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A
La Sociedad Española de Radiodifusión presenta Ser Podcast siempre.
B
Hola, Nieves, buenas tardes.
A
Buenas tardes, Carlos. ¿Cómo estás?
B
Veo muy bien, muy bien, muy bien. Mira, hoy ya verás, hoy es nuestro Ya verás, ya verás. Hoy, en nuestro paseo diario, en nuestro paseo diario por la historia, ya advierto a los oyentes, vamos a mirar a un país concreto, que es Turquía, pero vamos a meter varios ingredientes en la coctelera. A saber, un palacio legendario, maravilloso, un sultán y su familia, un imperio de quitaipón, un político rompedor y visionario, y una saga de califas o de aspirantes a califas, donde se estilaba incluso matar hermanos para pillar poder. Yo creo que no está mal todo esto. Ahora a ver cómo lo ordenas. Pero los ingredientes son estos. Ala, sí, sí.
A
Qué buen cocido vamos a hacer, verás. Pues mira, todo esto viene a cuento porque Turquía celebró el año pasado, En octubre de 2023, el centenario del nacimiento de la República. No nos detuvimos en ello el año pasado solo mencionamos, porque ya habíamos contado en 2019, cómo fue aquel proceso tan brusco de cambio cuando Mustafa Kemal Ataturk le dio la vuelta al país como un calcetín. Lo hizo todo, todo, pero a todo meter. Cambió absolutamente todo. Pero hubo una cosa que dejó para un poco después, que fue la expulsión de toda la familia real. Porque en Turquía, hasta hace 100 años, exactamente 100 años, mandaba el sultán, bueno, 101 años para ser exactos. Hasta ahí mandaba el sultán. El sultán era el jefazo político y también el máximo referente religioso del Imperio Otomano. ¿Atatur le quitó todo el poder político al sultán Mehmet VI, se llamaba, que el hombre estaba absolutamente desconcertado, diciendo, pero aquí qué ha pasado? Esto era Constant, que yo manejaba una arena hasta antes de ayer, que todo el mundo me obedecía, que lo que decíamos Alá y yo iba a misa y ya me han prohibido hasta llevar el gorrito rojo este con la borla colgando. Lo que no sabía el sultán es que faltaba por llegar lo peor a su familia, no a él, que él se largó. Antes le faltaba llegar lo peor a su parentela. Y eso ocurrió hoy, el 12 de marzo de 1924. De ahí por eso traemos el tema. Hace exactamente hoy 100 años, el Parlamento turco votó la expulsión del último califa y toda su dinastía, la dinastía Osmán, todos a tomar viento, ni uno se podía quedar allí. Y esa es la excusa que tomamos para conocer algún detalle del funcionamiento del califato en Turquía hasta hace 100 años. Como por ejemplo la sucesión por fratricidio en ese palacio tan impresionante que ningún turista deja de visitar en Estambul, el Palacio de Topkapi.
B
A ver, Capítulo de ruegos y preguntas. ¿Por qué el Parlamento turco expulsó al califa si yo lo había despojado de todo el poder antes? No, no pintaba nada. ¿Por qué le expulsó encima?
A
Porque nunca hay que fiarse ni de reyes, ni de sultanes, ni de califas, o sea, conspiran y te la lían. Dicen, bueno, si ya no tiene poder, ya total, ¿Qué va a hacer? Te la hacen fuera todo el mundo. Cuanto más lejos mejor. El sultán Mehmed VI salió por pies primero y porque se creía que lo iban a matar. Siempre el ladrón, que todos entre su condición, pero no iban a matar a nadie, simplemente los iban a anular. Bueno, este hombre salió por pies y como califa, como referente religioso, muy flojito, pero no como sultán, porque ya ni pinchaba ni cortaba en el país. Pues ahí Mehmed dejó a su sobrino Abdulmezid II, lo voy a llamar Abdul. Bueno, pues Abdul, que aunque ya no fuera nadie, seguía siendo un referente religioso para determinadas personas. Además el Islam en el Imperio Otomano no era igual al Islam de otros sitios. A ver, esto pasa con todas las sectas religiosas. Según los intereses del gobernante, ellos abren líneas de negocio y van creando una subsecta de la secta para apañarla a sus gustos. Así Alá hace lo que ellos quieren. Si, esto funciona igual con con judíos, con cristianos y con musulmanes. Y la versión del Islam que se sacaron de la manga los sultanes otomanos no se parecía en nada a otras versiones. En realidad nada de lo que pasaba en el Imperio Otomano ocurría en otras partes. A principios del siglo XX ese imperio era un coloso ya con pies de barro. Territorialmente era enorme, estaba pésimamente gobernado. Y encima entró en la Primera Guerra Mundial en el bando equivocado con los alemanes. Por eso con el armisticio ese imperio ya no tenía futuro. Tenía que renovarse, entrar en Europa, relegar la religión a la esfera únicamente privada y anulando toda influencia en la vida social y política de la religión. Eso es lo que hizo Atatürk. Y por eso había que mandar a freymonas, al sultán y a toda su dinastía para que no estorbaran. Porque si Atatürk quería algo lejos de las instituciones y de la escuela, era todo lo que oliera religión. Todo. Si dejaban al Sultal dentro de la nueva y moderna República de Turquía, podría ejercer algún tipo de autoridad espiritual.
B
Pero por como lo estás contando, Nieves, parece, tú me corriges, que aquel cambio, que era muy radical, se aceptó así por las buenas y que sacar la religión de todos los ámbitos, viniendo de donde venían, fue tan fácil.
A
Lo hizo este tío. Él lo consiguió. Atatur lo hizo. Yo no digo que todo lo hiciera bien, por supuesto. Digo que lo hizo, lo consiguió. La religión dejó de ser la referencia social y cultural, porque en el fondo es mucho más agradable vivir sin la dictadura y la presión religiosa. Pero la verdad es que en cuanto murió Atatur, aunque aún queda gran parte de la Turquía que construyó, ya se encargaron de ir revirtiendo esa modernización y volver a meter a la donde podían los propios partidos políticos. Porque claro, es que manejas a Dios, el poder. La clave estuvo en tomar decisiones contundentes e inmediatas. La clave de Atatú. Nada, de a poquitos había que transformar un país medieval en una nación europea cuanto antes. Y con el Islam entorpeciéndolo todo. Pues no iba a poder ser. Acabó con la educación religiosa en cuanto pudo. Eliminó de la Constitución la mención del Islam, donde decía religión del Estado, lo borró de un plumazo. Y tenía claro que no se iba a conformar con la simple separación Islam Estado. Quería una Turquía total y absolutamente laica. No iba a prohibir la práctica de la religión, que esto siempre es que prohíbe, ¿No? Los ateos no suelen prohibir. No prohíben la práctica de la religión. Pero el Islam quedaba bajo la autoridad del Estado. En Turquía mandaba el Parlamento turco, no Alá. Y para que no hubiera dudas, el sultán venga fuera. Largo viento fresco. Y eso que ya se habían civilizado un poquito los sultanes, los califas, la familia esta. Porque si ya decimos que el Islam en el Imperio Otomano no tenía nada que ver con el de otros sitios, el funcionamiento sucesorio, bueno, eso ya era un poquito estrafalario y sobre todo un poquito fratricida.
B
Porque fratricidio, efectivamente, es asesinar a tu hermano, eso ya lo sabemos. Pero lo que has dicho, sucesión por fratricidio. Eso es lo que parece, entiendo.
A
No, es que se llamaba así sucesión por fratricidio. No lo he puesto yo. Es exactamente lo que parece. Es cargarte a tu hermano para asegurarte que no te va a quitar el cargo. Así de claro. Si alguien está esperando que haga el chiste con algo cercano, no lo voy a hacer. Pero se trata de matar a todos los que vayan apareciendo. Eso sí, sin derramar sangre, que no hace falta manchar. Y el profeta o Mahoma lo prohíbe, además. Matar. A ver, explica esto. Lo explicamos simplificándolo un poquito. Digamos que en el Imperio, Desde el siglo XIII, en el imperio otomano del siglo XIII, mangoneaba la dinastía de los Osmán, que A principios del XIV hubo una guerra civil porque tres hijos querían heredar el imperio. La bronca se alargó diez años y al final ganó uno que se llamaba Mehmet, que se encajó como sultán. Pero los problemas llegaban a la hora de la sucesión. Porque por aquellos lares no tenían la costumbre cristiana de, por ejemplo, los Austrias, los Borbones o los Tudor, de que heredara el trono el primogénito o la primogénita. No. Los posibles sucesores del sultán tenían que liarse a guantazos, no sólo entre los hijos, sino con otros parientes, como tíos o sobrinos que se consideraban merecedores del sultanato. Bueno, pues se liaban ahí a ver quién ganaba y se quedaba como sultán. Y por eso el hijo de este tal Mehmed, en cuanto murió su padre, no se entretuvo en negociar ni en discutir con nadie. Ejecutó a todos sus hermanos. A todos. Así llegó al trono Murad II, hijo fratricida de Mehmed I. Pero Murad II también tuvo muchos hijos porque tenía su correspondiente harén. Y uno de los hijos bueno, pues yo voy a hacer lo mismo que mi padre. Voy a ir cargándome a todos mis hermanos según vayan naciendo. Y además voy a legalizar, voy a regularizar la costumbre. Así nació el código otomano del fratricidio.
B
Estaba regulado incluso esto. Dios mío. ¿Oye, de verdad? ¿Y esto cuánto tiempo duró? ¿Lo de cargarse a todos los hermanos?
A
Por un siglo y pico, casi dos, seis o siete sultanes estuvieron cepillándose a sus hermanos. Y lo que no sé si es aún peor, dejando que un hijo fuera matando a los otros hijos. Porque si un hermano mataba a todos los demás, ahí estaba el padre que iba dejando que mataran a todos. Esta ley fratricida no es que estuviera bien vista en el Imperio, ni por los líderes religiosos ni por nadie, pero visto cómo las gastaban, pues tampoco levantaba la voz nadie para decir hombre, a mí esto no me parece muy bien. No me extraña, sí ellos ahora lo que hacen. En fin, muy loco, muy loco. Además, la ley coránica prohibía a los herederos de Mahoma derramar sangre de otros herederos de Mahoma. Y como todos los sultanes eran herederos de Mahoma, otros que tienen tanto rollo con sus inventos como judíos y cristianos. Bueno, pues los herederos otomanos mataban sin manchar, estrangulándose con cintas de seda. Mira tú qué finos a la par que elegantes cintas de seda. Pero la cosa se fue de madre con esto. Hubo que cambiarlo porque con Mehmed III se salió la cosa de madre porque se cargó a 19 hermanos y tiró al bósforo a siete mujeres embarazadas que eran concubinas de su padre. El padre era un máquina. Y antes de que parieran más hermanos las concubinas, pues las tiró a ellas. Si cierras la fábrica, acabas antes, lógicamente. El caso es que tarde o temprano tenía que llegar algún heredero que a ver, esto no puede ser. Yo no quiero ir matando colegas. Alguien un poquito de corazón. Y eliminó el código que regulaba la sucesión por fratricidio. Ahmed I, hijo del que iba tirando mujeres al Bósforo, se negó a matar a su hermano, que además tenía una discapacidad mental, le quería mucho. Se negó a matarlo aunque estuviera así. Y se inventó otra cosa para asegurarse que los herederos no se mataran más entre ellos. Se inventó la jaula.
B
Bueno, está claro entonces que encerraban a alguien en algún sitio. El nombre no deja. En fin, no deja lugar a dudas.
A
Si, esto te lo cuenta cuando visitas el palacio de Toccapi. Allí hay unas salas donde encerraban de por vida a todos los posibles herederos. Perfectamente atendidos, no les faltaba de nada. Vigilados constantemente, sin contacto con el exterior, sin salir. Ninguno podía matar a los otros. Cuando el sultán moría, los visires elegían al heredero entre todos los encerrados y sacaban a ese de la jaula.
B
Y el resto se quedaba.
A
Sí, sí, claro. Para no correr el riesgo de que nadie matara a nadie, lo coronaban. Y esa era la primera vez en su vida que salía al exterior. No hace falta decir que casi todos salían tocados de la cabeza. Hubo varios suicidios al que se designaba como sultán. Se le iba la pinza de vez en cuando. Hay muchos casos, cosas muy estrafalarias. El último sultán de Turquía, Mehmetes, el que estaba cuando llegó a Tatur, tenía cara de flipado. Si lo ves en las fotos, tiene una cara así, como si estuviera pirado perdido. Y no te extrañe porque estuvo 56 años en la jaula. Este hombre salió directo de Estambul, luego a San Remo, en Italia, a la orillita del Mediterráneo, y allí ya se empadronó. Y su heredero, el califa Abdul Al, que echó a Tatur y el Parlamento hace hoy 100 años, cuando se abolió definitivamente el califato, este ya se fue a París. Que bueno, que tampoco se vivía mal.
C
Y yo sigo aquí metido. A Dios le pido la muerte. Y yo sigo aquí metido. A Dios le pido la muerte. Libre, libre, quiero ser, quiero ser, quiero ser. Libre, libre, libre quiero ser, quiero ser, quiero ser libre.
B
Lo veo y ha sido de traca, Nieves, que lo sepas. De verdad. El código del fratricidio este. Me ha llegado el alma.
A
Pero no hemos manchado.
B
Oh, no, no me han manchado. Qué bestias, de verdad. Bueno, en fin. Ala, mañana más. Un beso. Hasta mañana.
A
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C
En la celda que yo estoy hay un buen amigo mío que me cuenta sus penicas y se consuela conmigo. Y salgo al patio llorando igual que si fuera un niño. Y salgo al patio llorando igual que si fuera un niño. Libre, libre, libre quiero ser, quiero ser, quiero ser. Libre, libre, libre quiero ser, quiero ser, quiero ser. Libre, Libre, libre, libre, libre, libre, quiero ser, quiero ser. Libre, libre, libre quiero ser, quiero ser, quiero ser. Libre, libre, libre quiero ser, quiero ser.
SER Podcast | 12 de marzo de 2024
Con Nieves Concostrina y Carlos
En este episodio de "Acontece que no es poco", Nieves Concostrina relata con su característico tono irónico e irreverente los rocambolescos últimos días del califato otomano en Turquía, centrados en la expulsión oficial de la familia real y el papel crucial de Mustafa Kemal Atatürk en la transformación del país en una república laica. A través de anécdotas y detalles poco convencionales, la historia repasa intrigas palaciegas, extravagantes sucesiones por fratricidio y la metamorfosis de Turquía hacia la modernidad.
"Atatürk le dio la vuelta al país como un calcetín. Lo hizo todo, todo, pero a todo meter. Cambió absolutamente todo." (Nieves, 00:44)
"Según los intereses del gobernante, abren líneas de negocio y van creando una subsecta... Así Alá hace lo que ellos quieren." (Nieves, 03:40)
"En Turquía mandaba el Parlamento turco, no Alá." (Nieves, 06:56)
"Los ateos no suelen prohibir. No prohíben la práctica de la religión. Pero el Islam quedaba bajo la autoridad del Estado." (Nieves, 06:40)
"Es cargarte a tu hermano para asegurarte que no te va a quitar el cargo. Así de claro." (Nieves, 08:30)
"Mira tú qué finos a la par que elegantes, cintas de seda." (Nieves, 11:24)
"El código del fratricidio este... me ha llegado al alma." (Carlos, 14:14) "Pero no hemos manchado." (Nieves, 14:20)
Un episodio vibrante, irónico y lleno de detalles insólitos que desmonta la visión romántica del Imperio Otomano y muestra la crudeza de su política sucesoria y el golpe de timón laico de Atatürk. Un relato entretenido, didáctico y fiel al espíritu crítico y desenfadado de Concostrina.