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A
Ser podcast. Soy Nieves con Costrina y estás escuchando Acontece que no es poco, un podcast donde no te contamos nada nuevo, pero te lo contamos de otra manera. Aquí te va otro episodio.
B
Nieves con Costrina. Buenas tardes, ¿Cómo estás?
A
Muy bien, muy bien.
B
A ver, que no se te oye bien en este. Me estoy aquí estás, estás. Que te estoy viendo, además, hoy más.
A
Que nunca no se me oye. Me cambio.
B
Todavía no se te oye en este. Ahora yo creo que sí.
A
Ahora ya si me oigo hasta yo.
B
Eso, muy bien. Te vemos pero no te oímos. Ahora sí. Hace unos días, cuando el rey emérito volvió a España después de dos años fuera, en esta visita medio verbenera para algunos a Sancho San, se habló de un asunto que aparece y desaparece, así como el Guadiana, que es el tema del modelo de Estado. Si en este país se debería preguntar a los ciudadanos si quieren seguir con la monarquía o si prefieren una república, que es algo que no sé cuándo, pero igual no está de más el preguntar a la gente.
A
De hecho, ¿Para qué nos van a preguntar si somos tontos y no sabemos responder lo mismo?
B
Sí, sí, de hecho en otros países con otras monarquías si lo han hecho, se han preguntado. Y tú nos vas a contar hoy un ejemplo de esa consulta.
A
Clarísimo, Además tiene muchos paralelismos con nosotros.
B
No fue hace tantísimo tampoco.
A
Y además, no sé si recordarás, pero hace no mucho estuvimos hablando del último zar de Rusia, de Nicolás II, y dijimos que todos decimos eso, que fue el último, pero que en realidad fue el penúltimo. Lo que pasa es que como el último De verdad duró 24 horas, nadie le echa cuentas al animalico. Pues en Italia pasa lo mismo. Casi siempre nos referimos a Víctor Manuel III como el último rey de Italia, pero tampoco fue el penúltimo, porque después hubo otro, su hijo Humberto, que recibió un trono tan podrido que duró un mes con la corona puesta. Yo lo llamo el rey abracadabra. Ahora lo besa, ahora no lo ves. Los italianos mandaron a tomar viento fresco al rey de Italia y al reino de Italia y nunca más quisieron volver a oír hablar ni de los malditos reyes ni la maldita monarquía. El 2 de junio, tal que hoy de 1946, se celebró el referéndum vinculante para preguntarle a los italianos qué preferían, monarquía o república. Y los italianos votaron República. Ese referéndum que tal y como le pedía Europa, nunca quiso hacer en 1978. El tramposo señor Suárez. Ese señor que tiene nombre de aeropuerto de Barajas, por cierto. Porque como dijo bien claro, no preguntamos a los españoles si quieren al rey Juan Carlos porque sabemos que perdemos. Mejor les colamos al campechano corrupto aunque no quieran. Tras los resultados del Referéndum de aquel 2 de junio, el rey abracadabra Humberto II de Saboya, heredero del trono envenenado, tuvo que salir por pies. Pero nadie se preocupe, siguió viviendo a cuerpo de rey. También le gustaba este pasar sus ratitos por Galicia. Este por La Toja. Este iba por La Toja. ¿Por qué será que todas las dinastías corruptas y traidoras a su país se copian tanto entre ellas para cagarla en lo mismo?
B
A ver, estamos hablando de que Italia decidió en referéndum acabar con su monarquía en 1946, solo un año después del final de la Segunda Guerra Mundial. Está claro que una cosa estuvo relacionada con la otra.
A
Totalmente. No fue consecuencia directa. Está meridianamente claro. Me gustaría situar primero la historia relatándola de un tirón para trasladar lo mejor posible cómo fue esa correlación de la causa y el efecto. Lo podemos hacer dándole incluso un ambientillo de cuento con el título El rey traidor y el dictador fascista. Además, en cuanto podamos contar, no tardando mucho, el mismo cuento, aquí en el Reino de España, el título nos va a servir exactamente igual.
B
Pues vamos allá con el cuento del rey traidor y el dictador fascista.
A
Érase una vez un país muy cercano, con forma de bota, donde reinaba un señor de metro y medio, menudito y con bigote llamado Víctor Manuel III. Apareció de repente en su reino un cabeza rapada que se llamaba Mussolini y que se cargó el gobierno de Italia, quitó todos los derechos adquiridos, hizo desaparecer todos los partidos políticos e instaló el fascismo. Todo ello, por supuesto, entre los aplausos de la plebe. El rey Víctor Manuel III de Saboya lo dejó hacer con tal de que no le tocara ni la corona ni sus privilegios. Sólo tenía que mirar para otro lado si algo estaba mal hecho. ¿Que Mussolini conquistaba Etiopía, el rey tan feliz porque el cabeza rapada lo nombraba emperador ¿Que invadía Albania? Pues más contento aún el rey porque también lo nombraba rey del nuevo territorio que el cabeza rapada se hacía amiguete de los nazis. Víctor Manuel compadreaba con los nazis, saludaba brazo en alto a Hitler y se ponía firme ante la cruz gamada. Todo bien, todo bien. Pero llegó la Segunda Guerra Mundial. Y entonces el rey y el cabeza rapada cayeron en desgracia por estar del lado de los malos. Los aliados atacaban el reino del rey traidor. Hitler atacaba el reino del rey traidor porque quería quedárselo. Todos atacaban el reino del traidor rey Víctor Manuel III. Así que el rey traidor se piró de Roma, huyó, dejó la ciudad a merced de Hitler y Hitler la ocupó. Pero el rey traidor, a la vez que abandonaba la ciudad, les dijo a sus sú voy a seguir siendo vuestro rey, que lo sepáis, mangurrianes, pero me bajo a Bari, al sur de Italia, que hace mejor tiempo. El cabeza rapada se hundió con su fascismo y terminó colgado bocabajo en una gasolinera. Y entonces el rey traidor regresó a Roma y quiso engañar al mundo y a sus súbditos haciendo como que renegaba del cabeza rapada fascista y poniéndose del lado de los aliados. Pero ya era tarde, porque los italianos no eran bobos. Los italianos son italianos. No son españoles. De haber sido españoles, unos cuantos habrían ido con banderitas a recibirle. Casi todos los medios de comunicación no habrían hablado de otra cosa que no fuera su regreso, con conexiones en directo indispensables. Los gobernantes estarían llenando los informativos de bla, bla, bla, blA, bla, bla. Los periodistas correrían tras su coche al grito de Majestad, Majestad, ¿Está usted contento de volver? Pero no. Los italianos no eran españoles. Y tanto cinismo del rey Víctor Manuel, tanta hipocresía, tuvo un coste. Víctor Manuel intentó salvar los trastos de su trono abdicando en su hijo Humberto. Aquí se llama Felipe, por si podía remontar su desprestigiada y cutre dinastía de los Saboya. Aquí estamos en las mismas, pero se llaman Borbones. Pero como esa era la abdicación de un mal tipo, un rey traidor y corrupto en un hijo que sólo era más de lo mismo, un mes después de esa abdicación, los italianos fueron a votar. Y votaron República. Fin de los Saboya, fin del Reino de Italia y fin del cuento.
B
A ver, tenemos resultados, supongo, de aquel referéndum en favor de la República.
A
Tenemos tenemos. Hubo además contados al voto. Hubo 12.718.641 votos a favor de la República, frente a 10.718.502 que preferían la monarquía. Dos millones justos de diferencia. Los reyes en Italia y en España siempre van a tener partidarios, lógicamente. Pero no porque un rey sirva para algo, sino porque les sirve a ellos. Así ha sido y así es. Los reyes no son. No son gente preparada intelectualmente. No son buenos gobernantes. Solo vigilan que su culo esté a salvo. Que esté a salvo el negocio para sus descendientes y para mantener sus privilegios. La gente que está a favor de esos reyes, las instituciones que los apoyan, como la Iglesia católica, por ejemplo, no es porque los crean capaces y buenos gobernantes. Es porque si permanecen ellos, permanecen los privilegios de quienes les apoyan. Nadie con dos dedos de frente y mínimamente informado puede apoyar que el jefe de Estado de un país tenga semejante cargo porque así lo ha decidido un tal Dios. ¿Qué Dios? ¿Cuál de los tropecientos? Porque las dinastías reinantes lo son por designación sagrada, divina. Así son. Si además la figura de ese rey, como le ocurrió a Víctor Manuel o le ocurre a Juan Carlos y a Felipe, están íntimamente ligadas a la figura de dictadores fascistas como Mussolini y como Franco, el desprestigio y la degeneración de la corona son evidentes. Voy a leer una frase referida al rey de Italia que pronunció Benedetto Croce. Es un escritor, un filósofo, un político liberal muy destacado. ¿Que dices tú? ¿Esta frase es de hace 80 años o es de ayer mismo? ¿Está hablando de Italia o está hablando de España?
B
¿Qué dijo? ¿Qué dijo Benedetto Croce?
A
Mira, dijo Benedetto mientras la persona del actual rey permanezca a cargo del Estado, sentiremos que el fascismo no ha terminado, que está atascado entre nosotros, que continúa corroído y debilitado, que volverá a emerger más o menos camuflado. Fin de la cita. Ala, a masticarla.
C
Amor es mío de todo. Ve la solitud y ne un regalo piu velo de una rosa Luis era fillo de ir y tardi del treno Que fechero conocer mamá y papá le era bela come el chelo pionero cercaba al censo de la vita naibar fin lleva no 10 serein un chile panetones ver que el hilavita no sembra maydura en beche cuenco esta fotuta. Provincia Chipole del corazón.
B
Fíjate, Nieves, que el otro día en la Ventana al mundo estábamos hablando con los corresponsales de otras monarquías en otros países.
A
Os oí de los jarrones chinos.
B
Entonces dijo Joan soles para jarrones chinos. La que tenemos nosotros con los Saboya en Italia. Joan nos contaba que hay todavía por ahí un Saboya que pretende recuperar el trono o que le indemnicen con una cantidad absurda. ¿Y este tipo quién es?
A
250 millones de euros, creo que pedía.
B
Es descendiente de directo directísimo.
A
Este es descendiente directísimo. El nieto del rey traidor, protector de Mussolini e hijo de Umberto II, el último rey de Italia durante 33 días. El rey Abracadabra se llama como su abuelo, Víctor Manuel. Y si dijéramos que es un gamberro nos quedaríamos cortos porque es un asesino. Mató de dos tiros. Estuvo en la cárcel y mató de dos tiros a un alemán. Hizo creer que había sido sin querer hasta que le pillaron en una grabación presumiendo de haberlo matado a posta y de haber engañado a todos. Yo no creo ya que engañe a nadie. Lo que pasa es que la mayoría de la justicia, la mayoría de los políticos cortesanos y las élites corruptas los protegen. Igual que Juan Carlos. No ha engañado a nadie. Solo es un delincuente con muchos guardaespaldas. Hasta cuando parece que le están atacando solo es una maniobra de distracción para salvar a Felipe VI. Queda ahí toda esa fauna real italiana se fue al exilio a seguir viviendo como curas. Y uno de los lugares en donde le gustaba recalar de vez en cuando a Humberto II de Saboya era el balneario de La Toja en Galicia. Aunque su exilio para vivir de no hacer nada lo fijó en Portugal, en Cascais. No voy a hacer el chiste con Cascais, el rey traidor. Sin embargo, el exilio lo disfrutó en Alejandría, en Egipto, donde se hacía llamar Conde de Pollenzo. Tampoco voy a hacer el chiste. Y al final cada uno se murió en su sitio. Pero ni muertos ni muertos. Dejaron de dar la vara con que querían volver a Italia y exigían ser enterrados en el Panteón de Roma, en eso que llaman los romanos el pastel de boda, porque es una cosa así muy fea y lo fuer que va los italianos les dedicaron una sonora pedorreta, porque a los reyes no los quieren ya ni muertos allí. Pero hasta 2017 estuvieron dando la brasa. Han vuelto, pero no han vuelto donde ellos querían. Pero es que esta es otra historia que contaremos en otro caso. Suscríbete. Acontece que no es poco. Todos los episodios y contenidos adicionales en la app de Cadena Ser y en nuestros canales de Apple Podcast, Spotify, Ivoox, Google Podcast y YouTube. Escúchanos en directo en la SER de lunes a jueves a las 7 de la tarde. Cadena Ser.
D
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En este episodio, Nieves Concostrina narra con su inconfundible estilo la histórica decisión de Italia en 1946 de abolir la monarquía mediante referéndum y convertirse en República. A partir de esta efeméride, la conversación gira en torno a los paralelismos con la situación española, la relación de las monarquías con los regímenes dictatoriales, las consecuencias del referéndum y el ocaso de la dinastía Saboya.
Arranca con referencia a la reciente visita del rey emérito Juan Carlos I y cómo esto revitalizó el debate sobre el modelo de estado en España.
Nieves cuestiona la falta de consulta ciudadana:
"¿Para qué nos van a preguntar si somos tontos y no sabemos responder lo mismo?" (01:20, Nieves Concostrina)
Se comenta que en otros países sí se ha consultado a la ciudadanía, poniendo como ejemplo a Italia.
Nieves introduce los paralelismos entre la monarquía italiana y la española, haciendo especial hincapié en cómo los reyes intentan perpetuarse en el poder.
Relata con tono de cuento la caída de la monarquía italiana:
"El rey traidor, a la vez que abandonaba la ciudad, les dijo a sus súbditos: 'voy a seguir siendo vuestro rey, que lo sepáis, mangurrianes, pero me bajo a Bari, al sur de Italia, que hace mejor tiempo.'" (05:36, Nieves Concostrina)
Sátira sobre el contraste entre la reacción italiana y la española ante el regreso de monarcas exiliados:
"Los italianos no eran españoles. De haber sido españoles, unos cuantos habrían ido con banderitas a recibirle..." (06:08, Nieves Concostrina)
Conclusión contundente:
"Fin de los Saboya, fin del Reino de Italia y fin del cuento." (07:20, Nieves Concostrina)
Cifras exactas del referéndum:
Reflexión crítica sobre el papel de los reyes y sus defensores:
"Los reyes no son gente preparada intelectualmente. No son buenos gobernantes. Solo vigilan que su culo esté a salvo." (07:51, Nieves Concostrina)
Analiza cómo instituciones como la Iglesia defienden la monarquía para preservar sus propios privilegios, no por convicción en sus capacidades.
“Mientras la persona del actual rey permanezca a cargo del Estado, sentiremos que el fascismo no ha terminado, que está atascado entre nosotros, que continúa corroído y debilitado, que volverá a emerger más o menos camuflado.” (09:14, Benedetto Croce, leído por Nieves Concostrina)
Comentario irónico sobre los "jarrones chinos" y la persistencia de los Saboya queriendo recuperar el trono o pedir indemnizaciones.
Se menciona al nieto del último rey, Víctor Manuel, con un pasado delictivo:
"Si dijéramos que es un gamberro nos quedaríamos cortos, porque es un asesino." (11:11, Nieves Concostrina)
Recorrido por los lugares de exilio y muerte de los Saboya, incluida la insistencia en querer ser enterrados en Italia a pesar del rechazo popular.
Reflexión final y guiño humorístico sobre cómo la historia italiana sigue reverberando en la actualidad y sus paralelismos con España.
"En cuanto podamos contar no tardando mucho el mismo cuento aquí en el Reino de España, el título nos va a servir exactamente igual." (04:06, Nieves Concostrina)
"Y votaron República. Fin de los Saboya, fin del Reino de Italia y fin del cuento." (07:20)
“Mientras la persona del actual rey permanezca a cargo del Estado, sentiremos que el fascismo no ha terminado...” (09:14)
Nieves Concostrina utiliza la efeméride del 2 de junio para repasar, con ironía y perspectiva histórica, cómo los italianos votaron en referéndum el fin de su monarquía en 1946 tras años de complicidad real con el fascismo. El episodio destaca los paralelismos con la realidad española y critica la idea de monarquía hereditaria, presentando una visión crítica del papel de las casas reales y quienes perpetúan sus privilegios.
Nota: Publicidad, intros y outros han sido omitidos en esta síntesis original del contenido histórico y crítico del episodio.