
Loading summary
A
Secuestrar cadáveres es una fea costumbre más extendida de lo que pudiera parecer. Personajes como Pablo Neruda resulta ahora que no se murieron solos y otros como Kurt Cobain tuvieron prisa por irse, pero no han terminado de irse. La muerte tiene mucha vida. En el nuevo polvo eres mi podcast exclusivo en Podimo que puedes escuchar gratis si te registras con el enlace que te he dejado en la descripción. Ser podcast. Estás escuchando Acontece, que no es poco. Y yo soy Nieves con Costrina, la que te lo cuenta. Un podcast de historia para conocer, para entretenerse, para criticar, para cotillear y para lo que se tercie. Que disfrutes del episodio.
B
Ya sabía yo, Nieve, Buenas tardes. Hola, lo primero.
A
Hola, buenas tardes, Carla.
B
Ya sabía yo que Nieves no se iba a quedar tranquila con todo el ceremonial de este fin de semana con la coronación de Carlos III, que ha sido una coronación urbi etorbi en términos mediáticos, desde luego hay que reconocer que lo del marketing la monarquía británica lo borda desde siempre. Además digo que el otro día, es para que hagan memoria los oyentes, el otro día nos contó que el Papa Francisco le había regalado al nuevo rey unas astillitas de madera muy pequeñas que se supone, bueno, ellos dicen que son de la cruz de Jesucristo. En cualquier caso es obsequio del jefe de la Iglesia Católica al jefe de la Iglesia Anglicana. Y quedó pendiente. Y quedó pendiente explicar el momento en que se separaron. Y Nieves ha ¿Que lo has pensado? ¿Para qué esperar más? Pues ya lo hacemos hoy, ¿No?
A
Pues ya alargar esto. Dijimos el otro día eso, que contaríamos más despacio en qué momento y por qué Enrique VIII. Enrique VIII, sí señor, se separó de la obediencia de de Roma y se marcó su Brexit en particular, que lo del Brexit lo tienen ellos metido en su ADN histórico y vamos a contarlo hoy mismo, aprovechando la resaca. Es la resaca de la coronación esta que Inglaterra enviar al Papa católico a freír espárragos no fue una cuestión religiosa, como todo el mundo puede imaginar, fue una cuestión política. Se trataba de no tener que obedecerle, ni soltarle una pasta anual, ni mantener la nómina de curas, ni arreglarle las iglesias y los monasterios. Es decir, El rey Enrique VIII era tan pecador antes como después de enfadarse con el Papa. Eso no cambió. Era tan católico o tan anglicano, tanto antes como después. Era el mismo sujeto, el mismo déspota peligroso, claro, ninguna moral. Y además la idea del Brexit con Roma no fue suya. Fue de un espabilado que había al lado, un picapleitos, más listo que el hambre, muy hábil, ambicioso hasta decir basta, que supo cómo arrimarse al rey para medrar. Y de hecho, Thomas Cromwell, que así se llamaba Tomás, Tomasito, se convirtió en mano derecha del rey, en secretario de Estado. Llegó muy alto hasta que el rey lo decapitó. Enrique VIII era. Es que este hombre era como los toros bravos. Tú no les puedes perder la cara nunca. Tú no les puedes perder la cara. Pues Thomas Cromwell fue el que le dijo al ¿Tú quieres que yo te arregle este problemilla que tienes con el Papa que no te deja divorciarte? ¿Tú quieres que yo te lo apañe? Y además le sacamos a esto una pasta que lo flipas. Y Enrique VIII dijo Venga, tira, dale.
B
Bueno, pues ya está. Claro que nada tuvo que ver esta historia con la religión. El divorcio que Enrique VIII necesitaba para casarse con Ana Bolena, pues al final solo fue la excusa.
A
Efectivamente.
B
Bendita excusa, por cierto.
A
Y bendita excusa. Esto no era nada espiritual, porque es que gracias a eso la corona británica se independizó de la religión oficial y le permitió al reír a su bola y al país. Y siguen a su bola. Enrique VIII estaba casado con Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos, tía del emperador Carlos V. Era un personaje hasta que se le cruzó la monísima Ana Bolena y el rey quiso divorciarse de una para casarse con otra. Las excusas que buscó para divorciarse de esta es para otra historia aparte, porque es divertidísima, muy graciosa. El Papa no tenía problemas en que el rey tuviera las novias que hiciera falta. Porque el propio Papa Clemente VII tenía novios, tenía novias, tenía noves, tenía varios hijos al retortero. Tenía de todo. El problema era. Y es que un rey católico pone cuernos, pero no se divorcia. Hasta ahí. Enrique VIII, sin embargo, necesitaba, quería divorciarse porque necesitaba otra esposa oficial. Él ya tenía una hija, María, la que fue María Tudor, pero quería un chico que fuera oficial. También podría tener hijos de estrangis Pero esos no valen, no cuentan en la línea de sucesión, como bien conocemos en este país. También Enrique VIII pidió al Papa que le concediera la nulidad. Y el Papa no. Bonito, ¿No? Primero porque no quería enemistarse con el emperador Carlos V. Mandaba mucho, era sobrino de la reina Catalina. Y segundo, porque ese dúo de Enrique y Ana no le gustaba un pelo al Papa. Pero el Papa Clemente llegó a poner algo de su parte. Llegó, puso. Lo intentó. Le dijo al rey, al rey de mira, Enrique, si consigues que tu mujer, Catalina ingrese voluntariamente en un convento de motu proprio que ella quiera llegar, pues tengo la excusa para anular el matrimonio, puesto que ya no podéis dedicaros a la sagrada misión de la procreación. Pero Catalina dijo que al convento te vas tú, Le dijo Enrique. Yo me voy. Ahí vete tú. Yo soy la reina consorte de Inglaterra y me quedo como reina consorte de Inglaterra. Y aquí es cuando tercia el que hablábamos, Thomas Cross.
B
¿Y este quién era? Hay que ampliar un poco la biografía de este hombre.
A
Es un tipo muy listo. Era un tipo muy listo. Ha muerto ya. Abogado, no era aristócrata, pero supo ir encajándose muy bien en las altas esferas políticas y eclesiásticas. Tenía idiomas, fue secretario de un poderoso cardenal inglés. Y lo más importante, estaba muy enterado de la que había aliada en el continente con la bronca de Lutero. Estaba muy al tanto. La Reforma protestante estaba en lo más alto en aquellos años, 1521. 1530. Estaba. Estaba hirviendo con la Europa del Norte, a broncas con Roma. Y además Cromwell simpatizaba con los luteranos. Le gustaba más el rollo protestante que el católico. Y él vio que ahí podría estar la solución, en la ruptura con Roma, pero no sumándose a los luteranos, sino marcándose, como decíamos, su propio Brexit. ¿Si, te desvinculas de una iglesia, pero para qué te vas a sumar a otra? Para eso creas la tuya propia. Y en la tuya mandas tú. Este pollo, Cromwell, cuando aún Inglaterra era oficialmente católica, ya hizo alguna más propia de protestantes que de católicos. Y lo que hizo con su jefe, que era el cardenal Thomas Wolsey, fue disolver 30 monasterios para con esos fondos, 30 monasterios católicos que todavía no se habían separado, con esos fondos, asegurar la supervivencia de una gran escuela en un lugar que se llamaba. Bueno, se llama Ipswich. Es un sitio que estuvo a punto de competir con Oxford una importancia tremenda en la educación, o sea que antes de que Inglaterra dejara al Papa tirado ya andaban algunos actores actuando por su cuenta porque como ocurría en todos los países, la Iglesia tenía acaparadas tierras, edificios, monasterios mientras faltaban recursos para otras cosas, o sea que el tal Thomas Cromwell no lo hizo tan mal al principio Y como a él le molaba el protestantismo que corría por Europa toda leche empezó a aconsejar al rey en esa dirección. Primero porque se divorciaría sin necesidad de que el Papa le diera permiso. Segundo porque si se separaba de la obediencia de Roma Enrique VIII haría y desharía su antojo también en cuestiones religiosas. Y lo más bonito de todo, todas las rentas que como reino católico tenía que pagar al Papa ya no habría que pagarlas. Si yo ya Lo siento. ¿Que no quieres más de mí? No hace falta que me enseñes los dientes y ya no te hace gracia Y no quieres más de mi corazón.
B
Como has invocado varias veces el Brexit, todos recordamos el lío monumental que ha supuesto todo lo del Brexit. Entonces eso técnicamente, ¿Cómo se hizo? Es decir, ¿Cómo se separa Inglaterra de Roma? ¿Cómo funcionaba esto de crear una Iglesia nueva?
A
Todo se hizo de manera muy formal y muy oficial. Fue un proceso muy. Como lo del Brexit que hemos tenido fue un proceso muy complicado, con mucho tira y afloja pero había que hacerlo, aunque lo estemos contando así. Era una cosa que es de tenía que hacer con la ley en la mano, ¿No? Todos los obispos y abades ingleses estaban por la labor, además de abandonar la obediencia al Papa y dársela al rey. Imagínate este en cuanto decapitó a unos cuantos, el resto más suave que un guante. Tos palante. Tampoco esto significa que de la noche a la mañana Enrique VIII ya no rezara, ni creyera en Dios ni participara de misas. Hacía todo lo que tenía que hacer como católico pero lo único que cambió fueron las reglas del juego y la cadena de mando. Todo eso cambió. Todo lo demás es lo mismo. Y todo tenía que hacerse formalmente porque aunque fuera un rey absoluto había que hacer leyes que aprobara el parlamento. Lo primero que se aprueba en este proceso es una cosa. Se llamaba el Acta de sumisión del clero. Claro, lo dice todo. Venía a decir que todos los curas y alto staff eclesiástico. A partir de ahora obedecerían al rey, no al Papa. Acto seguido, después, un poquito después, más discusiones, más trabajo, más tal, se aprobó el Acta de restricción de anatas.
B
¿Eso qué es?
A
Sí, anatas. Está en el diccionario. Un impuesto que cobra la Iglesia. Las anatas es el impuesto que cobra la Iglesia. Esos impuestos que no pagan, pero que sí cobran. Esas son las anatas. Y lo que hace Enrique VIII es restringir los impuestos que Roma cobraba a Inglaterra. Ni un duro iba a salir al bolsillo del Papa. Se acabó. Y lo siguiente que se aprobó fue el Acta de Restricción de Apelaciones. Gracias a esta nueva ley, ya no hacía falta preguntar a Roma para divorciarse. El divorcio se lo concedería al propio clero inglés.
B
Eso lo simplifica todo.
A
Claro, porque el clero ya estaba sometido a la obediencia de Inglaterra. Asunto solucionado. Ya se pudo llevar a cabo el divorcio con Catalina y celebrarse la boda con Ana Bolena. Enrique Llana.
B
Exacto. Antes lo he pensado también. No quería decir nada. No le gustaba esa pareja. Enrique Llana.
A
Una vez divorciado y vuelto a casar, quedaba por aprobar el Acta más el Acta de Supremacía, la ley que declaraba que Enrique VIII y a partir de aquel momento los venideros reyes y reinas de Inglaterra eran la suprema y única cabeza en la tierra de la Iglesia. En Inglaterra. Lo más ahí quedó definitivamente roto el vínculo con Roma.
B
Rotura que el Papa se tomaría mal, seguro. Eso ya va de suyo. Pero oye, ¿Y el clero inglés? La parte del clero inglés que no estaba de acuerdo con la nueva Iglesia, ¿Qué pasó con ellos?
A
Empezaron mal, pero siguieron bien. El Papa se mosqueó, por supuesto. Sobre todo porque dejaba de ingresar una pasta importante. Es que perdió todo lo que tenía allí. Toda. En esa parte. Todas las posesiones católicas pasaron a ser de Inglaterra. Clemente VII excomulgó a Enrique VIII. Bueno, me da igual. Ya mandaba lo mismo. Seguramente le diría que te excomulgo yo a ti, que ya mando igual solisto. Somos dos iguales. El clero británico tragó en su mayoría porque el rey tenía mucha soltura decapitando gente. Casi todo el mundo tragó. El que se resistió fue el famoso escritor, teólogo, humanista, Tomás Moro, que éste acabó además luego canonizado por la Iglesia católica. Era un tipo muy considerado. No sólo en Inglaterra, también en Europa. Fue asesor de altos cargos. Era consejero, un tipo muy cercano al rey. Pero se negó a pronunciar el juramento que reconocía Enrique VIII como cabeza suprema de la Iglesia. El rey necesitaba que Tomás Moro tragara, porque un tipo con tanto prestigio, un intelectual, eso le daba legitimidad. Pero como se negó, lo encerró en la Torre de Londres, le juzgó por alta traición y le cortó el cuello como todos. Lo malo es que aunque ya podía divorciarse las veces que quisiera sin pedir permiso, porque él ya era Juan Palomo, yo me lo guiso, me lo como. Le dio por decapitar esposa. Sólo decapitó a dos de seis. Que hay mucha gente que se cree que decapitó a todas. No, solo a dos, que ya son demasiadas. Pero es que una de ellas fue precisamente Ana Bolena, después de la barraquera que pilló para casarse con ella y divorciarse de Catalina. Coño, baila de capita por divorciarte, coño, no decapites.
B
Ya. Para completar la lista, has dicho antes de pasada que también acabo decapitando a Cromwell, el que le arregló el divorcio de Catalina y la separación del Papa. Encima ese también palmó.
A
Claro. Por eso decía que no se le podía perder la cara como a los toros. Este decapitaba todo. El tal Cromwell tiene también su historia, porque era un trincón. Muy listo, pero un trincón. Como fue el encargado de la disolución de los monasterios, barrió para casa y de la venta de propiedades católicas. Trincó lo más grande, lo más grande. Pero también era el cahuete. Era el que aconsejaba al rey cásate con esta, divórciate de la otra, para los apaños de Estado. Y una vez que aconsejó una mala novia, Enrique VIII dijo, mira, de ella me divorcio, pero al que le corten la cabeza porque ha sido un desastre. Y que el verdugo sea novato. Esto es verdad. Para que le duela más.
B
Pues nada, Nieves, si mañana conservamos la cabeza, nos encontramos aquí otra vez.
A
Vale, Hasta mañana. Gracias, Carla.
B
Un beso. Hasta luego.
A
Para no perderte ningún episodio, síguenos en la aplicación o la web de Laser Podium Podcast o tu plataforma de audio favorita, Cadena ser, la radio.
Host: Nieves Concostrina
Guest/Co-host: Carla
Date: May 8, 2023
Podcast: Todo Concostrina, SER Podcast
In this episode, Nieves Concostrina brings her signature wit and historical insight to unravel how Henry VIII of England broke with the Catholic Church and founded the Church of England. Using the recent coronation of Charles III and the symbolic "gift" from the Pope as a starting point, Nieves dives into the real motives behind Henry VIII’s "Brexit" from Rome – a decision driven far more by politics and personal ambition than by religion. The discussion is laced with humor, vivid anecdotes, and sharp criticism of both ecclesiastical and monarchical hypocrisies.
The conversation is sharp, irreverent, and packed with historical detail, interlaced with colloquial humor and commentary on power, hypocrisy, and human ambition. Nieves Concostrina’s storytelling brings the period—and its often brutal realities—to life, making the narrative highly engaging even as it remains informative.
This episode is a prime example of how Nieves Concostrina mixes rigorous history with entertainment and critique, making historical events vivid, relatable, and often hilariously pointed. Whether you know the history or not, you’ll leave with not only a clearer understanding of why England split from Rome, but also with a sense of the colorful (and dangerous) personalities involved.