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A
Ser podcast. Soy Nieves con costrina y estás escuchando Acontece, que no es poco. Un podcast donde no te contamos nada nuevo, pero te lo contamos de otra manera. Aquí te va otro episodio.
B
Nieves Oncostrina, que hoy repite desde Radio Santander. Nieves, buenas tardes.
A
Hola, Carlas. Buenas tardes. ¿Qué tal?
B
¿Te tratan bien? Sí, no me atrae.
A
Estupendamente, por eso sigo aquí. Yo voy pidiendo hojas de empadronamiento.
B
¿Por donde voy mañana? ¿Dónde estarás? Por curiosidad.
A
Mañana voy a Llanes.
B
¿Dijiste a Llanes?
A
No, voy a Asturias porque el viernes. Sí, el viernes voy para allá, pero el viernes tengo allí en la Casa de Cultura la presentación del libro allí en Llanes.
B
Muy bien.
A
A las siete y media de la tarde ya lo digo todo.
B
Venga, pues vamos al lío de hoy. Fíjate, estaba pensando cuando Einstein dijo aquello de que sólo había dos cosas, el universo y la estupidez humana, pero que de lo primero no estaba muy seguro. Igual él no lo pensó, seguramente no, pero yo creo que nosotros podríamos añadirle un capítulo así especial con la lista interminable de episodios chuscos, turbios, graciosos también, pero incomprensibles, en definitiva, incomprensibles para el común de los mortales que han rodeado durante todo el tiempo las monarquías. Urbiotorbi. Porque es que. Bueno, tú lo has contado, has contado de todo. Te has visto que este negociado de reyes, reinas, príncipes, princesas y demás da para mucho. Y hoy toca Dinamarca. Dinamarca no es frecuente, pero hoy toca Dinamarca.
A
Sí, sí. No es frecuente, es verdad. Pero bueno, para que vean que como están tan fuera de tiempo, les pasan cosas muy estrafalarias y además quedan todas al descubierto. Pero tengo que agradecerle otra vez a Marta del vado la inspiración.
B
¿Ah, sí?
A
¿Que ha hecho esta vez? Sí. Bueno, pues que me inspiró. La he nombrado ya por mi cuenta. A ella y a su Ventana al mundo, inspiradora oficial de acontecidos. Acuérdate, cuando hizo la rueda de corresponsales con lo de la fiesta del trabajo, me salió a mí contar por qué Franco lo de Franco, ¿No? Que desobedeció al Papa cuando se ordenó instalar la fiesta de San José Obrero el primero de mayo. Y como a Franco lo de obrero le sonaba a muy rojo, pues lo cambió por San José Artesano, el animalico. Y en otra Ventana al mundo, posterior a raíz de la visita del convicto inviolable Juan Carlos, diste un repaso a los jarrones chinos de algunas otras monarquías, esos personajes que no hacen más que pifiarla, que solo estorban los pongas donde los pongas, pero que siguen ahí porque entre todos lo consentimos. Se supone que son valiosos, pero no lo son. Solo son pongos. Son cosas molestas, son los pongos. ¿Dónde pongo esto? ¿Dónde pongo lo otro? Hablasteis de los Windsor, hablasteis de los Saboya, de los Orange de Países Bajos, de los Glungsburg de Noruega. Y yo no hacía más que acordarme. Digo, a ver si sale, a ver si sale, Pero no teníais tiempo para más. Me acordaba del jarrón chino que tuvieron en la monarquía de Dinamarca. El que fue marido de la actual Reina Margarita II, es de la misma dinastía de los noruegos, los Glucksburg, que parece que es que te has atragantado o Te estás ahogando.
B
¿Monarquías nórdicas o escandinavas?
A
Sí, escandinavas. Bueno, como no teníais disponible un corresponsal en Dinamarca, pues me lo apunté yo para contarlo, porque el tema es muy estrafalario. La reina Margarita se quedó viuda en el año 2018 y su marido, que llevaba años liándola muy parda, pero muy parda, cuando se murió, pues terminó de liarla del todo. La pareja se tiró embroncada los últimos años de matrimonio hasta que cascó su marido, este hombre, el príncipe Enrique de Labordo, escrito la borde. Escrito de la borde. Enrique de la borde. Y la verdad, bueno, pues terminó de pifiarla y ya se acabó ahí todo. Porque dos no discuten si uno se muere. Evidentemente. Que además el marido de la reina se apellidara Laborde. Pues sí es que lo era.
C
No vine aquí para hacer amigos, pero sabes que siempre puedes contar conmigo. Dicen de mí que soy un tanto animal, pero en el fondo soy un sentimental. Mi familia no son gente normal, de otra época y corte moral, que resuelven sus problemas de forma natural. ¿Para qué discutir si puedes pelear? Dame una sonrisa de complicidad. Toda tu vida se detendrá. Nada será lo mismo, nada será igual. Ya sabes, feo, fuerte y formal.
B
Estaba pensando, Nieves, que de Dinamarca no solemos tener tampoco muchas noticias. No es de los países que aparezca a menudo en los medios de comunicación, en los nuestros y mucho menos, muchísimo menos, su familia real. Pero son de los que salen solo en las revistas del corazón o ni eso.
A
Sí, si es que apenas hacen un posado en palacio. Un posado porque se van de vacaciones. Posado porque vuelven de vacaciones. Saludan, inauguran, sonríen todo el rato. Boda, bautizos, paren como conejos porque la vida les sale gratis. Las monarquías solo sirven a la industria del papel couché. Sirven muy bien, pero sirven a eso. Y cuando son listos y no se salen de esa linde discreta que les permite que nadie repare en ellos salvo en esas cosicas y así pueden mantener su estatus. Y los más tontacos. Todas las monarquías tienen varios. Son los que llaman la atención y con ello hacen peligrar la buena vida de todos los demás. En esto se llevan la palma los Borbones españoles, de largo. Demasiados metepatas de los propios reyes. Sofía, Juan Carlos, las hijas, los cuñados, la prole. Todos la han pifiado. A los Borbones les siguen de cerca en pifias. Los Windsor han tenido mucho. Y los Saboya es que ya no cuentan nacionales. Claro, porque los italianos, al igual que luego hicieron los griegos cuando les dieron la oportunidad de votar. República, monarquía, república, república. Es verdad, qué suerte tienen algunos. Pero los Saboya siguen liándola después de muertos y también tienen lo suyo. Esto también tiene su parte muy estrafalaria. Pero hoy vamos con los daneses.
B
Venga, vamos con los daneses. Vamos con la monarquía. ¿Qué hizo este príncipe, el Enrique de Laborde o Laborde o el borde, qué hizo para que se pusiera el foco sobre una monarquía, la danesa? Que es verdad que es discreta o más discreta que otras.
A
Sí, sí, pero esto le puso ahí en el candelero. Lo que hizo tiene un punto simpático y tiene otro punto ofensivo. El simpático es que salieron a la luz los trapos sucios y hubo muchísimo chafardeo. El punto ofensivo es que te das cuenta que todas las monarquías, incluida la discreta danesa, manejan con una soltura insultante los dineros para sus reales caprichos. El problema fue que Dinamarca no tiene reyes de Dinamarca. Digo reyes varones, machos. Tenía y tiene. Reina de Dinamarca, reina titular. Margarita II es reina. Su marido era príncipe, pero no era príncipe titular, sino príncipe consorte, que es todavía menos que príncipe titular. Hacia 2016, cuando todavía estaba vivo, este hombre declaró, porque si hubiera muerto no podría declarar nada, hacia 2016 declaró abiertamente que estaba harto de ser el segundón, que estaba harto de no ser considerado el hombre más importante del reino y que estaba harto de que su hijo, el heredero de la corona danesa, estuviera por delante de él en el protocolo, porque el hijo sí era príncipe titular.
B
Pero esto ya lo sabría de antes, ¿No? Las normas son las que son.
A
Sí, pero ya sabes, es que ellos llegan, los plebeyos llegan a las monarquías creyendo que van a cambiar las normas, ¿Sabes? Y este hombre se enfadó, se pasó toda la vida enfadado. Remató su cabreo proclamando a los cuatro vientos que cuando se muriera no quería acabar enterrado junto a la reina. Si antes, no se, se le proclamaba rey consorte. ¿Que? Si en otras monarquías europeas las mujeres de los reyes eran reinas consortes. A ver, ¿Por qué él, si estaba casado con una reina, no podía ser rey consorte? Bueno, pues a ver, tampoco era rey consorte el marido de la reina de Inglaterra.
B
Mira, estaba pensando exactamente eso. Estaba pensando exactamente eso.
A
Él era, ya sabes, era duque de Edimburgo y en su momento también reclamó al principio el tratamiento de rey consorte. Esto sale, los que hemos visto la serie de Crown, sale en el momento, el cabreo que tiene muy al principio cuando quiere ser nombrado reino y le tú te calla, bonico. Pero bueno, a este lo callaron a tiempo, ¿No? Es la única cosa que tienen en común los dos Edimburgo como éste, eran unos metepatas. Enrique de Dinamarca no era danés de nacimiento. Este era francés. Pero para casarse con Margarita de Dinamarca tuvo que renunciar a su nacionalidad y tuvo que renunciar a su apellido, Laborde. Odiaba, además, odiaba aprender a hablar danés. Recién llegado a Dinamarca, se quejaba de lo mal. Uy, qué mal se come aquí. Decía, comen fatal de los malos que eran los vinos, porque era un buen bebedor. Decía que la dieta danesa no tenía ninguna clase.
C
Sácame de esta ciudad en cohete disparado. Quiero estar en cualquier otro lado. Entre autopistas vacías, por la senda natural, juntos, mano a mano, trueno y relámpago. Hay veces que se queda embobada viendo alrededor y se vuelve invisible y la espía desde su rincón.
B
No sé si tenía alguien que le aconsejara mal, pero este Laborde si pretendía ser rey consorte de Dinamarca. No llegó al país haciendo amigos, precisamente.
A
Y además, los que lo conocían lo sabían y se lo advirtieron a Margarita que entonces era princesa cuando se casó con él. Nena, que a los plebeyos que pisan moqueta en palacio los carga el diablo. Ten cuidado. Y a las pruebas nos remitimos aquí en España, con Letizia también. El príncipe Enrique soltó tanto por su boca en sus últimos años, que en palacio no hacían más que hacer notas oficiales diciendo que, pobrecito, que el príncipe Enrique padecía senilidad. Que mojón senil. No estaba senil, lo que tenía era un cabreo del siete. Él decía abiertamente en cuanto le ponían un micró Soy un perro al que le tiran un terrón de azúcar de vez en cuando.
B
Pues sí que estaba cabreado. Con esta frase, desde luego se dice todo. Ya.
A
Y como esta es que soltaba una cada dos por tres. En 2015, cuando la reina Margarita cumplió 75 años, esto salió en todas las revistas del papel. Y se montó una de esas performance reales de banquetes pantagroélicos, de guerra de joyas y modelitos entre las señoras y tal. El príncipe Enrique se negó a asistir al cumpleaños de mujer. Llamó a unos colegas y se fueron todos de copas a Venecia, en palacio, diciendo que el príncipe consorte tenía gripe. Y el príncipe en Venecia, subiendo fotos con los amigotes en las redes. Sí, sí, Aquello fue un escandalazo. Estábamos queadísimo, porque en todos los actos ya ni siquiera lo colocaban el segundo detrás de la reina, sino el tercero, porque está por delante. Estaba por delante de él su hijo, el príncipe heredero. Y ya todo empeoró en el verano de 2017, cuando el marido de la reina soltó que cuando se muriera, a nadie se le ocurriera darle un funeral de Estado. Que los boatos funerarios oficiales se los metieran por donde le escupiera. Y que si la reina quería que acabaran enterrados juntos, antes tenía que hacerle rey consorte. Si no, nada, que él no se quería enterrar con ella. Es más, que quería estar lo más lejos posible.
B
Y se lo respetaron. ¿Se lo respetaron o no?
A
Sí, sí, sí, se lo respetaron. Sí, sí, se lo respet. El plan era enterrarlo donde entierran a todos los reyes de Dinamarca y a sus consortes. Que es en la catedral de Roskilde. No sé cómo se pronuncia en danés, escrito así.
B
Roskilde. Roskilde está bien.
A
Es una ciudad en una isla, al final de un fiordo. Por allí tiene muchos fiordos. Y en esa catedral ya tienen a treinta y tantos fiambres royales enterrados. Pero es que para colmo, la reina Margarita había encargado ya un sarcófago doble lujosísimo para los dos, para ella y para Enrique. Es un sarcófago que es una sola pieza, pero con dos huecos antropomórf dentro, uno al lado del otro. Yo invito de verdad a los oyentes a que lo busquen en Internet, porque tiene guasa. El sarcófago ha costado tres millones de euros el recipiente. Tres millones de euros. A esto me refería antes con lo de que resulta ofensivo cómo manejan los dineros esta gente. El sarcófago está ya instalado en la catedral y esperando a Margarita. Tiene 3 metros de largo, pesa 7 toneladas y está hecho de vidrio, tal y como pidió la reina, como símbolo de la transparencia que ha querido mostrar durante toda su vida y su reinado. Así lo dijo siguiendo esa regla, los sarcófagos de nuestros reyes tendrían que ser de obsidiana, vidrio volcánico que no se ve nada. La verdad es que razón tenía Margarita en considerar transparente su vida, porque nos hemos enterado de todos los malos rollos y de lo que se gasta en caprichos. Eso no la convierte en buena reina, sólo demuestra que lo cuenta todo. La base sobre la que se apoya el sarcófago, impresionante, está hecha con arenisca de Francia, que era el país natal de Enrique. Era un homenaje a él. Y los tres pilares que lo sostienen son granito danés, basalto feroés y mármol groenlandés, uno por cada uno de los tres países que reúne el Reino de Dinamarca. Todo muy simbólico. Y dentro, los dos huecos tallados en el vidrio con las dos figuras yacentes de Margarita y Enrique el borde. 3 milloncejos de euros para que se quede medio vacío.
B
Pero ¿Dónde está el consorte entonces?
A
Respetaron su voluntad de estar lejos. Se saltaron el funeral de Estado. La mitad de las cenizas fueron con los boquerones al mar Báltico, la otra mitad se esparcieron en los jardines de Fredensborg, que era su palacio de verano favorito. Y ya está. A tomar vientos el príncipe consorte Enrique el Borde.
B
Yo sí quiero verte más. Escucharte. Mañana repetimos Nieves a la misma hora. Venga, un beso.
A
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Host: Nieves Concostrina (SER Podcast)
Air Date: July 6, 2022
In this episode, Nieves Concostrina delves into the peculiar and comedic story of the Danish monarchy’s “jarrón chino” – a metaphor for an awkward, out-of-place royal figure – focusing on Prince Henrik (Enrique de Laborde), the late husband of Queen Margrethe II of Denmark. She draws comparisons with other European royal scandals and “misfits,” using her signature irreverent, witty take on history and the peculiarities of royalty. The episode exposes the inner grievances of the Danish consort and how his stubbornness left a lasting mark on royal burial traditions (and expenses).
“Son cosas molestas, son los pongos. ¿Dónde pongo esto? ¿Dónde pongo lo otro?” (Nieves, 02:28)
“Dinamarca no tiene reyes de Dinamarca. Digo reyes varones, machos. Tenía y tiene. Reina de Dinamarca, reina titular. Margarita II es reina. Su marido era príncipe, pero no era príncipe titular, sino príncipe consorte, que es todavía menos que príncipe titular.” (Nieves, 06:56)
“Soy un perro al que le tiran un terrón de azúcar de vez en cuando.” (Príncipe Enrique, citado por Nieves, 10:36)
“El príncipe Enrique se negó a asistir al cumpleaños de mujer. Llamó a unos colegas y se fueron todos de copas a Venecia, en palacio, diciendo que el príncipe consorte tenía gripe. Y el príncipe en Venecia, subiendo fotos...” (Nieves, 10:59)
“La reina Margarita había encargado ya un sarcófago doble lujosísimo para los dos... 3 milloncejos de euros para que se quede medio vacío.” (Nieves, 13:29)
“El sarcófago ha costado tres millones de euros el recipiente. Tres millones de euros.” (Nieves, 12:25)
On Royal Blunders:
“Todas las monarquías tienen varios... Son los que llaman la atención y con ello hacen peligrar la buena vida de todos los demás. En esto se llevan la palma los Borbones españoles, de largo.” (Nieves, 05:27)
On Henrik’s Personality:
“No estaba senil, lo que tenía era un cabreo del siete.” (Nieves, 10:20)
On the Sarcophagus:
“La base sobre la que se apoya el sarcófago, impresionante, está hecha con arenisca de Francia, que era el país natal de Enrique... Todo muy simbólico.” (Nieves, 13:03)
Nieves maneuvers between sharp irony and playful sarcasm, making historical “royal drama” both accessible and entertaining. Her language is informal, peppered with colloquialisms and a Spanish-style irreverence toward royal tradition.
Nieves Concostrina turns the odd and almost comedic saga of Denmark’s angry prince consort into a lesson on royal ego, privilege, and the absurdities of hereditary power. The episode stands out for its blend of historical fact, spicy anecdotes, and critical humor—anchored by the unforgettable image of a €3-million glass sarcophagus left half empty out of royal spite.