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A
Ser podcast. Soy Nieves con costrina y estás escuchando Acontece, que no es poco. Un podcast donde no te contamos nada nuevo, pero te lo contamos de otra manera. Aquí te va otro episodio.
B
Buenas tardes, Nieves.
A
Buenas tardes, Carla.
B
¿Cómo estás?
A
Muy bien.
B
Nuevo capítulo de Cosas Nazis. Bueno, de una cosa muy concreta. El congreso del partido Nazi. Sí, sí existió. Congreso del partido nazi. Viajamos a 1934, un año en el que, joder, ver para creer. Ese año había judíos que apoyaban a los nazis pobres. Pobres o bobos, desde luego no sabían lo que vendría después, pero.
A
Pues lo deberían haber imaginado. Lo deberían haber imaginado. La historia. Mira, hablábamos de rusos que pueden, pueden frenar eso. Los alemanes no supieron frenarlo, se lo tomaron muy a broma este asunto. La historia que recordamos hoy, la verdad es que es a toro pasado, porque es algo que se produjo entre el 5 y el 10 de septiembre de 1934. Pero bueno, ¿Como es esto que dices de cosas cosas nazis? Pues siempre tiene interés. Además, cuanto más y mejor se conozca al enemigo, más fácil es combatirlo. Efectivamente, esta es la teoría. No se está demostrando que sea muy cierta, por mucho que a veces cuentes las cosas. Lo que se celebró aquellos días de septiembre en la ciudad alemana de Núremberg fue lo mismo que se llevaba celebrando desde hacía ocho años, todos los septiembres a mediados, y que continuó celebrándose durante cuatro años más. Eran los congresos del partido nazi, donde se juntaban cientos de miles de perturbados de extrema derecha que fueron dando forma ellos ahí, con sus ganitas a la Segunda Guerra Mundial. El Congreso del que hablamos, el de 1934, reunió a 700.000 nazis, entre los que había efectivamente, un buen puñado de judíos, porque los humanos son muy tontacos. En aquel congreso del partido nazi del 34 que recordamos hoy, hubo lo que había, mítines inflados de patriotismo, banderas por todas partes, muchísima bandera de todos los tamaños, formaciones de miles y miles de tipos uniformados, todos muy tiesos, desfiles, ceremonias espectaculares. Muy hipnótico, muy hipnótico todo. Como cuando ves un espectáculo de luz y sonido que te deja boquiabierto, pero en realidad se apagan las luces y el sonido y detrás no hay nada. Solo era un espectáculo. Eso era. Los congresos de la extrema derecha alemana celebraba que la extrema. La extrema derecha celebraba Núremberg todos los septiembres. Era un show que hipnotizaba a los alemanes y que acabó costando 70 millones de muertos, incluidos los propios alemanes.
B
Sigue dándole vueltas a esto de que hubiera en el año 34 judíos que simpatizaran con el partido nazi. ¿Pero eran pocos o muchos? Quiero decir, porque es muy difícil de entender.
A
Es dificilísimo. Pero no eran casos aislados, porque los judíos nazis formaron hasta una asociación. Lo de votar a alguien que se manifiesta abiertamente en contra de tus intereses está también ahora muy de actualidad. Claro que hubo judíos que votaron a Hitler y no eran pocos. También hay gente que necesita la sanidad pública y vota a los que les dejan sin sanidad pública. Pues muy bien, estupendo. Como suele decirse, son el perfecto ejemplo de los dinosaurios votando al meteorito, o como decía el otro día Gabriel Rufián, el ratón votando al gato. Lo mismo. Analfabetismo informativo se llama, o al menos lo llamo yo ahora. Que se aguanten sin ambulatorio, como tuvieron que aguantarse aquellos judíos nazis que pertenecían a la Asociación de Judíos Nacionales Alemanes cuando fueron entrando en fila de a uno en la cámara de gas. Eran judíos ultraderechistas, que los hay a porrillo. Lo que pasa es que aquellos calcularon muy mal el beneficio que les podría traer su apoyo a Hitler y el votar al partido nazi. Los judíos nazis no querían a los judíos inmigrantes, claro. Eran muy racistas y creían que si apoyaban a los nazis, Hitler expulsaría o encerraría en los campos a los judíos inmigrantes, a los del Este, que los odiaban, pero no a los judíos alemanes, claro. Adolf hombre, my Führer, que somos de los tuyos. Los propios judíos nazis veían a los judíos inmigrantes como inferiores racial y espiritualmente.
B
No está mal, Oye. Y los nazis, eso de tener el apoyo de judíos, ¿Cómo lo vivían?
A
Pues los utilizaban mientras les interesó. Los utilizaron, pero no los soportaban. Y además pensaban que eran absolutamente idiotas. Y el más idiota de todos era el presidente de la Asociación Nacional de Judíos Alemanes, que se llamaba Max Nauman, que precisamente en el mismo año del congreso nazi que recordamos hoy, del 34, la Asociación de Judíos Nacionales hizo un comunicado en el que decía, y abro comillas, siempre hemos puesto el bienestar del pueblo alemán y de la patria a la que nos sentimos indisolublemente ligados, por encima de nuestro propio bienestar. Por eso acogimos con satisfacción los resultados de enero de 1933. Aunque nos perjudiquen algunas cosas. Cierro las comillas. Esos resultados se refieren a cuando la extrema derecha ganó muchos votos en esas elecciones del 33. Hitler no ganó las elecciones, pero gracias al apoyo de la derechita cobarde llegó al poder. Y luego Hitler se merendó a la derechita cobarde y a la oposición. Ala, fuera por listo. No, por listo no, por tonto. Otra de las perlas de este judío nazi llamado Naumann fue cuando dijo que la campaña electoral no debe ser una lucha de concepciones religiosas. Debe ser una lucha decisiva sobre nuestra germanidad. Mira, mira las chorradas estas identidades nacionalistas, las de siempre. Los que han estudiado este asunto para intentar entender el apoyo que algunos miles de judíos alemanes dieron a los nazis creen saber, dicen que pensaron estos judíos lo que pensaron la mayoría de los alemanes, que los nazis no iban a llegar tan lejos. Que sólo era una forma de agitar a las masas. Que era un poco de fuego artificial, que no sería tan grave como los agoreros decían. Esta asociación estuvo activa entre 1921 hasta que se disolvió en 1935. Casualmente el año en el que ese partido nazi al que admiraban tanto aprobó, mira tú, las leyes raciales de Núremberg. Y ahí dijeron los judíos hacia andamia que resulta que también iba con nosotros la cosa esta del exterminio.
B
Oye Nieves, estamos hablando de los congresos nazis en Núremberg, de las leyes raciales de Núremberg. Luego ni los juicios de Núremberg parece la capital del nazismo. Todo ocurría en Núremberg.
A
No es casualidad. No es casualidad. Todo tiene su sentido. Además de que los nazis son muy obsesivos. Hitler la cogió llorona con Nuremberg. Como en España la han cogido llorona con la plaza de Colón. Son taras que tienen los nazis. Se apropian de un espacio, lo disfrazan de simbolismo y los desinformados se lo tragan. Hitler siempre dijo que Núremberg era la ciudad más alemana de Alemania. Aunque los núrembergueños o núrembergenses no eran los más nazis de Alemania, era al contrario. Quizás era la ciudad que menos se identificaba con Hitler. Pero el partido nazi se la propió. Se la propió y ya está. Nuremberg tuvo mucha importancia cuando existió el Sacro Imperio Romano Germano en la Edad Media tuvo muchísima importancia. Había mucho protocolo allí con la cosa del emperador. Y tal y como Hitler era un enfermo psiquiátrico, además de un grandísimo inculto, y él se obnubilaba por el pasado histórico de aquel imperio germánico medieval, por eso eligió esta ciudad para celebrar los congresos anuales de la extrema derecha alemana. Por eso allí los nazis proclamaron las leyes racistas que se han quedado para siempre con el nombre de la ciudad, las leyes de Núremberg, y que se aprobaron también en septiembre, porque fue durante la celebración del VII Congreso, el de 1935. Y por eso, cuando Alemania perdió la guerra, los aliados eligieron la misma ciudad como sede de los juicios y para ejecutar a los líderes de la extrema derecha, precisamente por haber sido la ciudad símbolo del nazismo, la ciudad más alemana.
B
Como decía G. Has dicho que del Congreso del año 35 salieron leyes racistas, algunas muy potentes, por decirlo así. El anterior, el que recordamos hoy del 34, proba algo concreto que tengamos que subrayar.
A
Fue muy importante por la propaganda. La propaganda se demostró. Bueno, los nazis eran los maestros en esto. Siguen siéndolo ahora los nazis actuales que tenemos aquí. Se demostró que lo importante no es la verdad. Lo importante de la propaganda es que la gente se crea la mentira cuando se la envuelve en papel de regalo. Muy bonita. En aquel congreso de 1934, Hitler y Goebbels sabían que lo importante no era que en Núremberg se reunieran 700.000 nazis para felicitarse de lo patriotas que eran.
B
Que no era poca cosa, eran muchos.
A
Pero lo importante es que todo eso se viera fuera de allí. Fuera. Que se vieran masas enfervorecidas, que se vieran las imágenes que hay, que se ven a mujeres llorando por tocar a Hitler, que parecía como si fueran los Beatles. La difusión, la publicidad era lo importante. No había teles entonces, y por tanto no tenían a tantos periodistas a su servicio como tienen ahora que van con ello. Aunque sea mentira, aunque sea muy burdo, da lo mismo. Pero sí tenían cineastas. Y le encargaron a una actriz y directora muy popular que se llamaba Leni Riefenstahl, que hiciera un documental. Está colgado en Internet, lo puede ver cualquiera que hiciera un documental de aquel congreso, que no reparara en gastos, lo que hiciera falta. Y les salió una película que se estrenó al año siguiente. En el 35, que se llamaba El triunfo de la voluntad, que es el documental, la peli.
B
Lo de Chaplin, no se inspiró ahí.
A
Ahí se inspira para hacer El gran dictador. Y este documental nazi es un ejemplo de propaganda, imágenes manipuladas, efectos ópticos, lo que fuera para obnubilar al espectador.
B
Después de este, del año 34, ¿Cuántos congresos más se celebraron del partido nazi?
A
¿Hasta el 38?
B
Hasta el 38.
A
Hasta el 38. El del 39 estaba previsto y organizado, pero bueno, ya sabemos. Al final se metió la guerra que la misma extrema derecha alemana había venido organizando y hubo que suspender el congreso. Se iba a llamar el Congreso de la Paz, porque esto también les gustaba mucho poner nombres a las cosas. Y fue, fíjate, Congreso de la Paz. Y fue el año en el que estalló la guerra. A cada congreso le ponían un nombrecito. El de 1933, el Congreso de la Victoria, lo llamaron el del 34, el que nos ha traído, el que recordábamos hoy, el Congreso de la voluntad. El del 35, el Congreso de la Libertad. Ya estamos, ya estamos, ya estamos. Libertad de otra palabrita que quienes más la pronuncian son precisamente los que te la quieren quitar aunque te distraigan. La palabra libertad para la extrema derecha es una cancamusa.
B
Perdón, ¿Que es una cancamusa? Es una bonita palabra, suena bien, pero no sé lo que es.
A
La cancamusa es cuando haces algo para desorientar a alguien y que no advierta que lo estás engañando. Eso es una cancamusa. Es como un truco.
B
Como un trilero.
A
Sí, sí, como un trilero. Te está haciendo por aquí con una manita y te está quitando la cartera.
B
Cancamusa. Socorro. No está mal empezar con el congreso de Pratio nazi. Acaba con los Beatles, pero nos hemos venido arriba capaces de todo. Hasta mañana, Nieves. Un beso.
A
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Podcast: Todo Concostrina
Host: Nieves Concostrina (with Carla)
Episode: El Congreso del Partido Nazi en Nuremberg
Date: September 21, 2022
This episode of Acontece que no es poco explores the infamous Nazi Party Congress held in Nuremberg in 1934. Through her characteristic style—wry, direct, and irreverent—Nieves Concostrina reflects not only on the spectacle itself but also on how propaganda, blind support, and dangerous misinformation enabled one of history’s darkest chapters.
Historical Background:
The Power of Propaganda:
Outcome:
Surprising Historical Detail:
Dangerous Miscalculations:
Nazi Delusion or Pragmatism:
Selection of the Venue:
Historical Irony:
Meaningless Titles:
Historical Irony:
On the Absurdity of Jewish Nazi Support:
On Nazi Propaganda:
On the Symbolic Appropriation of Spaces:
On “Cancamusa”:
Nieves Concostrina delivers historical insight with irony, wit, and a critical eye toward both past and contemporary parallels. Her language is colloquial, sharp, and invites reflection—frequently using direct and memorable metaphors.
This episode is a reflection on the machinery of propaganda, the seduction of mass spectacle, the perils of blind political faith, and how history’s manipulation can have catastrophic real-world consequences—even for those who mistakenly think they’re on the winning side.
For a deeper dive, listen to the full episode on the Cadena SER Podcast platform.