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A
Ser podcast. Esto es Acontece que no es poco. Y yo soy Nieves con Costrina, la que te lo cuenta en cuanto te descuides. Cada fecha esconde grandes historias, minúsculas o no, a veces guarda pequeñas historias con mayúscula. Aquí te dejo escuchando una.
B
Hola nieves, buenas tardes.
A
¿Qué tal Carla? Buenas tardes, ¿Cómo estás?
B
Muy bien. ¿Te acuerdas que el otro día escuchamos la canción de Bob Dylan Hurricane, donde se narra la historia de Huracán Carter, el boxeador negro que se tiró casi 20 años en la cárcel por una condena injusta en Estados Unidos?
A
Exactamente.
B
Bueno, pues no es el único caso donde el racismo funcionó como azote de herejes, o en este caso, de boxeadores negros. Y como además hoy es 4 de julio, pues yo creo que es el día adecuado para que puedas explayarte a partir de lo que fue el título de una película que muchos oyentes recordarán La gran esperanza blanca.
A
Así es, así es. Fíjate que ayer lo hice de aposta, pero ayer uní dos asuntos revolucionarios, uno francés que se dio el 3 de julio y otro estadounidense que se dio el 4 de julio. Bien podría haber dejado para hoy, que sería lo suyo, la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, porque hoy se celebra el gran festorro yanqui están celebrando. Pero es que necesitábamos el día para otra cosa que está relacionada. Y al igual que la Declaración de Independencia tiene un preámbulo, yo necesito nada, unas líneas de preámbulo para hacer el mío y poner las cosas en su contexto. Porque recordarán los oyentes, que también lo comentamos, que en la Declaración de Independencia una de las cosas más bonitas que firmaron hace 247 años los representantes de las 13 colonias en ese papelito histórico que hoy celebran 340 millones de estadounidenses, es que el Creador ha dotado a los hombres de derecho inalienables, como el de la libertad y la búsqueda de la felicidad. También dice que eso está muy bonito, está precioso. También dice que todos los hombres son creados iguales, pero teniendo en cuenta que a Dios se lo inventaron los hombres, pues el Creador la verdad es que les ha salido heterosexual, blanco, racista y un poquito cabrón. Y puesto que a su vez se inventaron que este tipo creó a los hombres a su imagen y semejanza, queda sobreentendido, claro, que los hombres blancos son son iguales y tienen derecho a la vida y a la libertad. Los negros no entran en la ecuación. Este era mi preámbulo. Porque el 4 de julio de 1910, el día top de la exaltación estadounidense, un boxeador negro, hijo de esclavos, llamado Jack Johnson, acudió a Reno, en Nevada, a defender por quinta vez el título de campeón del mundo de los pesos pesados. Y después de haber hecho besar la lona a cuatro blancos anteriormente, fue a enfrentarse con el único que que podía salvar el honor de la raza blanca. Era el racista Jim Jeffries. Bueno, pues también besó la lona el quinto blanco. Y el país entero ahora sí salió noqueado.
B
Pero estaba pensando, Nieves, que esta película que comentaba yo, la de La gran esperanza blanca, es una historia posterior. Jack Johnson fue después. Y la peli va sobre otro que se llama Jack Jefferson.
A
Sí, no, Jack Johnson es anterior.
B
Exacto.
A
La peli que se refiere a Jefferson es posterior, de los años 50. De un caso de los años 50. Pero hay muchísimas similitudes en los dos casos. Como el tener una novia blanca. Una novia blanca, exactamente. Que ahí estaba el problema también. Como el de hacerse con el título de los pesos pesados noqueando a un blanco. Pero son dos boxeadores distintos. Que por cierto, además, el prota de esa peli que mencionas de La gran esperanza blanca, para quien quiera ponerle cara, es el actor que hacía de malo en Conan el bárbaro, James Earl Jones. Era más jovencito. Y es además el que pone la voz a Darth Vader, el de Yo soy tu padre, que es este.
B
Qué voz errónea.
A
Sí es que aquí fue Constantino Romero. De acuerdo.
B
Sí, sí, sí. Yo soy tu padre.
A
Yo soy tu padre, que decía. Le paraba a los niños por la calle y le decían Di eso, por favor, di yo soy tu padre. Le paraba mucho. Bueno, pues ahí está el disgusto del pobre Obi Wan. El título de la película, La gran esperanza blanca, es una frase hecha que nace en el mundo del boxeo, pero luego saltó a otros ámbitos. Y se refiere a que hubo una época, a mediados del siglo XX, que había tantos campeones negros que cualquier boxeador blanco que intentara arrebatar el título era calificado como la gran esperanza blanca. Pero la primera vez que surge esta expresión es precisamente con la historia que traemos, la de aquel 4 de julio de 1910. El rostro pálido que tenía que derrotar a Jack Johnson era un blanco invicto en Estados Unidos. Se llamaba. Ya lo hemos dicho. Jim Jeffries, invicto entre los blancos porque es que se negaba a pelear con un negro y menos con Jack Johnson. Porque dijo, estas son palabras suyas, ese Jack Johnson es un buen boxeador, pero es negro. Y por ese motivo nunca pelearé contra él. Si yo no fuera el campeón, me enfrentaría a él como a cualquier otro. Pero lo soy. Y el título no irá a manos de un negro mientras yo pueda evitarlo. No peleaba para no perder el hombre. A mí esto me parece como Feijóo dice. Yo no voy con Sánchez a un cara a cara porque me va a merendar en el primer asalto. Y si no voy, bueno, pues al menos para los míos de ultraderecha seguiré siendo el mejor, el campeón. Jeffries dijo cuando no queden rivales blancos con los que pelear, me retiraré. Y se retiró. Se retiró invicto en 1905.
B
¿Y qué le decide a volver cinco años después y sobre todo a pelear contra Johnson?
A
Pues si puedo volver a poner a Feijóo como ejemplo, que para esto siempre sirve, porque sería como si los suyos, los del PP y la ultraderecha, le oye, a ver si va a ser verdad que no tienes ni idea, ni programa, ni tienes datos como la Yoli. A ver si va a ser que estás acojonado. Feijóo, esa presión la aguanta. Pero Jeffries no supo aguantarla. Y pasó lo apareció en escena un peso pesado canadiense, se llamaba Tommy Barnes, que lo ganaba todo 11 veces. Defendió el título y dijo esto Defenderé mi título contra cualquier aspirante sin excepción. Y con esto quiero blancos, negros, mexicanos o de cualquier otra nacionalidad. Pretendo ser el campeón mundial, no el campeón blanco. Para este tipo, claro, era importante el boxeo, no la raza. Lógicamente, en aquel momento el boxeador negro Jack Johnson estaba imparable. Estaba subiendo como la espuma. Pero ningún promotor quería organizar un combate en Estados Unidos o en Canadá del campeón mundial de los pesados, Tommy Bars, con Johnson. Y al final se celebró el combate, pero en Australia, en Sydney, porque el promotor era australiano en ese momento. Estamos en 1908. Y por primera vez un campeón mundial de los pesados iba a defender su título frente a un negro. Y Jack Johnson pasó que ganó. Ganó. Fue tremendo. Se convirtió. Aquello dijeron que era David contra Goliat. Se convirtió en el primer negro afroamericano campeón del mundo. Y además delante de 20.000 australianos muy blanquitos que lo llamaban de todo payaso negrata. Aquello fue tremendo. Pero es que ya Johnson se vino muy arriba. Cuanto más insultos recibía, no entonces, sino mucho después. Cada vez más arriba, más arriba. Se vino demasiado arriba. Y los blancos yankees necesitaban a alguien que le bajara los humos y le borrara la sonrisa a ese negro chulo y descarado. Presionaron y presionaron, y la prensa presionó muchísimo. Al único posible, a Jeffries, al que nadie había podido derrotar. Esa era la gran esperanza blanca. Por eso lo llamaron así. In a little tense Oh, and just like the river I've been running ever since It's been a long, a long time coming But I know a change Gon come Oh, yes, it will.
B
Oye, Nieves, que el combate fuera precisamente el 4 de julio, ¿Una casualidad o estaba programado?
A
Pues lo he buscado, pero no tengo el dato. No sé si se buscó expresamente, pero a mí me extrañaría que fuera casualidad. ¿Como darían por hecho que Jeffries iba a ganar si encima lo hacía en la fiesta del 4 de julio, entre fuegos artificiales, fiestas, desfiles? No sólo sería la celebración de la Declaración de Independencia, es que sería el triunfo de la América blanca. Había que aplastar a ese negro insolente de Texas, que era hijo de esclavos, que se permitía el lujo de ser rico, influencer y era como el gran primer referente de todos los afroamericanos. Jack Johnson se comportaba como un divo por donde iba, porque quería restregar su triunfo a todo un país. Iba a ser de todo menos un negro servicial y buenecito. Conste que estamos hablando de él como boxeador, porque como persona era un impresentable con todas las letras. Jack Johnson reunió todos los tópicos del boxeador. Era arrogante, era chulo, era un provocador, era un bocachanclas, era un mujeriego. A lo que hubo que añadir maltratador. Maltratador. Tenía la mano muy larga también con las mujeres. Y empeñado además en relacionarse especialmente con mujeres blancas. Se casó con tres, porque el estar con mujeres blancas formaba parte de su desafío. Él se iba a saltar todo, todas las reglas del buen negro, aunque tuviera que nutrirse de todo lo peor del blanco malo. Johnson no era ese que tenemos en la cabeza. No era ese Muhammad Ali, Cassius Klein, que era solidario, que era un tipo comprometido, que era humanitario. Jack Johnson iba a lo suyo y solo así llegó a donde quiso. No lo sintió cuando él ganaba, no lo sentía como un triunfo de su raza. El triunfo era suyo y únicamente suyo.
B
De todas formas, la historia Soviet no termina aquí. Porque si el combate los blancos no lo pudieron celebrar, no se conformarían con eso, me imagino.
A
Que va, que va. No, no. Los que celebraron fueron los afroamericanos. Yo supongo que en aquel combate del 4 de julio, a Johnson sobre todo, le ayudó a ganar. Además de que el aspirante, Jeffrey, llevaba 5 años retirado. Tuvo que entrenarse a marchas forzadas. Y lo hizo mal. Boxeó mal. No iba a ganar solo por ser blanquito. Johnson, digo. Debía estar como una moto en aquel ring, rodeado de miles de espectadores. Todos blancos, porque los negros tenían prohib entrada. Casi todos racistas, por no decir todos. Seguro que todos. El combate fue en Reno, una ciudad del estado de Nevada. Está pegando con California, para situarnos, pero estaba todo el país pendiente. Evidentemente, en aquel 1910 no había posibilidad de retransmitir por radio. Pero hubo ciudades como Nueva York. Creo que también se hizo en Boston, pero esto no tengo confirmado, no estoy segura. Donde aquel año de 1910 estrenaron un aparato de transmisión que se llamaba teletipo, donde llegaban mensajes de texto a razón de 65 palabras por minuto. En Nueva York instalaron uno y se reunieron 30 mil personas en la calle Broadway para saber cómo se desarrollaba el combate. A través del teletipo se iban llegando mensajitos, mensajitos. Aquel 4 de julio fue una absoluta fiesta de toda la población afroamericana en Estados Unidos cosa que cabreó mucho a los blancos y a la policía. Y allá donde había una celebración de negros, aparecían los blancos a reventar la fina. Cientos de heridos, más de 20 muertos, disturbios en decenas de ciudades.
B
La historia para Jack Johnson, cómo acabó dicho muy rápidamente.
A
Acabó detenido y condenado a un año de cárcel por tener relaciones con mujeres blancas. Esto fue muy injusto, porque le aplicaron una ley con retroactividad. Fue una ley que prohibía esas relaciones mixtas. Pero era anterior. La ley fue posterior a cuando él tuvo las relaciones. Huyó del país porque no quería entrar en la cárcel. Luchó fuera, defendió el título mundial de los pesados tres veces. A la cuarta lo perdió ante un blanco. Se disputó en Cuba. Volvió a Estados Unidos. Tuvo que volver a cumplir su condena de un año de cárcel, porque su madre enfermó y él quería verla. Y al final murió en un accidente de tráfico conduciendo a mucha velocidad y con mucha rabia porque acababan de negarle la entrada en una cafetería de carretera por ser negro. Y salió, agarró el coche con muy mala leche. Donald Trump le concedió el indulto por la condena y hubo muchos que recriminaron a Barack Obama que no lo hubiera hecho él, evidentemente por ser afroamericano también. Pero Obama explicó que no lo hizo porque Jack Johnson fue un machista maltratador de mujeres. It was a creed written into the founding documents that declared the destiny of domination. Yes, we can. It was whispered by slaves and amplitionists.
B
Vaya pedazo de historia. ¿Nieves, mañana más?
A
Sí, mañana más.
B
Mañana más, como siempre. Un beso muy grande. Cuídate.
A
Muchas gracias. Perdón. Un beso. Chao. Para no perderte ningún episodio, síguenos en la aplicación o la web de Laser Podium Podcast o tu plataforma de audio favorita, Cadena ser, la radio.
Podcast Summary
Host: Nieves Concostrina (with Carla as co-host)
Episode: Jack Johnson, el afroamericano que noqueó a la gran esperanza blanca
Date: July 4, 2023
This episode of Acontece que no es poco, presented by Nieves Concostrina, offers a fresh, irreverent look at American history through the 1910 boxing match between Jack Johnson, the first African-American heavyweight world champion, and Jim Jeffries, the so-called “great white hope.” The episode is rich in historical context, explores the rampant racism in the United States, and critically examines both the celebration and the contradictions of American Independence Day.
Declaration of Independence Irony
Nieves begins by highlighting the hypocrisy of the U.S. Declaration of Independence, which claims “all men are created equal”—a phrase written and celebrated by a society deeply rooted in racism.
"También dice que todos los hombres son creados iguales, pero teniendo en cuenta que a Dios se lo inventaron los hombres, pues el Creador la verdad es que les ha salido heterosexual, blanco, racista y un poquito cabrón."
— Nieves Concostrina
July 4th Symbolism
The main event Niedves highlights—Johnson’s fight against Jeffries—takes place on July 4, the pinnacle of American patriotic celebration, further intensifying its symbolic importance.
The 1910 Fight in Reno
Johnson, the son of slaves, had already defeated four white fighters to defend his heavyweight championship. The upcoming fight against Jeffries was portrayed as a defense of “white honor” in a racist society.
“Después de haber hecho besar la lona a cuatro blancos anteriormente, fue a enfrentarse con el único que podía salvar el honor de la raza blanca. Era el racista Jim Jeffries. Bueno, pues también besó la lona el quinto blanco. Y el país entero ahora sí salió noqueado.”
— Nieves Concostrina
Origins of "La gran esperanza blanca"
The term "great white hope" emerges from the white public’s desperate desire for someone to reclaim the boxing title from Johnson.
“A cualquier boxeador blanco que intentara arrebatar el título era calificado como la gran esperanza blanca.”
— Nieves Concostrina
Jim Jeffries’ Racist Stance
Jeffries, undefeated among white boxers, had repeatedly refused to fight Black competitors.
“Jim Jeffries...se negaba a pelear con un negro y menos con Jack Johnson... ese Jack Johnson es un buen boxeador, pero es negro. Y por ese motivo nunca pelearé contra él.”
— Nieves Concostrina (citing Jeffries)
Media and Social Pressure
The press, public, and promoters all pressured Jeffries to reclaim the title for “the race.” Meanwhile, Johnson was seen as arrogant and provocative, and his success became a focal point for racial tensions.
Controversial Figure
Johnson was not a civil rights hero in the mold of Muhammad Ali, but rather seen as self-centered, provocative, and abusive in his personal life.
“Jack Johnson reunió todos los tópicos del boxeador. Era arrogante, era chulo, era un provocador, era un bocachanclas, era un mujeriego. A lo que hubo que añadir maltratador.”
— Nieves Concostrina
Defiance of Social Conventions
Johnson repeatedly flaunted his relationships with white women, which made him a particular target for white anger.
“El estar con mujeres blancas formaba parte de su desafío. Él se iba a saltar todo, todas las reglas del buen negro, aunque tuviera que nutrirse de todo lo peor del blanco malo.”
— Nieves Concostrina
Fight Day: July 4, 1910
The bout in Reno was a national spectacle. Black Americans celebrated Johnson’s victory, sparking violent white backlash with riots and fatalities throughout the country.
“Aquel 4 de julio fue una absoluta fiesta de toda la población afroamericana en Estados Unidos cosa que cabreó mucho a los blancos y a la policía. Y allá donde había una celebración de negros, aparecían los blancos a reventar la fina. Cientos de heridos, más de 20 muertos, disturbios en decenas de ciudades.”
— Nieves Concostrina
Innovative Broadcasting
Spectators in cities like New York followed the match’s progress via teletype, gathering in the thousands for real-time updates.
Legal Persecution
The U.S. targeted Johnson with trumped-up charges for relationships with white women, convicting him under laws passed after his “offenses.”
“Acabó detenido y condenado a un año de cárcel por tener relaciones con mujeres blancas... le aplicaron una ley con retroactividad.”
— Nieves Concostrina
Exile, Final Years, and Death
Johnson fought abroad, eventually lost his title, returned to serve jail time, and died in a car accident, angry after being refused service at a roadside cafe because of his race.
Trump's Posthumous Pardon
Decades later, Donald Trump pardoned Johnson. Nieves notes that Barack Obama, despite being urged to do so, refused based on Johnson’s history of violence towards women.
“Hubo muchos que recriminaron a Barack Obama que no lo hubiera hecho él, evidentemente por ser afroamericano también. Pero Obama explicó que no lo hizo porque Jack Johnson fue un machista maltratador de mujeres.”
— Nieves Concostrina
Nieves maintains her signature sharp, critical, and witty tone throughout, balancing historical rigor with biting irony and a conversational style that invites engagement. She is unapologetically direct, especially when discussing racism and hypocrisy.
This episode uses the story of Jack Johnson to illustrate broader truths about American society: its foundational racism, conflicting notions of equality, and the lasting impact of prejudice. Moreover, while Johnson is celebrated as a sports pioneer, Nieves does not shy away from critiquing his personal flaws, presenting a nuanced view of historical figures beyond simple hero/villain dichotomies.
A must-listen for anyone interested in the intersections of sports, race, and history—told with Nieves Concostrina’s unmistakable style.