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A
SER podcast en La Ventana Acontece que no es poco. Un relato personal de la historia con Nieves con costrina. Cadena SER.
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Hola, Nieves, buenas tardes.
A
Hola Carlas, buenas tardes.
B
Aquí estamos otra vez. Déjame recordar a los oyentes habituales de este Acontece que no es poco, a los oyentes de La Ventana que hemos abierto temporada en formato serie para contar con detalle lo que fue la guerra de Marruecos. Episodio muy importante en la historia de España que había terminado el siglo XIX despidiéndose del imperio y comenzó con una aventura colonial en marruecos el siglo XX en el rifle. Joder, que acabó como el rosario la aurora de locos.
A
Recordamos así, en pocas palabras. Decíamos ayer que este gran carajal de la guerra de Marruecos tardó muy poquito en liarse. Que en 1906 los mangoneadores colonialistas europeos británicos y franceses le dieron a España el protectorado sobre el indomable territorio del Rif tras la conferencia de Algeciras. Y en 1909 llegó el primer conflicto grave. Tardó nada y menos. Rifeños armados atacaron la empresa que construía exactamente el que estaba previsto para trasladar hasta Melilla los minerales desde las minas del Rif a la ciudad. Que ese era el plan. El plan era sacar mineral. Y bueno, pues se cargaron a varios obreros. Y ahí que sale el machote del gobernador militar de Melilla, General José Marina. Y cómo de ninguna manera vamos a permitir este ataque de, y abro comillas, marroquíes desleales a la generosa nación española. La generosa nación española era en realidad un grupo potente de oligarca, políticos, empresarios y el propio Borbón Alfonso XIII que estaban explotando unas minas en un territorio marroquí por decisión europea. Tiene narices. Es lo mismo, si se me permite la comparación. ¿Que ocurrió cuando los canallas británicos les dieron a los invasores judíos a finales del XIX? Les dijeron eso de que podían empezar a instalarse en Palestina. A ver, en todo este genocidio que están cometiendo los israelíes, los británicos tienen la cabeza metida en la tierra como los avestruz. Sí, sí, es saber si todo el mundo se le olvida si no se dan cuenta de que fueron ellos los que autorizaron a unos depredadores israelíes a ocupar e instalarse en el hogar de otros.
B
Oye, Nieves, estaba pensando con todo esto. El sultán de Marruecos el sultán de por aquel entonces tenía algo que decir del tema, porque él estuvo de acuerdo con que España tuviera un protectorado en el Rif.
A
Claro, estuvo en la conferencia de ALGEC con todos los rifeños dentro, iba a su bola, aunque fuera territorio marroquí, pero una región un poquito independentista, el sultán de Marruecos no asomaba la nariz por allí. Y cuando estuvo de acuerdo en que España se instalara en esa región inhóspita, agreste, sin apenas agua, que es una solanera donde sólo se manejan bien los bereberes, pues fue como vale instalaros en el avispero del Rif, pero allá os no os apañéis vosotros con los rifeños, que yo no les toso. Las kabilas rifeñas, las tribus no se sometían a la autoridad del sultán y mucho más se resistieron a la. A la irrupción española. Los españoles, aunque pagaban fortunas al jefe tribal para que les pacificara el territorio, el territorio no se pacificó. Y entonces vino el ataque a la empresa que construía el ferrocarril para trasladar el hierro. Ya habían tenido varias broncas rifeños y españoles. Pero la gorda gorda llega el 9 de julio de 1909, cuando 14 trabajadores españoles fueron tiroteados, murieron 5 o 6. Y ahí fue cuando el jefazo militar de Melilla, el general José Marina, dijo eso de que había sido un ataque de marru desleales a la generosa nación española. Y este uniformado es el que lía la que conocemos como guerra de Melilla, que es el comienzo de la guerra de Marruecos.
B
Pero como que la lía quiere decir la lía por su cuenta. ¿Pero el gobierno español tendría algo que decir ahí?
A
Sí, bueno, sí, claro, tendría algo que decir si lo hubiera dicho. El presidente del gobierno, Antonio Maura, era partidario de dar una respuesta policial a ese ataque, no una respuesta militar precisamente para que las cosas no fueran a peor. Pero el general de Melí, bueno, pues le convence de que no el ejército, de que tiene que haber una respuesta contundente e inmediata de España para que sepan quién manda ahí, o sea, a los rifeños había que enseñarles quién mandaba en el Rif. Y como a los generales les gusta una guerra, ya sabes tú más que a Leticia, la portada de Lola, el señor general Marina organizó. Le encanta con sus modelos. El general Marina lo que hizo fue organizar una operación militar precipitada y mal planteada el mismo día 9 de julio que provocó otros 4 muertos y otros 25 heridos. Y poco pudo hacer el presidente del gobierno, Antonio Maura con el soldadito Alfonso XIII porque el Borbón estaba de acuerdo con que la respuesta la diera el ejército. Así que al día siguiente del ataque a los obreros del ferrocarril, o sea el día 10 de julio, ya se firmó el decreto de movilización de hombres en la reserva para empezar a embarcarlos en Madrid, en el Campo de Gibraltar y en Cataluña. ¿Y los primeros reservistas que tenían que movilizarse? Los de Cataluña. De la noche a la mañana se ordenó el embarque de reservistas, que por edad, pues es que ya casi todos estaban casados y eran padres de familia con sus oficios. Es decir, reservistas que se iban a una guerra de la que se acababan de enterar porque no sabían qué coño era eso, en la que no sabían ni por qué ni por quién tenían que pegarse. Desentrenados con un armamento deficiente, dejaban desasistidas a esposas e hijos porque con ellos desaparecía el único sustento de la familia. Os vais a Melilla, les decían. ¿Decían, pero a Melilla qué? ¿Por qué? Por la patria. Por la patria. Pues por la maldita patria, que no era otra que los negocios de la oligarquía y el bosbón.
C
Azul y hacer con cumplir su voluntad en un jardín. No fallan. Así como la Rosal.
B
Todo este follón y lo de que la primera tanda de reservistas tuvieran que salir de Cataluña, me huele que nos estamos acercando a la semana trágica de Barcelona. No sé si será mucho para hoy, pero me huele que nos estamos acercando a eso.
A
Y bien que la conoces. Sí, efectivamente, fue trágica en Barcelona porque allí se pagó muy caro el plante y la rebelión popular y la huelga general. Pero hubo bronca en otros embarques. En la estación de Atocha hubo también lío y en Tudela y en Zaragoza, cuando las tropas subían a los trenes, hubo manifestaciones contra el decreto movilizador desde el mismo momento en que se hizo público el grito común Abajo la guerra. Que vayan los ricos, todos o ninguno. Y es que a la guerra no iban todos los señores reservistas, iban los señores pobres, porque la legislación de reclutamiento permitía que las familias ricas, los papis, empresarios, políticos y pudientes, pudieran librar a sus hijos de ir a la guerra de Melilla pagando 1500 pesetas al principio, luego fueron 2000 pesetas, o enviando en su lugar a un familiar al que se le pagaba por sustituir al primo, porque solía ser un primo, un primo.
B
En todos los sentidos del término. Con esto que dices, ¿De verdad?
A
Totalmente, sí, sí, tenía que ser un primo, un tío, un sobrino, un primo segundo y que además se dejara engañar como primo, pero porque no tenía más remedio, un niño ricachón podía enviar a la guerra en su lugar a un pariente de hasta cuarto grado de parentesco. Lo de que los españoles pudientes se librarán de ir a la guerra por 1500 pesetas o por 2000 pesetas, lo sé además porque corrían unas coplillas que por entonces corrieron muchas, pero había una que decí si te toca, te jodes, que te tienes que ir a la guerra del moro a que luches por mí, que tu madre no tiene 2.000 pesetas para ti. Sí, esto era lo que lo que se cantaba, es decir, los hijos de la burguesía, los hijos de la aristocracia, los Cayetanos, los que siempre van con la patria en la boca y la banderita en la billetera, eran los que no querían servir a la patria y pagaban por no servirla. Y luego había otro detalle, los familiares pobres que aceptaban ir a la guerra porque necesitaban el dinero y no os quedaba otra, y los reservistas que no podían pagar para librarse. Una vez en África, intentaban salir de allí como fuera, como fuera, intentaban que los licenciaran hiriéndose, provocándose enfermedades. Algunos buscaban lo que se llamaba el tiro de suerte, que era pegarte sin que nadie se enterara que habías sido tú, o que te pegaran un tiro sin dañarte ningún órgano vital para que te apartaran de la primera línea de com o se provocaban úlceras o acudían a prostíbulos a pillar enfermedades venéreas que les impidieran luchar. Voy a parar un buen rato y que me peguen algo de paso, pero todo esto de la Semana Trágica de Barcelona yo quiero dejarlo para mañana, para contarlo tranquilamente, porque es verdad que la hemos mencionado en muchas ocasiones, pero nunca acabamos de centrar el tiro, ya que hablamos de guerra.
B
Vale, Semana Trágica de Barcelona para el capítulo de mañana, pero en mitad de todo este destino, propósito que estás contando de esta guerra innecesaria. Oye, ¿Se conocía oficialmente qué pensaba el rey, ¿Cuál era la posición de Alfonso XIII?
A
Sí, sí, sí. Alfonso XIII quería la guerra. Quería la guerra porque seguía siendo un pavo de 23 años que se creía que esto de la guerra era un juego. Era un soldadito que se hacía muchas fotos con muchos uniformes y muchas medallitas, como hizo Juan Carlos, como ha hecho Felipe, como hace Leonor, que parece Barbie zarzuela con tanto estilismo militar. El buque está haciendo la prensa, desde luego, maravilloso. En todo este rifirrafe del Rif los historiadores más cortesanos, Tussel, Seco, Serrano, han intentado excluir la responsabilidad del rey, pero bueno, ya no cuela, porque para eso hay historiadores que descubren documentos que dicen todo lo contrario. Entre otros muchos mencionar al investigador y catedrático emérito de la Universidad de Alicante que es Antonio Escudero, por ejemplo, que ha conseguido en Francia La correspondencia de 1909 entre el embajador francés en Madrid y el ministro de Asuntos Exteriores de Francia, porque Francia vigilaba muy de cerca a España en todo aquel asunto de Marruecos. Y la correspondencia es muy jugosa. En una de las cartas el embajador a su ministro le decí el Rif no sólo tiene un carácter industrial, cubre un plan político, inflamar el amor propio nacional y las aspiraciones personales del rey. Y sigue esta carta del embajador al ministro francés Allende Salazar. Allende Salazar era el ministro de Exteriores español en aquel momento. Allende Salazar me ha dicho que el rey y los militares desean la guerra, mientras que Maura tiene tantos problemas dentro de España que no quiere ninguno grave fuera. También me ha hablado sobre los riesgos de una guerra con grandes gastos que el país no quiere. Y sigue esta el ministro me dice que los movimientos que se operan actualmente entre los regimientos están causados principalmente por la actividad del ministro de la Guerra y su deseo, estimulado por el rey, de tener al ejército español en alerta. También me dice que no hay que confundir esto con un plan de conquista de Marruecos. Tengo dudas, dice el embajador, porque la postura del rey en los asuntos marroquíes está guiada por su deseo de grandeza, por el deseo de grandeza de su ejército y de España, aunque creo que el gobierno templará los sentimientos del monarca. El ayuda de campo del rey me ha dicho, sigue el embajador, que en el último Consejo de Ministros se produjo una fuerte discusión. El ardor del rey por una acción militar más pronunciada fue tal que el gobierno se asustó. Asustado por lo de Barcelona. El gobierno quiere terminar la guerra rápidamente y no quiere meterse en la aventura del rey. Fin de las Comillas. Lo de Barcelona fue la semana trágica, claro. Y esa aventura del Borbón Alfonso XIII, el bisabuelo de Felipe, que jugaba la guerra desde su despacho en el Palacio Real, fue el gran desastre español de una guerra que duró 18 años. Y como decía otra coplilla, Melilla ya no es Melilla. Melilla es un matadero donde van los españoles a morir como corderos.
D
Nadie en el Tercio sabía quién era aquel legionario tan audaz y temerario que se alistó en la Legión. Nadie sabía su historia. Más la Legión presumía que un gran dolor le mordía como un lobo el corazón, cuando más recién era el fuego y la pelea más fiera defendiendo su bandera, el legionario avanzó y sin ceder al empuje del enemigo, exaltado, supo morir como un bravo. Y la enseña rescató.
B
Bueno, Nieves, hasta mañana. Mañana. Tercer capítulo de la guerra de Marruecos.
A
Ahí seguimos. Gracias, Carlos.
B
Venga. Un abrazo grande.
A
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Date: September 9, 2025
Host: Nieves Concostrina
Co-host: Carles Francino
This episode explores the messy origins and explosive first incidents of the Moroccan War (Guerra de Marruecos), a pivotal yet controversial chapter in early 20th-century Spanish history. Nieves Concostrina, with her characteristic irreverence and sharp wit, traces the roots of the war, uncovering the political, economic, and personal motivations that led Spain into conflict with the recalcitrant tribes of the Rif region. The conversation explains how self-serving oligarchs, politicians, and monarchs steered Spain into colonial disaster, and hints at the brewing unrest at home, foreshadowing the Semana Trágica de Barcelona.
“Este gran carajal de la guerra de Marruecos tardó muy poquito en liarse.”
(A, 00:58)
“El general de Melilla, bueno, pues le convence que tiene que haber una respuesta contundente e inmediata… A los rifeños había que enseñarles quién mandaba en el Rif… El general Marina lo que hizo fue organizar una operación militar precipitada y mal planteada.”
(A, 04:39)
The mobilization decree was met with outrage, especially as it targeted working-class reservists; wealthy families could pay for exemptions (initially 1500 pesetas, later 2000).
Protests erupted at points of embarkation—Atocha station in Madrid, Tudela, Zaragoza, and Barcelona—where crowds cried: “Abajo la guerra. Que vayan los ricos, todos o ninguno.”
Quote:
“No iban todos los señores reservistas, iban los señores pobres, porque la legislación de reclutamiento permitía que las familias ricas… pudieran librar a sus hijos de ir a la guerra de Melilla pagando 1.500 pesetas.”
(A, 07:54)
“Si te toca, te jodes, que te tienes que ir a la guerra del moro a que luches por mí, que tu madre no tiene 2.000 pesetas para ti.”
(A, 08:55)
Desperate conscripts tried everything to get out of fighting—self-inflicted wounds, catching venereal diseases, or finding “el tiro de suerte”.
“Seguía siendo un pavo de 23 años que se creía que esto de la guerra era un juego. Era un soldadito que se hacía muchas fotos con muchos uniformes y muchas medallitas.”
(A, 10:58)
“Esa aventura del Borbón Alfonso XIII… fue el gran desastre español de una guerra que duró 18 años.”
(A, 13:50)
“Melilla ya no es Melilla. Melilla es un matadero donde van los españoles a morir como corderos.”
(A, 13:51)
“Los Cayetanos, los que siempre van con la patria en la boca y la banderita en la billetera, eran los que no querían servir a la patria y pagaban por no servirla.”
(A, 09:12)
“Los británicos tienen la cabeza metida en la tierra como los avestruz... fueron ellos los que autorizaron a unos depredadores israelíes a ocupar e instalarse en el hogar de otros.”
(A, 01:53)
“Era un soldadito que se hacía muchas fotos con muchos uniformes y muchas medallitas, como hizo Juan Carlos, como ha hecho Felipe, como hace Leonor, que parece Barbie zarzuela con tanto estilismo militar.”
(A, 11:01)
Nieves Concostrina’s delivery is irreverent, direct, and laced with irony—she splices biting commentary with clever historical comparisons (“Barbie zarzuela con tanto estilismo militar”) and satirical verses, blending education with entertainment. The episode avoids glorification and closely examines the human cost and political hypocrisy behind the Moroccan War’s outbreak.
The episode concludes by promising a deeper dive into the Semana Trágica de Barcelona—the dramatic, violent uprising that shook Spain and was directly linked to the unpopular Moroccan War draft.
This summary captures the essential historical context, vivid anecdotes, and signature tone of Acontece que no es poco for listeners seeking to understand the roots of Spain’s disastrous colonial conflict in Morocco.