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Nieves
Ser podcast.
En la ventana. Acontece, que no es poco, un relato personal de la historia con Nieves con costrina, Cadena SER.
Co-host
Pues está la cosa interesante. No sé yo, pero en fin, una película de terror. Sí.
Puede parecer también. Oye, qué gran debate esta tarde. Ojo en el lavaplata. Sería fantástico. Tenemos un montón de oyentes por ahí que han mandado todavía opiniones y tal, pero ya las voy a poner.
Nieves
Esto es polarizar a la población.
Co-host
Exacto, exacto, exacto. La palabra del año pasado. Oye, hoy en nuestro paseo diario por la historia, hay que decir que se nos mezclan varias cosas. Una especie de tutti frutti dónde aparecen, atención, una laringe, un corazón, dos tenores, un museo y una guerra que es la nuestra. ¿Pero si tuviéramos que afinar un poquito más para el titular, yo diría que el Acontece, que no es poco, de hoy resulta sobre todo, tú me corriges? Sobre todo cantarín, ¿Verdad?
Nieves
Sí, sí, sí. Es muy cantarín. Es un acontecido cantarín. Por un lado es un poco triste, pero por otro lado también tiene su punto enternecedor. Vamos a empezar con Julián Gallarre. Julián Gallard, estrella mundial de la ópera, el mejor tenor del mundo en aquel momento, eso decían los que sabían, Murió este hombre a falta de sólo una semana de cumplir 46 años, jovencísimo. Murió el 2 de enero de 1890. Por eso, por la fecha, lo traemos hoy. Fue una conmoción en el mundo porque es que estaba en la cima de su carrera. En Madrid, la ciudad prácticamente colapsó cuando se conoció su muerte. En su tierra, en Navarra, aquello fue un shock. Y en su pueblo, en Roncal, imagínate, un disgusto muy gordo. Murió por un gripazo que se complicó. Había además una epidemia de gripe en aquel invierno en Madrid. Las crónicas dijeron que pese esto, palabra graciosa, que pese a la recrudescencia de la enfermedad.
Sí, esto es de la hemeroteca, pese a la recrudescencia de la enfermedad reinante, decía que era la gripe porque medio Madrid estaba tumbado, como ahora, y que pese al frío que hacía, porque había nevado, miles de personas acompañaron el féretro desde que se levantó la capilla ardiente en su casa, que estaba en la misma Plaza de Oriente, pegadita al Teatro Real, hasta que el féretro lo cargaron en el tren en la estación de Atocha, camino de Roncal. En ese viaje, en ese último viaje de Gallarre. 300 coronas de flores metieron en el vagón junto al féretro. Muchas coronas también. Mucho cariño, mucho sentimiento iba ahí. Mucho de todo se llevó Julián Gallard, pero lo que no se llevó fue su laringe. Esa se quedó aquí, allí. Aunque no nos vamos a quedar en la laringe, porque esta historia nos va a llevar luego hasta otro tenor, o mejor dicho, más bien hasta el corazón de este otro tenor. ¿Pues qué está pasando? Pues que parece que esta sección la va a patrocinar hoy la Organización Nacional de Trasplantes.
Co-host
A ver, vamos a ver. La primera pregunta, que es obvia además, ¿No? ¿Por qué la laringe de Gallarre no está con Gallarre?
Nieves
Sería lo lógico, sería lo suyo. Y menos mal que la resurrección no existe, porque si no, no es plan que un tenor resucite sin laringe es una faena. Se la retiraron para estudiarla. Ah, bueno, La laringe se la quedó un médico amigo de Gallarre, que era el Dr. Cortezo. Les trajeron la laringe con permiso de la familia cuando se preparó el embalsamamiento del cuerpo, porque tenía que viajar. Y el encargado del estudio de la laringe fue otro médico, el Doctor Amalio Gimeno, que era un cursi de tomo y lomo, además con aspiraciones a poeta de tercera clase, porque leo la descripción que hizo de ella la laringe. El Doctor Amalio Gimeno dijo que artísticamente conmovedor guardar aquel instrumento humano, pobre cajita de cartílagos cubiertos de rojiza mucosa, atados por las fuertes cintas de los ligamentos. Cuando tuvimos entre las manos el delicado instrumento, esa cajita de música que con tanta pasión había vibrado en vida, nos pareció un sueño obvio.
Co-host
¿Curso? Sí.
Nieves
No sé si se puede decir más cursiladas en una descripción anatómica de una laringe. Todo esto era muy lírico, pero la intención es cierto que era más prosaica. Querían saber de dónde salía aquel chorro de voz. Cuando Gallarre todavía estaba vivo. Estaba feo estudiar en la laringe. Los especialistas especulaban mucho sobre si este hombre tenía algo peculiar. Unos decían que tenía más cuerdas vocales que el resto. Sí, hombre, nueve o diez a tener. Otros decían que la garganta era extraordinariamente grande. Otros que si había un cartílago también.
Co-host
De mayo y al final qué era Nieves. ¿Había algo especial en la laringe o no?
Nieves
Nada que explicara por qué cantaba tan bien ni de dónde salía esa voz tan maravillosa. Solo se demostró que la laringe era asimétrica, que una cuerda vocal tenía una deformación y que el cartílago tiroides era un poquito irregular. Si esto le sirvió o no para cantar mejor, siguen sin saberlo. Pero es que tampoco hay dos laringes iguales. Yo puedo tener una laringe simétrica y canto como un pedo. No tiene nada que ver. Así que después de estudiarla, la laringe se donó al Museo del Teatro Real de Madrid. Y ahí se quedó hasta que pasado un tiempo, el Museo de Pamplona le dijo a oigan, Gallarre era navarro y por tanto su laringe también era navarra, así que ya no la estáis dando, que no pinta nada en Madrid. Y el Teatro Real, muy obediente, envió la laringe a Pamplona. Pero pasado otro poquito de tiempo, Roncal le dijo a a ver, Gallarre era roncalés, que también tiene WhatsApp. Ser tenor, ser roncalés de Roncal. Luego laringe también era roncalesa, así que ya nos la estáis dando. Y Pamplona, también muy obediente, acabó entregando la laringe a Roncal. Y ahora el que pase por ese pueblo tan bonico y quiera visitar a Julián Gallarre tiene que hacerlo por partes. Primero tiene que ir al cementerio a verle a él y a su maravilloso mausoleo. Y luego a la Casa Museo de Julián Gallarre a ver su laringe.
Co-host
Bueno, esta ha sido la historia de un tenor y su laringe. Nos falta la del otro tenor y su corazón.
Nieves
Sí, sí, una historia mucho más loca que la de la laringe, pero en la que sigue directamente implicado Julián Gallari. Las dos cosas están muy relacionadas. Hablamos del tenor italiano Giuseppe Anselmi. Era un tipo muy famoso en su época. Arrastraba muchísimas fans porque era un tipo muy guapete. Estaba como un queso de bola. Y esta historia arranca hace justo 100 años, en 1924, cuando se estaba empezando a montar en Madrid el Museo Archivo Teatral en el Teatro Real de Madrid. Y el que lo estaba montando era Luis París, en aquel momento director artístico del teatro, y que por tanto era un hombre con muchos contactos. Luis París estaba recopilando material por todo el mundo para dotar de fondos al museo. Y con uno de los artistas que contactó fue con Giuseppe Anselmi, que era un tipo en aquel momento de muchísima fama. Le escribió a Italia pidiéndole algo para colocar en las vitrinas, pues yo que sé, una partitura, un traje de alguna de sus óperas, un bastón, algo, Lo típico que se pide para exponerlo y decir esto perteneció a Giuseppe Anselmi. Bueno, pues leo la respuesta por carta que dio Anselmi al director artístico del por lo que se refiere a tu gentil invitación para que envíe algún recuerdo de mi modesta persona al Museo del Real, habré de contestarte con suma aún vivo, mi pecho alberga todavía esa dinamo muscular e impulsiva que llamamos corazón. En él están grabadas con indelebles caracteres las palabras España, Fe, gratitud, amor. Pues bien, dicto disposiciones testamentarias para que tú lo deposites junto al busto del divino Gallet.
Co-host
Bueno, se tomó muy afecho lo de donar algo al museo, por lo que se ve muchísimo.
Nieves
Sí, sí, sí, donó su corazón. En aquel momento todavía estaba allí la laringe de Gallarre aún no se la habían llevado a Pamplona y Anselmi, que adoraba Gallarre, era su fan número uno. Pues si allí tiene su laringe, que también tenga mi corazón cuando tocara. Pero el caso es que cuatro años después de haber escrito esta carta, Giuseppe Anselmi, conocido también como Pepino Anselmi, murió en Italia. Al pobre se lo llevó una pulmonía por delante, con 52 años. Los tenores en aquella época se acatarraban mucho, parece, y se morían por encima de sus posibilidades, todos jovencísimos. Y tal y como había expresado Pepino en su testamento, el corazón fue extraído y enviado a Madrid, al Museo de Antropología. El corazón iba oportunamente conservado en formol. Se mandó mediante valija diplomática a través del consulado español en Génova, con los precintos oportunos, todo en orden, todo legal, todo muy bien. Pero faltaba por aparecer el metepatas en esta historia, que siempre hay uno, que en este caso fue el ministro de Instrucción Pública, Eduardo Callejo, cuando se enteró de que el corazón de Anselmi venía a España, muy morboso, quiso verlo y se fue al museo, a donde lo llevaron, pero algo hizo con el frasco, lo manipuló mal porque entró una burbuja de aire y perdió la estanquidad. Cuando llegaron a recoger el corazón de Anselmi al museo, los expertos aconsejaron momificarlo para evitar que se pudriera, porque ya no estaba bien conservado. Y bueno, pues lo momificaron y así, garrapiñado, fue trasladado al Museo del Teatro Real de Madrid, donde quedó cuidadosamente depositado siguiendo los deseos de Pepino Anselmi, junto.
Co-host
Al busto de este caso. Yo creo que es el ejemplo perfecto de cómo llevaron las últimas voluntades hasta el final.
Nieves
Hasta el final. Pero vamos, a rajatabla. Pero la cosa empieza a complicarse. Llegó el golpe de estado de la ultraderecha y los militares que provocaron la guerra en España. El Teatro Real se convirtió en cuartel y en polvorín del ejército nacional. Ojo que cuando digo nacional estoy diciendo el oficial, el legal, el republicano. Los otros no eran nacionales, eran los golpistas, eran los traidores. Y estos golpistas fueron los que lanzaron un pepinazo sobre el Teatro Real. Y a tomar vientos. El corazón de Pepino. Menos mal que la laringe de Gallarre ya había salido para Pamplona unos años antes. Por eso se salvó. El teatro quedó hecho prácticamente una escombrera. Pero hubo un señor que se empeñó en encontrar en mitad de aquel desastre el corazón garrapiñado de Anselmi. Aquel señor se llamaba Fernando José de Larra, bisnieto de Mariano José de Larra y director en aquel momento del Teatro Real. Buscó con la luz un farolillo entre cascotes, cristales, maderas. Durante varios días. Buscó, buscó y lo encontró. Aquel corazón se guardó con muchísimo cuidado y mucho amor. Y ya sólo nos queda saber dónde está ahora. Y está en Almagro, en Ciudad Real, en La Mancha.
Co-host
En Almagro. Será el Museo Nacional del Teatro, ¿No?
Nieves
Claro, Sí. Cuando en 1989 se creó en Almagro el Museo del Teatro, allí fue trasladado el corazón de Pepino Anselm. Y un último detalle. En 1994 llegó hasta Almagro un maestro jubilado de 72 años y procedente de Italia. Pidió ver el corazón del tenor. Lo miró y se emocionó. El visitante era Mario Anselmi, el hijo de Pepino Anselm. Para no perderte ningún episodio, síguenos en la aplicación o la web de Laser Podium Podcast o tu plataforma de audio favorita.
Cadena ser.
La radio.
Podcast: Todo Concostrina (SER Podcast)
Episode: Acontece que no es poco | Historia de la laringe y el corazón de dos tenores
Host: Nieves Concostrina
Date: January 4, 2024
This episode, guided by the unique and witty lens of Nieves Concostrina, explores the extraordinary posthumous fates of two legendary opera tenors: Julián Gayarre and Giuseppe Anselmi. Focusing on the peculiar journeys of Gayarre’s larynx and Anselmi’s heart, the episode blends humor, curiosity, and a touch of the macabre to address how these body parts became historic (and somewhat bizarre) museum artifacts.
Introductory Context
Why His Larynx Was Removed
Scientific Findings
A Traveling Relic
Setting the Scene
Fulfilling the Odd Bequest
A Near Disaster and Rescue
Civil War Turmoil and Final Destiny
A Touching Epilogue
Nieves Concostrina imbues the episode with characteristic humor and irreverence, even in describing morbid or odd historical episodes. There is an undercurrent of affection for the eccentricity of history, and the human need to preserve “relics” of genius. The storytelling is full of sharp, witty asides and affectionate irony.
This episode colorfully recounts the bizarre fates of two legendary tenors’ remains, drily exposing the sometimes curious ways societies memorialize greatness. It’s an entertaining journey through Spanish (and operatic) history—with a unique twist only Concostrina could deliver.