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A
Ser podcast. Esto es Acontece, que no es poco. Y yo soy Nieves con costrina, la que te lo cuenta en cuanto te descuides. Cada fecha esconde grandes historias, minúsculas o no, a veces guarda pequeñas historias con mayúscula. Aquí te dejo escuchando una.
B
¿Qué os pasa? Se reía duro, se reía. ¿Aymar, te ríes tú? ¿Qué está pasando? ¿Nietes? Buenas tardes.
A
Buenas tardes. Me sonreía, me sonreía porque efectivamente no es verdad, pero las historias humanas me mueven, sean de fútbol o sea de lo que sea.
B
Esto de hoy tiene que ver con la dignidad, con la supervivencia y con un personaje de esos que yo creo, Nieves, que marcan un antes y un después.
A
Sí, sí, sí. Y además estas historias, esta historia me encanta, con todo el fútbol que lleva por el medio, porque el fútbol puede ser una salvación y de hecho lo es en determinadas circunstancias. Tiene que ver con la guerra. Además, el cine ha puesto muy de moda últimamente la Gran Guerra, la primera, la peli británica aquella 1917, la que está rodada en plano secuencia. Estuvimos hablando aquí de la francesa, Padre y soldado, Tigre Lea. Sí, lo de los senegaleses, ¿No? Exactamente, lo de los senegaleses que estaban obligados a luchar en las trincheras francesas. Y luego con la que se ha llevado el Oscar, la alemana Sin novedad en el frente, que es buenísima, buenísima. Me resistí mucho a verla.
B
Porque es muy dura. Porque es muy dura.
A
Pero qué buena, qué buena. Y es que, aunque como guerra peliculera, la palma se la lleve la Segunda Guerra Mundial, han hecho mil, dos mil y pico películas. A la primera yo creo que no le han sacado el juego que tiene, fíjate, porque tiene muchas historias que contar. Creo que cuando nos referimos a una película que tenga como ingredientes guerra, fútbol, prisioneros, la primera que viene a la cabeza es A todo el mundo, seguro.
B
La misma evasión o victoria. Sí, sí, sí.
A
Siempre, ¿No? Y que todavía, yo creo que todavía está pendiente de hacer la misma película, con los mismos ingredientes, pero de la Primera Guerra Mundial. Porque el 28 de marzo de 1915, en un campo de concentración alemán, se jugó el primer partido de fútbol de la primera liga organizada por prisioneros. Digo yo que era lo menos que podía pasar. Porque si tú encierras a unos cuantos tíos encima británicos, en un lugar sin posibilidades de salir a corto plazo, lo primero que te organizan es un partido de fútbol como poco. Pero si en vez de unos cuantos son unos cuantos miles, y el encierro va para largo. Te montan una liga con dos divisiones y 14 clubes.
B
A ver, lo de que en un campo de concentración se organice una actividad como partido de fútbol. Yo con eso puedo entender. ¿Una liga con 14 clubes? ¿Dónde pasó eso y cómo fue?
A
Vamos a situarnos y tengo que decir que gran parte de lo que vamos a contar yo lo conocí gracias a un artículo maravilloso del periodista deportivo John Rivas que guardé hace diez años. Me llamó tanto la atención que me lo guardé. En 1914 empieza a liarse la Primera Guerra Mundial y el mundo se pone boca abajo. Empezando por la propia Alemania, que es la que la lía. Todo los países empiezan a declararse la guerra todos contra todos. Pero claro, no todos los ciudadanos franceses estaban en Francia, ni todos los británicos estaban en su tierra. Es decir, cuando Gran Bretaña entra en guerra con el imperio alemán, a 10.000 británicos los pilla viviendo en ese Imperio alemán, que no era como la Alemania de ahora, era mucho más grande que la Alemania actual. El Káiser alemán, el emperador, que era Guillermo II, le ofrece a Gran Bretaña un intercambio. Le pásame a todos los alemanes que hay allí en Gran Bretaña, y yo te paso a todos los británicos que tenemos aquí. El WhatsApp no debió llegar porque nadie lo contestó. Así que los alemanes no iban a tener a miles de británicos sueltos por Alemania. Y los encerraron a todos los que pillaron en campos de concentración para tenerlos controlados durante la guerra. Be trust, i'm lo. In your heart and you.
B
Me encanta esta canción. Ay, por eso la dejo tanto rato. Oye, pero estaba pensando que a todos estos lo mismo les hicieron un favor a malas, porque si los encerraron, se libraron de ir a la guerra.
A
Fíjate, hasta que terminó la guerra no fueron conscientes de la suerte que tuvieron los que se tiraron encerrados los cuatro años. Uno de los campos de concentración estaba en Spandau, cerca de Berlín, y era un antiguo hipódromo que adaptaron con barracones. Los barracones eran las antiguas yeguadas, donde se colocaban los caballos para coger a yeguada. Los sitios estos que no sé, cómo los establos.
B
Los establos.
A
No me salían las palabras, me salía yeguada. Los establos. Bueno, pues se adaptaron esos establos como barracones para acoger a cuatro mil y pico británicos. Uno de ellos fue un tipo que se llamaba Fred Penland. Es un futbolista que estaba tan contento jugando en clubes ingleses hasta que una lesión lo apartó, pero que en 1914, un mes antes de que empezara la guerra, el Imperio alemán lo contrata como seleccionador del equipo olímpico alemán para los Juegos que se iban a celebrar en Berlín en 1917, un mes antes de la guerra. El caso es que este hombre llega tan feliz a estrenarse como seleccionador olímpico y no le dio tiempo ni a poner a los jugadores a correr la banda. Un mes después se lió la guerra y al rato siguiente estaba encerrado en un campo de concentración. El campo de Ruleven se escribe. No sé cómo se llama. Rühlen creo que es en alemán que diría el manda huevos. Me sacan de mi casa de Birmingham, me traen a Berlín contratado y ahora van y me encierran por donde lo cojo yo. Pentland coincidió en el campo con otro futbolista british mucho más famoso. Era el Messi del momento que se llamaba Stephen Blumer. Y coincide también con otro escocés que se llamaba John Cameron. Cuando sólo llevaban 10 días encerrados dijeron pues aquí va a haber que echar un partido o algo. Así que se organizaron y casi todos los días jugaban al fútbol. Pero bueno, como los alemanes son unos malajes, pues aquella diversión les sentaba fatal. Seguramente porque además a ellos no los dejaba jugar y porque el juego les mantenía a los británicos y a los prisioneros en general, la moral muy alta. Prohibía el fútbol en el campo y todos los juegos de pelota. Pero Pendla ni Cameron y Blumen se pusieron muy, muy brasas y venga, a dar la turra. Que nos deje jugar, que queremos echar un partido. Venga, que nos devolváis la pe.
B
¿Hombre, tanto como la Champions no? Pero se acabaron montando una liga de clubes y todo. Está claro que consiguieron eso de que les volvieran la pelota al Pelna y el Cameron.
A
Cuentan estos dos, Cameron y Penland, que además acabaron escribiendo un libro con toda su peripecia.
B
No me extraña.
A
Sí, sí, lo contaron todo. Cuentan que cuando ya no tenían esperanza de que les devolvieran la pelota, las autoridades del campo les autorizaron a mediados de marzo de 1915 a volver a jugar el fútbol. Y ahí dijeron mira, pues ya que nos dejan jugar, vamos a hacerlo bien. Al día siguiente de darles permiso, al mismísimo día siguiente, estaban tan ansiosos que lloviendo a mares y con todo embarrado, pudieron entrar al óvalo interior del hipódromo y con una cinta métrica y un balde de cal se delimitaron dos terrenos de juego. Lo hicieron desde el principio. Otros se quedaron organizando la liga sobre el papel, por supuesto. Como presidente de la Asociación de Fútbol, Rubén o Rulen fue nombrado lógicamente Penland. Y el 28 de marzo se celebró el primer gran partido, con todo el campo de espectador. Todos, todos, incluidos los alemanes. Los equipos eran uno el Roulaine este, y el otro el resto del campo de concentración. 4-2 ganó Rouleven, porque tenían a Messi, a Blumer, que jugaba ahí. A partir de aquí no se puede decir que el fútbol les salvó la vida, porque en realidad la vida la salvaron gracias a los propios alemanes, que al encerrarlos los apartaron de los campos de batalla. Pero el fútbol fue para aquellos prisioneros lo más cercano a la felicidad. Sin familia, pese al frío, pese al hambre, el fútbol, aquello les dio la vida y les permitió ser felices en mitad de una guerra. A mí esto me daba que pensar, porque ojalá siempre fuera eso, el fútbol, puro disfrute y pura emoción.
B
Oye, Nieves, ¿Y hasta cuándo se mantuvo esa liga? Porque claro, según se acercara el final de la guerra, las cosas se irían complicando más, se irían poniendo más difíciles, me imagino.
A
Se fue poniendo más difícil, pero siguieron, siguieron. Al fin y al cabo estaban en un campo de concentración, ahí había hambre, había frío, estaba la cautividad. La moral la mantienes siempre como puedas, pero el fútbol les mantuvo arriba. Y sobre todo les mantuvo arriba este hombre, el tal Pedland, era un monstruo este hombre. Y además lo documentó todo. Los 453 jugadores que tomaron parte en la competición, los resultados, los entrenamientos, los detallaba minuciosamente, las alineaciones. Hubo una competición de copa, 16 partidos a mis. En fin, lo disfrutaron muchísimo por un lado, pero las pasaron muy mal por otro. Estaban débiles, estaban hastiados, tenían enfermedades. La guerra terminó en noviembre de 1918. Llevaban tres años encerrados, pero aún faltaba mucho para volver a casa, porque la guerra trajo un caos en Europa. En Alemania se juntaron 185.000 prisioneros británicos y otro medio millón de franceses y otro millón y medio de rusos que estaban allí todos concentrados. Repatriar a toda esa gente, algunos en malísimas condiciones, aquello no fue ni fácil ni mucho menos rápido, Oye.
B
¿Y Penland cuándo pudo volver a Gran Bretaña?
A
Dos meses. Dos meses después, en enero de 1919. Y además regresó con graves problemas de salud, con problemas en los ojos, en los oídos. Fue directo, lo llevaron directamente a un hospital de Londres, pero se recuperó. Se recuperó porque le quedaba lo más bonito y lo más exitoso de su vida deportiva. Seleccionador del equipo olímpico de fútbol de Francia, entrenador del Racing de Santander, del Atlético de Madrid, del Real Madrid, del Oviedo, de la Arenas, de Ghecho, del Atleti de Bilbao. Y en 1959 ya estaba retirado cuando volvió a San Mamés a recibir un homenaje y las gradas lo recibieron agitando pañuelos blancos. Yo no sé si los bilbainos sabían en aquel momento la verdadera dimensión humana de aquel hombre. No lo sé. A ver, que al Athletic le diera dos Ligas y cuatro copas consecutivas, fantástico, está muy bien. Pero que mantuvo arriba el ánimo de 4.000 prisioneros durante tres años de guerra mundial, eso ya es alucinante. Recojo sus palabras, escribió Solo quienes han sido encerrados en un campo de concentración pueden apreciar qué felicidad se deriva de jugar a cualquier deporte. Efectivamente, eso solo lo puedes saber si lo vives. En aquel homenaje en San Mamés, Fred Peldan dijo Ya me puedo morir tranquilo. Y sí, la verdad es que dos años después murió en el 62. Y por la parte que te toca, una mala noticia, la que todavía es la mayor goleada de toda la historia de la Liga, al parecer la encajó el Barça frente al Atleti de Bilbao de Peldan. Anda.
B
¿Qué año fue eso?
A
En el 31. 12 goles a 1.
B
Bueno, pues nada, felicidades a los premiados. Mañana más, Nieves, un beso muy grande.
A
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Episode: Fútbol pacífico en plena Gran Guerra (al revés que en la vida normal)
Host: Nieves Concostrina (SER Podcast)
Air Date: March 28, 2023
This episode explores an extraordinary story from World War I: the organization of a football league by British prisoners in a German concentration camp. Through the lens of history and human resilience, Nieves Concostrina recounts how football became both a symbol and source of dignity, morale, and survival in the most adverse circumstances. The episode centers on the figure of Fred Pentland, a pioneering footballer and coach whose passion for the sport and leadership helped sustain thousands of fellow prisoners throughout the war.
On the emotional power of football in adversity:
“El fútbol fue para aquellos prisioneros lo más cercano a la felicidad... les permitió ser felices en mitad de una guerra.” (09:54, Nieves)
Fred Pentland’s reflection on sports and captivity:
“Solo quienes han sido encerrados en un campo de concentración pueden apreciar qué felicidad se deriva de jugar a cualquier deporte.” (12:40, Fred Pentland, as quoted by Nieves)
On historic football achievements:
“Que mantuvo arriba el ánimo de 4.000 prisioneros durante tres años de guerra mundial, eso ya es alucinante.” (12:25, Nieves)
Closing anecdote—football history tie-in:
“La que todavía es la mayor goleada de toda la historia de la Liga, al parecer la encajó el Barça frente al Atleti de Bilbao de Peldan...” (13:17, Nieves)
With her trademark wit and warmth, Nieves Concostrina turns a little-known episode of WWI into a vivid parable about the sustaining power of sports, the creativity and resilience of the human spirit, and the lasting legacy of one remarkable man. The episode offers both a poignant historical lesson and a tribute to the meaning of football far beyond competition: as a source of hope, identity, and collective joy, even in the darkest times.