays fue un conjunto de reglas de autocensura para el cine de Hollywood entre 1934 y 1968.
Su nombre proviene de William Hays, presidente de la Asociación de Productores y Distribuidores de Cine, además de político republicano y diácono presbiteriano.
La normativa nació para evitar la censura estatal e interferencias legales locales, proponiendo una solución “interna” dentro de la industria.
Fue confeccionada en parte por William Hays, un jesuita (Daniel Lor), y el editor católico Martin Quigley.
“¿Qué podría salir mal de ahí?” — Nieves, sobre la mezcla de religiosos dictando la moral del cine. (03:19)
Timestamps: 03:56-05:02
El objetivo era evitar la censura arbitraria de ciudades o estados y, sobre todo, no molestar a ninguna corriente religiosa, para así asegurar la venta de entradas.
Hollywood adoptó el código como una estrategia comercial para no perder público religioso ni ser boicoteada.
“Lo que queremos es que todos vayan al cine y se dejen el dinerito. Hay que contentarlos a todos y que no haya ningún ofendidito.” — Nieves (05:00)
Timestamps: 04:45-05:02
Timestamps: 06:12-07:46
Nieves enfatiza la hipocresía de las religiones que condenan ciertos comportamientos pero los practican en privado.
Relata cómo la presión de revistas y grupos católicos podía incluso castigar a las salas de cine que proyectaban películas condenadas.
“Los curas condenan a los homosexuales, pero no pueden parar de sobar a los niños. Y los curas no se perdían una película entonces. Pero cuando salían exigían que eso no lo viera nadie más. No hay que explicar que el medio natural de los seguidores de todas estas sectas es la hipocresía.” — Nieves (06:38)
Timestamps: 07:46-08:14
Hollywood se autoimpuso el corsé para evitar ataques y boicots religiosos.
A pesar del código, las películas de actrices desafiantes como Mae West seguían liderando la taquilla.
“La realidad era que las películas de la descarada y desafiante Mae West seguían siendo las más taquilleras.” — Nieves (07:59)
Timestamps: 09:08-11:21
La prensa sensacionalista explotaba escándalos privados de actores para asociar al cine con la depravación.
Ejemplo de Roscoe "Fatty" Arbuckle y Virginia Rappe: Tras el trágico fallecimiento de la actriz, Arbuckle fue absuelto en tres juicios, pero la prensa lo condenó y destrozó su carrera.
Caso de Mary Pickford: Su divorcio fue escandaloso para la sociedad conservadora.
“Solo Buster Keaton lo apoyó públicamente.” — Nieves, sobre el respaldo a Arbuckle (10:35)
Timestamps: 11:21-13:36
Prohibía representación de homosexualidad, desnudos, matrimonios interraciales, relaciones extramaritales sin castigo, y siempre exigía la victoria del bien sobre el mal.
Ejemplo paradigmático: Rita Hayworth pudo hacer su famoso striptease en "Gilda" solo porque fue “castigada” después con una bofetada.
“Nada de homosexualidad, nada de desnudos, nada de matrimonios interraciales, o todos blancos, o todos negros, o todos cherokees.” — Nieves (11:27)
Timestamps: 13:13-13:36
Timestamps: 13:36-13:55
Concostrina concluye con el humor ácido y acentuada crítica social que caracteriza el programa, remarcando cómo las actitudes mojigatas y la censura siguen presentes, aunque disfrazadas de nuevas formas.
“Y siguen aquí.” — Nieves (14:02)
Useful for listeners and newcomers:
This episode is a sharp, entertaining, and informative exploration of Hollywood’s long, uneasy truce with American religious conservatism and the inventive resistance it provoked—full of history, anecdote, irony, and Concostrina’s inimitable style.