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A
Ser podcast. Estás escuchando Acontece, que no es poco. Y yo soy Nieves con Costrina, la que te lo cuenta. Un podcast de historia para conocer, para entretenerse, para criticar, para cotillear y para lo que se tercie. Que disfrutes del episodio.
B
Hola nieves. Buenas tardes. ¿Qué tal?
A
¿Qué tal, Car? Muy bien.
B
¿Puedo contar una cosa nuestra? No, hombre, quiero decir, ayer me enviaste un mensaje. Enviaste un mensaje diciendo no te pierdas la columna de Manolo Vicen en El.
A
País y no me la perdí.
B
Hoy que llevamos todo el día, ya termina el funeral de la Reina. Ya ha terminado. Pero estaba bien porque no es verdad, porque conectaba lo que escribía Manuel Vicen con cosas que tú cuentas aquí muy a menudo, que es esta. Esta querencia por la parafernalia, por el marketing, por la propaganda de instituciones que bueno, en fin, pueden existir o no. Estarás de acuerdo. Qué bien lo hacen, cómo saben el Vaticano y la Iglesia Anglicana, o sea.
A
No, no lo saben hacer muy bien. Y me hizo especial, fue un poquito vanidoso cuando te dije no te pierdas lo de Manuel Vicente, me gustó mucho porque usó unas palabras que yo llevaba una semana que ha habido gente que nos ha comentado, me ha pedido en no estáis hablando, no vais a hablar del funeral de la reina. Esto es un espectáculo de luz y color pensado para hipnotizar al personaje.
B
Muy bien pensado además.
A
Te hipnotiza, te obnubila, te deja cuajado y ya está. Es para lo que sirve. Y encima todo eso lo han pagado los británicos y ahí están haciendo cola para darle las gracias por lo que les va a costar.
B
Esta mañana alguien me preguntaba cuánto habrá costado esto y digo, da igual, Está bien invertido para lo que se ha hecho, pero muy bien invertido. Es la mejor campaña de promoción que puede existir para una institución que igual en determinadas circunstancias podría discutirse. Dicho lo cual, vamos a lo nuestro.
A
Pero está enterrado fijo ya, ¿Verdad?
B
Sí, yo creo que sí. Yo lo he visto por la tele. Oye, a ver, mira, hoy este paseo diario por la historia va a convertirse en una suerte de prolongación de la ventana de los libros, aunque sólo en parte. Es verdad que el escritor Alejandro Dumas va a ser uno de los grandes protagonistas del episodio de hoy, pero la estrella principal. La estrella es alguien cuya identidad se desconoce aún después de varios siglos, pero al que todos conocemos por haberlo leído o haberlo visto en el cine, como El prisionero de la máscara de hierro. ¿Os acordáis?
A
No todo el mundo. Es una historia muy fascinante. Si decimos quizás que vamos a hablar de este hombre, del hombre de máscara de hierro que le llamaban, pues mucha gente va a poner cara de Leonardo DiCaprio debajo de esa máscara de hierro. Aunque hay otra película anterior de 1929 que se llamaba Máscara de hierro. En blanco y negro. Sí. Pues hay una peli que se llama DiCaprio.
B
No estaba mal.
A
Sí, sí. Era muy entretenida. Es una peli que ha visto casi todo el mundo, yo creo. Y yo creo que es entretenidísima. Pero que se sepa que Hay otra de 1929 que se llamaba Máscara de hierro. Y Tanto la del 29 como la de DiCaprio está basada en el relato que escribió Alejandro Dumas. Y en ese relato se desvela la identidad de ese hombre de la máscara de hierro. Con la historia de hoy no vamos a resolver el enigma de quién era este hombre, porque sigue sin saberse. Pero yo creo que a lo mejor muchos oyentes descubren algo. Porque puede que algunos creyeran que todo es la ficción de una peli, sin más. Los que conocieran el libro de Alejandro Dumas, El vizconde de Bragelon, creerán que es igualmente una historia de ficción que salió de la inventiva de él, del escritor. Puede que otros crean que Dumas escribió ese relato basándose en hechos reales. Y eso es. Estos son los que tienen razón. Porque efectivamente, el libro de Dumas y después la peli están basados en hechos reales, pero en un solo hecho real. El hecho real es que un. Un hombre permaneció encarcelado durante décadas con una máscara. Que ese hombre existió. Y su ingreso en la prisión parisina de la Bastilla está documentado el 18 de septiembre de 1698. Nadie le oyó hablar, salvo sus carceleros, salvo su único custodio. Nadie sabe quién fue, ni por qué lo encerraron, ni con cuántos años, ni qué hizo este hombre. Y por no saber, nadie sabe si la máscara era de hierro o de terciopelo. Probablemente era de tela. Pero ese hombre existió. Y sin duda es el más famoso preso político de la Francia de Luis. Pero la ausencia de datos ha provocado también cada uno remontar a su propio peliculón.
B
A ver, a ver, a ver. ¿Hasta dónde nos podemos remontar para tirar del hilo? Esta historia va. Esta historia dónde empieza.
A
La primera referencia es de 1680. Estamos en pleno reinado de Luis XIV, el Rey Sol, aquel repollo con lazos y perlas y pelucas y tal. Ese año corrió un rumor, no sólo por Francia, sobre un hombre que llevaba varios años encarcelado, rodeado de una seguridad extrema y. Y por orden, encarcelado por orden expresa del mismísimo rey de Francia, que también había ordenado que ese hombre llevara una máscara para que nadie conociera su identidad. Solo era un rumor, es verdad, pero como a veces el rumor es la antesala de la noticia, pasados unos años, en 1687, las habladurías se publicaron. Una gaceta publicó que ese hombre había sido trasladado a la cárcel fortaleza de la isla de Santa Margarita. Esa isla está justo enfrente de Cannes, donde en festival decir sigue estando ahí. Ahora hay un ferry que lleva a los turistas, pero antes sólo iban presidiarios. Y junto con ese enigmático hombre con máscara, iba siempre custodiándolo como una garrapata, pegado a él, un antiguo mosquetero que se llamaba Benign de Saint Mar. Este hombre, Benigno Ben, en 1698 fue nombrado gobernador de la Bastilla, el alcaide de la prisión, para entendernos, y con él se lleva, cuando llega como alcaide, con él se lleva al preso que estaba bajo su custodia, al hombre de la máscara. De todo esto hubo testigos que además dejaron por escrito lo que vieron. Hubo uno en concreto que trabajaba en la Bastilla, que escribió que vio llegar a su nuevo jefe acompañado de un preso, y abro comillas, al que mantiene siempre enmascarado y cuyo nombre no se pronuncia.
B
¿Y cuánto tiempo estuvo este hombre entre rejas? Porque bueno, doy por hecho que murió en la cárcel.
A
Claro que murió. ¿Este se murió en la Bastilla? Probablemente no. Fijo que se murió de aburrimiento en 1703, o sea que aguantó allí. En la Bastilla estuvo 50 años, pero en total estuvo encarcelado 34 años, aunque no se sabe a qué edad murió. No se sabe nada de él. También está documentado su entierro en el cementerio de San Pablo de París, por supuesto con un nombre falso, Martiali, pusieron en la lápida. Todas sus pertenencias fueron quemadas y la celda en la que vivió aquellos últimos cinco años fue raspada y encalada. Lo mismo, porque había dejado escrito algo, alguna pista sobre quién era, pero se raspó, se encaló y se dejó niquelá. Y hasta aquí lo que se sabe, hasta aquí la cruda realidad y los escasísimos datos de aquel presidiario que sigue siendo un enigma. Los estudiosos coinciden en que el hombre de la máscara de hierro debió de ser un tipo de alto standing, sí es que no hay otra explicación, un noble, un tipo que conociera secretos de Estado. No está claro si la máscara era de hierro o terciopelo, como digo, ni si la tenía siempre puesta o solo en los traslados, pero sí hay algunos datos sueltos, como que este hombre tenía modales refinados, que su rancho era más exquisito que el de sus colegas presos, que tocaba la guitarra como Iñaki de la Torre, que solo tenía contacto con el alguacil y que había orden de matarlo si abría la boca para otra cosa que no fueran cuestiones cotidianas, o sea, del tipo tengo frío, tengo hambre, me pica la espalda.
C
Quant en ville le grain se lève vent de nerf agité que se ternissent les rêves Dans ma réalité j'veux des balades sur la grève un peu d' humanité Moins de béton, plus de trèves Une vie de qualité en moins de béton Cuénche de salut vendu Métro de sombre affût les yeux rivés sur le rivage ou liaison lointain visage que ne planche de salut Vent du métro de sombre affût les yeux rivés sur le rivage Oublie ton lointain visage.
B
Oye, de este hombre ya a estas alturas no se puede saber mucho más, pero de su identidad hay teorías, hay sospechas.
A
Bueno, ahí ya digamos que era de.
B
Clase alta, que posiblemente estuviera en poder de algún secreto sin que no se pudiera revelar y tal, pero alguna teoría habrá.
A
Ahí es que se dio rienda suelta la imaginación y bueno, ahí cada uno, como los minions, cada uno su propia película. Unos dijeron que el hombre de la máscara de hierro era medio hermano del rey de Luis XIV, porque la madre lo había tenido con uno de sus amantes.
B
¿Eso podía ser?
A
Sí, sí, sí, en realidad todo podía ser, pero nada justificaba una seguridad tan extrema. Otros de más allá decían que el de la máscara era el auténtico padre del rey, amante de su madre, o sea, que Luis XIV encarceló a su propio padre. Otra especulación muy loca decía que podría ser un hijo del propio rey al que le pilló manía porque tenía el vicio italiano.
B
¿Vicio italiano?
A
La homosexualidad lo llamaba. Pero en Italia seguramente lo llamarían el vicio francés.
B
Como lo de la gripe española, que no era española.
A
Exactamente, sí, sí, como la sífilis. La sífilis es el mal italiano en un sitio, en otro sitio. El mal japonés. Los portugueses lo llamaban el mal tal. Cada uno le echaba la culpa al de al lado. La teoría más loca sobre la identidad de Máscara de Hierro era de un pigmeo capturado en África, que este pigmeo es verdad que estuvo en la corte, está documentado en la corte de Versalles. Bueno, pues a este pigmeo que lo captura en África, que lo llevaron a la corte francesa como esclavo y lo bautizaron con el nombre de Nabo, que servía de entretenimiento a las damas en todos los sentidos que nos podamos imaginar y que se dijo que había dejado embarazada a la reina.
B
¿El pimeo? Sí.
A
Y mira eso ya. ¿Tú qué tienes contra los pigmeos?
B
No, no, nada, nada, nada. Pero me llama la atención.
A
Bueno, pero yo creo que esto ya. Un tipo que se llame Nabo y que encima sea pigmeo, pues no. Además, en la corte francesa es que todos tenían un montón de amantes al retortero. Era la costumbre, nadie tomar tantísimas precauciones por un vulgar amante, aunque fuera pigmeo. Ninguno de esos personajes, por mucha relación que pudieran tener con la familia real, encajaba con un preso al que se escondiera con tantísimo celo. No podía ser. Tenía que ser alguien que conociera secretos de estado, que fuera un verdadero peligro para el rey, o sea, sospechas muchas, pero dato ninguno. Ninguno, ninguno. Datos no hay ni uno, porque es un personaje que ha fascinado en Francia desde siempre y no han parado de buscar, investigar. Los siguientes reyes, Luis XV y Luis XVI, ordenaron revolver los archivos para averiguar la identidad de aquel individuo y no hubo forma de encontrar nada. Al hombre de la máscara de hierro literalmente se lo tragó la tierra. Se sospechó que podría ser el superintendente de finanzas, Nicolás Fouquet, al que Luis XIV encarceló, y esto es cierto, por meter la mano en la caja y porque además organizaba mejores fiestas que las que montaba el rey Repollo, y eso a él le sentaba fatal. Fouquet murió en prisión, o al menos eso se dijo, porque algunos mantienen la teoría de que como había que sacarlo ya de la cárcel, pues dicen que no murió, que fingieron su muerte para mantenerlo encerrado para los restos y con una máscara para que nadie lo reconociera.
B
Y lo que contaba la peli que podía ser un hermano gemelo del rey.
A
A ver, eso salió de la imaginación de Alejandro Dumas, que conocía todas las locas especulaciones sobre la identidad de Máscara de Hierro y se hizo su propio peliculón en El Vizconde de Braguelo, al introducir a ese misterioso personaje como hermano gemelo de Luis XIV. Es una novela que se publicó por entregas a lo largo de dos años y que luego se reunió en un libro. Ese libro es el que cierra la trilogía las novelas de D'. Artagnano. Uno es Los tres mosqueteros, otro 20 años después, y lo cierra El Vizconde de Bragelon. Y la historia de Máscara de Hierro está al final de la novela del vizconde Bragelón. Y es Dumas el que populariza que la máscara es de hierro, que casi con total seguridad era de tela. Lo que pasa es que Voltaire, que también escribió del hombre enmascarado, fabuló con que esa máscara tenía unos resortes de acero en la barbilla que permitían que la máscara se abriera y se cerrara para comer. Porque Voltaire estuvo en la Bastilla y le hablaron de Máscara de Hierro, de ahí sal lo de Máscara de hierro. Pero la liaron entre Voltaire y Dumas. Pero ni era hermano gemelo del rey Luis XIV, ni Luis XIV lo encerró para que no le quitara el trono porque había nacido un minuto antes, ni era el pigmeo Nabo, ni tampoco se parecía a Leonardo DiCaprio.
B
A la Nieves. Mañana más. Venga, un beso.
A
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Fecha: 19 de septiembre de 2022
Host: Nieves Concostrina
Colaborador: Carles
En este episodio, Nieves Concostrina explora la fascinante historia real detrás del misterioso prisionero conocido como "El hombre de la máscara de hierro". Inspiración de novelas, películas y leyendas, la identidad de este célebre reo que marcó la Francia de Luis XIV sigue siendo uno de los grandes enigmas de la historia europea. El episodio analiza qué hay de mito y qué de realidad, repasa las teorías sobre su identidad e indaga en las razones de su brutal encierro y aislamiento.
Nieves Concostrina, fiel a su estilo irónico y didáctico, desmitifica la leyenda del hombre de la máscara de hierro mostrando cómo la falta de información y la inventiva de escritores y cronistas han engrandecido el mito. El episodio deja clara la distancia entre la ficción y los pocos hechos probados sobre este icónico prisionero: un desconocido convertido en protagonista eterno de historia, literatura y cine.
Frase de cierre:
"Lo que se sabe, hasta aquí la cruda realidad y los escasísimos datos de aquel presidiario que sigue siendo un enigma." (A, 06:52)