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A
Ser podcast, soy Nieves con costrina y estás escuchando Acontece, que no es poco. Un podcast donde no te contamos nada nuevo, pero te lo contamos de otra manera. Aquí te va otro episodio.
B
Mira, Nieves. Buenas tardes.
A
Hola, buenas tardes.
B
Mira, ahora que se ha marchado Aymar, hace un momento, la otra noche, en la Fiesta de los 50 años de Hora 25 y Iñaki Gabilondo contó una anécdota que así de entrada podía parecer un gag o un chiste de Gila. Eso que contó del periodista de la SER que llamaba por teléfono al ministerio de turno y pedí páseme con censura, por favor. Parece un gag, pero claro. Y cuando te pasaban con censura, recitaba las noticias para que alguien le diera el visto bueno, cuáles podías dar y cuáles no. Esto no era un gag, esto ocurría, se ocurrió tal cual durante la dictadura. Y está bien contarlo.
A
Ocurre algo hoy todavía.
B
Que mucha gente no lo sabe y tampoco creo que muchos oyentes estén al tanto de que Franco, de que era el propio Franco quien nombraba directamente. ¿Saben a quién? A los obispos.
A
Tremendo.
B
¿Y eso por qué, Nieves?
A
Bueno, pues esto es una historia bastante desconocida. Hombre, menos para los expertos, Pero vamos, es verdad que hay algunas cosas del dictador Francisco Franco que algunos no creeríais, como el de Blake Runner. Hay cosas en Vasallo de la Puerta de Tannhäuser, por ejemplo, que las relaciones con el Vaticano fueron de mal en peor y que en Roma vieron a Franco como un mal bicho, además invasor de competencias. Especialmente durante los últimos 15 años de dictadura. Las relaciones fueron absolutamente nefastas.
B
Sí, porque al comienzo no parece que.
A
Fueran mal, no, al principio bien, pero fueron nefastas. Franco no podía ver a los papas y los papas no podían ver a Franco. Puede que alguien se haya preguntado algún una vez o no, pero ¿Por qué durante 40 años de dictadura tan hipócrita y tan católica como la de Franco, y en esta España tan hipócritamente católica, ni un solo papa pisara este país? Ninguno vino. A muchos también les ninguno vino. En 40 años hicieron otras visitas oficiales a España. No vino ninguno al faro del cristianismo en Occidente. A muchos también les costará creer, por ejemplo, que una de las frases de las que más echaba mano el dictador, lo dijimos hace poco, es ni misa, ni mujeres, ni vino. Él iba a misa porque si hay que ir, se va. Pero lo de ir y venir bajo palio fue una imposición suya. ¿Me vais a sacar a mí bajo palio? Que no hizo además pizca de gracia a muchos gerifaltes católicos. Y todo este mal rollo, que no dejó de empeorar durante toda la dictadura, tiene un origen que vamos a situar el 7 de junio de 1941. Ese día el dictador Franco firmó un acuerdo con el Vaticano por el que se reservaba el derecho de nombrar él mismo los obispos. A partir de entonces, la elección de obispos ya no lo haría Roma. Rarísimo. Los elegiría Franco. Son todos. Además, esos señores con faldas que salían a su lado. Los que él nombraba, claro. Los que salían las fotos a su lado haciendo el saludo nazi. Los que le daban la galletita al asesino. Los que le decían porque estaban de su tú sigue asesinando a todos los rojos que puedas, que nosotros luego te lo perdonamos y listo. Total, el infierno es un invento.
B
Ahí vamos, camino al infierno. Oye, a ver, ¿Qué papa andaba por el Vaticano en aquel entonces? Año 41, has dicho, ¿No?
A
El 41.
B
Bueno, y fuera quien fuera, ¿Cómo se dio tan alegremente a que los obispos los nombrará.
A
Estaba el famoso papa nazi que llamaba Pío XII, que también se llevaba muy bien con Hitler? Por eso se llevó muy bien con Franco. En 1941, Europa ya estaba metida de lleno en la Segunda Guerra Mundial que provocó Hitler. En España no. En España ya estábamos en la posguerra de la guerra que provocó Franco. Era, eso sí, una posguerra ciertamente muy católica. Esta batalla tan católica que muchos estaban deseando comulgar hasta 7 veces al día para engañar el estómago con las galletitas. Mi madre iba mucho a comulgar, a ver si se la daba. Bueno, nada más terminar la guerra, la mayoría de los obispos españoles se mostraron felices con un régimen de ultraderecha que iba a fusilar a todo disidente, que obligaría a cerrar la boca a todo el mundo hasta conseguir una España católica cachiporraza y por obligación. Y digo que la inmensa mayoría de los obispos. Pero no todos. No todos. Esa era la clave, que no todos los obispos estaban de acuerdo con cómo empezaron a hacerse las cosas. No veían a Franco como ejemplo cristiano. No, claro, Por supuesto que no lo era. Pero bueno, para asegurarse el dictador de no tener voces, vozos, ni voceros ni voceros predicando en su contra dentro de la Iglesia, estaba claro que tenía que elegir él a los obispos de las direcciones generales episcopales para que a su vez esos obispos controlaran a los distintos departamentos comerciales. Pío XII le concedió a su colega dictador el privilegio de elegir los obispos. Esto es una cosa muy medieval que se llamaba regalías. Era la concesión que los papas daban a reyes y a gobernantes para intervenir en determinados asuntos de la Iglesia. Siempre, evidentemente, a cambio de jugosas contrapartidas. Aquí lo importante era recristianizar España, devolviéndola al medievo prácticamente.
B
¿Y el Vaticano con todo esto, ¿Qué consigo a cambio?
A
A ver, consiguió muchas cosas de las que aún estamos pagando las consecuencias. A cambio del nombramiento de obispos, este país, España, por decisión de un dictador, decisión que han mantenido los que se disfrazaron de progresismo, asumió la sustentación económica de toda la Iglesia, desde los salarios de los curas hasta la reconstrucción de los templos, desde el mantenimiento de los seminarios hasta la financiación de las misiones. Y todo ello mientras a los españoles les sonaban las tripas en las colas del Auxilio Social con la cartilla de racionamiento en la mano. Se morían de hambre. Pero a la Iglesia no le faltaba un duro. Las condiciones de aquel convenio de 1941 que aseguraba la nómina a todos los curas y que aún sigue vigente, se trasladó tal cual al vergonzoso Concordato de 1953. El sistema de elección de obispos era de la siguiente Primero se sentaban el ministro franquista de Exteriores y el embajador del Vaticano en España, el nuncio, y consensuaban seis nombres de candidatos para la sucursal episcopal tal o cual, la que estuviera vacante. Esos seis nombres se mandaban a la Secretaría de Estado del Vaticano, que descartaba a tres. Los tres nombres que se salvaban se le pasaban al dictador para que eligiera al obispo que más le gustara. Franco le decía al Papa oye, fulanito, he elegido a este. Y Pío XII lo nombraba. Y así, besándose en los morros, Franco y el papa nazi se tiraron 17 años, que fueron los mismos 17 años que los obispos nombrados y todos los curas, seminaristas y monjas que viven sin dar palo al agua se tiraron besando también en los morros al dictador. Yo creo que también deberían besar en los morros a Pedro Sánchez que les mantiene el sueldo y encima es un poquito más guapo que Franco.
C
Yo quiero ser el único que te muerda esa boca. Yo quiero saber que la vida contigo no va a terminar porque sí, que sí, que sí. Porque en esta vida no quiero pasar más un día entero sin ti, sin ti, ti, porque sí, que sí, que sí. Porque mientras espero por ti me muero Y yo no quiero, ay, yo no quiero.
B
En aquel convenio Franco lo que hacía era asegurarse la lealtad de la Iglesia. Si solo había obispos de su cuerda, pues ya estaba blanco y en botella, colega.
A
El trato era cojonudo. Ganaban todos. Ganaban todos menos los españoles. Franco tendría a todos los hechiceros de su lado para adoctrinar a las masas mientras la Iglesia disfrutaba de barra libre en España. Hace unos meses hablábamos de ese ministro mal llamado de educación que en 2015 metió a Dios en el BOE. Pues solo seguía la estela de cuando Franco también metió a Dios en todo para mangonear la legislación en nombre de una fe que se ha fabricado y de un dios inventado. Al menos es el Dios de unos, no de todo el mundo. El capítulo 2 de los Principios del Movimiento Nacional que se promulgaron en el 58 decí La Nación española considera como timbre de honor el acatamiento a la ley de Dios según la doctrina de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, única verdadera y fe inseparable de la conciencia nacional que inspirará su legislación. Ni que decir tiene que no existía libertad religiosa, por supuesto. Existía una cosa que se llamaba, y abro comillas aquí, régimen de tolerancia con otras confesiones. Es decir, la dictadura toleraba que tuvieras otras creencias en privado pero prohibía que las manifestaras en público. Vuelvo a leer otra cosa, esta vez el artículo 6º del Fuero de los Españoles. Este es de 1945, que decía la profesión y práctica de la religión católica, que es la del Estado español, gozará de protección oficial. No se permitirán otras ceremonias ni manifestaciones externas que las de la religión católica. Aquí cierro otra vez las comillas. Pero es que la cosa empezó a torcerse con Juan XXIII porque parece que era cristiano, dicen, o que al menos practicaba algo de lo que predicaba. Y que por eso convocó el Concilio Vaticano II, cuyas conclusiones pusieron a Franco y a sus obispos secuaces. Los pusieron de los nervios.
B
¿Por qué? ¿En qué afectaba al Concilio las relaciones de la dictadura con el Vaticano?
A
Muchísimo. Empezando por las propias relaciones personales. Porque Juan XXIII y su sucesor Pablo VI veían a Franco como un asesino alejado del cristianismo. Y el dictador veía a los dos papas como dos elementos progresistas. Es imposible que un papa sea progresista. Eso es un oxímoron. De entrada, la España supuestamente católica debía obediencia a los acuerdos del Concilio Vaticano II. Y la Declaración conciliar obligaba a Franco a reformar ese artículo del de los españoles que hemos leído. Tenía que eliminarlo de la tolerancia a otras confesiones. España lo que tenía que hacer por orden de ese Concilio era declarar la ley de libertad religiosa. Esto cabreó muchísimo Franco, pero bueno, tuvo que hacerlo. Hay una diferencia nada sutil entre tolerancia y libertad dentro de la doctrina católica. Es como el bien y el mal. Era la verdad y el error. Por eso obligaron a Franco a hacer ese cambio legislativo. Pero por donde no estaba dispuesto a pasar el dictador era por otra orden conciliar. Nada de que Franco eligiera obispos. Se acabaron los regalismos medievales. El Concilio ordenó que Franco dejara de intervenir en asuntos del Vaticano y por supuesto en la elección de obispos. Estamos hablando ya de los años 60. Se resistió Franco todo lo que pudo porque la ley de libertad religiosa que se vio obligado a promulgar la aguantó el tío hasta 1967. Pero con los obispos no tragó. No estaba dispuesto a permitir lo que llamó progresismo católico. Pensar que esa ultraderecha y derecha sigue intentando que volvamos a esa negra España franquista, pues enferma un poquito.
C
Yo quiero vivir distante todo aquello que era nuestro, pero el aire me trae aroma de recuerdo. No me pida que me ca.
B
¿Entonces, al final quién ganó esta partida? Franco le ganó un poco la partida al Papa.
A
Se murió en la. Franco se murió en la cama. Lo ganó todo Pablo VI. Incluso fíjate Ofreció una visita oficial a España pero el dictador la rechazó, dijo que no, no quiso. Franco hurtó a los españolitos catoliquitos la bendición papal. Franco, incluso cuando Pablo VI solo era el cardenal Montini hizo campaña en su contra. Organizó una manifestación de estudiantes de ultraderecha donde en una pancarta se leía Sofía Lorencí, Montini no, qué falsos fueron.
C
Tu beso, noches de bohemia y de ilusión. Yo no me doy a la razón, tú cómo te olvidaste Este último ha.
B
Sido muy grande esto último que has contado.
A
Sofía Loren, sí, por su motín y.
B
No mañana más Nieves, un beso.
A
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Podcast: Todo Concostrina – Acontece que no es poco
Host: Nieves Concostrina (SER Podcast)
Date: June 7, 2022
In this episode, Nieves Concostrina provides her signature irreverent and incisive perspective on the close—and often contentious—relationship between Franco’s dictatorship and the Catholic Church in Spain. She explores the largely unknown story of how Francisco Franco secured the power to select Spain’s bishops by hand, examining the motivations, deals, and lasting consequences of this unholy alliance. She underscores the farce and hypocrisy of the regime’s supposed Catholic devotion and exposes the enduring financial and social impacts of those political-religious arrangements.
1. Censorship and the Control of Information (00:20–00:52)
2. Franco's Direct Appointment of Bishops (00:56–04:08)
Concostrina reveals that Franco himself selected bishops—a fact unknown to many Spaniards.
The Vatican, under certain popes, allowed Franco this privilege, drastically shifting the power dynamic between the Spanish state and the Church.
Relationship souring: Initially cordial, Vatican-Franco relations worsened, especially in the last 15 years of the dictatorship.
Franco was not religiously devout, only attending Mass "because if you have to go, you go"—his public religious image was largely for show.
"¿Por qué durante 40 años de dictadura tan hipócrita y tan católica como la de Franco... ni un solo papa pisara este país?"
— Nieves Concostrina (01:44)
"Él iba a misa porque si hay que ir, se va. Pero lo de ir y venir bajo palio fue una imposición suya."
— Nieves Concostrina (02:30)
The "palio" (canopy) processions, a visible Catholic spectacle, were imposed by Franco for status, not faith.
3. The 1941 Agreement and Franco-Vatican Power Struggle (04:08–06:08)
On June 7, 1941, Franco signs an agreement with the Vatican giving him the right to select bishops—a medieval-style "regalía" or royal privilege.
Pope Pius XII (dubbed "el papa nazi" for his political ties to Hitler and Franco) grants this right, cementing Church-State cooperation.
“Pío XII le concedió a su colega dictador el privilegio de elegir los obispos. Esto es una cosa muy medieval que se llamaba regalías.”
— Nieves Concostrina (05:20)
The goal: a forced re-Christianization of Spain, modeled on Middle Ages privilege.
4. The Vatican’s Gains and the Enduring Economic Privilege of the Church (06:08–07:51)
In exchange for bishop appointments, the Church secured massive ongoing state funding: salaries, repairs, seminaries, and missions—all while much of Spain suffered postwar poverty.
“España, por decisión de un dictador... asumió la sustentación económica de toda la Iglesia ... mientras a los españoles les sonaban las tripas en las colas del Auxilio Social.”
— Nieves Concostrina (06:26)
This arrangement, embedded in the 1953 Concordat, survives in Spanish law.
The bishop selection system: a shortlist process involving Franco’s ministers and Vatican officials, with Franco making the final decision.
5. Political Utility: Ensuring Church Loyalty (08:13–10:06)
With only Franco-approved bishops, regime loyalty within the Church was secured.
“El trato era cojonudo. Ganaban todos. Ganaban todos menos los españoles.”
— Nieves Concostrina (08:20)
Church support guaranteed; critical churchmen silenced or sidelined.
Spain’s legislation elevated Catholicism to a matter of national honor and denied religious freedom, described as a mere “régimen de tolerancia con otras confesiones.”
“La Nación española considera como timbre de honor el acatamiento a la ley de Dios según la doctrina de la Santa Iglesia Católica... única verdadera y fe inseparable de la conciencia nacional que inspirará su legislación.”
— Nieves Concostrina quoting the 1958 Principles of the Movimiento Nacional (09:04)
6. The Vatican II Council and the Decline of Franco’s Influence (10:06–11:45)
The arrival of more progressive popes (John XXIII and Paul VI) and the reforms of Vatican II created growing tension:
"Es imposible que un papa sea progresista. Eso es un oxímoron."
— Nieves Concostrina (10:24)
“El Concilio ordenó que Franco dejara de intervenir en asuntos del Vaticano y por supuesto en la elección de obispos.”
— Nieves Concostrina (10:51)
7. The Endgame: Who Won? (12:04–12:38)
8. Lasting Legacy and Wry Commentary
On Franco’s religious devotion:
“Él iba a misa porque si hay que ir, se va. Pero lo de ir y venir bajo palio fue una imposición suya. ¿Me vais a sacar a mí bajo palio?”
— Nieves Concostrina (02:30)
State-Church Collusion:
“El trato era cojonudo. Ganaban todos. Ganaban todos menos los españoles.”
— Nieves Concostrina (08:20)
On fake religious tolerance:
“Existía una cosa que se llamaba, y abro comillas aquí, régimen de tolerancia con otras confesiones. Es decir, la dictadura toleraba que tuvieras otras creencias en privado pero prohibía que las manifestaras en público.”
— Nieves Concostrina (09:26)
Vatican II's impact:
“El Concilio ordenó que Franco dejara de intervenir en asuntos del Vaticano y por supuesto en la elección de obispos.”
— Nieves Concostrina (10:51)
On progressivism in the Church:
“Es imposible que un papa sea progresista. Eso es un oxímoron.”
— Nieves Concostrina (10:24)
Pop culture meets dictatorship:
“Organizó una manifestación de estudiantes de ultraderecha donde en una pancarta se leía ‘Sofía Loren sí, Montini no’.”
— Nieves Concostrina (12:31)
Nieves Concostrina maintains her sharp, irreverent, and humorous style throughout the episode, mixing historical rigor with caustic asides aimed at political hypocrisy. Her language is direct, lively, and peppered with colloquialisms and biting wit, making for an entertaining as well as enlightening listen.
Summary prepared for those who want an engaging, detailed walkthrough of this episode’s key revelations and context, spotlighting the unique relationship between Franco’s dictatorship and the Spanish Catholic Church – a historical episode with consequences that still echo in Spanish society today.