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Nieves
Ser podcast.
Carlos
En La ventana Acontece que no es poco, un relato personal de la historia con Nieves con costrina, Cadena SER.
Carla
Hola nieves, buenas tardes.
Carlos
¿Qué tal, Carla?
Carla
Muy bien, muy bien. Oye, lo hemos comentado tú y yo alguna vez. Hay un dicho, una frase de nuestra crítica televisiva de Mariela Cubeis, que ha hecho fortuna porque está muy bien cuando habla de las series de tacitas, que eso para entenderse, son series de época, con mucho vestuario, mucho fru fru, mucha nobleza, mucha fiesta, mucha intriga para la ciega y desde luego mucho gasto, porque esa gente que aparece en las series poco. Por poco no se ponían. Por poco no se ponían. Son series inspiradas en personajes reales. Eso es. Así como nuestra protagonista de hoy, Eugenia de Montijo, a quien perfectamente tú, si no es verdad, me corriges, podríamos bautizar como la Emperatriz del Derroche.
Carlos
No, no, era la emperatriz de Francia, bueno, no de Francia, de los franceses, que así se llamaba, y la Emperatriz del Derroche. Y lo que voy a hacer, a recoger, pues hay unas miguitas que dejé a finales de enero.
Carla
Miguitas y tecitas.
Carlos
Sí, sí, no te lo pierdas porque me escrib. Me escribió hace poco una oyente diciéndome que me tiene apuntadas todas las miguitas que voy dejando, porque hay muchas que. Entonces dice, porque es que luego me quedo con la cosa, o sea, que tiene una lista de cosas que no. Bueno, pues voy a ir recogiendo todas las que pueda. Bueno, pues dejé una. Cuando estuvimos hablando de Eugenia de Montijo, fue a finales de enero, Es verdad, la aristócrata granadina que acabó siendo la emperatriz de los franceses. En realidad, en aquel momento abrí dos melones, uno sobre este personaje tan interesante y otro sobre las exposiciones universales. Lo mismo nos comemos los dos melones
Carla
esta semana, pero por partes.
Carlos
Por partes, sí.
Carla
Hoy la emperatriz.
Carlos
Hoy la emperatriz. La vida de lujos, caprichos y glamour de la ambiciosa Eugenia de Montijo fue excesiva. No sé si le mereció la pena ser emperatriz, yo creo que no. Creo que no, pero era tan arrogante que no sé, probablemente habría repetido experiencia. Vamos a contar su historia y luego que cada uno valore al final.
Carla
Oye, por cierto, cuando hablamos de su boda con Napoleón III, lo digo por recordarlo, la amiguita quedó claro que el encuentro, el noviazgo y la boda posterior con el emperador no fueron una cosa azarosa. El amor va por el aire. No, estuvieron planificados por Eugenia y por su madre.
Carlos
Pero vamos, eso fue la pesca del emperador.
Carla
Eso.
Carlos
Hay una película. La pesca de salmón en Yemen o algo así. Buenísima, buenísima. Bueno, pues esta fue la pesca del emperador. Había que pescar a alguien de alto standing para la niña y se puso a tiro todo un emperador. Desde el mismo día de su boda, Eugenia supo que no iba a ser una figurita de porcelana. Tenía una hoja de ruta perfectamente definida. Primero, cumplir con el objetivo por el que el emperador se había casado con ella, que era dar un sucesor al Imperio cuando naciera el niño. A otra a meter mano en política, siempre en primera línea de decisión y sin reparar en gastos como el del parque este jurásico.
Nieves
Eugenia de Montijo, qué pena, pena que te vayas de España para ser reina por las lises de Francia Granada deja y las aguas del Darro por las
Guest or Singer
del sen
Nieves
Eugenia de Montejo. Qué pena, pena.
Carla
Es buenísima la letra. Esta canción está muy bien, está muy bien. Oye, has dicho lo del primer objetivo. El hijo tardó mucho en cumplirse ese primer objetivo para pasar al segundo, que era el objetivo político.
Carlos
Bueno, pues tuvo dos embarazos que no llegaron a término y finalmente nació Napoleón Eugenio, Luisito Bonaparte. Tres años después de la boda. Como el chaval nació sano y no tenía pinta de morirse antes de llegar a ser el presunto Napoleón IV que tendría que haber sido, pues Eugenia. Bueno, pues con uno vale, ya está. Y se metió de cabeza en la política del Imperio y en el disfrute de su estatus. Ni empezó haciendo amigos ni. Ni salió haciendo amigos porque no supo mantener un equilibrio y apoyó descaradamente a los políticos más conservadores. Ella era muy beata, llevaba muy a gala a ser muy, muy católica, en un momento, además, en el que en Francia había un importante movimiento anticlerical que de hecho, desembocó años después en la separación Iglesia Estado. Y además se puso del lado del Papa en plena unificación italiana. Todo mal. Lo hizo mal esta parte, Muy mal. Digamos que no despertó simpatías por ser española y rancia y por sus excesivos gastos en moda, en zapatos, en joyas, en complementos que ella intentaba disfrazar de apoyo al sector de telas de seda de los joyeros y por supuesto, a modistos, Claro.
Nieves
Eugenia de Montijo, qué pena.
Carla
Pena sí que da pena, digo. No, eso que acabas de decir. ¿De verdad justificaba todo lo que se gastaba en ropa y juego diciendo que era para promocionar la moda francesa?
Carlos
En todas partes hay referencias a Eugenia de Montijo como icono de la moda. Que lo era. Y es cierto que mantuvo a Francia en el mapa de la moda internacional y que promocionó a grandes modistos y las fábricas de seda. Esa era la consecuencia de ser el foco de las miradas, que el interés patriótico estuviera calculado. Llámame desconfiada, pero eso a mí no me cuela. Su interés principal era ella. Yo soy la emperatriz y llevo lo mejor y lo más exclusivo. Pero ella se autoconvencía de que sus lujos eran beneficiosos para el país, de que pasear un modelito distinto para cada foto, entiéndase lo de la foto con tiara de diamantes y esmeraldas, y no repetir vestido, pues eso es promoción de la moda. Bueno, es verdad, de la moda de
Carla
las élites, pero eso es así.
Carlos
Claro que era una influencer, lógicamente. Eugenia, ante las feroces críticas que recibía por sus gastos, me han acusado de frívola y de amar demasiado la ropa. Pero es absurdo. ¿No se dan cuenta de que el papel que debe desempeñar una soberana es como el de una actriz? La ropa forma parte de ese papel también.
Carla
Tenía razón en esto también.
Carlos
Sí, sí, razón. Topa ella. Topa ella. Mira para lo que le ha servido. Tanta tiara para que la robara Lord del Louvre. Y todavía no han aparecido. Eugenia, que recibía al año 1.200.000 francos, ojo, esto era una salvajada. Tuvo carta blanca de su marido para gastárselo más grande, porque así el emperador también tenía luz verde para atender a sus numerosos amantes. Eugenia recuerda a otra reina. A mí me la recuerda una anécdota muy famosa. Otra reina es de la misma época, María Pía de Saboya, que era la esposa de Luis I de Portugal, que era otra pirada de la moda y del lujo. Se ponía hasta tres vestidos en una sola fiesta. Y cuando el primer ministro le recriminó sus excesos, respondió quien qui quiera reina que las pague.
Guest or Singer
Tampoco pido tanto. Una cala desierta color turquesa, un bolso easywear a mi ladito. No sé. Tampoco pido tanto. Una puesta de sol, sol que no puedas olvidar, como mi triquini. ¿Te gusta? Tengo más.
Carla
Está bien. Esta también. Oye, ¿Y su papel en política porque has dicho que estuvo en primera línea, pero ahí, en ese terreno, dejó mejor recuerdo o no?
Carlos
Dije que su objetivo era. Ha dejado mucho rastro en la historia, pero no buenos recuerdos. Dije que su objetivo era meter mano en política y eso la llevó a meter mucho la pata también. No porque fuera tonta e incapaz, en absoluto, sino porque era impetuosa, era muy soberbia y era muy conservadora y por tanto empujaba a tomar decisiones que ya no eran propias de aquella segunda mitad del XIX. No quiere decir que ella fuera la directa responsable de todo lo malo, ojo. Pero puesto que estaba en primera línea, provocaba y apoyaba malas decisiones. Por ejemplo, apoyó y apostó por la creación del Imperio mexicano con Maximiliano de Austria a la cabeza, que esto lo
Carla
hemos contado, Mira cómo terminó.
Carlos
¿Qué diablos hacía un finolis archiduque europeo en el polvorín mexicano? Pues cagarla y acabar fusilado. En ese fregao lo metió Francia y lo empujaron Napoleón III y Eugenia de Montijo, que vivían ellos, vivían en sus mundos de yupi imperiales y luego lo dejaron tirado. También los franceses señalaron a Eugenia de Montijo como la que animó a su marido a meter a Francia en la guerra con Prusia, guerra que estaba perdida y que trajo como consecuencia un baño de sangre durante la Comuna de París y luego la caída del Imperio. La política no se dirige con tiara de diamantes y vestidos exclusivos, porque eso, por mucho que lo vendas como apoyo a la industria nacional, imagen poderosa del Imperio en el extranjero, lo es en parte. Pero lo fundamental es fachada. ¿Que fue una época de esplendor aquel Segundo Imperio francés? Sin ninguna duda. Claro que sí. Pero hay que juzgar de acuerdo con las consecuencias que tuvo, No si los bulevares de París estaban más o menos bonitos, que eran impresionantes, o si la Ópera de París que construyeron les quedó más o menos mona. La política exterior fue un absoluto desastre.
Carla
La política exterior fue un desastre. Pero has dicho antes que Eugenia de Montijo tampoco fue muy apreciada dentro en Francia, que no dejó buen recuerdo.
Carlos
No, no. Luego también depende a quién preguntes. Cuando disfrutaban de sus fiestas, se pegaban por ir, aunque les pareciera una española beata y frívola, pero muy bien vestida. A las sederías de Lyon, que tanto promocionó con sus vestidos, también les debió parecer una tía excelente. Lógico. Y a los modistos y joyeros les vino bien la promoción de sus productos en el extranjero y entre la alta sociedad. Para los demás, pues hombre, Eugenia de Montijo, emperatriz de los franceses, era también la reina del postureo. Fíjate, empezó uniendo su imagen a la creación de orfanatos y casas de caridad, que eso está muy bien, e inmediatamente pasó a repartir su tiempo entre cinco Tullerías, Saint Claude, Fontainebleau, Compiègne y el palacio de verano de Biarritz. En primavera, al de Saint Claude, donde la señora organizaba lo que se llamaba los lunes de la Emperatriz. Ahí iba lo más granado de la sociedad. En verano, a Fontainebleau y a Biarritz, con bailes de máscaras y banquetes y pichiflús. En otoño, al palacio de donde había guantazos entre las élites para ser invitados, porque allí recibía Eugenia a cien aristócratas cada semana que llegaban en un tren especial. Aquellas tacadas de invitados se conocían como series, las series de la emperatriz, porque durante casi dos meses iban 100, se volvían, llegaban otros 100, luego otros 100, esas eran las series. Iban a disfrutar de jornadas de caza, excursiones, vodeviles, teatro, y luego otro rato ya se iba al Palacio de las Tullerías de París, donde el protocolo era más rígido. Tu veux bien,
Guest or Singer
sans préméditation, sans dessin un jour, tu dis oui puis tu veux rien.
Carla
Por ir concluyendo, tampoco se trata de culpar a Eugenia de Montijo de colapso del segundo Imperio francés, pero hay que decir que su política, en fin, más bien imprudente, no ayudó.
Carlos
No, no ayudó nada. Eugenia representa aquella Francia del glamour cuando París era una fiesta, pero efectivamente no ayudó a evitar la estrepitosa y definitiva caída de la monarquía. Algunos historiadores dicen que fue una incomprendida. Yo creo que fue ella la que no comprendió el mundo de la segunda mitad del siglo XIX, que se emborrachó de poderío cuando se vino demasiado arriba en política. Además, aprovechando que su marido, el emperador, empezó a flojear en salud, ella tomó demasiadas riendas sin estar, creo, suficientemente preparada y siendo muy conservadora. Su último gran acto público y fastuoso fue la inauguración del Canal de Suez en 1869, en Egipto. Eso fue lo último grandioso, que por cierto está recogido en mil sitios, que durante aquel acto se estrenó la ópera de Verdi y Aída. Yo también lo creí, pero es que resulta que no, que a Verdi le pidieron componer una pieza para la inauguración, pero se negó porque dijo más o menos que no escribía cosas sueltas por encargo. Aída se estrenó después, así que no sabemos exactamente qué escucharía Eugenia de Montijo mientras navegaba con todo su esplendor imperial por el Nilo. Esperamos que lo disfrutara, porque la desgracia estaba en camino. La guerra contra Prusia, el cautiverio de Napoleón III, el exilio a todo lujo, por supuesto, cero pena.
Carla
¿Dónde se exilió?
Carlos
En los en Londres, al abrigo de su amiga Victoria I de Inglaterra. Entre reyes siempre se apañan. Napoleón III refugió a la corrupta Borbón e Isabel II, y luego Victoria los acogió a Napoleón III y Eugenia. Eugenia alquiló una lujosísima mansión, Canden Place, ahora es un edificio histórico, y allí murió, tres años después de la caída del Imperio, el impostor Napoleón III Bonaparte. Que digo impostor porque las pruebas genéticas realizadas hace poco han demostrado que no era sobrino de Napoleón. En esa familia hubo un desliz, pero vamos, no era su sobrino. Y como las desgracias no vienen solas, Luego, con sólo 23 años, también murió el hijo que fue Napoleón, Eugenio Luis. Este hombre, este chaval, murió en Sudáfrica porque ¿Quién le manda a él irse a la guerra anglo zulú a luchar por el colonialismo británico? ¿Estamos tontos? Le aconsejaron que se quedara en la retaguardia, pero él dijo no, no, no. Tan impulsivo y tan protagonista como su madre, se lo cargó un zulú, supongo que de un lanzazo, por ir a tocar las narices. Eugenia acabó paseando su soledad y su desgracia, ya carente de glamour, de joyas y de sedas por Madrid y Londres. Y ella murió al final en el Palacio de Liria, en casa de su hermana, la duquesa de Alba, pero pidió que la facturaran a Inglaterra para enterrarse con su marido, el defenestrado emperador y su imprudente hijo. ¿Mereció la pena pescar al emperador Napoleón III? Yo creo que no, pero ella debió pensar que me quiten lo bailado.
Carla
Pues nada, Nieves, mañana más, mañana más.
Carlos
Gracias, Carlos.
Carla
Y mañana es 14 de abril. Sí, ahí lo de salud y República. Ahí lo dejo. Venga, un beso muy grande.
Carlos
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Host: Nieves Concostrina
Guest/Co-hosts: Carlos, Carla
Date: April 13, 2026
Podcast: SER Podcast
This episode, delivered in the sharp and witty tone characteristic of Nieves Concostrina, delves into the fascinating, extravagant, and often controversial life of Eugenia de Montijo—a Spanish aristocrat who became Empress of the French as the wife of Napoleón III. Concostrina and company dissect Montijo’s obsession with luxury, her political ambitions, her influence as a fashion icon, and her enduring legacy as the “Empress of Excess.”
This episode offers listeners a nuanced, critical, and sometimes humorous portrait of Eugenia de Montijo. The hosts emphasize that, while she handled her role with flair and left a mark on fashion and society, her political interventions contributed to imperial catastrophe. In the end, Eugenia’s story is a cautionary tale of the costs and fleeting returns of power, wealth, and social ambition.
For further listening:
Replay to catch more of Nieves Concostrina’s witty takes on the grand (and not-so-grand) figures of history.