
Loading summary
Rafa
Ser podcast. En La Ventana acontece que no es poco. Un relato personal de la historia con Nieves con costrina, Cadena SER. Nieves, buenas tardes.
Nieves
Buenas tardes, Rafa. ¿Cómo estás?
Rafa
Siendo hoy el día que es n y siendo esto acontece, parece que lo normal sería hablar de Franco, pero como ya hemos comentado en la primera hora de esta ventana ya se encarga de que estemos volviendo a hablar de él y quizá más de lo que deberíamos. Seguro que más de lo que deberíamos, así que mejor nos vamos a fijar en este espacio. En otro personaje que iba a decir que poco tiene que ver con Franco, aunque también estuvo metido en política y también murió un n, o mejor dicho, en su caso se supo que había desaparecido un n, lo de hoy podría ser algo así como la sorprendente historia de la desaparición de Michael Rockefeller.
Nieves
Ahí es, Ahí es. Y a Franco que le den. La historia de hoy la verdad es que es. Es poco histórica, por decirlo así. Fue más una cuestión de repercusión social y política que tuvo muchísima en todo el mundo. Es la típica historia que hace vender muchos periódicos, que atrapa a los lectores porque es que están deseando saber en qué queda la cosa. Es una cosa que vas todos los días a buscar a ver si hay algo nuevo. El 20 de noviembre de 1961 se conoció en Estados Unidos la desaparición de Michael Rockefeller. El apellido.
Rafa
Estamos pensando todos en lo mismo.
Nieves
Ya lo dije, pasta, dólares. Efectivamente, era bisnieto del que abrió la saga multimillonaria y era hijo de un tipo igual de multimillonario, aspirante a la Casa Blanca por el Partido Republicano. Pero bueno, se le chafaron sus aspiraciones porque ¿Cómo se le ocurre a un cansino cristiano conservador divorciarse de su santa esposa con cinco hijos por en medio? Le tú no puedes ser candidato.
Rafa
La sociedad estadounidense para esto es muy seria.
Nieves
Sí. Pues nada, se le fastidió nada. Eso le costó la candidatura a la Casa Blanca. Pero lo cierto es que años después llegó a vicepresidente de los Estados Unidos con Gerald Ford. Así que ya que la historia de hoy no es histórica, podríamos titularla Los ricos también lloran. ¿También hay otra posibilidad, pero a quién se le ocurre?
Rafa
¿Dónde te metes?
Nieves
Hay mucha literatura en torno a la mala suerte que persigue a las sagas familiares poderosas, multimillonarias. Es como para que nos den pena, Pobrecitos. Tanto dinero, tanta desgracia. Pero esto es solo consuelo de la plebe. Esto es una tontería. Tienen tantas desgracias como cualquier saga familiar de clase cutre. Pero lo que pasa es que de estas no nos enteramos. Los Kennedy son un cúmulo de desgracias. Ya lo sabemos. Los Habsburgo, los de la época de Sisi. Si, uno suicidaron. Más bien el otro, que lo fusilan. En fin, otro desastre. Los Onassis no levantaban cabeza con las desdichas. Ahora bien, por lo que respecta a la tragedia más impactante, medalla de oro para los Rockefeller. Voy a dejar el cebo echado, aunque destripe el final de la película. Porque el canibalismo siempre es atractivo. A Michael Rockefeller se lo comieron.
Rafa
Muy apropiado lo de destripar el final en este caso. Además, quiero pensar que no estaba en Estados Unidos. Igual me sorprendes. ¿Dónde estaba para que acabara como acabó en Oceanía?
Nieves
Estaba en Papúa. Estaba en Papúa. ¿Qué dices tú también? ¿Qué necesidad de irse a Papúa? ¿Aquí? Sí. ¿Para qué te metes? Para entender por qué estaba allí. Vamos a presentar primero a este chico, a Michael. Michael Rockefeller, 23 años. Era el más pequeño de los hijos de Nelson Rockefeller, el aspirante a la Casa Blanca. Tenía una hermana gemela, o sea que eran los dos pequeños de los cinco hijos. Era un tipo inquieto, estudioso, muy estudioso. Quiso buscarse sus propias habichuelas, pese a que tenía todo el dinero del mundo detrás, la verdad. Trabajó en una gasolinera para pagarse sus estudios, porque quería hacérselo todo él. Eso dicen. Y seguro que fue así. Pero no sé qué dosis de fantasía hay en todo esto. Porque en la Universidad de Harvard, primero, te tienen que admitir. Y a un Rockefeller lo admitían a la primera, no a uno que trabajara en una gasolinera. Y segundo, no sé si el curro en una gasolinera daba para pagar los miles y miles de dólares que costaba cada año estudiar en Harvard. Pero bueno, algo habría.
Rafa
Algo habría para que entrara.
Nieves
Sí, sí, algo habría. Vamos a aceptar pulpo como animal de compañía. El caso es que Michael Rockefeller se graduó en Antropología con buenísimas notas. Buenísimas. Y su primera oportunidad para poner en práctica el estudio de los humanos, de su cultura, de acuerdo con su entorno, de su evolución, fue sumarse a una expedición científica de la Universidad de Harvard a Nueva Guinea. Situamos primero esto, Nueva Guinea, encima de Australia. Allí, en Oceanía, hay una isla muy grande. Es alargada. Está dividida políticamente en dos. La parte de la derecha de la isla es Papúa Nueva Guinea, que es independiente. Y la parte de la izquierda se llama Papúa Occidental y ahora pertenece a Indonesia. No voy a decir que allí están todos ya civilizados en esta parte, porque tendríamos que definir primero qué entendemos por estar civilizado, visto lo que pasa. Pero en los años 60 del siglo pasado, en esa parte izquierda de la isla, digamos que vivían en su mundo, a su bola, y no podías ir por las buenas a decir eso. La que hace.
Rafa
¿Qué hay de nuevo? A ver, Nueva Guinea ahora nos puede sonar a de lo más exótico. Lo más exótico. Pero claro, supongo que en aquellos años del siglo XX sería mucho más. Estaría sin conocer. Inexplorado. Mucha parte del territorio.
Nieves
Mucha parte. Mejor no entrar. El lugar es precioso. Es vistoso a tope. Hay unos manglares espectaculares. Hay una selva frondosa. Hay también una zona de montañas elevadísima. La zona es muy chula. Y luego están también los mosquitos, de los grandes, de los que empujan más que picar. Hay serpientes del grosor de tu brazo. Hay unos cocodrilos traicioneros que te salen donde menos lo esperas. Hay ratas del tamaño de un bulldog francés. Y luego no te cruces con un casuario.
Rafa
Ojo, ese bicho es tremendo. Es como un avestruz punky.
Nieves
Es lo peor. Sí, busquen. Tiene el cuello azul. Tiene una cresta de hueso en la cabeza. Es un ave enorme, enorme. No vuelan. Una mala leche alucinante. Unas patazas además. Además atacan con las patas. Tienen unas garras que son cuchillas como las en el Parque Jurásico, las del Velociraptor. Pues tienen eso. Es un bicho. En resumen, que para el humano medio, Papúa Occidental está muy bien para verla en un documental de La 2 y que te vayan contando que es así como yo lo conozco. Y es muy bonita. Es una zona preciosa. Esto en cuanto a fauna y flora. Pero allá Por los años 60 del siglo pasado, si te habías librado de los cocodrilos, las ratas kinsáis, las serpientes y los casuarios, pues te quedaba lo peor. Eran los paisanos, que podían ser muy majos o no.
Guest Singer
I like my town with a little drop of poison Nobody knows they're lining up to go insane I'm all alone I smoke my friends down to the filter.
Rafa
Nieves y la expedición a la que se sumó Michael Rockefeller, qué sabía de estos paisanos de los vecinos, que pueden ser majos o. No sabía que había caníbales en esa zona.
Nieves
Sí sabían. Sí sabían porque es que ya habían ido otras expediciones anteriormente. Hay un libro. Hay un libro que se titula Vine de la Edad de Piedra.
Rafa
Muy apropiado.
Nieves
Sí, es de un tipo. Es un tipo que a mí me da mucha rabia porque pasó por un señor estupendo, un gran explorador, hasta que descubrieron todo su pasado. Ahí fue cuando afortunadamente decidió desaparecer. Fue miembro de las SA y de las SS. Fue un nazi de tomo y lomo. Una pena que no se lo hubieran comido. Es el mismo autor de Siete años en el Tíbet. Nos va a sonar todos de la peli que sale tan buenísimo Brad Pitt. Ahí el autor se llamaba Heinrich Harrer. Pues este hombre, en su libro Vine de la Edad de Piedra, narra cómo es una de las tribus de Papúa Occidental, el pueblo de los Dani. Los Dani. Garrido se llama Los Dani. Y contaba que no sabían lo que era el vidrio ni la rueda que tenían cuchillos hechos con bambú, hachas hechas de piedra. No conocen la tela, contaba, ni el metal, ni trabajan el barro. Y abro comillas. Son bondadosos y juguetones como niños, serviciales como samaritanos, imprevisibles como perrillos. Pero cuando nos enfrentamos a su imprevisible crueldad, no alcanzamos a comprender. Ahí había un aviso ya ¿Cómo sería esta gente? Esto viene a ser en el mundo blanco lo mismo que cuidado con esta gente, que cuando se le cruza un cable apártate. Michael Rockefeller volvió a casa intacto y feliz tras aquella primera expedición. De hecho, fue ayudante de producción en un documental que se llama Pájaros muertos, sobre ese pueblo de los Danis. Todavía se puede ver. Regresó tan entusiasmado que se sumó a una segunda expedición que pretendía acercarse a otro pueblo un poquito más antipático que el de los Dani. Eran los Asmat.
Rafa
Quería más.
Nieves
Se sabía que les encantaba cortar cabezas a estos asmat y les encantaba comerse a los turistas. Y a Maquin Roquefel se lo comieron. ¿A quién no lo ha pasado?
Rafa
Y de toda la expedición, Nieves, ¿Solo fue él la víctima o se comieron alguien más?
Nieves
Sólo a él. Sólo a él. Por ansioso y por imprudente.
Rafa
Por curioso.
Nieves
El plan de la expedición era llegar al territorio de los asmadísimos, que estaba pegado a la costa al sur de la isla. Pero en vez de ir atravesando la isla andando, quisieron entrar en barca por la desembocadura de un río. Llegaron allí con la intención de conocer un ritual que llaman el Festival de los muertos. Es una especie de Halloween, pero yo, la verdad, unas fiestas patronales con ese título, yo ni me acerco a 10 kilómetros. En la expedición iba un antropólogo. Iban también dos guías locales. Cuando ya estaban muy cerca de la costa, cerca de la desembocadura, para internarse río arriba, se metió un tormentón. El viento alejó el bote, el motor se estropeó y quedaron a la deriva. Ir nadando no parecía buena idea, porque por allí hay mucho tiburón. Aún así, la costa no estaba lejos. Se quedaron a la deriva, pero la costa estaba cerca. Y los dos guías locales, que por algo eran de allí, hagan caso siempre a los guías, les dijeron a los rostros pá a ver, no os mováis del barco, vamos de la lancha. Vamos nosotros a pedir ayuda y volvemos. Pues nada, se quedaron esperando. Michael Rockefeller se impacientó a las pocas horas. ¿Tú fíjate, como si en Papúa pudiera llegar un salvamento marítimo a la bodella, no?
Rafa
Dame paciencia.
Nieves
Pero ya, pero ya. Y lo que hizo fue Michael Rockefeller fue improvisarse un flotador con dos bidones vacíos y nadar a la costa. El otro antropólogo mira, yo me quedo aquí, ya vendrá la Guardia Civil. Esperó en la lancha y al día siguiente, como los guías habían dado la voz de alarma, lo rescató una patrulla. Y cuando llegaron, dijeron. Y el otro preguntaron. Y dijo bueno.
Rafa
Después de esa desaparición, imagino que con el dinero que tenían detrás los Rockefeller. Por dinero, no fue lo de buscarles, ¿No?
Nieves
Sí, se montó una búsqueda impresionante. Algo pagaría. Pero se puso a disposición de la familia Rockefeller el ejército holandés, Aquello era colonia holandesa, unidades de la Séptima Flota estadounidense y 7.000 papuanos, a los que supongo, o papuenses, a los que pagaron, supongo, para que echaran un cable. No tuvo una buena semana Nelson Rockefeller, el padre, porque la noticia de la desaparición de su hijo llegó al que el n dos días después de que anunciara el divorcio de su mujer y cuando tenía una muy gorda montada entre los conservadores. Se le juntó a todo el hombre. Se pusieron a la cabeza de las labores de búsqueda el propio Nelson Rockefeller y la hermana gemela del desaparecido. Lo único que encontraron fueron los dos bidones que se ató Michael Rockefeller a modo de flotador. La búsqueda se abandonó y se pensó que al joven antropólogo se lo habían comido los tiburones, pero no, porque la agencia FAK acabó publicando una carta de un misionero holandés que decí Acabo de enterarme de que Michael Rockefeller alcanzó la costa a nado, pero la población Asmat de la aldea Otia Nep le mató, le despedazó y luego se lo comió.
Rafa
Moraleja, el dinero no da la felicidad. Nieves.
Nieves
¿Y a quién se le ocurre irte a husmear a una tribu de caníbales? Venga mañana más para no perderte ningún episodio. Síguenos en la aplicación o la web de Laser Podium Podcast o tu plataforma de audio favorita.
En este episodio de "Acontece que no es poco", Nieves Concostrina relata la sorprendente y trágica desaparición de Michael Rockefeller, hijo de uno de los hombres más poderosos de EEUU, en Papúa Occidental en 1961. A través de su característico tono irónico y desenfadado, Nieves reflexiona sobre la relación entre la riqueza, el azar y la imprudencia, y desmenuza circunstancia a circunstancia las razones y consecuencias de la fatídica expedición antropológica en la que el joven Rockefeller fue presuntamente devorado por una tribu caníbal.
“Quiso buscarse sus propias habichuelas, pese a que tenía todo el dinero del mundo detrás, la verdad... trabajó en una gasolinera para pagarse sus estudios, porque quería hacérselo todo él. Eso dicen. Y seguro que fue así. Pero no sé qué dosis de fantasía hay en todo esto.” (03:51)
“Hay unos cocodrilos traicioneros que te salen donde menos lo esperas. Hay ratas del tamaño de un bulldog francés. Y luego no te cruces con un casuario.” (06:14)
“Es un tipo que a mí me da mucha rabia porque pasó por un señor estupendo, un gran explorador, hasta que descubrieron todo su pasado. (...) Fue miembro de las SA y de las SS. Fue un nazi de tomo y lomo. Una pena que no se lo hubieran comido.” (08:41)
“El plan de la expedición era llegar al territorio de los asmadísimos... Cuando ya estaban muy cerca de la costa... el motor se estropeó y quedaron a la deriva. (...) Michael Rockefeller se impacientó a las pocas horas... lo que hizo fue improvisarse un flotador con dos bidones vacíos y nadar a la costa.” (11:16, 12:02)
“La agencia FAK acabó publicando una carta de un misionero holandés que decía: Acabo de enterarme de que Michael Rockefeller alcanzó la costa a nado, pero la población Asmat de la aldea Otia Nep le mató, le despedazó y luego se lo comió.” (13:41)
Con su inconfundible ironía y ojo crítico, Nieves Concostrina aprovecha la historia poco “histórica” pero con enorme repercusión mediática, para hablar sobre la vulnerabilidad humana frente a la arrogancia, la curiosidad y el deseo de trascendencia, incluso cuando se dispone de todo el dinero y privilegios imaginables. El episodio es un recorrido tanto por la intrahistoria de una desaparición legendaria como por el eterno “a quién se le ocurre” que Nieves lanza a modo de moraleja universal.