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A
Ser podcast. En La ventana. Acontece que no es poco, Un relato personal de la historia con Nieves con costrina, Cadena SER.
B
Hola, Nieves. Buenas tardes. Hola.
A
Hola, Carlas. Carlas, ¿Qué tal?
B
Buenas tardes. Hoy aplicamos en este Acontece que no es poco la socorrida fórmula del decíamos ayer y la opción va recuperando algo que dejamos pendiente en nuestro episodio anterior, que es el regreso, bueno, el regreso no, el traslado de los restos de Napoleón a Francia. Recuerdo que el gran Bonaparte había palmado años antes, tantos como 19, en la isla de Santa Elena, hoy famosa por otros motivos, y palmó custodiado, prisionero de los británicos, claro. Pero No fue hasta 1840, recuerdo, que las autoridades francesas reclamaron lo que quedaba de él. No lo hicieron por casualidad, claro. Aquí en las intrigas reales y no reales, vuelven a jugar un papel fundamental. Así que venga, vamos a darle.
A
Ya hubiera querido Napoleón volver por su propio pie él solito. Pero sí vamos hoy al turrón. Hoy contamos con detalle cómo se organizó aquella maniobra de distracción con pan y circo para desviar la atención de los franceses sobre las cagadas de su rey. Dijimos que el 12 de mayo de 1840 la Asamblea de Francia supo que ya tenían permiso de los británicos para llevar a Napoleón de Santa Elena a París. Y lo primero que hubo que hacer es aprobar una partida presupuestaria porque había que organizar un gran espectáculo y eso iba a costar mucha pasta. No todos los diputados se entusiasmaron con el regreso de Napoleón y la construcción de un gran sepulcro porque en los discursos a favor se manosearon las palabras de siempre. Héroe, libertad, gloria, la patria. Todo eso por los que estaban deseando que volviera. Entre los que levantaron la voz en contra hubo un sensato que dijo Tened cuidado con ese culto al genio a toda costa. No me gustan los hombres que tienen por doctrina oficial la libertad, la legalidad y el progreso. Y por un símbolo, un sable. ¿Y el despotismo está mal?
B
No está nada mal.
A
Es que hablaba muy bien antes en las asambleas y en los parlamentos. Finalmente se aprobó un millón de francos para preparar todos los barcos necesarios que iban a participar en la verbena. Se apuntaron a la excursión un montón de carcamales napoleónicos. Algunos miembros del gobierno pusieron a un hijo del rey encabezando la delegación. Se fabricó un impresionante sarcófago para encajar a Napoleón. Se instaló una capilla ardiente suntuosa en el puente de la fragata en popa, que se pintó entera de negro la fragata. Y el 7 de julio, San Fermín, partieron del puerto mediterráneo de Tolón, alegres y contentos a recoger al Emperador. Llegaron a Santa Elena el día 8 de octubre. Del 7 de julio al 8 de octubre. ¿Así que eso que era? ¿Una misión de Estado o un crucero? À des reflets d' argent la mer. Des reflets changeants sous la pluie
B
la mer. No está la cosa para hacer muchas bromas con los cruceros, pero bueno, da igual, o sea. ¿Tardaron en llegar desde el sur de Francia hasta Santa Elena? Cuatro meses. Uno, dos, tres, cuatro.
A
Ni Colón tardó tanto de vuelva a América. Y eso que iba en una carabela. Pedales, el color y los suyos. Tardaron cuatro meses porque las cosas se complicaron por el camino. Las complicó el presidente francés, el tal Adolphe Thiers, que este era mucho de fuegos artificiales. Si toda esta movida con Napoleón tenía como objetivo la distracción para que los franceses dejaran de reclamar el derecho universal. Universal de los hombres. El derecho universal al voto, quiero decir, el sufragio universal. ¿Por qué no adornar todo esto un poco más con un triunfo internacional? Esto es lo que se le ocurre a tal Adolf Thiers. No hay tiempo para contarlo porque fue una maniobra política muy enrevesada con la que Francia se arrimó al sultán de Egipto. Gran Bretaña se mosqueó y como Francia ya estaba presente en Argelia, los british no iban a permitir que además Francia extendiera su influencia por Egipto.
B
Qué complicado es todo esto.
A
Fue una marca. Claro, esto fue una maniobra de Francia que lo dejo ahí simplemente apuntado para no enredarnos. Pero que vamos, que esto lió un conflicto internacional muy gordo. Gran Bretaña se embroncó con Francia. Como digo, fue un conflicto internacional en que se implicaron varios países. Y todo esto en mitad de la recogida por Napoleón. Y claro, empieza a correr peligro el rescate de Napoleón cuando la excursión estaba ya en marcha. Por eso la fragata que iba Santa Elena estuvo cuatro meses de puerto en puerto haciendo tiempo hasta que se despejara un poco la bronca. La operación Salvar la monarquía en Francia con la excusa de la repatriación de los restos de Napoleón corrió serio peligro. Pero bueno, Al final llegaron y la exhumación se fijó para el 15 de octubre, no sin antes acordar con los británicos cómo iba a ser el protocolo, cómo se rendiría, el respeto debido, quién hacía, quién deshacía.
B
Pero a ver, pero en esa exhumación, ¿Quién marcaba el paso o quién daba las órdenes? ¿Quiero decir, los dueños de la isla, para entendernos, o los dueños de Napoleón? ¿Quién mandaba ahí?
A
Es que los ingleses eran los dueños de las dos cosas, de la isla y de Napoleón. Claro, todo se haría Napoleón era suyo, lo cautivaron ellos, lo encerraron ellos y se murió con ellos. Luego Napoleón era suyo y todo se haría como dijeran ellos, los británicos. El emperador estaba muerto, pero seguía siendo su rehén y seguía bajo su custodia. Si a eso le añades el mal rollo histórico de franceses y británicos y las tensiones todavía sin solucionar, durante ese viaje, allí estaba todo Dios a cara de perro. Los franceses ofendidísimos, porque cuando llegaron allí vieron la residencia donde pasó los últimos años Napoleón. Madre mía, aquello estaba en ruinas, todo hecho un desastre. La tumba estaba abandonada, con una lápida hecha con las losas del suelo de la cocina de la residencia. Allí no había una inscripción, sólo con una reja alrededor oxidada. El emperador de los franceses yacía en medio de la cochambre. Eso era inadmisible, vamos. La exhumación empezó con los franceses mosqueados, porque tampoco les permitieron tomar parte, claro. Solo podían estar de mirones. A dos metros bajo tierra apareció cuando se procedió a la exhumación, estaba el féretro de caoba y por supuesto, había que abrirlo para confirmar que lo que había ahí dentro era Napoleón. Abrieron la primera caja, apareció otra caja de plomo y. Y dentro otro féretro de cauba, y dentro otro de zinc. Y dentro, por fin está. Uy. Ahí al fondo estaba Napoleón, el emperador de los franceses. Parecía una matrioska rusa.
B
Cómo nos conduce la música también por los caminos de la historia, oye. Por cierto, matrioska. Pero este hombre estaba reconocible después. Veinte años casi llevaba enterrado. Tenía al menos la mano metida en el chaleco, que era la postura típica a la altura del estómago.
A
Hubiera estado gracioso que lo hubieran enterrado así, con la mano ahí metida. Yo no sé dónde tenía la mano, la verdad, pero no, creo que no era él, era él segurís, clarísimamente. Estaba en perfecto estado de revista, un poco mal color, que es lo que tiene estar muerto. Paliducho pero lo embalsamaron de maravilla. Estaba elegantemente vestido con su uniforme, con la Legión de Honor sobre el pecho. A los pies había una vasija con su corazón, que digo que estaría ya garrapiñado y escuchimizado, pero que Napo pidió que se lo enviaran a su esposa, María Luisa de Austria. En su momento, claro, pero los ingleses dijeron que no estaban para caprichitos y al final lo dejaron en la tumba. Mira, también te digo que Marisa debió de agradecer que no se lo enviara, la verdad. ¿Yo qué hago con él? Con este me casé por un asunto de Estado. Ni lo quería ni nada. ¿Qué hago yo con su corazón? A la porra. Una vez comprobado que ese era Napoleón, otra vez la matrioska la metieron en su caja de hojalata, la de hojalata en la de caoba, la de caoba en la de plomo, la de plomo en un féretro que trajeron de Francia. Y este féretro en otro de Ébano espectacular, de 1200 kilos de peso.
B
¿Mil doscientos kilos?
A
Sí, sí. También traído de Francia. Sí, sí. Echaron el resto con este hombre. Esta última caja fue forrada de terciopelo y trasladada al puerto de Jamestown, capital ahora, supongo que más conocido, la capital de Santa Elena, de la isla de Santa Elena. Por fin, los ingleses entregaron oficialmente los restos de Napoleón a los franceses. Subieron el ataúd con una grúa y las cinco cajas fueron metidas a su vez en una sexta caja de roble que protegería el conjunto para el traslado. Eso ya ni era una matrioska ni era Napoleón. Eso tenía más capas que una cebolla. Hubo salvas de cañón, cortejo procesional. Bueno, traslado decorosísimo, eso sí, cientos de mirones. Toda la isla allí. Vamos a ver cómo se ha ganado este tío. Los ingleses no podían creerse que por fin estuvieran perdiendo de vista al tipo que les hizo la vida imposible.
B
Pero si todo esto que cuenta fue la salida, ya no sé cómo sería la llegada.
A
Pues accidentada, accidentada, accidentada. No tardaron tanto tiempo de llegar de Santa Elena a Normandía, al norte de Francia, como a la ida, porque llegaron en apenas mes y medio. Pero el lío que había montado el presidente del gobierno, Adolf Thiers, con Egipto cabreando a los ingleses y montando un conflicto internacional había provocado su dimisión, o sea, cuando Napoleón llegó, ya este ya no era ministro. Dimisión que forzó al rey, porque estuvo a punto de meter en una guerra con Inglaterra. Y con todo el lío político que en un tris estuvo, como digo, de meter en la guerra Francia, todos los preparativos para el recibimiento de Napoleón se habían paralizado, con lo cual en París no había nada preparado, o había muy poco. Es decir, tuvieron que hacer tiempo a la ida y ahora tuvieron que hacer tiempo a la vuelta y una semana por ahí sin saber qué hacer por la costa o el norte de Francia, hasta que la cosa se desatascó y deprisa y corriendo apañaron todo el recibimiento. Pero los franceses de verdad, hasta aturullándolo todo, las cosas funerarias las organizan de lujo. Y con Napoleón había que volcarse.
B
Oye, ¿Por dónde entraron? Porque si estaban en Normandía, ¿Qué entrarían, por el Sena o por dónde entraron?
A
Sí, claro, por el Sena, por la zona de Le Havre, que Le Havre es en Normandía, la zona aristocrática, el delta de allí, y la zona Cayetana de los franceses, por cierto, donde tenía su casa de veraneo María Cristina de Borbón, con el dinero que nos robó, allí se construyó una casa estupenda. A Napoleón lo cambiaron de barco antes de remontar el Sena y llegaron a París. Día feo, Eso sí, aquel 15 de diciembre en el que llegaba a París un frío que pelaba, todo nublado, París nevado. Pero oye, fue desembarcar a Napoleón y ponerse en marcha la comitiva. Y salió el sol. En respeto a la grandeza del Emperador, dijeron los fans. Aquí hubieran dicho que sería por la Macarena o cosas así, pero allí era por respeto el sol. A Napoleón había que trasladarlo hasta el Palacio de los Inválidos, donde Napoleón había celebrado muchas victorias y muchas ceremonias. La carroza que trasladó a la Matrioska era imponente. Era una especie de pirámide de 11 metros de altura, tirada por 16 caballos con cariátides que sostenían un féretro. Un féretro de pega, porque el de Napoleón iba abajo, entapado, porque pesaba tanto que no podía ir arriba. Y todo París en la calle, por supuesto, y las calles por donde tenía que pasar el cortejo, que pasó bajo el Arco del Triunfo, que proyectó el propio Napoleón, y que luego siguió por los Campos Elíseos y luego por la Plaza de la Concordia hasta los Inválidos. Las calles, digo, estaban engalanadas, todo de cartón piedra, claro, y yeso pintado de oro, pero muy aparente. Todo cañonazos a cada rato. Bueno, aquello era un espectáculo como no habían visto los parisinos en su vida y que yo creo que no han vuelto a ver con aquella magnific.
B
Bueno, ese era el objetivo del gobierno y del rey. Lo has dicho antes, que el espectáculo acabara distrayendo el personal de otras. ¿Pero lo consiguieron o no?
A
A ver, aquello sirvió para un rato, pero no era tan fácil distraer a los parisinos. Al que no engañaron, por ejemplo, fue a Víctor Hugo. No le gustó cómo quedó el espectáculo. Víctor Hugo admiraba mucho a Napoleón y dijo que aquellas honras fúnebres fueron una burla. El gobierno aparentaba tener miedo del fantasma que evocaba. Daba la impresión de que se mostraba y a la vez se ocultaba. A Napoleón se ha hurtado lo regio y lo grandioso bajo envoltorios más o menos espléndidos. Lo definió perfectamente. Así era. Al rey y al gobierno francés les interesaba la espectacularidad del acto, pero no tanto la figura de Napoleón, porque el recuerdo de Napoleón era más poderoso que siete reyes juntos. Era único. Y al fin y al cabo, todo aquello se estaba montando para salvar la monarquía. Luis Felipe de Orleans, por supuesto, no aguantaba la comparación ni de lejos. Y la monarquía no se salvó. Aguantó cinco o seis años más. Pero el rey de los franceses estaba ya muy calado, cada vez más absolutista y empeñado en su negativa a instalar el sufragio universal. Y de la misma manera que una revolución lo puso ahí en 1830, otra revolución lo apeó en 1848. Su solución fue abdicar en su nieto de nueve años. Suelen abdicar en el pequeño para ver si funciona la cosa y nombrar regente a su nuera. Lo hizo con una trampa habitual de los reyes de vale, me voy, pero os dejo aquí al nuevo, que es el guay, eso que llevan haciéndonos los Borbones a nosotros desde 1840. Pero los franceses son más listos, o
B
sea, deduzco que allí la maniobra no coló.
A
No, allí no. No, allí no coló. Allí ya nos colocasteis. A ese que acabamos llamando Felipe Igualdad. El rey ciudadano, el rey campechano y populachero, al que no le gustaba el sufragio universal ni la igualdad de derechos. Un rey constitucional que se meó en la Constitución, que no soportaba Napoleón, pero se lo trajo para engatusarnos ya no nos vais a colocar a otro diciendo que el nuevo es el bueno y el que se va el chungo. Que con ese timo de la estampita nosotros ya nos han colado a cuatro reyes. La última en 2014. A Francia llegó la segunda República y Napoleón desde su imponente tumba del Palacio de los Inválidos sigue siendo el rey del mambo.
B
Hasta mañana, Nieves.
A
Hasta mañana.
B
Venga, dejamos ya aparcado y enterrado a Napoleón. Venga, muchas gracias.
A
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Podcast: Todo Concostrina
Host: Nieves Concostrina, con Carlas Francino
Fecha: 13 de mayo de 2026
Episodio: Acontece que no es poco – El último viaje de Napoleón
Este episodio repasa la fascinante historia del regreso de los restos de Napoleón Bonaparte de la isla de Santa Elena a París en 1840, desvelando las complejidades políticas, los intereses ocultos, los problemas logísticos y la poderosa carga simbólica de dicho traslado. Nieves Concostrina narra con su particular ironía y rigor histórico este espectáculo, que más allá de una maniobra funeraria, fue un intento de la monarquía francesa por distraer a su pueblo y consolidar su propio poder bajo la sombra colosal del Emperador.
Nieves Concostrina relata con agudeza y humor la “última travesura” napoleónica: su regreso a París no fue tanto un homenaje sincero como el último recurso de una monarquía tambaleante para distraer a su pueblo y fortalecer su legitimidad. Con historias de matrioskas ataúd, cañonazos y maniobras políticas, el episodio desentraña cómo, a veces, la historia se convierte en un esperpento y el recuerdo de un gigante como Napoleón termina pesando más que cualquier trono posterior. Un relato fascinante, crítico y, como siempre, con la marca irónica e iconoclasta de Concostrina.