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Nieves
La sociedad española de radiodifusión presenta ser.
Radio Host
Aquí va la radio. Podcast siempre.
Carla
Buenas tardes, Nieves, ¿Cómo estás?
Nieves
Hola, carla, muy bien. ¿Cómo estás?
Carla
DÍA DESPUÉS de la gran gala del centenario de la radio y de ese programa especial en el Toreski. Qué bien. Qué bonito es esto, de verdad. Y el contacto con los oyentes.
Nieves
Yo sí que siento eso del orgullo.
Carla
Y la satisfacción, De verdad que sí, de verdad que sí. Bueno, vamos al lío. El episodio de hoy, en este acontece, que no es poco, tiene elementos, como siempre, tiene elementos muy interesantes, muy singulares. El primero es que esto es muy chulo. El primero que no resulta nada frecuente que salga hombros, pues pensamos, un torero de la plaza, no, un futbolista del estadio, tampoco, sino que salga un poeta de un cementerio. Bueno, pues así fue. Tal día como hoy, 15 de febrero de 1837, el poeta era Zorrilla y el que estaba en el cementerio para quedarse, quiero decir, era Larra. Casualidades de la vida.
Nieves
Me divierte mucho, es una historia muy chula. Pero vamos a empezar situando el lugar exacto en donde ocurrió lo que vamos a contar. Y todo ocurrió en lo que ahora es el centro de Madrid. Pero hace 187 años no era el centro. Era como eso que decían. Todo eso antes era campo. Pues eso era campo. Ahora mismo, en el número 19 de la calle Fernández de los Ríos, casi en el cruce con la calle Escosura, que es centro, hay una placa de esas que pone el Ayuntamiento en las fachadas para decir eso de aquí vivió fulanito, aquí murió menganito, aquí pasó tal cosa. Pero en esa placa pone lo en estos lugares el poeta José Zorrilla se dio a conocer en la despedida de Narra cómo lugares. Claro, es que ese es el tema. Si tú conoces la historia de estos dos, sabes a qué se está refiriendo. Pero es que si no es muy difícil deducir por qué y cómo en una calle del centro de Madrid se dio a conocer José Zorrilla, de quién se estaba despidiendo Mariano José de Larra. ¿Dónde estaban? ¿Qué hacían? Alguien puede pensar, puede que aquí había un café o una casa donde se hacían tertulias literarias, que Larra fuera de viaje y fue a despedirse, que Zorrilla montó algún pollo para que todo el mundo se quedara con su cara. Yo que sé. Pues no ocurrió nada de eso. Yo no entiendo a qué viene tanta tontería y tanto eufemismo cuando debería decir en esa aquí estaba el cementerio donde el 15 de febrero de 1937, durante el entierro de Larra, se dio a conocer Zorrilla. Ya está. En vez de decir cementerio, la placa. En estos lugares.
Carla
¿Y eso por qué? No se sabe.
Nieves
Bueno, son unos moñas. En vez de decir entier, la placa dice despedida. Seguramente lo dicen, yo que sé. Para que todos los que viven allí, que no les de yuyu, que la gente le da yuyu. Pues sepan los del yuyu que todo ese barrio, todo, absolutamente todo, se asienta sobre miles y miles de huesos. Porque toda aquella zona era un gigantesco cementerio formado por seis o siete camposantos. Cada vez que hacen obras en el metro salen miles de huesos. Allí hay muertos por un tubo. Uno de ellos, Mariano José de Larra.
Carla
Bueno, mira, la leyenda de la placa, aunque esté mal explicado lo que allí ocur, al menos deja entrever que el lugar guarda una historia.
Nieves
Muy divertida. Bueno, a mí me parece muy divertida, muy jugosa. Y además es historia. No de muertos, es historia de la literatura. Vamos al principio para contar lo que pasó ahí. Mariano José de Larra, como bien describió en su momento Paco Umbral, se pegó un tiro contra la sociedad española porque era un intenso. Lo escribió así Larra era un intenso y además un enamorado doloroso. El 13 de febrero se suicidó. Y es cierto que tenía todas las papeletas para pegarse un tiro, porque era un tipo la época romántica, era depresivo, sufría mal de amores. Le enfermaban además la hipocresía y la corrupción españolas. Tú te lees ahora mismo. Es un artículo. Me encanta, lo recomiendo siempre. Es un artículo titulado El día de Difuntos de 1836 y parece que no han pasado 188 años, porque dice en ese artí ¿Dónde está el cementerio? ¿Fuera o dentro? Un vértigo espantoso se apoderó de mí y comencé a ver El cementerio está dentro de Madrid. Madrid es el cementerio, pero vasto cementerio donde cada casa es el nicho de una familia, cada calle el sepulcro de un acontecimiento, cada corazón la urna cineraria de una esperanza o de un deseo. Este tío escribía muy bien. Bueno, hoy Larra se deprimiría más porque en Madrid hay más corrupción, menos arma, menos ambulatorios, pero muchas cañas. Eso es verdad. El caso es que Larra, tres meses después de escribir este artículo tan dolorido, se largó porque su amada lo plantó, se pegó un tiro. Era lunes de carnaval. La muerte y el entierro de Larra fue todo un acontecimiento en el Madrid del siglo XIX porque era un tipo muy, muy, muy famoso. Y de hecho, de no haber sido tan, tan famoso, el cuento es que habría terminado de otra manera muy distinta. Ni entierro, ni Zorrilla, ni placa, ni leche, ni nada.
Carla
Cada vez que mencionas a Zorrilla me acuerdo de Isaías, que ya sabes que son Isaías, la fuente, Zorrilla. ¿Sabes que tienen ahí? Sí que son. Hay una conexión familiar. Oye, a ver, ¿En qué habría cambiado la cosa?
Nieves
El destino de Larra era la fosa común, directamente, porque a los suicidas se les negaba el enterramiento en sagrado. Pero la muerte de Larra fue tan sonada. Se iban a movilizar miles de personas y el gobierno presionó, los intelectuales presionaron y al vicario general de Madrid, el mandamás en Madrid, para entendernos, tampoco le interesaba en aquel momento dar la nota porque le preocupaba la repercusión que pudiera tener no dar un entierro digno a Mariano José de Larra. Ahí anduvo listo. Cuando el párroco de quien dependía las exequias de la parroquia de Santiago, ahí en el centro de Madrid, muy cerca de la Plaza Mayor, cuando el párroco le preguntó qué hacer, qué hacemos, el vicario contestó los locos se entierran en sagrado. ¿Sí? Pues los que se suicidan están locos. Ya está claro. Si así lo solucionaban. A enterrar a Larra en sagrado lo solucionó enseguida, porque así lo solían hacer con todos los que tuvieran enchufe. La fosa común era el destino de los suicidas vulgares. Pero los suicidas famosos y los miembros de la familia real, por ejemplo, que algunos tenían eso, los disimulaban y recibían su cristiana sepultura. El velatorio de Larra fue tremendo. Tú ríete del de Lola Flores. Salvando las distancias, estamos hablando de 1837. El de Larra duró dos días, hasta que el 15 de febrero el cortejo fúnebre emprendió camino del cementerio General del Norte por la calle de Fuencarral, esa que ahora patea tanta gente apretujada y con ansia viva consumista. Pues antes, esa misma calle, que lo sepan, era el caminito de todos los cortejos que iban a los 6 o 7 cementerios que había al final de Fuencarré.
Carla
Y acompañando ese cortejo entendemos que iba José Zorrilla, al que por aquel entonces no debía conocer prácticamente nadie. Si hacíamos caso de lo que dice la placa.
Nieves
Sí, sí. No lo conocía nadie. Nadie, nadie sabía. Bueno, sabía nada, no lo conocían. En ese cortejo iba toda la intelectualidad de Madrid y también José Zorrilla, a que efectivamente no conocía ni Dios y solo era un jovenzuelo aspirante a poeta. No tenía oficio, no tenía beneficio. Y con más hambre que vergüenza, este chaval se pasaba las horas en la Biblioteca Nacional porque allí se estaba más calentito que en la fría buhardilla donde vivía y que compartía con la familia de un cestero. Ni siquiera había cumplido 20 años todavía José Zorrilla. El 13 de febrero, el día del suicidio de Larra, el amigo de Zorrilla, un tipo que se llamaba Joaquín Masar, creo que era un cantante de ópera, corrió a informarle, le dijo tío que se ha muerto, que se ha muerto. No le diría lo de tío, se lo digo yo que se ha muerto Larra. Y en Madrid es que no se hablaba de otra cosa. Es tu oportunidad, le dijo su amigo, escríbete unos versos laudatorios ahí a Larra, a ver si con un poco de suerte te los publica algún periódico. Esto se llevaba antes mucho y de paso pues te sacas unas perras. Es más, si te quedan chulos vente al entierro y si tienes oportunidad los sueltas allí. Lo mismo alguien se fija en ti. Esa noche del lunes de carnaval, en su heladora buhardilla y mientras ya se velaban los restos de la en la iglesia de Santiago, Zorrilla rimaba ahí unos versos a marchas forzadas, se marcó un poema extenso, buscó quien le prestara ropa de luto y el día 15 se coló entre la comitiva fúnebre llevando, y esto lo escribió él mismo, llevando únicamente propios conmigo mis negros pensamientos, mis negras pesadumbres y mi negra y larguísima cabellera.
Carla
Oye, Nieves, ¿Y cómo fue el momento que eligió Zorrilla para declamar sus versos?
Nieves
Pues cuando todo. Yo te cuento, porque la verdad es que estuvo muy bien elegido. Cuando todo el mundo llegó a la fosa donde se iba a enterrar a Mariano José de Larra, tal y como era costumbre, se había designado a una persona para leer el elogio fúnebre. Esa persona fue el escritor Mariano Roca de Togores, el marqués de Molins, que era muy buen amigo de Larra y que al parecer se puso un poquito pesado con el discurso. Tenía aburridos a los muertos prácticamente. Cuando por fin terminó y el ataúd ya bajaba, iba a tocar tierra. Ahí cogió aire ese proyecto de poeta de 19 años llamado José Zorrilla. Larguirucho, pálido, se adelantó, se hizo hueco. Y ese vago clamor que rasga el viento es la voz funeral de una campana, vano remedo del postrer lamento de un cadáver sombrío y macilento que en sucio polvo dormirá mañana.
Carla
Maravilla.
Nieves
Sí, muy bonito. La poesía seguía y seguía y es muy buena. Y la concurrencia alucinaba con aquel pipiolo a quien no conocía nadie. Y nada, Zorrilla se venía arriba con cada una de las 49 líneas de aquella poesía parida a todo meter en su buhardilla. Cuentan que de allí José Zorrilla salió a hombros.
Carla
Qué fuerte.
Nieves
Y así lo llevaron hasta la Puerta del Sol. Yo no sé si me creo tanto, porque hay un trecho larguísimo.
Carla
Eso iba a decirte.
Nieves
Hay mucha distancia, pero además de que es una extravagancia, porque un cementerio se entra a hombros, pero no se sale a hombros.
Carla
En cualquier caso, si Larra no se llega a pegar un tiro, igual Zorrilla no habría sido el que fue.
Nieves
Pues lo mismo, ¿No? Es que estas cosas nunca. Eso de estar en el momento, en el sitio justo, en el momento oportuno. Pero es que a Zorrilla era un vivales, era un espabilado. Es muy gracioso, además, como cuenta este episodio el escritor Federico Carlos Sainz de Robles. Tiene un libro que se llama Autobiografía. Es una obra muy simpática. Está contada con mucha sorna, en primera persona, como si Madrid narrara su propia historia. Bueno, pues ahí Esai de Robles pone a parir a Zorrilla por varias primera, por haberse aprovechado de una situación dolorosa para darse a conocer. Segunda, por llamar sombrío y macilento al cadáver de Larra.
Carla
Hombre.
Nieves
Es que es muy irónico. Y tercero, porque Zorrilla consiguió su objetivo, que no era otro que quedarse con el puesto de redactor en el periódico El español, que era el puesto que quedó vacante con la muerte de Larra.
Carla
Oye, y si el cementerio donde enterraron a Larra ha desaparecido. ¿Dónde está él? ¿Dónde Está Larra? Los restos, quiero decir.
Nieves
Sí los salvaron. Sus huesos sí los salvaron. La mayor parte de la gente se quedaron ahí, pero los de ellos se salvaron. Los trasladaron a otro cementerio y de allí luego hubo que trasladarlo a un tercero, que es donde está ahora. Está en un cementerio privado, propiedad de la iglesia La Sacramental de San Justo. Mira tú, un suicida en tierra tan hipócrita como sagrada.
Guest or Co-host
Eres un fenómeno.
Carla
Fenómeno tú Sé que eres un fenómeno.
Nieves
Nieves, tú más.
Carla
A descansar. Hasta el próximo lunes. Adiós. Un beso.
Nieves
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Radio Host
Abre la ventanilla y él no pare.
Guest or Co-host
Sigue, sigue, sigue.
Radio Host
Se cruza en toda la calle y en parte de la de al lado. Abre la guantera y saca un pulverizador Ahora no hay quien me pueda Ahora.
Guest or Co-host
Sí soy el mejor fenómeno It is Phenomenal Phenomenal It is Phenomenal Phenomenal. Phenomenal.
Radio Host
Bajada del coche a comerse la noche Abrirle paso que llega con retraso él todo un artista El rey de la pista Mitra Volta Le llega los zapatos y le hace un guiño al portero de la discoteca que lo conoce del barrio y le hace una reverencia Se liga una pelirroja y se van al reservado Pero mira qué sorpresa la sartén.
Guest or Co-host
Tenía mango Fenomenal Eres un fenómeno Fenómeno Eres un fenómeno Fenómeno Eres un fenómeno Fenómeno Eres fenómeno Fenómeno Lo dice tu mamá Eres un fenómeno, Lo dice tu.
Radio Host
Papá Eres un fenómeno, Lo dice tu.
Guest or Co-host
Abuela Eres un fenómeno, fenómeno Lo dice tu papá Eres un fenómeno dice tu mamá Eres un fenómeno dice tu abuela Eres un fenómeno. Phenomenal Phenomenon Phenomenon Phenomenon.
Podcast: Todo Concostrina (SER Podcast)
Host: Nieves Concostrina
Co-host/Presenter: Carla
Episode: Acontece que no es poco | Entierro y nacimiento simultáneos de dos autores, Larra y Zorrilla
Date: February 15, 2024
Topic: The extraordinary intersection of the death of Spanish writer Mariano José de Larra and the "birth" of José Zorrilla as a celebrated poet during Larra’s funeral in 1837.
This episode explores a unique moment in Spanish literary history: the intersection of the dramatic funeral of Mariano José de Larra, a famous writer who died by suicide, and the impromptu public debut of poet José Zorrilla. Nieves Concostrina brings her characteristic wit and irreverence to the story, focusing on the quirks of history, the literal burial ground beneath modern Madrid, and how one writer’s tragedy became the launchpad for another’s career.
The episode maintains Nieves Concostrina’s trademark blend of irreverence, sharp wit, and vivid storytelling. She seamlessly mixes historical fact with colorful commentary, making even somber events lively and relatable.
This episode brings to life a singular moment in Spanish literary history, illustrating how the tragedy of one writer—Mariano José de Larra—became the serendipitous beginning for another—José Zorrilla. Packed with historical detail, pointed humor, and literary excerpts, Nieves shows how cemeteries, both literal and metaphorical, can be the soil from which greatness unexpectedly sprouts.