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Hay muertes que guardan mucha historia. Y si te apetece un podcast al estilo Con costrinero, te lo contamos en Mi nuevo polvo Eres, un nuevo podcast exclusivo en Podimo en el que repasaremos a toda esa gente que ha seguido teniendo mucha vidilla después de muertos. Y no, no tiene ningún misterio. Pinchando en el enlace de la descripción podréis encontrar una oferta especial para disfrutar de Mi nuevo polvo, Ser podcast. Acontece que no es poco es un podcast y yo soy la humana que te lo cuenta. Nieves Con Costrina tenemos un género muy variado. Nacimientos, extravagancias, muertes, batallas, revoluciones, asesinatos, injusticias, farsas religiosas, reyes, más tuerzos, bodas. Aquí te dejo el que toca hoy.
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Hola, Nieves. Buenas tardes.
A
Hola, Buenas tardes, Carlos.
B
¿Cómo estás? Muy contento. Oye, dicen que el hombre, el ser humano, es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Yo diría que se queda corto. Que pueden ser dos veces o 23. Pero es que además, ese fenómeno tan curioso que podríamos definir como ser tontos de capirote, tiene mucho que ver con no conocer la historia o no hacerle caso. Porque lo del tropezón vale lo mismo para personas individuales que para sociedades enteras. Hoy en La ventana, en Acontece que no es poco, el titular sería El otro tropezón escocés.
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Hay pobreticos de verdad. Fíjate que el otro día hablabas con Marta Fernández sobre su libro La mentira, Historias de impostores y engañados.
B
Buenísimo.
A
Sí, sí, sí. Y mencionasteis de pasada porque solo. Claro, estuvisteis hablando de muchas cosas y la historia de hoy la dejasteis ahí solo apuntada. Uno de esos impostores de los que se ocupa en el libro es el escocés.
B
Un nombre genial. Gregor McGregor.
A
Gregor McGregor. ¿Eras un hombre real así? Gregor McGregor. Gregorio McGregor. Bueno, pues este tipo engañó a casi 300 incautos, entre escoceses e ingleses, haciéndoles creer que viajaban al paraíso cuando en realidad iban de cabeza al infierno. Y es que se acaban de cumplir 200 años de aquella estafa, porque el viaje organizado por el embaucador Gregorio arrancó ayer mismo, 22 de enero de 1823, hace justo 200 años. ¿En serio? Y además lo digo desde el cariño y la empatía, porque a mí los pelirrojos me gustan mucho y me caen muy bien. ¿Pero qué les pasa a los escoceses que los tangan siempre con lo mismo? Y en este caso, algunos ingleses que no se fijaron en lo que les pasó a los escoceses. Hace unos meses estuvimos hablando de aquel viaje, ¿Te acuerdas? De escoceses patrocinado a finales del XVII que se empeñaron en conquistar e instalarse en una zona de Panamá que llamaron Nueva Caledonia. Y aquello fue un drama humano. Caían escoceses por decenas en aquella selva, que es una de las regiones más lluviosas del planeta. 35 grados. ¿Dónde me vais a esas criaturas viviendo en Escocia? Aquello lleno bichos. Fue una ruinosa expedición humana y económica que provocó que escoces cayera en bancarrota y tuviera que firmar el Acta de Unión con Inglaterra a principios del XVIII, que es cuando ahí se convierte aquello en Gran Bretaña. Pues fijémonos en lo importante que es conocer la propia historia, como mencionabas, para no volver a caer en lo mismo. Porque siglo y medio después de la desastrosa expedición de escoceses a Nueva Caledonia, aparece un tipo, Gregor McGregor, que tengo un reino por la zona del Caribe.
B
Me lo quitan de las manos.
A
Eso es una postal. El Reino de Poyáis. Y como soy el príncipe, os lo voy a poner barato. ¿Quién se viene? Y nada, levantaron la mano doscientos y pico insensatos.
B
A ver, aquí los nombres. Entre el McGregor, este Gregor McGregor, y el reino de Poyais. ¿Dónde se supone que estaba exactamente este reino, El Reino de Poyais?
A
Pues mira, va a salir otra vez el cine, pero es en un sitio donde luego Harrison Ford hizo una película, en la Costa de los Mosquitos.
B
¿Ah, sí? Vaya.
A
Sí, es una zona que pilla parte de la costa atlántica de Nicaragua, Costa Rica y un poquito de Honduras. Esa es la Costa de los Mosquitos. Pero aclaremos qué es esto de los Mosquitos, porque no se llama Costa de los Mosquitos por los mosquitos, que también porque hay muchos, sino por los misquitos, con i, por los nativos misquitos. Pero es que parece que lo del pueblo misquito y la Costa de los Misquitos no les entraba a los guiris. Y nos lo han cambiado todo y eso ha acabado siendo la Costa de los Mosquitos. Y ahí, ahí es donde fueron aquellos 200 colonos aventureros a meterse de lleno en mitad de aquel pantanal en un barco que llevaba la bandera del supuesto Reino de Poyais, que era una bandera blanca con una cruz verde, un águila dorada sobre un fondo rojo. Esa bandera era un festival de colores del reino de Poyais, que hasta el nombre suena chiste. ¿De dónde eres? De Poyais. Todos los colonos iban tan contentos. ¿Cuál sería el gentilicio de pollas?
B
Pollacenses o pollanense. Yo saldré de aquí.
A
Vámonos, vámonos de aquí. Bueno, que todos se fueron tan contentos allí los colonos, porque llevaban hasta dinero en el bolsillo. Es que el listo de McGregor les había hecho el cambio de libras esterlinas por los dólares locales de Poyais, que es que valían lo mismo que unos cromos del Real Madrid. Exactamente igual. Y además, el tipo, el tal McGregor, es que parecía un señor estupendo, porque dejó que mujeres y niños viajaran gratis. Solo les cobró el pasaje. Los hombres, lo que yo no sé es cómo no se mosquearon cuando a los dos días de navegación, el príncipe de Poyáis, que iba con ellos, se cambió de barco y se volvió a Edimburgo. Yo no sé, pero lo mismo eso era una pista de por dónde iban a ir los tiros.
B
Pero se lo tragaron. Qué les había contado cómo los convenció. Porque esto es absurdo. Ya, del todo.
A
Sí, es absurdo. Pero es que claro, los estafadores suelen ser muy listos. Y cuando has decidido confiarte picas. Lo que hizo este tipo fue, y es verdad que lo avisó, acompañar a los colonos dos días para asegurarse de que todo estaba en orden, de que la navegación era confortable y decirles ¿Estáis todo? ¿Va todo bien? ¿Estáis contentos? Pues venga, me vuelvo porque tengo que seguir trabajando con más colonos que están pendientes de llegar a apoyáis. Este McGregor se inventó un reino de su propiedad. Fabricó una historia, la adornó muy bien, con documentación aparentemente oficial, porque inventó unos sí la bandera, el papel moneda, el escudo. Imprimió una guía de 350 páginas que era un corta y pega, cogido de aquí, cogido de allí. Una ilustración de un sitio, un dibujo de una cabaña de otro, otra ilustración de un lago con sus palmeras, de una playa con sus barquitos. El reino de Poye, por supuesto, tenía una capital que se llamaba Saint Joseph, con todos los servicios y con bonitos edificios de estilo europeo. También había en la guía ilustraciones de St. Joseph también de cualquier sitio la escogería. En esa guía estaba perfectamente descrito qué hacer desde que pusieran el pie allí dónde estaba su parcela. Cómo plantar, qué plantar, cómo cosechar, cómo tratar con los amables nativos. Iban a estar prácticamente allí esperándolos con collarcitos de flores. Cómo comerciar luego con las abundantes cosechas de tabaco, café, algodón, azúcar, que iban a prosperar en aquellas fértiles parcelas. Cuando dos meses después de zarpar de Edimburgo, aquel 22 de enero, echaron pie a tierra ya en el supuesto Poyais, allí no había nativos recibiéndoles, ni siquiera las autoridades de Poyais, ni tampoco veían los bonitos edificios de la capital. Es que no había ni capital. Cuando vieron en la playa a unos 70 paisanos con cara de ser también británicos. Estarían rojos como cangrejos, acampados en unas cabañas desvencijadas, enfermos unos, desnutridos otros. Ahí nos han timado. Allí sólo había mosquitos y misquitos de verdad. Lo más grande es que mientras la tragedia se mascaba en el imaginario reino de Poyais, Gregor McGregor era toda una celebridad en Londres gracias a su magnífico plan. Y su ventaja es que un enorme océano separaba a sus víctimas, a los estafados, de los que le creían un genio de las finanzas y los negocios. No se podía comunicar.
B
Oye, Nieves, pero eso tuvo que estar muy bien montado, porque, a ver, no se puede engañar a tanta gente solo con palabrería, una guía y cuatro dibujos.
A
Sí es que estaba muy bien urdido. Estaba muy bien hecho. El plan era intachable y se va a entender enseguida. Lo primero que hizo McGregor fue hacerse con unos títulos de propiedad falsos en plena costa de los Misquitos o los mosquitos. Eran 32.000 kilómetros cuadrados a los que denominó Territorio Poyáis. Era todo pura selva. Por supuesto, él se nombró príncipe del lugar y nombró a un tal Thomas Strangwage, que no conocía a nadie, capitán del primer regimiento nativo de Poyais y ayudante de campo de MacGregor. Este Poyo, al que nadie conoció jamás porque no existía, aparecía como el autor de la guía que hemos mencionado, de 350 páginas, que se titulaba Esquema de la Costa de los Mosquitos, incluyendo el territorio de Poyais. McGregor pone tanto cuidado en los detalles porque él sí conoce la historia de la desastrosa colonización de un siglo y pico antes que llegó al colonos escoceses a la muerte y a Escocia a la ruina. Él sí lo conocía. Y por si acaso alguien más lo tiene en la cabeza, yo voy a tener todo, todo muy previsto. Tengo que tener respuestas a todo. Con el título de propiedad falso en la mano, claro, con la guía editada en plan muy bonito. Comienza previamente a hacerse publicidad en la prensa en Londres, y todo el mundo empieza a hablar de algo que no existe. Y de la publicidad se pasa a que los señores periodistas se comen el bulo. Aquí no se confirma nada, ni se comprueba nada, ni se contrasta nada. Pero todos empiezan a hablar de un país americano emergente, el territorio de Poyáis, donde merece la pena invertir. Y es que también es cierto que se estaba dando el contexto político internacional perfecto para que todo el mundo picara. Era eso, la tormenta perfecta. Es que estamos en las dos primeras décadas de 1800 que es cuando estaban naciendo nuevos países de verdad. Nuevas repúblicas estaban independizándose de España, Argentina, Venezuela, Colombia, Chile, Chile, Perú, México. Ya eran repúblicas independientes. Y aquellas luchas por la libertad de los países de la América del Centro y del Sur tenían fascinados a los británicos, porque esto es muy rencoroso. Como ellos ya habían perdido Estados Unidos, estaban encantados de que a España se le fuera deshaciendo su imperio colonial. Estaban todos muy pendientes de lo que ocurría.
B
Esos procesos de independencia lo que hacían era animar a gente a invertir en nuevos países que supuestamente surgían.
A
Claro, no imaginaban que Poyáis era mentira. Ellos lo meten junto con todos los demás. Los invers creyeron que el territorio de Poyáis era uno de esos países emergentes. ¿Las nuevas naciones necesitaban dinero, inversores, y a cambio que ofrecían como garantía? Magníficos recursos naturales. Y lo hacían. Chile, Perú, todos estos lo que hacían era emitir deuda pública vendiendo bonos con muy buenos intereses. Londres era el centro financiero más importante del mundo. Desde allí era desde donde se movía el dinero. Y el dinero llegaba a los nuevos países desde Londres y los inversores recogían beneficios. Por eso había tanta gente confiada. Si, todo eso funcionaba en Perú, en Chile, en Colombia. Bueno, también funcionarían en. Poyce McGregor lo sabía. Por eso se inventó un país, lo adornó muy bien. Emitió deuda pública de Poyáis, vendió parcelas baratas y se hizo de oro. Y claro, encima en Londres parecía un genio de las finanzas. Mientras sus víctimas estafadas se iban muriendo de asco en aquella Costa de los Mosquitos, una tierra improductiva, calurosa, llena de bichos. Y fíjate que al final, ¿Cuántos volvieron? Regresaron 50 vivos. 50 vivos. McGregor pasó un rato por la cárcel porque como buen ladrón de guante blanco, se libró. Luego se largó. Pudo haber ido Abu Dhabi, pero se fue a Venezuela. Allí murió y allí acabó enterrado. Y como el gran estafador que era, está enterrado en la Catedral de Carlos.
B
Hemos empezado bien la semana. Nieves con costrina. Mañana más. Venga, un beso muy grande. Hasta luego.
A
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Host: Nieves Concostrina
Co-host/Guest: Carlos
Date: January 23, 2023
Podcast: SER Podcast – Acontece que no es poco
Theme: El asombroso caso del "reino imaginario de Poyais" y su estafador, Gregor McGregor
En este episodio, Nieves Concostrina narra con su estilo distintivo la increíble historia del escocés Gregor McGregor, quien hace exactamente 200 años, en 1823, perpetró una de las mayores estafas de la historia: convenció a cientos de personas en Escocia e Inglaterra para invertir todo lo que tenían y emigrar a un supuesto paraíso en Centroamérica, conocido como el "Reino de Poyais". El episodio desentraña cómo la falta de memoria histórica puede llevar a sociedades a repetir errores, explorando, de manera amena y detallada, los trucos y los contextos sociopolíticos que hicieron posible la estafa de Poyais.
“Fijémonos en lo importante que es conocer la propia historia, como mencionabas, para no volver a caer en lo mismo.” – Nieves (03:09)
“La bandera… era una bandera blanca con una cruz verde, un águila dorada sobre un fondo rojo. Esa bandera era un festival de colores del reino de Poyais, que hasta el nombre suena a chiste.” – Nieves (05:21)
“Los inversores creyeron que el territorio de Poyais era uno de esos países emergentes.” – Nieves (12:01)
“Y como el gran estafador que era, está enterrado en la Catedral de Caracas.” – Nieves (13:44)
“Es que el listo de McGregor les había hecho el cambio de libras esterlinas por los dólares locales de Poyais, que es que valían lo mismo que unos cromos del Real Madrid. Exactamente igual.” – Nieves (06:03)
“McGregor se inventó un reino de su propiedad. Fabricó una historia, la adornó muy bien, con documentación aparentemente oficial...” – Nieves (06:47)
“Ahí nos han timado. Allí sólo había mosquitos y misquitos de verdad.” – Nieves (08:28)
“Aquí no se confirma nada, ni se comprueba nada, ni se contrasta nada. Pero todos empiezan a hablar de un país americano emergente, el territorio de Poyais, donde merece la pena invertir.” – Nieves (10:10)
“Hemos empezado bien la semana.” – Carlos (13:46)
Concostrina desenreda una de las mayores farsas históricas con su tono ácido y humorístico, dejando claras lecciones sobre la credulidad humana, el poder de la narrativa y la importancia de la memoria histórica. El fraude de Poyais no sólo fue una estafa monumental, sino un perfecto espejo de una época fascinada por el mito del “nuevo mundo”.
Para los oyentes que se lo perdieron: Este episodio no sólo cuenta una gran historia, sino que, en la pluma de Concostrina, la convierte en una advertencia atemporal sobre la facilidad con la que se repiten los grandes errores de la historia.