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A
La Sociedad Española de Radiodifusión presenta Ser Podcast siempre.
B
Hola, Nieves, buenas tardes.
A
Buenas tardes, Carlas, ¿Qué tal?
B
Venga, allá vamos. Me estoy acordando de lo de ayer todavía del saco de Roma. Bueno, las sagas familiares son uno de los caminos, no el único, pero son uno de los caminos más transitados que se utilizan para explicar la historia, sobre todo las familias reales, no reales de realidad, sino de reyes. Ayer, por ejemplo, efectivamente se asomó la ventana, el espíritu de Carlos V con el saco de Roma y todo eso, y hoy le toca a su hijo, a Felipe II, para entender, para entender o para explicar cuándo Madrid empezó a subir de categoría.
A
Y fíjate, no hemos salido, hemos empezado la semana y no vamos a salir del siglo XVI ni ayer ni hoy. Ayer le tocó al padre Carlos V y hoy le tocó al hijo, a Felipe II. Pero por asuntos, esta vez por asuntos más urbanísticos que guerreros. El 7 de mayo de 1561, ese rey tan. Tan austero y tan. Tan prudente que llevó a España dos veces a la banca rota, comunicó por carta a uno de sus arquitectos que estaba hasta la peineta de estar de un lado para otro, de ir convocando cortes allá donde estuviera su real persona y que ya estaba bien, que se acabó ser nómadas en vez de reyes que parecían pastores todo el día con la maleta que iba a poner, que Felipe II iba a poner el huevo en Madrid definitivamente. Se lo dijo, evidentemente, con otras palabras. Felipe II escribió al arquitecto Luis de Vega comunicándole su decisión de instalar la corte de forma permanente en Madrid y su deseo de que las obras del Alcázar estuvieran terminadas de aquí a un mes. Ahí mandando, quiero las obras terminadas. ¿A quién le ha pasado esto? A nadie. Es que llevaban ya 24 años de obras.
B
24 años.
A
Sí, sí, a base de los pollaques, pues ya que estamos esto, pues ya que estamos lo otro. Pero 24 años de obras de forma casi ininterrumpida desde los primeros arreglillos en el Alcázar que encargó el padre Carlos V. También le exigió Felipe II al arquitecto que, y abro comillas, que nadie vea sin mi mandamiento los aposentos del palacio, ningún atajo, oficina ni otra cosa. Bueno, ¿A quién sentó fatal esta decisión de empadronarse en Madrid definitivamente? Pues a Toledo y a Valladolid. Porque Madrid era un poblachón de mala muerte. ¿Dónde iba a parar comparado con el señorío, la historia y la esencia que tenían Valladolid y Toledo? Por favor.
C
Qué lástima, pero adiós, me despido de ti. Me voy. Que lástima, pero adiós, me despido de ti.
B
Y se fue. Oye, y una pregunta, ¿Por qué se movía tanto la corte antes? ¿Por qué no tenían una ubicación fija? ¿No se estaban quietos en un sitio?
A
Sí, bueno, pues esa era la costumbre de entonces. Las Cortes de Castilla y de Aragón eran itinerantes. Fueron itinerantes hasta Felipe II. Por eso sorprendió un cambio tan drástico y que además traería muchas consecuencias, sobre todo económicas. Con la permanencia de la sede real en Madrid ya es cuando nace el concepto jurídico y político de capital del Estado, del reino. Ahí es donde esta, es la capital. Y hasta entonces era itinerante porque se trataba de que el rey o la reina no mostrara demasiado favor por ninguna de sus villas y que se mudara de una a otra para asentar su poder a lo largo de todo el territorio. Es decir, era dejarse ver en todas partes para recordarles quién mandaba allí, unos meses aquí y otros meses aquí. Así. Por eso leemos muchas veces en los libros de historia que se convocaron Cortes en lugares como Toro Burgo, Valladolid, Barcelona, Zaragoza, Valencia. Allá donde se asentaran los reyes se convocaban las Cortes y esa era considerada la sede del gobierno de la Corona de Aragón o de la Corona de Castilla. Pero es que claro, eso era muy caro, era carísimo, pero sobre todo era tremendamente incómodo, porque había que estar constantemente haciendo maletas, no sólo los reyes, sino toda la corte, ministros, políticos, todo. Felipe II ya llegó al trono con muy pocas ganas de moverse, por eso instaló primero su corte en Toledo hasta que decidió trasladarla y fijarla definitivamente en Madrid.
C
No merezco esto, porque es probable que lo merezco, pero no lo quiero. Por eso me voy. Que lástima, pero adiós, me despido de ti.
A
Y me voy.
C
Qué lástima. Pero adiós, Me despido de ti.
B
Oye, ¿Y por qué no se quedó en Toledo si ya estaba allí? Pregunta.
A
Eso mismo dijeron los toledanos. Pues si ya estás aquí, quédate, no seas bolo, ¿Para qué te vas a ir? Le diría, mira, tenemos una catedral que lo flipas, tenemos iglesias y monasterios por un tubo. Madrid es una birria. Tienen el monasterio de los Jerónimos y gracias. Y os vais a tener que hacer una catedral fea dentro de tres siglos a más no poder. Pero influyeron varias cosas en la decisión de Felipe II. Primero, Toledo fue líder en el levantamiento de las comunidades castellanas contra su padre Carlos I. Y lo mismo Felipe II no terminaba de fiarse. Segundo, el rey se fijó en Madrid porque ya su padre le había echado el ojo y fue el primero que arregladme bien el Real Alcázar. Precisamente se lo habían destrozado los comuneros durante aquella guerra de las Comunidades. ¿Dijo Carlos I Carlos V que me quiero yo venir por aquí con más tiempo? Por eso llevaban tantos años de obras, porque llevaba 24 años arreglándolo. Tercera razón, según describió el cronista Luis Cabrera, Madrid tenía, y leo buenas aguas, admirable constelación, aires saludables y alegre cielo. ¿Aires saludables, dices? Más razones. Más razones. Madrid estaba y está en el centro de la península. Y aunque no tenía mar ni un río navegable, que eso era un problema para el comercio, sí estaba equidistante de todos los demás territorios para que pudieran ir y venir los negociantes. Estaba en un sitio equidistante de todas partes. Y otra razón muy en Madrid no había ningún poderío eclesiástico ni ningún noble poderoso. Eso era muy importante. A Felipe II ni le incordiaban ni tendría que estar contemporizando con nadie. Y luego ya se sumaban otras pequeñas bondades, como la de tener leoneras para sus animales en el Alcázar, para sus animales exóticos, y buenos territorios de caza alrededor, como los montes del Pardo o Aranjuez, para hacerse magníficos jardines en la Casa de Campo, su Casa de Campo, esa que no ha podido ser de los madrileños hasta 1931.
D
No sé si me abrazaste o me engulliste, pero entonces ya era presa de tus calles. No sé si me besaste, me curtiste, pero en ti confluyen todos mis caminos y tu luz hoy me atraviesa cada día. Tal vez fue por tu lluvia ausente, quizás tu noche encendida, pero crucé el puente de los Franceses y ya jamás regresaría Madrid.
B
Oye, ¿Lo de hacerse el Monasterio del Escorial vino después de esto o ya lo tenía en el plan? Ya estaba previsto también.
A
Esto fue un poco, casi, casi en paralelo. Esto no daban puntada sin hilo. Esto fue casi, casi todo a la vez. Carlos V, su padre, ya estuvo comprando terrenos por los alrededores del Alcázar, porque se trataba no sólo de restaurar el Real Alcázar, sino de tener grandes propiedades alrededor. Hubo compras masivas de solar por parte de Carlos V y luego Felipe II siguió comprando desde que subió al trono, esto hablamos de 1557, y siguió comprando todas las huertas y solares que había alrededor del Alcázar, incluida la mencionada Casa de Campo, que luego siguieron ampliando y ampliando y ampliando los siguientes reyes, todo para ellos. Y lo del Escorial fue porque a la vez que se instaló en Madrid en aquel verano de 1561, ordenó a un comité de sabios, esto lo hizo Felipe II, que se pusiera a buscar un sitio por allí cerca para construir un monasterio con la intención de que sobre todo albergara el gran panteón real de la dinastía de los Austrias, porque todos los fiambres austriacos estaban desperdigados y Felipe II quería tener su propio mausoleo, como todo dios. Los reyes de Aragón tenían su panteón real y los de Castilla y los de Navarra qué tenían los Austrias no tenían nada. Lo que pasa es que este tipo era ansia viva con el ladrillo, además de un maní roto, y el monasterio con panteón acabó siendo un palacio y un colegio y una iglesia gigantesca y una exageración, lo mirarás por donde lo miraras, 150.000 metros cuadrados. Así que este ansioso de la construcción, sin haber terminado las obras en el Alcázar, porque eso no se acababa nunca, se metió también en las obras del escorial dos años después, en 1563. Y bueno, ya también sabemos lo que duraron las obras del escorial, 21 años, o sea que es que Felipe II se tuvo que meter a vivir para presionar a los obreros.
B
Oye, Nieves, has dejado caer antes, o yo lo he oído mal, que la Casa de Campo, la que se compró Felipe II, que estás narrando ahora, 1500, que ha sido propiedad de los reyes hasta anteayer, hasta 1931, hasta antes de ayer, hasta 1931.
A
Hasta mayo de 1931 exactamente. De esos episodios ahí que se quedan en la oscuridad de la historia, toda esa inmensidad de campo, toda, con sus arroyos, sus lagos, sus bosques, sus fuentes, con un agua de una calidad extraordinaria, todo eso era de uso exclusivo de los reyes, primero de los Austrias, y luego de los Bor y para el disfrute de ellos y de sus amigos nobles. Eso era algo que los súbditos miraban desde lejos, pero desde muy lejos. Hasta que llegó la República y un decreto del Ministerio de Hacienda convirtió el Real Sitio de la Casa de Campo en un espacio público bajo titularidad municipal. El Gobierno provisional de la República lo cedió al Ayuntamiento y se abrió en un día muy, muy especial, el 1 de mayo de 1931. Y mira, tenemos las palabras del alcalde de Madrid en aquel 1930 y Pedro Rico recibiendo unos días antes de su apertura al público la Casa de Campo y dando instrucciones a los madrileños de.
E
Cómo usarla He de pedir la protección de todos, especialmente de la prensa, que ya la viene prestando al Ayuntamiento de la República y por lo cual expreso públicamente nuestra gratitud. He de pedirles apoyo para que se siembre en la conciencia colectiva de la multitud la verdadera finalidad para que el Ayuntamiento recibe y el Gobierno entrega el parque de la Casa de Campo, que no es para sitio de orgías, de francachelas y de merendones que destruirían, desvirtuarían el verdadero sentido de la entrega y la honda labor cultural y de recreo del vecindario que ha de realizarse.
B
Me ha encantado lo de orgías, francachelas y merendolas. Fantástico. ¿Hicieron caso los madrileños a todo esto o no, o a medias?
A
A ver, los madrileños entraron a Casa de Campo entre pasmados la mayoría y desbocados unos cuantos. ¿Pero has visto el discurso del alcalde? Y si ves las imágenes no está leyendo nada, está mirando al ministro de Hacienda y soltando un discurso maravilloso. Tenían una oratoria increíble. Bueno, pero es que aquel 1 de mayo de 1931 fue muy, muy especial. Era viernes y la República lo había declarado fiesta nacional. Era la primera vez que fue fiesta nacional, creo. No lo puedo asegurar con rotundidad, pero la primera vez que fue fiesta nacional, el Día de los trabajadores. Hacía 10 años que estaba prohibido celebrarla. Se manifestaron aque día en Madrid, aquel 1 de mayo, 300.000 personas. ¿Y qué hicieron después? Pues irse a la Casa de Campo. Día redondo. Eran unos bosques maravillosos que les habían estado vetados. ¿Merendolas? Hombre, tuvo que haber porque al campo se va a merendar. Y fueron con sus tortillas, sus filetes empanados y para hacerse un arroz. La revista Crónica, como su propio nombre indica, una crónica maravillosa y contaba cómo fue aquel día. Decía Los madrileños que en estos días de fiesta han pasado por los bosques inmens del antiguo recreo real, que tiene más de 20 kilómetros de perímetro, no salen todavía de su asombro al pensar que todo eso pudiera estar en poder de una persona cuando tantos cientos de millares se ahogaban en Madrid, sin lugares de recreo donde salir y respirar el aire puro. Hubo alguna trifulca en la Casa de Campo y los carabineros, la policía, que no daban abasto a controlar a decenas de miles de personas que recorrían alucinadas aquellas 1.722 hectáreas.
B
De todas formas, aquello era campo, no es campo. Tampoco se podía hacer mucho estropicio, ¿No?
A
Te digo yo a ti que sé de entrada los polis no daban abasto a decir a la gente que dejaran de perseguir liebres y conejos, que cuando los pillaban pretendieron hacerse a la brasa allí mismo. Algunos los echaron al arroz. Es que aquello era un coto maravilloso. Había conejos y liebres por todas partes. Hicieron hogueras, la gente, la poli apagando las hogueras en el lago. Se cayeron unos cuantos, otros se bañaron con un pedal del 7 y no sabían salir. Bueno, ¿Y la cantidad de niños que se perdieron en la Casa de Campo? Se perdieron tantos que el alcalde de Madrid aquella noche, a través de los micrófonos de Unión Radio, tuvo que salir a decir dónde podían ir a recogerlos. Tenemos a todos los niños perdidos aquí. La Casa de Campo nunca más volvió a ser coto privado de los Reyes. En cuanto se descuiden municipalizamos la Zarzuela.
B
Tú ves dando ideas, tú estuve dando ideas, ya verás, tengo más. Ya, ya lo sé, ya lo sé, ya lo sé, ya lo sé. Venga, pero por hoy lo dejamos, va. Mañana más, Nieves.
A
Muchas gracias, Carlos.
B
Un beso.
A
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Host: Nieves Concostrina (A), Carlos (B)
Date: May 7, 2024
Podcast: SER Podcast – Todo Concostrina
This episode of "Todo Concostrina" delves into the pivotal historical moment when King Felipe II made Madrid the fixed seat of the Spanish court in the 16th century. Nieves Concostrina, with her usual wit and rigor, explains the urban, political, and even personal factors driving this decision, the lengthy process of building the Real Alcázar, the peculiarities of Madrid as a new capital, and the fate of the famous Casa de Campo estate. The episode also touches on what this shift meant for Spain’s identity, economy, and for the city of Madrid itself.
Austerity and Frustration: Felipe II, "ese rey tan austero y tan prudente que llevó a España dos veces a la banca rota" (00:54), was exasperated by the constant moving.
Permanent Fixing in Madrid: On May 7, 1561, Felipe II wrote to architect Luis de Vega, stating he wanted the court established in Madrid permanently and demanded the Alcázar's works finished within a month—though construction had already dragged on for 24 years! (00:51–01:57).
"Felipe II iba a poner el huevo en Madrid definitivamente. Se lo dijo, evidentemente con otras palabras." (01:17, Nieves)
Local Backlash: Cities like Toledo and Valladolid, with their rich history and status, were affronted by Madrid—a "poblachón de mala muerte"—being chosen over them (01:57–02:37).
"Había que estar constantemente haciendo maletas, no sólo los reyes, sino toda la corte, ministros, políticos, todo." (03:51, Nieves)
"Madrid es una birria. Tienen el Monasterio de los Jerónimos y gracias." (05:09, Nieves)
"Madrid estaba y está en el centro de la península... equidistante de todas partes." (06:05, Nieves)
"Este tipo era ansia viva con el ladrillo, además de un manirroto... El monasterio con panteón acabó siendo un palacio y una iglesia gigantesca..." (08:46, Nieves)
"Toda esa inmensidad de campo... era de uso exclusivo de los reyes, primero de los Austrias y luego de los Borbones..." (10:14, Nieves)
"Que no es para sitio de orgías, de francachelas y de merendones que destruirían..." (11:37, Alcalde Pedro Rico, archival audio) "La Casa de Campo nunca más volvió a ser coto privado de los Reyes. En cuanto se descuiden, municipalizamos la Zarzuela." (14:26, Nieves)
"Algunos los echaron al arroz. La poli apagando las hogueras en el lago. Se cayeron unos cuantos, otros se bañaron con un pedal del 7..." (13:43, Nieves)
Nieves Concostrina’s narration is humorous, direct, and full of vivid historical color. She brings the events to life with ironic observations, catchy phrases ("poner el huevo en Madrid", "ansia viva con el ladrillo"), and irreverent commentary on royal eccentricities and bureaucratic absurdities. The tone is accessible yet respectful of history, balancing anecdotes and analysis with a playful spirit.
This summary provides a comprehensive guide to the fascinating true story of how Madrid—once dismissed as a backwater—became the capital of Spain, with all the power moves, property dealings, and urban legends that followed.