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Nieves
Ser podcast. Esto es Acontece, que no es poco. Y yo soy Nieves con costrina, la que te lo cuenta en cuanto te descuides. Cada fecha esconde grandes historias, minúsculas o no, a veces guarda pequeñas historias con mayúscula. Aquí te dejo escuchando una.
Carla
Hola, nieves, buenas tardes.
Nieves
¿Qué tal, Carla? Buenas tardes.
Carla
Muy bien, muy bien, muy bien. Oye, cuando repetimos igual lo hacemos con mucha insistencia, Cuando repetimos que conocer el pasado sirve para entender mejor el presente e incluso para proyectar el futuro, igual habrá quien piense que exageramos un poco. Yo creo que no. Yo creo que la historia es cíclica y que de sus páginas se pueden extraer lecciones muy valiosas. Por ejemplo, a ver, la Rusia de Putin, ese afán imperial del quiero y no puedo, y esa retahíla de personajes siniestros que le rodean, ¿Todo esto podría tener alguna conexión con el siglo XVI, con la España imperial, por ejemplo? Me parece que Nieves la encontrada esa conexión.
Nieves
Venga, no sé si una conexión, pero una cabriola. Sí. Vamos a ir por orden. Sí. Y voy a empezar con esa, con eso que dijo el poeta Campoamor y que luego repitió una frase muy famosa, porque luego una frase, era un poema que luego repitió el golpista General Armada. Te va a acordar enseguida durante el juicio, el 23, cuando le preguntaron si estuvo implicado en el golpe y respondió con los versos de Campoamor, dijo que en este mundo traidor nada es verdad ni es mentira, todo según el color del cristal con que se mira. Esa fue la respuesta. No se puede tener mazmorro. Pero es verdad, es cierto que todo depende del cristal con que se mire. Y hoy tenemos un ejemplo. El 5 de septiembre, 1567, el duque de Alba creó en Flandes el Tribunal de los Tumultos, que suena ahí como suavecito, como para juzgar alborotos de gamberros, pero es el mismo al que los belgas y los holandeses llaman el Tribunal de la Sangre, porque allí rodaron mil cabezas. Así que es otra forma de verlo. Todo depende del cristal con que se mire. Ese tribunal lo creó un tipo con muy mala leche, tremendamente iracundo, que se llamó Fernando Álvarez de Toledo, que es el duque de Alba. Todavía hoy, a los niños, esto se lo cuenta a todos los turistas además que van por allí, a los niños de aquellas tierras de Países Bajos se les asusta diciendo como no te duermas, viene el duque de Alba o te comes todo o llamo al duque de Alba.
Carla
No lo sabía yo.
Nieves
Sí, sí, sí. La mayoría ya no. Seguramente ya no sabrá ni por qué lo dice, porque ha quedado como costumbre. Pero el duque de Alba ha quedado en Países Bajos y en Bélgica como el coco o como el hombre del saco. Cuando se habla de este asunto, además saltan muelles por todas partes. Porque para unos el duque de Alba fue un estadista del copón resuelto haciendo lo que debía hacer y lo que correspondía hacer para la época. Todo lo malo que se diga de él es solo leyenda negra de los pérfidos extranjeros. Pero para otros el duque fue un canalla sin paliativos que la lió muy parda, un católico sanguinario al que se le ha estado blanqueando hasta durante el franquismo. Y la verdad es que todos tienen razón. Todos tienen razón. Hay leyenda negra y hay blanqueamiento. Este tío era un sanguinario, pero hizo lo que tocaba hacer al servicio del Imperio. No se le movía una pestaña. El duque de Alba era el prigosin de Felipe II.
Carla
Ahí estamos, ahí hemos llegado. Ahí hemos llegado.
Nieves
Este fue el jefe del grupo Wagner de la época.
Carla
Oye, por seguir en orden y que la gente no se nos despiste antes de llegar a la creación de este tribunal de la sangre o de los tumultos, lo suyo, lo primero, sería saber qué pintaban los españoles por Flandes, ¿No?
Nieves
Sí, sí. La cosa del contexto que decimos siempre. Aquella zona que llamaban Flandes y que ahora es Países Bajos y Bélgica y Luxemburgo. Aquella zona estaba mangoneada por los españoles porque fue uno de los territorios que heredó Carlos I, el rey, el que luego fue emperador, Carlos V, el favorito de tu padre. Porque este hombre heredó medio mundo y tanta parcela. Es imposible gobernarla en paz, no se puede. Tenía a todo dios cabreado y se pasó su imperio guerreando sin parar. Porque cuando no se le levantaban en un sitio, pues se le levantaban en otro por distintas económicas, territoriales, religiosas, sociales. Para gobernar ese medio mundo se necesita mucha pasta que pagaban los súbditos, los súbditos de los distintos territorios. Pero esos súbditos se quejaban de estar fritos a contribuciones y pagando a un emperador al que le veía lo justito, no se le veía el pelo. Casi a todos les parecía que el emperador estaba siempre en otro sitio, nunca donde debía. Los comuneros se mosquearon en Castilla y los flamencos fueron uno de los que se mosquearon en Flandes, pero por poner dos ejemplos. Los ministros además que colocaba en cada lugar Carlos V, tampoco iban haciendo amigos precisamente. Bien, todo esto se agrava con que en cada sitio tenían una religión y en otros ninguno.
Carla
Ya estamos ya.
Nieves
Claro, es que era el problema gordo. En un lado eran luteranos, los de allí eran calvinistas, los demás acá eran católicos, los demás allá iban a su bola en taparrabos adorando al sol y a la luna. Y claro, la Monarquía Hispánica de eso nada, aquí tenían que ser o todos católicos o cachiporrazo. Todo esto que hemos contado entiéndase solo como antecedentes muy simples para situar un poquito, los dos grandes problemas en Flandes eran primero la religión y después la salvajada de impuestos que había que pagar a la Monarquía Hispánica.
Carla
Y todos estos problemas, que por lo que dices no eran pequeños precisamente, son los que hereda el siguiente rey, Felipe II, ¿No?
Nieves
Claro, efectivamente, claro, es que todo esto le llega a él porque al final tanto imperio no compensa, o sea, no me regales un Lamborghini que no puedo mantenerlo, o sea que voy a pedir un préstamo para cambiar una rueda. Y durante el reinado de Felipe II la cosa se agrava, porque si, Carlos V no paraba quieto, pero al menos pasaba de vez en cuando, y además, hombre, él había nacido en Gante, él era flamenco, pero Felipe II plantó la corte en Madrid, apenas salía de casa y encima era de Valladolid. A este señor no le tenían ningún cariño, ni conocían ni nada. Felipe II nombró a su medio hermana Margarita, la nombró gobernadora de los Países Bajos y fue ella la que se chupó allí in situ todas las broncas. Felipe II no le venía el careto para nada, y los flamencos decían ¿Quién es ese al que le estamos pagando unos impuestos brutales? ¿Que encima no para de dar la brasa con el catolicismo? Acabó liándose muy gorda por todo Flandes, porque los calvinistas, que eran tendernos cristianos protestantes, estaban hasta el gorro de que los otros colegas cristianos, los católicos, impusieran sus maneras, como le habían pedido a Felipe II la libertad de culto, la tolerancia religiosa en aquellas tierras, y Felipe II dijo que nanai. Pues un día los protestantes montaron un Cristo, nunca mejor dicho, y ese Cristo se lo conoce como la tormenta de las imágenes o la revuelta iconoclasta. Y consistió en que los calvinistas se liaron a quemar las estatuas de vírgenes, santos y demás fauna bíblica de todas las iglesias católicas. El aristócrata más poderoso y rico de Flandes, el príncipe de Orange. Orange, el naranja. Si alguien quiere saber por qué color naranja es el color favorito de los holandeses, de los de Países Bajos, es por eso, por la dinastía. Bueno, pues este hombre, el príncipe de Orange, que tuvo excelente relación con Carlos V, presionó a la gobernadora Margarita para que se permitiera la libertad de culto. Y nada, que no hubo forma. Lo más grande es que la mayoría de la nobleza flamenca era católica, pero apoyaban, junto con el príncipe de Orange, la tolerancia religiosa para tener la fiesta. De hecho, aquella revuelta iconoclasta, aquella quema de muñecos, la aplacó la propia aristocracia flamenca. Pero el catolicísimo Felipe II, aunque se aplacó y se calmó todo, que era un imprudente, dijo, Ah, no, esto no se va a quedar así, esto se van a enterar. Y envió al grupo Wagner.
Carla
Ya has pillado la segunda conexión o la segunda cabriola con la Rusia de Putin. Este grupo Wagner que envió Felipe II, el grupo del duque de Alba, era tan nutrido como el de Prigozhin, el difunto Prigozhin. Sí.
Nieves
No, eran unos pocos menos. Eran unos pocos menos. El duque, el general más aguerrido de Felipe II, el mejor estratega, el que mejor la cagaba también. Llegó a Flandes con un ejército de diez mil hombres. ¿Diez mil? No tantos, pero eran muchos. Cuando entró en Bruselas estaba todo el mundo ahí con el culillo apretado, a ver qué va a hacer este. Y la verdad es que lo vieron enseguida. Dos semanas después de llegar, aquel 5 de septiembre, ordenó la creación de un tribunal con la misión de castigar a los responsables de los tumultos del año anterior, los que quemaron los muñecos. Ahí algunos empezaron a salir por pies, porque eso no pintaba nada bien. Cuatro días después de la creación del tribunal, ya el 9 de septiembre, el duque de Alba organizó una reunión en su residencia de Bruselas. Y allí invitó a dos nobles a los que conocía muy bien, unos tipos, además, con los que él había luchado. Eran el conde de Egmont y el conde de Horn, católicos que habían estado al servicio de Carlos V y luego al servicio de Felipe II sin ningún problema, a los que el propio duque dijo que había amado y estimado como hermanos, fíjate tú. Pero después de aquella amigable reunión, cuando salían de la residencia los soldados del Duque de Alba los apresaron y a la trena. Ahí empezaron las detenciones de toda la gente cercana a ellos y todos fueron acusados de alta traición.
Carla
Pero hay algo que no entiendo en toda esa historia. Es decir, el duque de Alba empezó deteniendo católicos por la revuelta protestante y que además no habían participado directamente en eso, al contrario. ¿Y por qué?
Nieves
Para escarmentarlos por haber pedido la libertad de culto y según el duque, por no haber hecho lo suficiente para frenar la quema de estatuas. Los tuvo presos nueve meses hasta que les dio matarile en la plaza de Bruselas y esa tan turística ahora. Y rodaron las cabezas de los dos condes católicos durante los meses anteriores y posterior fueron ejecutadas otras mil personas. Por eso en Flandes, lógicamente no se llamó el Tribunal de los Tumultos, sino el Tribunal de la sangre. En cinco años se procesó a unas 12.000 personas y se condenó a 9.000 de ellas a la confiscación de sus bienes, que esto sí que le interesaba mucho al Duque y a Felipe II, pillar las propiedades y pillar la pasta. El terror que impuso el duque de Alba fue absolutamente tremendo. Era el perro de presa del imperio español que llamaban. Este hombre provocó el éxodo de 60.000 personas que huyeron a Francia, Inglaterra y sobre todo Alemania y en donde lógicamente no fueron dejando buena prensa de los españoles. Luego dice, llámalo leyenda negra si quieres. El duque de Alba entró como un elefante en una cacharrería porque según él, la única manera de frenar la rebelión flamenca era acojonar a la población. Y lo escribió así, no lo acojonando. Dijo que había que aterrorizar para que cada uno piense que a la noche o a la mañana se le puede caer la casa encima.
Carla
Aquí nos cae como muy oportuna la música de Psicosis porque es película de terror, pero película de terror donde las haya. Y claro, la pregunta es esta, ya por completar la historia. ¿Funcionó el terror como estrategia? ¿Fue efectivo el Tribunal Este de la Sangre para terminar con las revueltas o no? Porque mira, si sirve, dice. Pues no, no sirvió tampoco.
Nieves
No, no sirvió. Solo sirvió para aterrorizar y paralizar a la población. Pero muchos se fueron. Hasta el duque se dio cuenta de que no servía de nada estar cortando cabezas y ahorcando todo el rato. ¿Qué ibas a hacer? Por eso se dedicó también a confiscar bienes.
Carla
Pero resulta que no es incompatible.
Nieves
Efectivamente, sí, pero al príncipe de Orange no lo pudo pillar. Este se le escapó. Este príncipe que empezó siendo luterano, que luego se educó en el catolicismo, al abrigo y bajo la amistad de Carlos V y que acabó siendo calvinista, cuando vio cómo las gastaba el duque de Alba, este ya desde fuera organizó un ejército y ya no paró de dar la batalla. El duque de Alba no sólo no consiguió la paz, no sólo dejó las plazas de Flandes, perdida de sangre, sino que cuando se largó de allí, de Flandes, dejó Eliada. Una guerra que duró 80 años. Vamos, debería haber muerto también un accidente de avión. Por eso se llama la guerra de los 80 años, la famosa guerra de Flandes. Los Países Bajos contra la Monarquía Hispánica hasta que lograron la independencia. De ahí el color naranja que llevan a gala. El duque en Países Bajos sigue siendo el coco.
Carla
Ahora entiendo lo que decías antes de que el duque de Alba era el mejor estratega que tenía Felipe II, pero el que mejor la cagaba también, porque esta es una cagada histórica de dimensiones considerables.
Nieves
Después, por estas guerras se perdió Flandes.
Carla
Bueno, pues nada, Nieves, mañana más vale más y mejor.
Nieves
Un beso.
Carla
Hasta mañana.
Nieves
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Podcast: Todo Concostrina, SER Podcast
Fecha: 5 de septiembre de 2023
Host: Nieves Concostrina
Colaboradora: Carla
En este episodio, Nieves Concostrina aborda la creación del llamado “Tribunal de los Tumultos” por parte del duque de Alba en Flandes, en 1567, más conocido como el “Tribunal de la Sangre”. A través de su característico tono ameno, ácido e irreverente, Concostrina desentraña el contexto político y religioso de la España imperial bajo Felipe II, comparando la represión española de la época con paralelismos actuales, como la Rusia de Putin. El episodio explora cómo el autoritarismo y la brutalidad, aunque pretendidos como métodos eficaces de control, a menudo dejan tras de sí una amarga huella histórica y social.
Este episodio es una lección magistral sobre cómo la brutalidad, lejos de sofocar la resistencia, puede alimentarla durante generaciones, y cómo las leyendas y percepciones históricas dejan eco hasta nuestros días. Nieves Concostrina, con su habitual ironía y claridad, pone de relieve un episodio oscuro de la historia española y europea, y demuestra que, en la historia y en la política, la represión raramente cosecha otra cosa que odio, resentimiento y, finalmente, fracaso.