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Nieves
En la ventana. Acontece, que no es poco. Un relato personal de la historia con Nieves con costrina, Cadena Ser.
Carla
Hola, Nieves, buenas tardes.
Nieves
Hola, buenas tardes, Carlas, ¿Qué tal?
Carla
Estamos aquí una semana más dando el abrazo. Oye, existen distintos baremos para medir el grado de humanidad que pueden tener tanto las personas individuales como las sociedades en su conjunto. Hay distintos modos de medir eso, por ejemplo, cómo tratan a sus mayores, o a sus niños, o a sus mascotas incluso, o cómo tratan a las personas con alguna discapacidad, ya sea grande o pequeña, da igual. Vale, pues en este último apartado, hoy, si te parece, contamos una historia, ya sé que te parece bien, contamos una historia que deja en muy mal lugar, pero muy malo, a varias familias, todas ellas, por cierto, con un nexo común que es el poder, ya sea como reyes, como zares o como presidentes de Estados Unidos.
Nieves
Sí, sí, sí, sí. Lo de hoy son unas miguitas que dejamos ahora mes y pico, cuando estuvimos hablando de la saga de los Kennedy y por qué el pater familias tipo ambicioso, donde los hubiera desgració para siempre a su hija Rosemary, porque tenía un leve, levísimo problema de salud mental y no quería que eso entorpeciera la carrera política de los hermanos, en concreto de JFK.
Carla
Hay que ser.
Nieves
También deja. Sí, sí, es que es increíble. También dejamos pendiente hablar de cómo Joseph Kennedy dejó un rastro equívoco ahí en la industria cinematográfica, pero eso va a seguir pendiente, eso para otro rato. Y este asunto de los Kennedy me lo refresqué a mí misma mismamente el otro día con el caso del zarevich Alexei, con su hemofilia que tenía, claro, y el secreto que guardó la familia en torno a ello porque veían peligrar el trono. Hay más casos igualmente escandalosos con los Winchor y también los Borbones han ocultado hasta donde han podido graves enfermedades, como fue el caso de Alfonso XIII, que tuvo dos hijos hemofílicos, precisamente eran primos del tsarevich Alexei. Bueno, esto es una cosa que lo hacen todas las dinastías, como has dicho, da igual que sea políticas o reales, ocultar o apartar a los miembros con discapacidades o enfermedades graves para que no molesten o para que no se conozca la impureza de la familia, para no mostrar fragilidad. Los reyes y las reinas, que a veces se nos olvida gobiernan por la gracia de Dios. Porque Dios es muy gracioso. Salvo en el caso de los Borbones, que reinan por la gracia de Francia.
Carla
Eso es verdad.
Nieves
Los miembros de casas reales. Claro, es que se supone que son divinos. Son inmaculados. Hacer públicas o dejar ver sus discapacidades, sus malformaciones, los problemas de salud mental, no les ayuda a mantener esa imagen divina. Y no repararán ni en gastos ni en maldad para ocultarlo.
Carla
A ver, que aquí han salido Borbones, zares y presidentes de Estados Unidos. Empecemos por los Kennedy. ¿Que es lo de las miguitas del otro día? Recordemos. ¿Qué enfermedad tenía Rosemary que molestaba tanto a su padre?
Nieves
Bueno, es que no se sabe exactamente si fue una enfermedad. Era un leve retraso, según dijeron entonces. Un leve que le trajo dificultades de aprendizaje. Pudo ser dislexia. Fíjate que eso no es una enfermedad.
Carla
Sí. No, no. El otro día lo hablamos además en la ventana. Para nada es una enfermedad.
Nieves
Un trastorno te trae dificultades. Pero eso se trata, eso se trabaja. Dicen que hubo alguna dificultad en el parto, pero nada grave. ¿Y pretenden achacarlo a eso? Y luego pasó por una enfermedad que se cura con el tiempo. Que es una adolescencia rebelde, espero. Sí, de verdad que sí. Tranquilo. Rosemary era la tercera de nueve hermanos en una familia que militaba en el catolicismo más hipócrita y en la que los destinados a triunfar eran los chicos y las encargadas de perpetuar la saga, las chicas. Pero no. Antes de pasar por el altar, los hermanos Kennedy podían gamberrear lo que quisieran. Dejaron a unas cuantas chicas embarazadas a las que el padre pagaba para que desaparecieran del mapa. Pero es que las chicas Kennedy estaban vigiladas para que no mancharan la reputación. Rosemary Kennedy continuó siendo rebelde tras la adolescencia. Era contestona, se escapaba de casa, cambiaba de novio cada dos por tres. Querían buscarle un novio conveniente y no había forma. No se dejaba. Si esa joven, que era muy jovial, muy alegre, aparecía uno de esos días embarazada, eso iba a dañar muy gravemente la imagen familiar. Y sobre todo, afectaría las carreras políticas diseñadas por Joseph Kennedy para sus hijos Ted, John y Robert. Una hija embarazada en una familia que era súper chupi, mega guay, católica, Vamos, eso ni en broma. Así que la encerraron en un convento, con lo que sólo consiguieron enrabietarla más.
Carla
Llegados a este punto, Nieves ¿Cómo frenó el patriarca de los Kennedy lo que para él era un estorbo en la reputación familiar? ¿Qué hizo?
Nieves
Pues hizo lo peor posible. Una lobotomía que estaba muy de moda por aquel entonces. Y Joseph Kennedy no se cortó al ofrecer a su hija prácticamente como conejillo de indias, como le leía alguien, no me acuerdo quién. Para que un árbol, refiriéndose a esta familia, para que el árbol genealógico crezca fuerte y sano hay que cortar las ramas enfermas. Ya dijimos que Joseph Kennedy, además de tener muchos hijos, esos hijos tuvieron muchos hijos, era la norma para crear un clan. Y Rosemary era una rama no enferma, pero que afeaba la estre del bello, elegante y frondoso árbol Kennedy, o enderezaban esa rama o la talaba. Y aquí entra en escena un famoso neurólogo estadounidense, se llamaba Walter Freeman, de la Universidad George Washington, que se empeñó en curar los trastornos psiquiátricos con un método que ya se había empleado pero con nulas garantías, sin la suficiente experimentación, ocultando además las graves secuelas que dejaba, pero que creían que estaba curando determinadas enfermedades mentales. El método era tremendo. La lobotomía consiste. Consistía en colocar un clavo grande, una especie de punzón en el lagrimal, en el ojo, dar unos golpes con un martillo para que llegara al cerebro a través de la órbita del ojo para romper el lóbulo frontal y según creían algunos, destruir ciertas conexiones cerebrales y con ellas los delirios, las obsesiones y las malas conductas.
Carla
Está doliendo solo de.
Nieves
Sí. Sí, era así. Lo llamaba el doctor. El tipo este, el tal Freeman, lo llama lobotomía trasorbital. Llegó a hacer 3.000 lobotomías. 3.000. Pero apenas solucionó algún problema mientras que la mayoría quedaban tocados. Una de las pacientes del Dr. Walter Freeman fue Rosemary Kennedy. Tenía 23 años.
Carla
Podemos imaginar que aquella lobotomía no acabó precisamente bien, no.
Nieves
Fatal. Joseph Kennedy no sólo quería modificar la conducta de su hija es que pretendía también elevarle el cociente intelectual. No la consideraba suficientemente lista. La lobotomía fue un absoluto desastre y Rosemary Kennedy quedó inconsciente porque esto se hacía sin anestesia, por cierto. Quedó inconsciente en la mesa de operaciones. Ahora sí que quedó con un grave retraso. Quedó con una edad mental de dos años. No pudo volver a hablar y no pudo volver a caminar. Movía ya con muchísima dificultad y su padre ya sí que acabó sacándola de la circulación. Ahora ya sí que era un estorbo del todo. Y Así vivió los 64 años que le restaban de vida escondida. Su padre nunca fue a visitarla y así pudo dedicarse plenamente a la carrera política de sus hijos. Rosemary no recibió visitas de nadie, de nadie durante 20 años. Su única compañía eran unas monjas muy bien pagadas por mantenerla oculta.
Carla
Cuesta entender que un padre haga eso con un hijo o con una hija, en este caso. Y la madre y el resto de.
Nieves
La familia no rechistaba a nadie. Rechistaba ni Dios. Obediencia total al patriarca de los Kennedy. Había que estar a lo que había que estar. Nada de pararse en moñerías y que nadie, por supuesto, que nadie se enterara del asunto de Rosemary para que nadie pensara que había un gen defectuoso en la familia. En el clan Kennedy no se permitían debilidades. Fíjate que había tal miedo a Joseph Kennedy que Bob, cuando era estudiante en Harvard, jugando un partido de rugby, terminó disimulando que estaba jugando con una pierna rota por miedo al padre. Y otra hermana, Kathleen, creo que esta fue la que al final acabó muriendo en un accidente de aviación. Se rompió también la pierna al caerse del caballo y tardó dos o tres días en decirlo y que la llevaran al hospital para no dar muestras de torpeza o de debilidad. Cada vez que alguien preguntaba por Rosemary o la propia prensa, porque es que esta chica había sido una chica muy popular, muy fotografiada. Siempre estaba en eventos sociales, hasta con la reina de Inglaterra durante la etapa de Joseph Kennedy como embajador en Londres. Bueno, pues cada vez que La prensa decía ¿Dónde está Rosemary? Con lo simpática que era esta chica y tal, decían que es que estaba trabajando de institutriz en Wisconsin. Los hermanos empezaron a visitar a su hermana en los años 60, cuando al patriarca canalla este ya estaba impedido por un ictus. Iban sobre todo las hermanas y acabaron haciendo público el caso de Rosemary. Esta mujer, Rosemary, murió en 2005. Murió con 86 años y hecha un guiñapito. Ahí estaba, consumida, arrugadita en una silla de ruedas. Esa es la cara oculta del católico y cacareado clan de los Kennedy eran lo más parecido a una dinastía real. Eso pretendió el patriarca.
Carla
Oye, Nieves, has dicho al principio que los Windsor también tienen un episodio parecido. Más o menos.
Nieves
Sí, sí, sí, sí, sí. Son dos primas hermanas. Dos primas hermanas de la reina Isabel de Inglaterra. Se llamaban Nerisa y Catherine. Este es otro ejemplo palpable de hipocresía y crueldad. Mucha gente se enteró de este episodio viendo la serie de Crown porque se ocupan de ello en la cuarta temporada. Fueron dos niñas hermanas que nacieron con discapacidad intelectual y con dificultades de aprendizaje y cuando ya no las pudieron mantener ocultas durante más tiempo, las internaron en 1941, el mismo año que le hicieron la lobotomía a Rosemary Kennedy. Las primas de la reina Isabel tenían 22 y 15 años cuando las enclaustraron. Las mantuvieron encerradas y ocultas en una institución lúgubre, sin condiciones para la atención, que había sido abierta un siglo antes y que se llamaba Asilo nacional para idiotas. ¿Así se llamaba? Sí, sí, ese era el nombre oficial. No recibían visitas, era un secreto que estuvieran allí. Se trataba de apartar y hacer desaparecer de la escena pública a miembros impropios de una familia real. Porque, insisto, todas las familias reales lo son por la gracia de Dios. Y si Dios fabrica uno defectuoso, se le oculta para que no se vean los fallos de Dios. Lo gordo, lo más gordísimo, viene ahora. En Reino Unido se edita desde principios del XIX y hasta hoy todavía se consulta. Es lo más prestigioso. Es un libro sobre la genealogía de la aristocracia mundial y todas las casas reales. Es la guía oficial nobiliaria de todo el mundo. Y, por supuesto, la editorial Burke está rendida a los pies de los Windsor. Así que, cumpliendo órdenes de esta cristiana y piadosa familia, las hermanas Cáceres aparecían como fallecidas para que nadie preguntara por ellas. En los años 80 se descubrió el pastel, pero ningún miembro de la familia real sabía qué responder. Las primas, Pues ni idea. Uy, pues me acabo de enterar. Lo mismo que va diciendo ese fraude con patas. Llamó Felipe González cuando le preguntan por su amigo Juan Carlos, que no sabía nada. Uy, ni enterarme, oye. Las hermanas Catherine y Nerisa murieron solas sin recibir una maldita visita. Una murió en 1986. La enterraron sin identificar y otra murió en 2014. Y lo segundo, más gordo, es que la reina madre, la tía carnal de las niñas, la esposa del rey tartamudo, Presidía una fundación en apoyo de personas con dificultades de aprendizaje.
Carla
Toma ya. Ha sido un cierre por todo lo alto. No hay por dónde agarrarlo.
Nieves
En fin, cómo son, así son ellos.
Carla
Lo siguiente sería, decía, y así hay que quererles. Pero el momento es, así son ellos.
Nieves
No hay que creerles.
Carla
Mañana más, Nieves, un beso.
Nieves
Yo no los quiero.
Unknown Singer
¿If you go I won't be well I can hold my arms wide open But I need you to drive the net Like what are you looking at? ¿Who the hell do you think I am? ¿Hey, what are you looking at? ¿Like you never seen a broken man? ¿But how do you see me now? ¿You see me now? ¿If I stopped cracking on my sand If I stop cracking on? ¿The hell do you think I am? ¿Like you love seeing a broken man? ¿Like you never seen a fucking man Like you ever seen a fucking man? ¿What are you looking at? ¿What are you looking at? ¿What are you looking at? ¿What are you looking at? ¿What are you looking at? ¿What are you looking at?
Podcast: Todo Concostrina
Host: Nieves Concostrina (with Carla, co-host)
Date: October 21, 2024
Episode theme:
This episode dives into a dark chapter in the history of powerful families—how dynasties and elites have systematically hidden, marginalized, or mistreated members with disabilities or illnesses to preserve their public image and lineage. Nieves Concostrina narrates with her characteristic sharpness, focusing on the Kennedys, the Windsors, the Borbones, and the Romanovs, exposing the cruelty and hypocrisy in the name of power.
"Ocultar o apartar a los miembros con discapacidades o enfermedades graves para que no molesten o para que no se conozca la impureza de la familia, para no mostrar fragilidad."
— Nieves [01:49]
"El clan Kennedy no se permitían debilidades. Fíjate que había tal miedo a Joseph Kennedy que Bob, cuando era estudiante en Harvard... disimulando que estaba jugando con una pierna rota por miedo al padre."
— Nieves [09:44]
"...las hermanas Cáceres aparecían como fallecidas para que nadie preguntara por ellas... Las primas, pues ni idea. Uy, pues me acabo de enterar."
— Nieves [13:04]
Nieves narrates with her signature mix of sharp irony, indignation, and wit, blending historical research with pointed criticism. The tone is unapologetically critical and at times darkly humorous, exposing the rot beneath the polished surface of iconic families.
This episode is a powerful and unsettling look at the hidden costs of dynastic pride and public image—a condemnation of how the powerful have gone to cruel lengths to maintain an illusion of perfection, at a tragic cost to their most vulnerable members.