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A
SER Podcast. Soy Nieves con Costrina y estás escuchando Acontece que no es poco, un podcast donde no te contamos nada nuevo, pero te lo contamos de otra manera. Aquí te va otro episodio en La Ventana. Acontece que no es poco, un relato personal de la historia con Nieves con Costrina, Cadena SER.
B
Esto de hoy, Nieves, me recuerda un poco a cuando el público de hoy, que estábamos con la música, a cuando el público de un concierto pide con insistencia más canciones y el músico no puede negarse. No quiero frivolizar porque el tema es muy serio y muy dramático, pero para que lo recuerden los oyentes, como Nieves puso en circulación hace unos días el nombre de Leopoldo II de Bélgica, más conocido como el carnicero del Congo, y ha contado tantas barrabasadas sobre el personaje, hemos contado en dos episodios, que yo recuerde.
A
Sí, en dos.
B
Pues yo creo, y lo creen también muchos oyentes, que esto falta rematarlo, Nieves.
A
Hay que rematarlo.
B
Si hoy es un buen día.
A
Pues sobre todo a lo mejor con.
B
Esto que vas a contar hoy, lo comentaba esta mañana con Ángel Barceló y con Javier Casal igual, esto que vas a contar hoy nos ayuda a entender algunas de las cosas que nos suceden hoy con esto del racismo, de dónde venimos, no sólo España, de dónde venimos todos. Esto es global, porque esto qué vas a contar, bueno, cuéntalo que es de anteayer.
A
En términos esto es global y lo llevamos arrastrando y somos lo que somos, y somos una vergüenza el género humano en muchas ocasiones. Efectivamente, hoy rematamos el asunto del genocida, del exterminador rey de los belgas, de Leopoldo II, El carnicero del Congo, que he comparado estos días atrás con un genocidio moderno como pudo ser el de Hitler, y ojo, como el de Stalin, que olvidé mencionarlo en otro momento, gente que exterminaba por exterminar. Ya basta. Quizá Hitler más genocida que exterminador, porque fue a por un grupo concreto, pero vamos, exterminadores. Habíamos dejado a Leopoldo II como propietario a título personal de un descomunal territorio en el centro de África, que el rey belga se quedó de forma fraudulenta y al que llamó con to su papo y con todo el cachondeo posible, Estado Libre del Congo. Todo esto se hizo con el beneplácito internacional, no lo olvidemos, porque el rey de los belgas había ordenado que su gran parcela africana, su gran cortijo, fuera territorio de libre comercio internacional. Lo cual, esto le gustaba muchísimo al resto de países. Negocio, claro, negoci. Negocio. Pero lo más amargo es que el Estado Libre del Congo se constituyó como territorio libre de esclavismo.
B
Este no lo sabía. Lo del comercio sí lo sabía.
A
Esclavismo. Esto es increíble. Y sin embargo, fíjate, desde aquel 1885 en que se oficializó internacionalmente el desastre, y Durante los siguientes 25 años, el Congo fue un auténtico infierno.
B
El otro día, no sé si la primera o la segunda vez que nos hablabas de Leopoldo II, cuando soltaste la cifra de los 10 millones de muertos más de los que mató Hitler, yo me quedé dándole vueltas y estoy seguro que más de un oyente pensó bueno, Iba, les ha traspapelado una cifra. Y No, no fueron 10 millones de muertos. La pregunta es, ¿Cómo se pudo alcanzar esa cifra de muertos y mutilados en apenas 25 años, que en términos históricos es muy poquito, También es poco?
A
Yo creo que lo hicieron organizándose. Organizaron muy bien la matanza. Lo primero que hizo el rey de los belgas fue formar un ejército privado de 15.000 hombres. Era una especie de milicia, una empresa de seguridad privada que se montó. No es que fuera un ejército, por eso digo una milicia, pero estaba al margen de convenciones internacionales. No estaba sujeto a acuerdos diplomáticos. No tenía que dar cuenta a nadie como país, porque era un cortijo. Se llamó Fuerza Pública. La Force Publique lo llamaba. Los oficiales de esta Fuerza Pública eran blancos europeos, eran mercenarios. Y la soldadesca estaba compuesta por africanos contratados, también mercenarios, por supuesto, que vinieron de los países de alrededor al principio, y a los que luego se sumaron los propios congoleños. Porque siempre hay gentuza en tu propia patria dispuesta a asesinar a sus compatriotas. Esto pasa en todas partes. Pero además de esa Fuerza pública con carta blanca para matar, castigar y mutilar si se desobedecía, si desobedecía, también se creó una red de funcionarios, de administrativos, que gestionaban las distintas bases comerciales repartidas por el territorio. A esos funcionarios, como una especie de factoría con sus distintas bases comerciales repartidas por el sitio, a esos funcionarios se les subía o se les bajaba el salario, dependiendo de la productividad que conseguían en la zona que tuvieran asignada el bonus. Sí, sí, exactamente. Nos lo podemos traer a la actualidad un poco. Es como cuando en determinadas empresas les obligan a conseguir tal objetivo con los clientes. Como cuando a los empleados de banca, y esto trajo tremendas consecuencias, les decían tenéis que conseguir tal objetivo de preferentes al mes. Es que son señores de 85 años que no saben lo que les estamos contando. Da igual, lo importante es que coléis preferentes. Los engañáis. Lo importante es el objetivo. Pues eso se hizo en el Congo. Pero la cosa fue peor, porque en vez de pagar más o menos salario según la productividad, se cambió el método por otro no te voy a pagar hasta que el objetivo sean tantas o cuantas toneladas.
B
¿Toneladas de qué? ¿De qué materias primas hablamos? ¿Qué es lo que ha empezado a explotar Leopoldo II en su cortijo?
A
Caucho.
B
Caucho y marfil.
A
Caucho y marfil. Sobre todo el caucho. Es que lo del caucho fue. Esto también tiene historia aparte. El mundo industrial mataba por el caucho en aquellos finales del siglo XIX. Explicamos esto así, aunque sea por encima, porque no afectó solo al Congo. El caucho natural, el látex, es la savia de determinados árboles. Esos árboles están en el Congo y por ejemplo, también están en la Amazonia. En América. Los nativos lo llamaban el árbol de las lágrimas blancas. Porque el caucho se extrae haciendo una incisión en el tronco para que por ahí, por esa herida, salga la savia para caer luego a un recipiente. Pero el látex, lo malo es que tenía unos usos muy limitados. Porque se degradaba enseguida. Se usaba, pero enseguida se estropeaba. Hasta que en una ocasión, maldita la hora, por cierto, a mediados del siglo XIX, el industrial estadounidense Charles Goodyear, antes de ser una marca de neumáticos, fue un señor. Pues este tipo descubrió cómo hacer el caucho resistente e indeformable. Fue lo que hemos contado alguna vez, una serendipia, un hallazgo de chiripa. Encontró esto por casualidad. Se le cayó por accidente sobre un hornillo caliente una mezcla de caucho y azufre. Y resultó que esa masa que se hizo, en vez de fundirse, en vez de quemarse y desaparecer, se carbonizaba muy lentamente. Hizo más pruebas a partir de ese accidente. Comprobó cómo hacer que el caucho permaneciera flexible e indeformable. Y aquello fue el descubrimiento del siglo. Los europeos convirtieron el caucho en imprescindible para llevar adelante su vida moderna. La industria reclamaba caucho y caucho y caucho y más caucho. Era el oro blanco, lo llamaban. La demanda era salvaje, cayera quien cayera. Y cayeron por millones los nativos del Amazonas y los esclavos del Estado Libre del Congo. La matanza se redondeó cuando afinaba. A finales del XIX ya se inventó el neumático y la industria automovilística se volvió ya insaciable.
B
Y entonces, Nieves, ¿Cómo era el sistema de trabajo, quiero decir, antes de los objetivos, ¿A qué estaban obligados los congoleños?
A
Imagínate, aquí siempre llueve para abajo. Los congoleños eran los últimos. Iba a decir los últimos monos. Que inapropiado. ¿Para que estamos hablando? Con lo que me refería. Pero eran el último eslabón. ¿Qué pasaba, por ejemplo, si se obligaba a los habitantes de determinada zona a recolectar tanta cantidad de caucho y los nativos decí pues no me da la gana, oiga, déjeme usted en paz, que yo estaba aquí muy tranquilo, en mi casa, en mi cabaña, con mi ganado o con mi huerto? Saque usted el caucho. Entonces la fuerza pública encerraba a la mujer y a los hijos del congoleño y le decí hasta que no hayas recolectado tanta o cuanta mercancía, tus hijos y tu mujer ni comen ni beben. Y si tardas mucho en venir, por lo mismo ya se han muerto de hambre o los hemos matado a palos. ¿Qué ocurría? También podía suceder que los congoleños recolectores no cumplieran objetivos de producción. Entonces, en castigo, se les amputaban las manos.
B
Aquí tengo una fotografía que ya no sé ni si ponerla en nuestra web. Tiene pinta de ser. Dos hermanos, dos niños. Niño sentado, la niña de pie, con una mano amputada, cada uno en el brazo derecho, con una mirada perdida en el infinito, de resignación, de cabreo, de tristeza.
A
Es tremendo. Y además es que daba igual si eran niños, hombres, niñas, mujeres, daba igual. La policía privada del rey de los belgas exhibía ristras larguísimas de manos. Las ponían ristras de manos, de manos amputadas, de cabezas, de genitales masculinos, para que los congoleños supieran lo que les esperaba si no recolectaban tanto caucho o tanto maría. Efectivamente, es muy duro de ver la imagen que has descrito, pero a mí me gustaría que los oyentes buscaran en Internet las imágenes de niños con las dos manos amputadas, de congoleños con collares de hierro al cuello, engrilletados de hombres desnudos atados por los tobillos y las muñecas a unos maderos mientras los azotan. A todo esto, Leopoldo II, rey de los belgas, jamás pisó el Congo. Nunca estuvo en el Congo, nunca. Eso era solo su factoría, que no iba por allí. Sólo se hizo hipermillonario con las ganancias de todo lo que sacó de allí. Parte del dinero del que disfruta su descendencia hoy, en 2023, es una herencia ganada con el exterminio de 10 millones de congoleños. Aunque su mayor parte de la fortuna fue a sus hijos de estrangis y a su amante. Y luego el resto ya fue al Estado belga. Pero aquí está disfrutando el país de una pasta que sacó este tío. Yo no sé cómo esa familia real belga no se va al Congo y desaparece en la selva entre los gorilas para siempre.
B
Oye, el otro día creo que te lo pregunté y en mitad de este proceso, el resto del mundo no reaccionó. Nadie reaccionaba, nadie dijo nada.
A
Sí reaccionó mucha gente que vio de primera mano las atrocidades del rey de los belgas en el Congo. George Washington Williams, un jurista historiador, escribió una carta al propio Leopoldo y a los medios de comunicación europeos señalando al rey como asesino y contando al detalle las torturas. Nadie hizo caso. Se conoce que los medios de comunicación estaban en otras guerras, en otras tonterías. El divulgador Edmund Morell se desgañitó defendiendo a los pueblos del Congo. Mark Twain, Arthur Conan Doyle. Pero todos fueron tarde y todos fueron mal. Lo más duro que esto ya sí se tuvo más en cuenta, fue el informe Casement, que era el tipo que lo hizo, de un miembro del ministerio del Foreign Office de Reino Unido en 1904, que describió minuciosamente lo que estaba ocurriendo en el Congo. Aquello fue ya un escándalo, una masacre que continuó unos añitos más. Joseph Conrad y su célebre novela El corazón de las tinieblas, que escribió tras viajar al Congo, cuenta lo que pasaba allí, pero no decía que era el Congo.
B
El otro día dijiste que los belgas eran anticolonialistas y que Por eso Leopoldo II lo que hizo fue comprarse el Congo como particular, no como rey. Pero los belgas se enteraron de lo que estaba haciendo Leopoldo.
A
Los belgas eran tan anticolonialistas como hipócritas. Se hicieron los tontos. Lo mismo que años después los alemanes hicieron los tontos con Hitler. ¿Cómo iban a imaginar ellos que su rey Leopoldo II estuviera asesinando a millones de personas y apuntes, amputando manos a los niños? Qué tontería. ¿Cómo podrías imaginarlo? Pero esos hipócritas belgas, cuando su querido rey Leopoldo II les montaba en Bruselas una Expo Universal para enseñarles los productos exóticos del Congo, y les instalaba en un parque un zoo humano para que 267 congoleños cocinaran, comieran con las manos y danzaran sin ganas, por supuesto, para entretenimiento de los blanquitos belgas, eso les parecía bien. En ese zoo humano que Leopoldo II le montó a sus súbditos en Bruselas en 1897, había un cartel que decí no lancen comida, Los negros son alimentados por el Comité Organizador. Pero esto era lo normal, dirán algunos, porque claro, si criticamos esto, va a ser hacer presentismo. Si es que esto era lo normal. Pues no se critica y ya está, porque era lo normal. Leopoldo II, en cuanto las cosas se fueron poniendo de culo, organizó una masiva des de documentos. Hacia 1908, cuando el rey se vio obligado a entregar el Congo a Bélgica, quemó casi todo, pero quedaron miles de testimonios documentales y gráficos de viajeros, periodistas, funcionarios. Ellos dejaron relatos espeluznantes e hicieron las fotos de niños sin manos, de hombres engrilletados, de ejecutados sin cabeza. Los belgas, sin embargo, prefieren guardar el buen recuerdo de ese rey Leopoldo II, que construyó mucho por toda Bélgica y les dejó el país muy mono y muy chulo. Hace dos o tres años retiraron un busto, le tiraron un botecito de pintura roja a otro. Pero da igual que disimulen. El resto del mundo ya sabe quién fue Leopoldo II. Cómo los belgas se hacen los distraídos. ¿De dónde sale la actual familia real? ¿Y de dónde viene la inmensa fortuna de algunos, entre ellos sus hijos? ¿De estrangis? Del exterminio de 10 millones de personas.
B
Hasta mañana, Nieves.
A
Hasta mañana. Gracias. Para no perderte ningún episodio, síguenos en la aplicación o la web de Laser, Podium Podcast o tu plataforma de audio favorita. Cadena será la radio.
Podcast: Todo Concostrina – Acontece que no es poco
Host: Nieves Concostrina
Fecha: 24 de mayo, 2023
Duración: ~15 minutos
Tema principal: El genocidio perpetrado por Leopoldo II de Bélgica en el Congo y su relevancia histórica y actual.
El episodio cierra la serie de programas dedicados a Leopoldo II de Bélgica, apodado “El carnicero del Congo”, responsable de uno de los peores genocidios modernos en el “Estado Libre del Congo”. Concostrina analiza cómo, entre 1885 y 1908, alrededor de diez millones de congoleños murieron víctimas de la explotación brutal, el racismo sistémico y la codicia colonial, estableciendo paralelismos con otros exterminadores históricos y resaltando la vigencia de este pasado en los problemas actuales de racismo global.
Leopoldo II se autoproclama propietario personal de un inmenso territorio en África, al que llamó eufemísticamente “Estado Libre del Congo”, aprobado internacionalmente por presentarse como un territorio de “libre comercio”./[01:29]
“El rey belga se quedó de forma fraudulenta y, con todo el cachondeo posible, lo llamó Estado Libre del Congo. Todo esto se hizo con beneplácito internacional... porque, claro, territorio de libre comercio internacional, y eso le gustaba mucho al resto de países. Negocio.” — Nieves Concostrina [01:29]
Aunque oficialmente el Estado Libre del Congo se presentó como “territorio libre de esclavismo”, en la práctica fue “un auténtico infierno”/[02:45] debido a la esclavización y matanzas masivas.
10 millones de muertos y mutilados en solo 25 años. Concostrina recalca la magnitud y rapidez:
“¿Cómo se pudo alcanzar esa cifra de muertos y mutilados en apenas 25 años…?” — (B) [03:28]
“Lo hicieron organizándose muy bien la matanza.” — Nieves Concostrina [03:55]
Leopoldo II organizó una “Fuerza Pública” de 15,000 hombres —milicia privada con oficiales europeos y soldados africanos (muchos locales obligados a servir), con total impunidad para asesinar, castigar, y mutilar/[04:01].
Los funcionarios y administrativos coloniales tenían incentivos económicos según la productividad: cuantos más recursos extraían (especialmente caucho, luego marfil/[05:58]), mayor era su salario — un sistema directamente asociado a la crueldad y explotación extrema.
“La industria reclamaba caucho y caucho y caucho. Era el oro blanco, lo llamaban. La demanda era salvaje, cayera quien cayera. Y cayeron por millones los nativos del Amazonas y los esclavos del Estado Libre del Congo.” — Nieves Concostrina [07:00-08:16]
La población congoleña era forzada a cumplir cuotas; si no, eran castigados con la retención y tortura de sus familias:
“La fuerza pública encerraba a la mujer y a los hijos del congoleño, y le decían: hasta que no hayas recolectado tanta o cuanta mercancía, tus hijos y tu mujer ni comen ni beben. Y si tardas mucho en venir, por lo mismo ya se han muerto de hambre o los hemos matado a palos.” — Nieves Concostrina [08:43]
Si el objetivo de producción no se cumplía, “en castigo, se les amputaban las manos” — prevalecen imágenes de niños sin manos, hombres engrilletados y personas azotadas/[09:36].
“La policía privada del rey... exhibía ristras larguísimas de manos amputadas, de cabezas, de genitales masculinos, para que los congoleños supieran lo que les esperaba si no recolectaban tanto caucho o marfil.” — Nieves Concostrina [09:56]
“Los belgas eran tan anticolonialistas como hipócritas... Pero esos hipócritas, cuando su querido rey les montaba en Bruselas una Expo Universal... instalaba un zoo humano... eso les parecía bien.” — Nieves Concostrina [13:07]
Diversas voces documentaron y denunciaron la masacre: George Washington Williams, Edmund Morell, Mark Twain, Arthur Conan Doyle, Roger Casement (cuyo informe en 1904 marcó un antes y después) y Joseph Conrad, que escribió “El corazón de las tinieblas” inspirado en el Congo (aunque sin nombrarlo)/[11:23-12:56].
El escándalo internacional fue tardío y solo tras la presión y revelación de los horrores, Bélgica tomó control oficial del Congo en 1908. Leopoldo II destruyó miles de documentos, pero sobrevivieron fotografías y testimonios directos/[13:52].
Concostrina expone, con su estilo mordaz e irónico, la cruda historia del Congo bajo Leopoldo II como uno de los capítulos más sangrientos y silenciados de la historia europea, haciendo un llamado a no olvidar el origen de muchas de las riquezas y problemas actuales ligados al colonialismo y al racismo. La herida sigue abierta y las lecciones aún son urgentes.
La conductora invita expresamente a los oyentes a buscar imágenes de las víctimas en Internet para dimensionar el horror, enfatizando la importancia de la memoria visual para combatir la negación y banalización de este genocidio.
Tono y Estilo: Directo, mordaz y comprometido; Concostrina utiliza la ironía y la indignación para arrojar luz sobre la complicidad, la amnesia activa y la crueldad sistémica que marcaron la colonización del Congo.