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A
Ser podcast. Soy Nieves con Costrina y estás escuchando Acontece que no es poco, un podcast donde no te contamos nada nuevo, pero te lo contamos de otra manera. Aquí te va otro episodio.
B
Hola Nieves, buenas tardes.
A
Buenas tardes, Carlas, ¿Cómo estás?
B
No sé si te habrá inspirado hoy la presencia de Carlos de Ita para hablar de lo que vamos a hablar, porque hoy veo que en nuestro paseo diario por la historia vamos a abordar, vamos a contar una historia de reyes y de animales, cuidado, pero no de animales cualquiera, hoy hablamos de elefantes, no de los que cazaba Juan Carlos Amasman, bueno, un poco también así de pasada, sino de los elefantes que coleccionaban las dinastías reales europeas hace ya unos cuantos siglos, que esto me suena.
A
Te suena, ¿Verdad? Sí. Y vamos a hablar, bueno, a mí Carlos de Ita me inspira siempre, y sus pajaricos también. Hablamos hoy de una moda muy extravagante vista desde ahora, que eran caprichitos de ricos con jardín, y los que tenían jardín eran por tanto reyes, príncipes, infantes y toda esta fauna aristocrática europea que se instaló, esta moda, digo, que se instaló en el siglo XVI y que además no se les pasó hasta principios del XIX y que consistía en coleccionar animales exóticos. Pero la idea de hablar de esto me vino, y tengo que reconocerlo, así lo confieso, como no voy a otros confesionarios, me lo confieso aquí, a raíz de un pensamiento muy malvado en los días previos a la coronación de Carlos III el British. Sí, sí, pero es un asunto que tiene. Que está relacionado con nuestro Carlos III el Spanish, leyendo los preparativos de la ceremonia en Londres o las crónicas que hacían, leyendo todo aquello que a mí me fascina, no me gustan los reyes, pero me fascinan las monarquías, pues repasando las crónicas que hacían un repaso al follón con Diana, con Camila y todo esto, me fijé en que había muchas informaciones de Carlos de Inglaterra relacionadas con elefantes. Muchas. A veces lleva el pin de un elefante en la solapa, se hace muchas fotos con elefantes de verdad y de mentira, participa en asociaciones en defensa de los elefantes, denuncia constantemente la caza de elefantes y es presidente del WWF, ese fondo mundial para naturaleza en Reino Unido, que tiene un oso panda en su.
B
Logo, pero no un elefante.
A
No tiene un oso panda, pero él es presidente de este organismo y es el mismo organismo que presidía Juan Carlos de Borbón en España y del que tuvieron que expulsarlo. Es que estas cositas se olvidan. La WWF, el Fondo Mundial para Naturaleza, tuvo que expulsar en 2012 a Juan Carlos de Borbón cuando se enteraron de que iba matando elefantes y demás fauna salvaje, que era una más del delincuente. Un tío presidía un organis, un organismo que iba matando lo que defendía. La historia de hoy creo que es poco contradictorio. Sí, sí, claro. Entonces, la historia de hoy me vino porque es eso que algunos llaman karma, es decir, los Borbones no se reencarnan, afortunadamente, solo se reproducen, lamentablemente. Pero podríamos decir que la ruina de reinado de Juan Carlos ha venido dada por los actos de sus antepasados, o dicho de otra manera, los elefantes se han tomado venganza con los Borbones. El karma.
B
Bueno, es un deseo, ¿No? Ver elefantes volando. A mí me sonaba todo esto porque en el capítulo 2 del podcast el puzle Voynich nos contaban que fantástico, que El emperador Rodolfo II le pidió a su tío, que era Felipe II, que le enviara un elefante, que era lo que le faltaba en su colección de animales exóticos, pero nunca se lo envió. Nunca se lo envió. Los Habsburgo, igual que los Borbones, también estaban obsesionados con los elefantes.
A
Sí, sí, sí. De todas maneras, si eres rey te obsesionas con lo que te dé la gana.
B
Eso es verdad. Eso también es verdad.
A
Pero en el caso de Rodolfo II, ya se sabe, ante el vicio de pedir, la virtud de no dar. Su tío Felipe II tenía acceso a los elefantes porque era también rey de Portugal en aquel momento y los podía traer de los territorios asiáticos, pero. Pero no le regaló ni un solo elefante. Lo podría haber hecho, pero no lo hizo. Que el elefante era símbolo de poder, de riqueza, de prestigio para los Habsburgo. Ni siquiera le consiguió un rinoceronte, que eran más pequeños, pero resultaba un bicho muy atractivo. El primer rinoceronte que vio Europa, bueno, desde los tiempos del Imperio Romano, porque los romanos sí tenían elefantes en el Coliseo. Este rinoceronte, perdón, rinoceronte no, elefantes que también tenían este rino, llegó a Portugal en 1515 como regalo del sultán de Cambay, que era una zona de la costa de la India. Se lo regaló al rey Manuel I de Portugal. La llegada del rinoceronte al puerto de Lisboa. Bueno, aquello fue como si hubiera llegado Cristiano Ronaldo con la Copa del Mundial. Una cosa absolutamente desproporcionada. Era un bicho de dos toneladas, que además los rinocerontes son muy raros, imagínate en el siglo XVI. Pues lo pusieron a vivir a este rino en los jardines de palacio.
B
Serían grandes los jardines, Era rey pequeño.
A
No era un adosado, eran grandes jardines. Pero el rey no estuvo en Portugal sólo seis meses, porque el rey era un pelota. Quería llevarse bien con el Papa León X y le envió el rino de regalo. Ya le había regalado antes un elefante blanco asiático, y que tenía al Papa más contento que todos sus novios. León decimos que tenía novios. Y bueno, el elefante este tiene su historia, se llamaba Jano, tiene hasta su propia entrada en Wikipedia. El elefante del Papa. El rey de Portugal dijo si con el elefante lo tengo encandilado, con el rinoceronte lo tengo ganado del todo. Embarcó al rino camino de Roma, hizo parada en Marsella. El rey Francisco I de Francia se acercó a Marsella a ver al rinoceronte, zarpó de nuevo el barco camino de Roma, naufragó y a la porra el rinoceronte asiático ahogado en el Mediterráneo. El pobre apareció varado en una playa. Lo devolvieron a Lisboa, lo disecaron y se lo volvieron a enviar al Papa, pero el Papa no le hizo ya la misma gracia, porque el bicho estaba muerto.
B
Normal. Entiendo al Papa en este caso, lo entiendo perfectamente. ¿El intercambio de animales exóticos era algo habitual entre monarcas por aquella época?
A
Sí, eran regalos de pachás o sultanes a los reyes europeos, que se flipaban con bichos que no habían visto nunca, o a veces los propios reyes se los compraban para tenerlos en el jardín del palacio. Así acabó una jirafa por París, una cebra en Boadilla del Monte en Madrid, el rinoceronte mencionado, elefantes varios por varios lugares, que es a lo que vamos. Al caprichito de nuestro Carlos III con los elefantes asiáticos. Ahora viene todo lo del karma, que estaban Bueno, pues los tenía correteando por los jardines del Real Sitio de San Ildefonso en Segovia, con sus orejones ahí al viento. Carlos III tuvo cuatro elefantes. El primero se lo regalaron y los otros se los compró. Se dejó una pasta en elefantes y en bichos raros. También se trajo un oso hormiguero desde América que le duró dos telediarios. Pues las hormigas de aquí no son tan proteínicas como las de allí. Se le murió. A quien le interese este asunto de animales y reyes. Esto de animales y reyes es un poco redundante. Hay un libro del historiador Carlos Gómez Centurión titulado Alhajas para los animales reales en el siglo XVIII. De las Leoneras a las mascotas de cámara. Ahí está todo. Es muy curioso toda esta costumbre que tenían. El primer elefante que tuvo Carlos III fue uno que le regaló el gobernador de Filipinas, cuando las Filipinas eran españolas. Y dijo el gobernador Simón de Anda ¿Qué le regalo yo al rey para tenerlo contento? ¿Y que digo yo que me mantenga en el cargo? Pues un elefante. El animal se dio una paliza de navegación, primero desde el sur de la India a Manila y luego de Manila a Cádiz. Al pobre elefante, que era más bien pequeñito, lo tuvieron de los nervios en el puerto de Manila lanzando cañonazos para que el animal se acostumbrara al ruido, por si acababan usándolo en la guerra para algo. Este gobernador debía haber oído algo de que Aníbal cruzó los Alpes con elefantes en las guerras púnicas y dijo mira, por si acaso los elefantes vuelven como arma de guerra. Yo que sé.
B
Bueno, pero más allá de esta paliza de navegación que comentaba, a ver, de Cádiz a Segovia, al Real Sitio de La Granja, ¿El elefante cómo llegó? Andando, ¿No? Lo llevaron andando, Claro, en el tren.
A
De San Fernando, un ratito a pie.
B
Y otro andando, estaría un rato también.
A
Madre mía. Y si sólo hubiera. 42 días tardó. Si sólo hubiera tenido que ir a La Granja. Vale, pero es que al animal no lo dejaron quieto. Está documentadísimo. Todo el periplo del elefante asiático está apuntado todo al día. Lo llevaron desde la Isla de León, en Cádiz, parando Jerez, Écija, La Carlota, Córdoba, Aldea del Río, Andújar, Guarromán, Bailén, La Carolina, El Viso del Marqués, Santa Cruz, Valdepeñas, Manzanares, Tembleque, La Guardia, Ocaña, Aranjuez, Valdemoro, Carabanchel, Aravaca y San Ildefonso.
B
Y paraba en todas partes, En todas.
A
Aquí fueron las paradas, todas las paradas documentadas que tenían que hacer. Y las he dicho todas para que los oyentes que tengamos en esas localidades sepan que el elefante pasó por allí en 1773 y que los vecinos estuvieron obligados a no acercarse a menos de 40 pasos y a dar alojamiento y víveres no sólo al elefante, sino a toda la comitiva, que eran 17.
B
17.
A
Había venido con lo que había costado traerlo de allí. Les pagaron, ojo, según se dijo, además a precios corrientes. Como el elefante llegó en agosto y había que atravesar Andalucía y La Mancha, el viaje se hacía desde el amanecer hasta las 8 de la mañana y luego desde las 5 de la tarde hasta la puesta de Lo hicieron bien. En Écija le hicieron al elefante unos botines de tres suelas, porque un elefante no está acostumbrado al senderismo. Ellos van a su paso, ellos van a su bola, a su ritmo, por la selva asiática o por la sabana africana. No les pueden meter una caminata de 800 kilómetros por España. En esa comitiva iba el cuidador indio, que se llamaría en su momento, digo yo, Kiran o Brahma o algo así, pero como aquí los intolerantes católicos o te bautizaban o te reaban, el indio pasó a llamarse Francisco de la Cruz.
B
Mira qué bien.
A
Y este hombre, Paco. Paco sería era el encargado de decidir la hora a la que comía el bicho, la cantidad que tenía que comer el bicho, cuánto aguardiente le daban, cuánto vino dulce. Como medicina, dijeron. Le daban aguardiente como medicina. Pero yo creo que el elefante estuvo pedo todo el camino.
B
Y has dicho que tardaron 42 días.
A
Cuarenta y dos días. 42 días. Pero es que no lo dejaron parar. Como era la mascota del rey de Segovia, se lo llevó a seguir vacaciones en El Escorial enseguida, luego a Madrid, donde lo estuvieron paseando para que nadie se quedara sin verlo. Luego siguió vacaciones el rey en Aranjuez y en elefante detrás. Este animal no iba a durar mucho y efectivamente se murió a los cuatro años. Lo mismo de cirrosis por el aguardiente. Lo disecaron de inmediato por orden de Carlos III. Y al elefante se le puede ver hoy en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid. Es el segundo ejemplar disecado más antiguo del mundo.
B
Yo creo que ya lo he visto.
A
El chiquitín.
B
Yo creo que lo he visto.
A
Está la piel por un lado, montada sobre un moño de madera y el esqueleto está por otro. Pero Carlos III ya se había enviciado con los elefantes y se compró otro. A este elefante, este otro que se compró, se le fue la pinza y tuvo varios ataques de ira, un poco lógico porque al hombre iba a decir no, al elefante lo habían sacado de su selva y destrozó parte de los jardines de las granjas, los machacó. Este también se murió lo mismo, en mitad de un cabreo, luego se compró otro, luego otro. Total, medio millón de reales en elefantes.
B
Oye, Nieves, ¿Y hubo relevo elefantil, o sea, ¿Alguno de los animales vivió para ver allá el siguiente?
A
No se dieron el relevo, no pudieron confraternizar, no hubo formas, se iban muriendo. Tanto maltrato innecesario del Borbón, de este Borbón Carlos III, a los elefantes, es lo que ha hecho lo que yo creo, que por eso empezó con mi pensamiento malvado, es lo que ha hecho que gracias al karma un elefante haya acabado con el reinado del convicto de Juan Carlos y que haya caído una maldición sobre esta dinastía. Yo creo que es el karma paquidermo. Y por cierto, ya que hablamos de elefantes y del Museo de Ciencias, que por eso te decía que a lo mejor también lo has visto, hay otro elefante enorme, porque este es africano, este lo trajeron de Sudán, y yo recomiendo al que vaya a fijarse bien. A este lo mató el duque de Alba en 1913, que era el papá de Cayetana en la Cayetana de Alba, y este hombre era patrono del museo, que también era un depredador al nivel de los Borbones, con animales de los enormes. Pues este tipo mató a un bellísimo ejemplar, se quedó con los colmillos y envió la piel al museo para que lo disecara. Pero el tasidermista no había visto un elefante en su vida y supuso que ese bicho tan grande debía de tener un par de huevos muy grandes y se los puso porque no sabía que los elefantes tienen los testículos internos, los tienen en el abdomen. Así que ahí está. Es el único elefante del mundo con un par de cojones por fuera.
B
Hoy te he superado a ti misma. Bueno, a ti misma no, es la historia la que se supera a sí misma.
A
Eso sí. Eso sí, lo hacen los demás, nosotros no, nosotros lo contamos.
B
Mañana más, Nieves, Mañana Estarás con Marta, que yo a las 6 me voy de viaje a Úda, que si no, no llegamos para el programa nervioso.
A
Así que ahí nos vemos en.
B
Un besito. Ya cuidarse. Venga, hasta luego.
A
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Podcast: Todo Concostrina
Episodio: "Acontece que no es poco | Envuélvame ese elefante, que me lo llevo…"
Fecha: 5 de julio de 2023
Host: Nieves Concostrina (A), junto a Carlas (B)
Duración resumida: Minuto 00:02 a 15:08
El episodio explora la peculiar pasión de las casas reales europeas, especialmente los Borbones y los Habsburgo, por coleccionar animales exóticos, destacando historias insólitas y aventuras logísticas relacionadas con elefantes y otros bichos en el siglo XVIII. Nieves Concostrina, fiel a su estilo irónico y sarcástico, enlaza las excentricidades de antaño con los episodios modernos de la familia real española y británica, además de reflexionar humorísticamente sobre el “karma paquidermo”.
“Era una moda muy extravagante vista desde ahora, que eran caprichitos de ricos con jardín, y los que tenían jardín eran por tanto reyes, príncipes, infantes y toda esta fauna aristocrática europea…” (A, 00:56)
“Un tío presidía un organismo que iba matando lo que defendía… podríamos decir que la ruina de reinado de Juan Carlos ha venido dada por los actos de sus antepasados… los elefantes se han tomado venganza con los Borbones. El karma.” (A, 02:35 y 03:31)
"La llegada del rinoceronte al puerto de Lisboa… fue como si hubiera llegado Cristiano Ronaldo con la Copa del Mundial." (A, 04:51)
“Está documentadísimo. Todo el periplo del elefante asiático está apuntado todo al día… Lo llevaron desde la Isla de León, en Cádiz, parando Jerez, Écija, La Carlota… Ocaña, Aranjuez, Valdemoro, Carabanchel, Aravaca y San Ildefonso.” (A, 09:21)
“Le daban aguardiente como medicina. Pero yo creo que el elefante estuvo pedo todo el camino.” (A, 11:09)
"Este animal no iba a durar mucho y efectivamente se murió a los cuatro años. Lo mismo de cirrosis por el aguardiente." (A, 11:24)
"Así que ahí está. Es el único elefante del mundo con un par de cojones por fuera." (A, 14:47)
Un episodio muy entretenido y didáctico que ilustra la extravagancia de la realeza europea a través de sus colecciones de animales exóticos, hilando historias tan inverosímiles como reales. Concostrina aprovecha la excusa de los elefantes reales para reflexionar sobre las monarquías, el ridículo poder absoluto de los antiguos reyes, el karma, y los abusos (históricos y actuales) de las élites. Un viaje que va del siglo XVI al XXI para demostrar que “el karma paquidermo” no perdona.
Para saber más: