
Loading summary
A
Ser podcast, esto es acontece, que no es poco. Y yo soy Nieves con Costrina, la que te lo cuenta en cuanto te descuides. Cada fecha esconde grandes historias, minúsculas o no, a veces guarda pequeñas historias con mayúscula. Aquí te dejo escuchando una.
B
Hola Nieves, buenas tardes.
A
Buenas tardes, Carla, ¿Cómo estás?
B
Palmitas, me han pillado palmitas Palma palmitas. Bueno, a ver, no hace muchos días, yo creo que fue poco antes de Semana Santa, Nieves nos habló de la mujer barbuda. ¿Te acuerdas de cómo la convirtieron en una atracción de feria? Igual que otras personas que pudieran presentar defectos o malformaciones un poco raras. Ya, ese día nos advertiste que la historia contiene episodios todavía peores. Vale, pues mira, hoy creo que llega el momento de contaros, o al menos de contar alguno, o sea que tú.
A
Dirás sí es cierto, porque a raíz de ese asunto que estuvimos hablando y.
B
Por la novela de Guillermo Arriaga y todo, ¿No?
A
Sí, sí, sí, exactamente. Pues es que claro, lo de Julián Pastrana era un caso, pero es que hay tropecientos y una cosa nos lleva a la otra. Me guardé esto para contarlo y de hecho esto de hoy nos va a llevar luego a otro asunto, otro día. Pero sí, quería insistir en esto porque hasta mediados del siglo XX El salvaje hombre blanco. La de hoy es una historia de vida, más que un episodio histórico, es una historia de vida. Pues decía que hasta mediados del siglo XX El salvaje hombre blanco europeo y estadounidense estuvo exhibiendo en los zoos no solo leones y orangutanes, exhibía a personas, y no nos referimos a ferias ni circos, donde por muy degradante que resultara exhibir a una mujer barbuda, como a Julia o a cualquier persona con una enfermedad que la hiciera peculiar, bueno, al menos luego esas personas comían en un plato y dormían en un catre. Nos estamos refiriendo a personas enjauladas, personas solas o con otros animales o encerradas en un foso y obligadas a comer con las manos, para resaltar, para destacar su presunto salvajismo. Y bueno, ya que estamos, por no dejar de mencionarlo, estamos en abril. Fue precisamente el día 11 de abril de 1890 cuando murió el británico Joseph Merrick, un hombre que sufrió el caso más grave que se conoce de síndrome de Proteus, un elefante con unas malformaciones terribles que solo le permitieron sobrevivir a base de exhibirse en circos a donde acudían ingleses de estricta moral victoriana y muy cristianos todos, hasta que lo rescató un médico. Améric fue el famoso hombre elefante. Fue una persona que a muchos nos dio a conocer el cine y es una película maravillosa. Y que nos presentó a un hombre de una dulzura, porque era así. Una inteligencia que tenía y una educación que demuestra que los deformes, los anómalos, son los demás. Somos los demás. Joseph Merrin murió a los 27 años de muerte natural. Pero yo quiero hablar de otro hombre, de otro hombre que también murió a una edad similar. Era el congoleño Ota Wenga. Se llamaba. Este hombre fue secuestrado, fue humillado, fue exhibido en una jaula. Leí el otro día una cita de George Orwell que decía más o menos la tengo en la cabeza, que la humanidad necesita liberarse de los conceptos falsos de Dios y el demonio y admitir que son los propios humanos los que hacen el bien y los que hacen el mal.
B
¿Dónde hay que firmar?
A
Sí, pero es así. Yo voy a añadir además que los dioses y los demonios sólo acaban siendo útiles a la mala gente.
B
Oye, Nieves, vamos a quedarnos con la historia de Otavenga, de dónde salió y cómo acabó el pobre en una jaula.
A
Madre mía. Ota Benga fue una víctima del diabólico hombre blanco. Este hombre vivía en su tribu del Congo. Era una tribu de cazadores y recolectores. Y una tribu con una peculiaridad. Allí, cuando los chicos se convertían en adultos, se afilaban los dientes formando picos, como si todos fueran colmillos. Se limaban. La mutilación dental, por estética, se viene haciendo desde. Ni se sabe. No solo en África, lo hacían los nativos americanos del norte y del sur. Se ha hecho en India, en Indonesia, en Australia. Yo conozco actualmente a unas mujeres del este europeo que también se limaban los dientes. En fin. Pero al tipo que pasó por el Congo hacia 1903 y se topó con un hombre de unos 20 años, muy bajito, porque era pigmeo, con una dentadura perfectamente blanca y afilada, pensó hombre, que la exhibición de ese hombre, pues que iba a ser muy atractiva. Y este hombre, que era Otavenga, estaba casado, tenía dos hijos y había sido capturado junto con otros miembros de su tribu por los cazadores belgas de esclavos o por africanos al servicio de los belgas, que es lo mismo.
B
Has dicho. Estoy pensando. ¿Esto no sería durante la época en que el Congo se usó como territorio privado del rey de Bélgica?
A
Sí, efectivamente. Es que ni siquiera se usó como colonia. El tal Leopoldo.
B
Enfer no era una colonia. Es que este matiz es importante. No era una colonia, sino un territorio privado del rey.
A
Sí, sí. Lo tenía como propiedad privada el señor Leopoldo II de Bélgica, conocido como el carnicero del Congo, que esta es la historia que me guardo para más adelante, era propietario de todos los seres humanos que había en ese territorio y que se llamaba por aquel entonces, que esto suena cachondeo, Estado Libre del Congo. Y además esto se hizo, se consiguió con el beneplácito de todas las naciones europeas. Eso estaba admitido así ese. Es espeluznante lo que hizo allí este canalla, también de reconocida moral católica, al que se le perdonaron todos sus asesinatos y todas sus torturas. De su estirpe sale la actual familia real belga. Otra sale mucho en el Hola también con el hipócrita disfraz de demócratas. Pero bueno, a Leopoldo II, lo que además tiene concedida la orden de Carlos III por parte de España. Tremendo. Bueno, a este hombre lo vamos a aparcar porque sus fechorías no las podemos contar de pasada. Al que vamos hoy es a un tipo que se llamaba Samuel Werner, que era estadounidense, que estaba recolectando especímenes humanos para la Exposición Universal de San Luis en 1904. Cuando llega hasta los traficantes de esclavos en el Congo y ve al africano Otavenga. Por supuesto, pidió permiso al rey de Bélgica a ver si se lo podía comprar. Y sí le dieron permiso. Siempre cómpratelo. Si, tenemos muchos. El plan en la Exposición Universal de San Luis en 1904 era mostrar el progreso humano desde nuestros ancestros hasta la modernidad. Y para eso se necesita. Necesitaba exhibir una serie de supuestos salvajes para que las señoras blancas que se pasearan por la Expo con sus sombrillas y sus modelitos finolis, y para que los elegantes caballeros con sombrero y bastón pudieran comprobar las enormes diferencias de ellos mismos, los seres civilizados, con esos asilvestrados africanos que aún seguían anclados, como ponía allí, en la profundidad salvaje. El africano Otavenga se ajustaba a los planes de Samuel Werner. Era un magnífico ejemplar pigmeo con los dientes extravagantemente afilados, vestido ahí con un kikoi. Si encima lo exhibimos sujetando un chimpancé, vamos, eso iba a quedar perfecto y quedó perfecto. But my hand was made strong by the end of the almighty. We forward in this generation triumphantly Won't you help to sin these sums of freedom cause all I ever have.
B
Claro, es que por si alguien no sé, o se ha incorporado tarde, o se ha despistado con la fecha, o lo ha perdido de vista, estamos hablando de 1904, estamos hablando del siglo XX, o sea, estamos hablando de anteayer. De anteayer.
A
Sí es que lo cuentas y no te lo puedes creer. Y lo que resulta imperdonable aquí ni presentismo ni leches. Lo vergonzoso que presentimos, una palabra que se ha inventado el hombre blanco también. Lo vergonzoso no es sólo que se usaran seres humanos que habían sido secuestrados, comprados, arrancados de sus casas, separados de sus hijos, para entretenimiento del hombre blanco. Hombre blanco que ya sabía en aquellos principios del siglo XX que hay distintas culturas en el mundo, con distintas tradiciones como para señalar a otros hombres como salvajes. Son eran distintos continentes, distintas formas de vivir tu cultura. Lo injustificable es que además manipularan la situación, porque los anunciaban como caníbales, los obligaban a enseñar sus dientes afilados a la gente para meter miedo, les decían que tenían que amenazar con las lanzas que les daban para parecer peligrosos. Pero la espa universal de San Luis se acabó. Y detalle raro en toda esta historia, el tal Samuel Werner volvió a África a devolver a los pigmeos, incluido Otavenga, claro, estaba devolviéndoles a otros lugares, a otros territorios, a otras tribus donde estaban muy perdidos. Ota, venga, se acojonó, literalmente, y decidió no separarse de su comprador, de lo que era su amo, porque se sentía más protegido. Así que Werner se lo vuelve a llevar e intenta que le den trabajo en el Museo Americano de Historia Natural en Nueva York. No lo consigue y encuentra un nuevo hogar en Nueva York para Ota. Venga, si se le puede llamar hogar al zoológico del Bronx. Al zoo lo mandaron al zoológico del Bronx. Estamos en 1906. Ya en un principio lo pusieron a limpiar jaulas, pero llamaba tanto la atención de los visitantes que dijo el jefazo mira, este lo exploto yo como a otro animal y así sacó más cuartos. Y efectivamente lo puso en una jaula en la zona de los monos, con una placa donde se especificaba el tipo de animal que era. Y ahí, en esa placa ponía pigmeo africano, edad 23 años, altura 4 pies, 11 pulgadas, peso 103 libras, traído del río Kasai, Estado Libre del Congo. Y en la jaula además siempre había huesos grandes para dar a entender que comía animales crudos.
B
Mira que cuentas cosas fuertes cada tarde, pero a la de hoy me cuesta darle crédito, sinceramente. Oye, y una cosa. Ya en 1906, ya con lo del zoo y después de la exposición y todo, ¿Nadie reaccionaba ante esa exhibición de lo que fuera? ¿No hubo alguna asociación, algún colectivo, alguien?
A
No sé. Sí, pero es que hasta los que reaccionaban tiene guasa la cosa. Hubo grupos baptistas, cristianos, afroamericanos, que dijeron que ya estaba bien de exhibir a un hombre negro como ilustrativo de la evolución humana, porque la exhibición estaba promoviendo la teoría de la evolución. Y al africano lo mostraban como un ejemplo evolutivo, o sea, al clérigo que se molestaba por esta cosa, un tipo que se llamaba James Gordon, lo que le molestaba, y así lo dijo, es que la teoría de Charles Darwin es absolutamente opuesta al cristianismo y una manifestación pública en su favor no debería ser permitida. Lo que le molestaba era que lo usaban para la teoría evolutiva, no porque se estuviera exhibiendo a un ser humano. Lo que había que decir es que el tal Dios había creado al hombre haciendo un muñecazo de barro. Esa chorrada había que decir. Estábamos saliendo de Málaga para meternos en Malagón. Al final el cura Gordon acogió bajo su custodia a Ota Benga, lo vistió, le puso una funda en los dientes para que ya no estuvieran así picudos, y lo metió en una escuela cristiana. Hay un artículo muy bonito del New York Times del que leo unas lí es absurdo hacer gemidos por la humillación y degradación imaginada que está sufriendo Ota Wenga. Los pigmeos están muy abajo en la escala humana. Y la sugerencia de que otra venga debería estar en una escuela en lugar de una jaula, ignora la alta probabilidad de que la escuela sea un lugar del cual no podría sacar ventaja alguna. La idea de que los hombres son todos muy parecidos, excepto en que han tenido o no han tenido oportunidades para obtener una educación de los libros, está ahora muy desfasada.
B
Pues esta última frase que acabas de leer la defienden hoy los apóstoles de la desigualdad. En fin. Pero vamos, eso lo dejamos para otro día. Oye, ¿Y cuánto tiempo aguantó Otavenga en su nuevo entorno cristiano?
A
Aguantó cinco o seis años. Tuvo la esperanza de regresar al Congo, a su tierra, pero estalló la primera guerra mundial, le dijeron que se olvidara y el 20 de marzo de 1916 encendió un fuego ceremonial, se quitó la funda de los dientes y se pegó un tiro en el corazón. Estaba harto, estaba deprimido, estaba triste. En fin, yo no sé si esta historia ilustra más la desgraciada vida del ciudadano africano Ota Benga o la vergonzosa condición del género humano. La verdad, no lo sé.
B
Un beso muy grande, Nieves. Hasta mañana.
A
Otro para ti. Gracias, Carlos. Para no perderte ningún episodio, síguenos en la aplicación o la web de Laser Podium Podcast o tu plataforma de audio favorita, La radio.
Podcast: Todo Concostrina
Host: Nieves Concostrina, with Carla (SER Podcast)
Episode Date: April 18, 2023
Duration: ~15 minutes
Theme: The harrowing stories of Joseph Merrick, "the Elephant Man," and Ota Benga, a Congolese man enslaved and exhibited in the early 20th century, exploring the inhumanity behind human zoos and the exploitation of perceived "others" for entertainment.
Nieves Concostrina, in her characteristic direct and poignant style, uncovers the brutal histories of two individuals: Joseph Merrick (the Elephant Man) and Ota Benga (a Congolese Pygmy). The episode highlights the Western penchant for exhibiting "exotic" humans — both in circuses and actual zoos — well into the 20th century. With searing commentary, Nieves questions the true meaning of civilization, challenging listeners to confront the shameful episodes of human exploitation disguised as entertainment or scientific progress.
"En la jaula además siempre había huesos grandes para dar a entender que comía animales crudos." (11:35, A)
"Lo que le molestaba era que lo usaban para la teoría evolutiva, no porque se estuviera exhibiendo a un ser humano..." (12:39, A)
"Encendió un fuego ceremonial, se quitó la funda de los dientes y se pegó un tiro en el corazón." (14:39, A)
"No nos referimos a ferias ni circos... Nos estamos refiriendo a personas enjauladas, personas solas o con otros animales o encerradas en un foso..." (01:35, A)
"El salvaje hombre blanco europeo y estadounidense..." (01:26, A)
“La exhibición estaba promoviendo la teoría de la evolución. Y al africano lo mostraban como un ejemplo evolutivo…” (12:27, A)
“Es absurdo hacer gemidos por la humillación y degradación imaginada que está sufriendo Ota Wenga. Los pigmeos están muy abajo en la escala humana…”
“No sé si esta historia ilustra más la desgraciada vida del ciudadano africano Ota Benga o la vergonzosa condición del género humano...” (15:02, A)
Nieves Concostrina employs an unflinching, critical, yet compassionate tone, blending rigorous historical recounting with biting, often sardonic commentary about the so-called "civilized world" and its hypocrisy.
This episode exposes the unsettling reality behind the public’s thirst for exoticism in the past century, confronting listeners with direct evidence of systemic racism and dehumanization—reminding us that these were not distant acts of cruelty, but occurred "anteayer" (just the other day, historically speaking).
“Somos los demás los anómalos.” (02:55, A)
We, the spectators and perpetrators, are the abnormal ones. This enduring message reverberates throughout the episode, challenging us to reflect on our collective humanity and historical memory.