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A
Ser podcast.
B
Hola Nieves, buenas tardes.
A
Buenas tardes.
B
¿Qué tal? ¿Cómo vas? Estaba pensando en lo de Aymar, lo de la guerra de Ucrania y la película que ha recomendado Bollero, Sin novedad en el frente, que tengo unas ganas de verla porque lo he dicho antes, por el tráiler ese de 4 minutos y por la factura que tiene y el mensaje que creo que encierra en los tiempos que corren es de visión, yo diría que casi, casi obligada.
A
Habrá que verla.
B
Sí, yo creo que sí. Es otra forma de revisar la historia también a través de la ficción. Lo tuyo, lo que hacemos aquí en La Ventana, a mí me pasa al menos muchos de los días que viajamos a la historia con tu mirada y con tu maleta. Tengo la sensación de que muchas cosas las conocemos apenas de oídas. Nos suenan, nos suena. Esto me suena, pero poquito más. En la lista de grandes conflictos internacionales, el que enfrenta israelíes y palestinos yo creo que se lleva la palma. Pero hay que preguntarse cómo empezó todo, dónde podríamos situar el origen de esta desgracia que no hay manera de arreglar hoy. Además todo eso coincide con la actualidad, con los resultados electorales en Israel ha vuelto a ganar Netanyahu. Bueno, de ahí podría salir el gobierno más radical en toda la historia de Israel, que es decir, porque había unos cuantos, o sea, más madera para este lío que hace tantos y tantos años que dura. Pero vamos a lo que decía al comienzo y ya advierto a los oyentes de La Ventana que habrá más capítulos, porque esto en un día no lo ventilamos, vamos niertos de vino.
A
Esto es complicado, mucho complicado desde que empezó y es complicado contarlo. Yo lo voy a intentar porque llevo además mucho tiempo, es un tema que me interesa, intentando entenderlo. Esto además es. Es un pedazo de charco, de vez en cuando hay que pisar algún charco y bueno, pues hoy toca, ya está. Porque es que fue un día como hoy cuando comenzó a enturbiarse ese charco que es Israel hasta que lo han convertido en un lodazal insoportable casi, y que vemos en los informativos casi a diario. El 2 de noviembre de 1917, hace 105 años, el ministro de Exteriores británico, Arthur James Balfour se llamaba, escribió una carta a un tipo muy rico, banquero, un tipo además muy excéntrico. A este le gustaba pasearse por los alrededores de Londres en un carruaje tirado por cebras.
B
¿Por cebras?
A
Sí, sí, por cebras. Era un tipo muy excéntrico. Muy rico y muy excéntrico. Bueno, pues este hombre se llamaba Lionel Walter Rothschild, que ya el apellido suena. El Barón Rothschild. Sí, sí, sí. Bueno, este hombre además era el líder de los judíos de Gran Bretaña. En esa carta el ministro le decía al Barón Rothschild lo el gobierno de Su Majestad contempla con beneplácito el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y hará uso de sus mejores esfuerzos para facilitar la realización de este objetivo, entendiéndose claramente que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina. Fin de la cita. Estas palabras se conocen como la Declaración Balfour y los judíos lo consideran su primer gran triunfo. Ojo, 1917 era un país potente. Reino Unido a la cabeza de un imperio colonial. Que le estaba diciendo a los judíos británicos, a los judíos británicos no os preocupéis que os vamos a apañar. Un país para vosotros. Este fue el primer paso para empezar a liarla. Esa carta no fue a ninguna parte, porque es que sólo era una carta, era una declaración. Pero fue la primera declaración oficial que los judíos guardan enmarcada en oro. Porque había quedado dicho para tirar del hilo y entender el disparate que oye, es Israel. Pues nos tenemos que ir al siglo XIX. Ahí es cuando una fantasía religiosa empieza a tomar forma para convertirse en un objetivo político.
B
A ver, Nieves, insisto, estamos todos muy acostumbrados a oír hablar de la guerra en Oriente Próximo con las claves actuales, digamos, pero no tenemos claro cuándo y cómo empezó todo.
A
Sí, claro, como para entender esto. ¿Yo creo que mucha gente cuando escucha en los medios la que hay liada en esa zona del Próximo Oriente, pues se debe plantear vale, sabemos lo que está pasando, nos lo cuentan todos los días, pero esto por qué empezó a pasar? ¿Dónde está el principio? Pues el principio de todo, el único argumento que esgrimen los judíos para decir que la tierra que ahora ocupan es suya, es que eso se lo dijo Dios. Dios dijo que era suya y es suya. No existía un tratado internacional que lo respaldara. No existía documentación histórica. No hay pruebas científicas ni arqueológicas. Porque siguen buscando como loco vestigios arqueológicos para decir ¿Veis esta es la prueba de que nosotros vivíamos aquí, esta tierra es nuestra, pero no la encuentran porque no la hay? Los judíos enseñaban su libro sagrado y decían mira, nuestro Dios dijo que esta tierra es nuestra, lo pone aquí. Y claro, tú dices, vale, pero es que en esa misma novela es donde dice que el planeta Tierra tiene una antigüedad de exactamente 5.783 años. Hombre, claro, es que eso ya sabemos que es mentira. De hecho, para los judíos hoy no es 2 de noviembre de 2022, hoy es 8 de Hezván, del año 5783, que son los años que han pasado desde que se creó el mundo. Para dejarlo aún más claro, todo el reclamo territorial de Israel se basa en que un señor con barba llamado Moisés recibió órdenes de un señor también iba a decir con barba, nadie sabe cómo era porque nadie lo ha visto, un tal Yahvé en el monte Sinaí. Moisés lo apuntó todo, todo lo que le dijo Yahvé lo apuntó. Y ahí están esos supuestos escritos sagrados donde dice, entre otras muchas fantasías, que esa parte del mundo les pertenece, lo que ellos llaman Sion, la tierra de Israel, es sólo una creencia religiosa. No hay documentación histórica, no hay pruebas, no hay datos que refrenden nada. Y es en la segunda mitad del siglo XIX cuando los judíos deciden que ya va siendo hora de tomarse al pie de la letra lo que dice esa novela y empezar a meter la patita y a tomar posesión. Ahí está el principio.
B
Pero ¿A qué momento nos tenemos que ir exactamente para empezar a tirar del hilo de este galimatías? Porque esto es un galimatías.
A
Porque es un galimatías. La base religiosa que hemos contado de estas reclamaciones se entiende fácil por qué es implona, como en otros casos, claro, pero el asunto político es para que te explote la cabeza. Nos tenemos que situar 1880, cuando el imperio Otomano, los turcos son los dueños de toda la zona de la que estamos hablando. Lo que hacemos siempre. Si miramos el mapa de frente, que nos sitúa muy bien, toda la parte derecha que baña el Mediterráneo pertenecía a Turquía, a los otomanos. Eso era el Imperio Otomano en ese final del XIX. Grecia, Turquía, por supuesto, Siria, Líbano, Jordania, Palestina, Egipto, parte de Libia, todo ese territorio alrededor del Mediterráneo era de los turcos. Y en esa época se estaba produciendo en Europa la persecución de judíos en algunos países. El caso Dreyfus en Francia, que hemos hablado de él. Ataques a judíos en Polonia, en Ucrania, en la rusa zarista, en Checoslovaquia. Los judíos no han caído bien históricamente. Y además los que más les han atacado, aunque ahora se rasguen las vestiduras, son las monarquías católicas, como la española. Los que expulsaban eran los cristianos. La francesa, la escocesa, la inglesa, la rusa. Los acosaban, los echaban. A finales del XIX sufrieron uno de esos acosos. Y varios miles de judíos huyeron de la Europa del Este y se instalaron en Palestina. Porque Palestina no era un país como tal, era territorio del Imperio Otomano, por eso es importante a quién pertenecía aquello. Y los turcos no hacían mucho caso a lo que pasaba por allí. Era suyo. Pero bueno, ahí estaba aquello se conoc. Como la primera Aliyah, lo llaman los judíos, que es la primera gran ola de inmigración judía.
B
Buscaban un refugio, vamos.
A
Exactamente. Se ponen allí, porque ahí es cuando decían, oye, ¿No nos dijo Dios que esto era nuestro? Pues vámonos para allá. Los que vivían por aquella zona, los árabes palestinos, veían que no hacían más que llegar judíos. Y venga, a llegar judíos. Y que esos judíos compraban tierras a los turcos, a los otomanos. Cada vez llegaban más, cada vez compraban más tierras. Y cada vez establecían más asentamientos agrícolas. Insisto, todavía no hemos pasado siglo, estamos en los últimos 15 o 20 años del siglo XIX.
B
Estamos a finales del siglo XIX. Y se ponen de acuerdo todos los judíos que huyen de Europa para establecerse en Palestina. Y como una operación conjunta, digamos, claro.
A
Casualmente se van juntando todos, no se reparten. Los judíos siempre han creído, insisto, creído, no sabido, creído, que aquella era su tierra prometida por Dios. Y una profecía ortodoxa judía, claro, de muchos siglos atrás, decía que el regreso masivo de judíos a esa tierra prometida coincidiría con la llegada del Mesías. Todo, insisto, es una gran fantasía. Así que cuantos más judíos iban, más judíos se animaban a ir, porque eso significaba que el Mesías estaba a punto de dejarse ver. Todo cuestión de fe. Y para terminar de liarla, aparece un austriaco judío que se llama Theodor Hertz, un tío famosísimo, que escribe un libro donde da la solución a todos los problemas de los judíos del mundo. Viene a decir que los países del mundo se tienen que poner de acuerdo para la creación de un Estado judío independiente y soberano, que será la tierra de Israel. Dadnos un país. Viene a decirle al mundo, No, dadnos, venga, dadnos un país. Y lo queremos además, por esa zona que nos dijo nuestro no nos vayáis a dar un archipiélago en el Pacífico. No, eso no, tiene que ser ahí. Y para que esto no quede solo en un libro, Teodoro, el austriaco, funda la Organización Sionista mundial. Estamos hablando 1897. Ahí es donde empieza a organizarse ya políticamente todo. La comunidad internacional pasa de semejante petición. No vamos a dar ningún país. Pero los judíos siguen llegando a Palestina encajándose y comprando tierras a los turcos. Pasamos de siglo ya al siglo XX. Y entre 1904 y 1914 llegan otros 40.000 judíos procedentes de Europa del Este. A todo esto, el Mesías sin venir, claro, supongo que tenía que venir, pero no ha venido. Seguimos avanzando en el tiempo. Se lía la Gran Guerra, la Primera Guerra Mundial, y Francia y Gran Bretaña acuerdan en secreto en 1916, en mitad de la Gran Guerra, repartirse toda aquella zona del Mediterráneo de la que hemos hablado en cuanto ganen la guerra, si es que la ganancia, y en cuanto desmantelen el Imperio Otomano.
B
Pero esa guerra terminó en 1918.
A
Efectivamente.
B
Y esta historia que tú nos cuentas hoy ha empezado con un ministro británico dando su beneplácito a que los judíos se establezcan en Palestina un año antes, en el 17, o sea, vendieron la piel del oso antes de cazarlo directamente.
A
Es que es alucinante. Claro, eso hicieron. La declaración Balfour, que no pasó de ser una vulgar carta que no iba a ninguna parte salvo a manos del barón Rothschild, le decía a este ricachón judío que el gobierno británico veía bien que establecieran un hogar judío en Palestina. Pero es que Palestina no era suya y nunca lo ha sido. Los británicos se metieron en un berenjenal y empezaron a liar una madeja que ya no hay quien desenrede El control de toda esa zona se la repartieron. Efectivamente. Cuando termina la guerra, Gran Bretaña y Francia, y a los británicos les tocó, tal y como estaba previsto, el protectorado de la zona de Palestina, de Jordania, de Irak, los judíos. Hombre, pues mira tú qué bien. Ahora mandan en Palestina los británicos. Justo qué casualidad. Los que nos han dicho en una carta que nos podemos ir empadronando allí, que ellos nos van a echar un cable. Mira tú qué bien. Y venga a llegar judíos en 1919 y más judíos en 1920 y más en 1921. Y empiezan a empujar. Y los árabes de aquella franja se mosquean porque cada vez llegan más, que cada vez les quitan más tierra, que los judíos montan un sindicato, que montan escuelas, que empiezan a organizarse en núcleos urbanos de población muy estructurados y sobre todo en Jerusalén.
B
Y en ese momento la comunidad internacional seguía sin decir nada.
A
Nada salía de una gran guerra. Nadie, salvo los árabes, daba importancia a lo que venía pasando desde el siglo XIX. Los judíos siguieron una estrategia de hechos consumados, ocupando, colonizando y empujando, porque ellos se organizan muy bien. Mientras que los palestinos vivían muy dispersos, vivían en zonas rurales, unos aquí, otros allí, se manejaban por clanes, no había conexión entre ellos. En 1900 empezaron los enfrentamientos y con la excusa de estar siendo atacados los judíos se montan una organización paramilitar que acabará siendo el germen del ejército israel. Así empezó a enmarañarse todo. Y luego vino la Sociedad de Naciones en 1922 a terminar de liarla. Pero esto es otra historia que ya contaremos en otra ocasión. Para terminar de entender qué significa ese refrán castellano que de fuera vendrá, que de tu casa te echan. Y todo con la excusa de un mito religioso. Yo insisto, creo tener fe no te convierte en propietario de una tierra.
B
Pues no. Cuánto nos falta por conocer sobre el origen de esta historia. Pero bueno, hoy hemos cubierto la primera etapa. Que haya más nieves. Venga, un beso grande.
A
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Host: Nieves Concostrina
Date: November 2, 2022
Podcast: SER Podcast
En este episodio, "La declaración Balfour", Nieves Concostrina ofrece su inconfundible perspectiva histórica sobre los orígenes del conflicto israelí-palestino. Aprovechando el aniversario de la Declaración Balfour de 1917, Nieves explica de manera amena y crítica cómo una carta británica sentó las bases para el conflicto que hasta hoy sigue vigente. Analiza cómo reivindicaciones religiosas, persecutorias y políticas se entrelazaron desde finales del siglo XIX para desembocar en uno de los grandes problemas internacionales contemporáneos.
[00:18 - 01:39]
[01:39 - 04:34]
Nieves introduce el 2 de noviembre de 1917 como un punto de quiebre: la célebre carta del ministro británico Arthur James Balfour a Lionel Walter Rothschild, líder de los judíos británicos.
Cita destacada [02:36]:
"Era un tipo muy excéntrico. Muy rico y muy excéntrico. Bueno, pues este hombre se llamaba Lionel Walter Rothschild... era el líder de los judíos de Gran Bretaña."
La carta expresa el “beneplácito” del gobierno de Su Majestad por el establecimiento de un “hogar nacional para el pueblo judío en Palestina", añadiendo que no se perjudicarían los derechos de las comunidades no judías, lo que Nieves califica como el primer gran triunfo simbólico del sionismo.
[04:46 - 06:46]
Nieves subraya el carácter religioso del reclamo: la única “prueba” israelí sobre la propiedad de la tierra reside en su texto sagrado.
Cita (Nieves) [05:06]:
“El único argumento que esgrimen los judíos para decir que la tierra que ahora ocupan es suya, es que eso se lo dijo Dios. Dios dijo que era suya y es suya. No existía un tratado internacional que lo respaldara. No existía documentación histórica. No hay pruebas científicas ni arqueológicas.”
Ironiza sobre la obsesión por encontrar pruebas arqueológicas que no existen y remarca cómo toda la base del reclamo se remonta a la fe y las escrituras religiosas, no a hechos objetivos.
[06:46 - 09:36]
[09:36 - 11:49]
[11:49 - 13:19]
Explica cómo, durante la Primera Guerra Mundial, Gran Bretaña y Francia se reparten secretamente el control del Medio Oriente, anticipándose al desmembramiento del Imperio Otomano.
La Declaración Balfour (1917) es, según Nieves, “vender la piel del oso antes de cazarlo”, pues los británicos prometen lo que aún no tienen.
Tras la guerra, los británicos obtienen el mandato sobre Palestina y los judíos incrementan su inmigración y asentamientos con apoyo tácito británico.
Cita (Nieves) [12:04]:
“La declaración Balfour, que no pasó de ser una vulgar carta… decía a este ricachón judío que el gobierno británico veía bien que establecieran un hogar judío en Palestina. Pero es que Palestina no era suya y nunca lo ha sido.”
[13:19 - 14:20]
Mientras la inmigración judía y sus infraestructuras crecen, la comunidad árabe, dispersa y sin cohesión política, comienza a inquietarse.
Los judíos organizan estructuras de defensa prerrequisito del futuro ejército israelí, mientras que los enfrentamientos se multiplican.
En 1922, la Sociedad de Naciones interviene, pero según Nieves “termina de liar la madeja”.
Cita final (Nieves) [14:20]:
"Todo con la excusa de un mito religioso. Yo insisto, creo tener fe no te convierte en propietario de una tierra."
La mirada crítica y desenfadada de Nieves Concostrina domina todo el episodio, desmitificando el origen del conflicto y recalcando la peligrosidad de justificar derechos territoriales con base en creencias religiosas o mandatos divinos. El episodio cierra prometiendo más entregas sobre los siguientes capítulos de la historia, pues el tema, como advierte la propia Nieves, “no se ventila en un día”.
Resumen elaborado con el estilo directo y agudo característico de Nieves Concostrina.