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A
Ser podcast. Estás escuchando Acontece que no es poco. Y yo soy Nieves con Costrina, la que te lo cuenta. Un podcast de historia para conocer, para entretenerse, para criticar, para cotillear y para lo que se tercie. Que disfrutes del episodio.
B
Pues el primer episodio de la semana en este particular viaje por la historia que hacemos con Nieves con Costrina. La verdad es que me da un poquito de yuyu por el simple hecho de invocarlo. Nieves, buenas tardes.
A
Hola, buenas tardes. No te preocupes, fue hace mucho. Fue hace mucho.
B
Bueno, sí, igual es que estamos ahora muy sensibles o muy asustados por cómo se ha puesto el mundo, por cómo está la economía, pero es que tal día como hoy, hace 63 años. ¿Qué ocurrió? Toquemos madera. El crack del 29. El crack no, el catacrack del 29.
A
Catac. Catacrac. Sí. Fíjate, a principios de octubre de Aquel año de 1929, muy a principios, la bolsa de Nueva York, cuando empezó a bajar, primero bajó un poquito y luego bajó otro poquito. Y bueno, siguió avanzando octubre y muchos pensaron que a lo mejor eso de la bolsa no era tan buena idea como parecía en un principio, así que mejor recoger beneficios y largarse con viento fresco. Hasta que Llegamos a aquel 24 de octubre, jueves de lo más negro que fue cuando Wall Street comenzó a crujir, el crack. Y el martes siguiente, el 29 de octubre, fue cuando la bolsa ya definitivamente hizo el catacrac del todo. Se pusieron a la venta. El 24 de octubre se pusieron a la venta de golpe 12 millones de títulos y otros 16 millones cinco días después con los precios de las acciones ya, bueno, no es que estuvieran bajos, estaban por debajo del subsuelo. Las órdenes de venta de acciones se acumulaban sin encontrar comprador. Miles de millones de dólares se volatilizaron, desaparecieron directamente. Las empresas quebraban una tras otra. Los empresarios saltaban por la ventana de sus lujosos despachos de los grandes de rascacielos, quebraban empresas, quebraban entidades bancarias. Dos mil bancos se fueron a picar dos mil bancos. Y por supuesto, quebraron las familias. Esto es una cadena. Uno de cada cuatro estadounidenses se fue al paro. Los agricultores, los pobres, no vendían ni un pimiento. Se disparó el impago de hipotecas y el único artículo de lujo que les quedó a muchos después del desahucio fue el coche. Y a él se tuvieron que ir a vivir hasta que también tuvieron que venderlo para comer. Y entonces ya no tuvieron ni coche en el que dormir. Después del crack de Nueva York, llegó el de Chicago. Y el de San Francisco. Y el del país entero. Y luego el de Europa, que aún no había levantado cabeza tras la Primera Guerra Mundial y se quedó sin los préstamos estadounidenses. Aquello sí que fue una depresión de la gorda, no la post vacacional. Desde luego fue la Gran Depresión la que puso boca abajo el mundo.
C
Worry all day I worry all night Every time my man comes home and wants to fuss and fight When I pick up the paper to read the news Just as I'm satisfied I undercome those blues.
B
Hay que explicarlo, aunque resulte una obviedad, o preguntarse al menos por qué pudo llegarse a esta situación. Porque está claro que ese crack venía incubándose desde hacía bastante tiempo.
A
Esto no fue de un día para otro. Se venía cociendo. Y bueno, ahí están los felices años veinte. Tras aquella horrible Gran Guerra que hubo un despiporre económico. Estados Unidos parecía un paraíso económico casi invulnerable. La bolsa subía y subía y subía. Oye, y es que hasta el marzo Penco invertía en Wall Street. Cuánto más se invertía, más subía. Y cuanto más subía, más invertía. Era un ciclo en el que se metieron y no paraban. Los empresarios recogían beneficios a manos llenas. Los consumidores, pese a tener los sueldos estancados, a lo suyo. A consumir, a consumir. A lo loco, a lo loco. Y claro, para consumir había que pedir crédito.
B
¿Cómo nos suena esto?
A
Claro, y venga coches, venga electrodomésticos. Fue la época, el boom de los electrodomésticos. Coches, electrodomésticos, artículos de lujo. Se pedían créditos hasta para invertir en bolsa porque los tipos de interés eran bajísimos y acceder al dinero era muy fácil. Bueno, pues como en la bolsa se gana mucho, dame un crédito para invertir en la Bolsa. Era un poco loco. Aquel 24 de octubre, aquel jueves negro, se descubrieron de golpe todas las trampas que tenía aquella fiesta. Porque como gran parte del dinero invertido era producto de los créditos bancarios, En cuanto la bolsa se hundió, los ahorros se esfumaron, todo hizo plof, todo era una burbuja. Ya no se podían pagar esos créditos. Y por supuesto, los bancos tampoco podían cobrarlos. Y esto fue así por lo que respecta al plano doméstico estadounidense, porque en el plano internacional fue igualmente trágico. Estados Unidos era el primer exportador mundial de materias primas, de alimentos, de productos manufacturados. Y la crisis económica mundial llevó a que los países dejaran de comprar. No tenían para comprar, pues no compraban nada. La economía yanqui se ahogó en una superproducción de productos que ya no tenían comprador. En fin, una cosa. Fue tremendo. Pero yo creo que para no hacer muy árido este tema económico, que además lo explicaría muchísimo mejor Javier Ruiz, que para esto es el experto, yo creo que sí podríamos tocar mejor algún efecto colateral que trajo la Gran Depresión. A ver, Central Park ocupado por un enjambre de chabola. Las palomitas en el la subar de la ira, el cambio climático. Porque aunque parezca mentira, todo esto está muy relacionado.
B
Momento. ¿Lo de comer palomitas en el cine está relacionado con el crack, con la Gran Depresión?
A
Mucho, todo. Ahí empezó la costumbre que tanto molesta a muchísima gente en el cine, lo de comer palomitas. Y es que ir al cine se convirtió durante aquella Gran Depresión en el más accesible medio de distracción para tantísima gente desempleada. Durante la década de los años 30 y principios de los 40, el cine te permitía evadirte. Y iba muchísima gente. Y además el cine estaba en una de las edades de oro que llaman, en pleno auge. El sonoro había llegado en 1927. Y ya en los años 30, pues fíjate, los hermanos Mar, para partirse. Fred Aster y Ginger Roger. Bueno, pues te hacían volar con sus bailes. Ahí estaba King Kong, estaba Tarzán, las pelis de gánsteres. Y en plena efervescencia del cine, hubo un empresario de una sala, una sala de cine, que pensó en añadir al entretenimiento de la peli un producto baratísimo y muy apetitoso, que además se hacía en el momento y que dejaba un margen de beneficio extraordinario. Un margen de hasta un 2.500 %, se calcula. Ese producto eran las palomitas de Waí. Y hasta aquí han llegado. Y fíjate que sin dejar el cine, he mencionado una película que tiene todo que ver con la Gran Depresión. Las uvas de la ira. Peliculón. Qué maravilla, por favor. Que está dirigida por John Ford, basada en la novela de John Steinbeck y protagonizada por Henry Fonda. Es la historia de una familia de granjeros de Oklahoma que tras el crack del 29, tienen que abandonar su tierra, como otros muchos miles, por supuesto, por la sequía del Dashbowl, que se llama. Y emigraron camino de un error. Emigraron camino de California. Dashbowl se puede traducir como el cuenco de polvo. Y vamos a ver la estrecha relación con el crack del 29 y con el cambio climático. Cómo el hombre se busca la ruina cargándose la naturaleza, cargándose su propio sustento.
B
Ya tardas en explicarlo. ¿Qué era eso del Dust Bowl? ¿El cuenco de polvo?
A
A ver. Primero tenemos que intentar visualizar las grandes llanuras de Colorado, de Kansas, de Nuevo México, de Texas, de Oklahoma. Esas llanuras que en el siglo XIX estuvieron cubiertas de hierba fresca y muy abundante, que alimentaba las manadas de bisontes. Hemos hablado hace poco de ello. Esas manadas que hicieron desaparecer los rostros pálidos para acabar con vamos a acabar con los bisontes. Así acabamos con el sustento de los nativos americanos y conseguimos rendirlos. Y eso hicieron. Así ocurrió. Una vez desaparecidas las manadas de bisontes, los colonos utilizaron aquellas verdes llanuras para su ganado. Millones y millones de cabezas de ganado vacuno. La época de los vaqueros, que también está en el cine. Las pelis de vaqueros. Todo muy peliculero. Pero claro, llegó la Primera Guerra Mundial. Y como el precio de la carne cayó en picado, los granjeros dedicaron sus tierras, dejaron el ganado y dedicaron sus tierras al cultivo de trigo. Mucho trigo. Mucho trigo que estaba muy bien pagado. Y era un cereal muy demandado por todos los países en guerra. Pero ocurrió que En los años 30 llegó la sequía. Una tras otra se fueron encadenando sequías y las cosechas se fueron a la porra. Y aquellas llanuras de Oklahoma, de Kansas, de Colorado, se convirtieron en interminables explanadas secas y polvorientas. Allí los fuertes vientos provocaban unas tormentas de arena alucinantes. Ventiscas negras, las llamaban. Los pocos cultivos que conseguían sacar adelante, el polvo los arruinaba Los pocos animales que quedaban acababan con los ojos dañados por el polvo que se les metía. Las personas se enfermaban de neumonía. Las plagas de saltamontes devoraban las pocas plantas que quedaban. Aquellas grandes llanuras de hierba por donde pacían los bisontes, eran ahora planicies de polvo. Eso es lo que llamaron el cuenco de polvo, el Dustbowl. Si. A la sequía, a la ruina de las cosechas y a la hambruna. Añ en los años 30, la Gran Depresión, sólo quedaba emigrar.
B
Y eso es lo que hace la familia de las uvas de la ira. Emigrar a California. ¿Y por qué fue un error tomar camino de California?
A
Pues porque allí sólo les aguardaban penalidades, injusticias, abusos, explotación, mal recibimiento de los californianos que se sentían invadidos por esos catetos del Dashbowl, que llegaban y llegaban en masa, con sus coches polvorientos cargados hasta los topes, con las sartenes y los cubos y los baúles viejos que iban amarrados por fuera de los coches. A toda aquella caravana de migrantes muertos de hambre los llamaban OK por Oklahoma, por el AOK de Oklahoma. Pero es un mote que les pusieron a todos los refugiados del Dasbowl. Todos arrojados a la carretera, a la famosa Ruta 66, que atravesaba aquellas llanuras polvorientas camino de los campos fértiles de California, en busca de trabajo como temporeros. 250.000 personas abandonaron las grandes llanuras, la mayoría camino de California, donde ahí se juntó un exceso de oferta de mano de obra. Los salarios eran vergonzosos, los trabajadores no tenían derechos, eran maltratados. Y además, con el país metido en esa Gran Depresión, los empresarios sabían que aguantarían los trabajadores lo que fuera lo que les echaran. John Steinbeck, que recibió el Pulitzer por su novela, quiso denunciar todo esto. Quiero colocarles la etiqueta de la vergüenza a los codiciosos cabrones que han causado esto.
B
Y al margen de los banqueros, de la especulación bursátil, del loco liberalismo económico, ¿Tuvieron nombre y apellido los responsables de la Gran Depresión?
A
Supongo que sí. Yo creo que entre todos la mataron. Esto lo saben más los expertos. Pero entre todos la mataron y ella sola se murió, como se suele decir. Señalaron al presidente estadounidense Herbert Hoover como responsable de dejar caer al país en la recesión. De hecho, su apellido quedó perpetuado y unido a la miseria. Porque se fueron creando por todo Estados Unidos Poblados de miles de chabolas de familias y personas sin hogar, víctimas de la Gran Depresión. A esos poblados los llamaban Hoover Bills, el nombre del presidente. El poblado de chabolas que creció en Central Park fue uno de los más famosos. Que no era más que otra llanura polvorienta que el Central Park. A la sombra de impresionantes rascacielos. Desde donde seguían saltando los arruinados por el crack bursátil que empezó en Wall Street aquel martes Negro de 1929.
C
Otro jueves Negro en el Wall Street journal. Desde el 29. La Bolsa no hace crack. Cierra la ofic. Crece el desvarío. Los peces se amotinan contra el dueño del río En el vecindario, a la hora del rosario, ni carne ni pescado. Dame otra pastilla de Apocalipsis Now. Mientras apolilla el libro rojo de Mao.
B
¿Ves cómo daba yuyu, Nieves? Sí, mucho yuyu.
A
¿He dicho martes? No, fue el jueves Negro.
B
Venga, un beso. Hasta mañana.
A
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Todo Concostrina - El crac de Wall Street
Fecha: 24 octubre 2022
Host: Nieves Concostrina (SER Podcast)
Este episodio nos sumerge con el característico estilo crítico e irónico de Nieves Concostrina en los orígenes, desarrollo y devastadoras consecuencias del crack bursátil de 1929, el llamado “catacrack” de Wall Street, y la consiguiente Gran Depresión. Además de radiografiar el fenómeno económico, Nieves contextualiza su impacto en la sociedad estadounidense y enlaza efectos colaterales tan cotidianos como la costumbre de comer palomitas en el cine y episodios emblemáticos de la literatura y el cine sobre la época, como Las uvas de la ira.
El preludio del crack:
El jueves negro (24 de octubre) y el martes negro (29 de octubre):
Efectos inmediatos:
Impacto social y mundial:
Los felices años veinte:
Efecto burbuja:
Crisis internacional:
Palomitas en el cine – un legado de la Gran Depresión:
El Dust Bowl y la migración masiva:
Nieves Concostrina, fiel a su estilo divulgativo mordaz y ágil, narra el crack del 29 desde lo macroeconómico hasta el detalle humano y social, revelando conexiones insospechadas —del consumo de palomitas a la literatura de Steinbeck—, y mostrando cómo una catástrofe financiera puede modelar costumbres culturales y dejar cicatrices en la memoria y hasta en el paisaje de una nación.