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A
Ser podcast. En la ventana Acontece que no es poco. Un relato personal de la historia con Nieves con costrina. Cadena Ser.
B
Hola, Nieves, buenas tardes.
A
Buenas tardes, Carlas. ¿Cómo estás?
B
¿Qué tal? Muy bien. Hoy es posible que suene un poco antiguo lo de dividir a las personas entre los de ciencias y los de letras en función de lo que hayamos estudiado. Es antiguo y tampoco es muy exacto, pero se sigue haciendo.
A
Sí, es verdad.
B
Así que hoy uno de letras, que soy yo, se interesa por un dato de ciencia, es por un número. ¿Cuántas cabezas cortó la guillotina durante la Revolución Francesa? Yo dejo la pregunta ahí.
A
Madre mía.
B
Pero tú, Nieves, nos pones en contexto porque tal día. Si puedes dar la cifra, la das. Pero primero contexto, porque tal día como hoy de 1789 ocurrió algo.
A
Sí, ocurrió algo. Y daremos la cifra porque la tenemos apuntada, no porque los contara yo las cabezas. Pero hay alguien que sí se dedicó a contarla. Y es curioso porque con el asunto de hoy no me va a salir bien esa chorrada que hago siempre con eso de que cuando digo sobre que tal cosa, antes de ser tal cosa fue un se. Pues no. En este caso, la guillotina, antes de ser un señor fue guillotina. Sí, lo que pasa es que no se llamaba así. El 10 de octubre de 1789, cuando solo llevaban en Francia tres meses revolucionados, un médico de 50 años llamado José Fignas. Guillotin.
B
Guillotín. Guilotín.
A
Guillotín. Guillotín. Guilotín. Ahí lo llaman Guilotán. Bueno, pues le vamos a llamar Nacho Guillotín a él. Nacho Guillotín. Pues Nacho Guillotín presentó una propuesta a la Asamblea Nacional. ¿Nacho? Yo creo que sí.
B
Sí, de Ignacio.
A
Sí. Pues presentó una propuesta a la Asamblea Nacional Constituyente para democratizar la forma de asesinar humanos. Egalité. Ya sabemos que una de las cosas era la egalité. Igualdad ante la ley. Es decir, que fueras rey o fueras plebeyo, te matarán de la misma forma. Nada de tener más cuidado con el noble. Lo que propuso exactamente Nacho Guillotín fue que los delitos del mismo género se castigaran con el mismo género de pena, sean cuales sean el rango o la condición del culpable. Esa fue la cita. Es decir, había que llevar a cabo uno de los principales principios de la Revolución que ya no hubiera súbditos, solo ciudadanos y que todos los ciudadanos fueran iguales ante la ley. Como bien dijo el bribón Juan Carlos aquella lejana y memorable Nochebuena de 2011.
B
Afortunadamente vivimos en un Estado de Derecho y cualquier actuación censurable deberá ser juzgada y sancionada con arreglo a la ley. ¿La justicia es igual para todos?
A
Claro que sí, como propuso Nacho Guillotín, que la justicia fuera igual para todos y que se ejecutara con el mismo método y con igual rapidez a un rey ladrón que a un ladrón plebeyo. Nada es importante cuando un cautiverio se van a encajonar y se ven vamos a morir, vamos a morir, vamos a morir, vamos a morir, vamos a morir, vamos a morir.
B
Pero a ver, hay una cosa a mí que no me acaba de cuadrar. Está muy claro que el apellido Guillotín da nombre a la guillotina. Pues muy bien. Pero dices que el artilugio existía ya antes.
A
Sí.
B
Entonces ¿Cómo se llamaba?
A
Por eso decía antes de Guillotín ya existía el artilugio. El nombre por el que se conocía era italiano, se llamaba manaya, con dos n, que traducido al castellano es cuchilla. Se llamaba cuchilla, Ahora lo llaman, creo que lo llaman una manaya. Es el hacha del carnicero, eso que tiene así la hoja gorda. Pero antes era la guillotina. Antes de ser guillotina, antes de llamarse así, pues era una manaya. Hay referencias a estos artilugios para matar gente desde el siglo XIII y con distintos diseños. Se usaban en Inglaterra y se usaban en Italia también. Por ejemplo, hubo un viajero francés que escribió 50 años antes de la Revolución Francesa que, y abro comillas, la magnaia es un método muy seguro y no hace sufrir al paciente. Tampoco sé por qué este cronista llamaba paciente al reo, pero tiene razón, no se sufre. El caso es que la guillotina, aunque no se llamara guillotina, ya existía. Pero esto de la decapitación estaba reservado a los pijos, a los delincuentes de alto standing, porque duele menos. La pena de muerte se venía aplicando en todos los países europeos, además de la manera más salvaje posible cuando se trataba de hombres y mujeres de baja estofa, para que sufrieran mucho y para que el pueblo se entretuviera viendo el espectáculo del descuartizamiento o del desmembramiento o del aplastamiento o del desentrañamiento o del atenaceamiento, que eso era. Sí, eso era arrancarte esto. Eso llevaba mucho. Era arrancarte trozos de carne con tenazas. Esto era tremendo. El desollamiento también. El empalamiento, el ahorcamiento o el ahogamiento en Cuba. Sí, sí. No, no. Pues me he dejado unos cuantos. Fuera de todo esto y de cualquier método de tortura física o psíquica estaban exentos los aristócratas.
B
Entonces lo que proponía Guillotín era que el resto de gente, o sea los plebeyos, tuvieran el mismo. No sé si la palabra es privilegio, pero sí el mismo privilegio que los aristócratas a la hora de morir. A la hora de que les mataran.
A
Claro, ya que ya podían igualar por arriba, por abajo, pues que se igualaran por arriba. Es que el doctor Guillotín era un ilustrado y en el siglo XVIII, en el siglo de las luces, el de la Ilustración, los juristas, los intelectuales empezaron a debatir sobre lo innecesario de las técnicas de tortura. No hacía falta. Si había que aplicar la pena de muerte porque así lo decía la ley, vale, pues venga, aplíquese. Pero no hacía falta recrearse en el sufrimiento del reo, del paciente, como decía este hombre, y mucho menos que existieran esas diferencias con la aristocracia. Como tampoco estaban dispuestos a hacer tabla rasa haciendo descender a los pijos a las penas que se aplicaban a los plebeyos, ni arrancarle la carne ahí con tenazas, pues lo mejor era igualar a los plebeyos con los nobles. Había también muchos ilustrados que estaban por la abolición de la pena de muerte, como Voltaire y hubo políticos como Robespierre, que todo el mundo sabe que acabó decapitado, que votaron a favor de la abolición de la pena de muerte durante los debates sobre el nuevo Código Penal.
B
Pero perdieron.
A
Es que fueron poquísimos. Además fueron pocos, fueron menos de cinco los que votaron a favor de la abolición de la pena de muerte. Cuando estalló la Revolución Francesa fue cuando enviaron a tomar vientos la monarquía y se creó la Asamblea Nacional Constituyente. Y entre las primerísimas, las primeras cosas que abordaron fue la creación de un nuevo Código Penal. Porque claro, no valía que el rey impartiera justicia y en ese código debería recogerse la aplicación de la pena. Si había que matar, se mataba. Visto que no triunfó la abolición claro, pero había que humanizar los métodos, y la decapitación era el método más democrático, más rápido y más indoloro. Casi siempre, casi siempre. A veces fallaba un aparato, como dijo Nacho Guillotín, cuyo mecanismo cortaría la cabeza en un abrir y cerrar de ojos. Yo no sé si esta declaración. Yo no sé si se quiso hacer gracioso, oye, o fue consciente de lo que decía. Efectivamente, abre los ojos y los cierras en un. De cualquier forma, a este hombre no le hizo ni pizca de gracia pasar a la historia por dar nombre a una máquina de ejecución.
B
Pero dices que le sentó fatal pasar a la historia con su nombre asociado a una máquina de matar gente. ¿Pero la diseñó él o no, o la diseñó otro?
A
La guillotina fue otro, por eso le sentó mal. Yo solo he hecho una propuesta, caray, yo no he diseñado esto. Le sentó fatal que su nombre quedara asociado a la guillotina. El que diseñó la guillotina en realidad fue un fabricante de arpas y clavicémbalos, fue un músico, Tobias Schmidt, se llamaba, un tipo de ascendencia, era alemán, que siguió instrucciones, pero lo fabricó no porque se le ocurriera él, sino siguiendo instrucciones de un médico cirujano que se llamaba Antoine Louis, que dio las instrucciones para que la guillotina fuera efectiva, lógicamente, porque de cortar con precisión sabe bien. Un cirujano, Antoine Louis, se fijó en las máquinas que ya se utilizaban en otros lugares de Europa y aportó un detalle, que la hoja fuera de filo oblicuo, que en vez de caer así, bomb. De plano, pues cayera así en oblicuo, para que corte limpiamente, dijo él. Tampoco a este hombre le gustó que la guillotina se llamara al principio Louisette de Luis. ¿La verdad es que yo creo que tendría que haber sido el señor Tobías, el fabricante de arpas, el que construyó la primera guillotina tal y como la conocemos ahora, el que debería haber dado nombre al aparatejo, cómo la llamamos? La tobiatina.
B
La tobiatina.
A
La tobiatina del señor Tobías. Yo que sé. No sé si este hombre, Tobías, dejó de fabricar arpas y luego se dedicó a la producción de guillotinas porque le dieran la exclusiva, la verdad es que no lo sé, o si solo le compraron el prototipo y las construyeron otros, pero hubo que ponerse a fabricarla, fue tremendo, hubo que fabricarlas en serie.
B
Pero puestos ya a pedirte cifras, que no me olvido de la primera que te he preguntado. ¿Cuántas guillotinas hubo instaladas en Francia?
A
Pues la obligación es que hubiera una por departamento. Según salió de la Asamblea Constituyente, 83 guillotinas. Ahora 101 departamentos, me parece. Pues entonces había 83. Pues hubo que instalar 83 guillotinas, o luisettes o Tobias, da igual cómo se llamarán. Pero es cierto que la intención era reducir al máximo el dolor, que no hubiera dolor. Un tajo y se acabó. Y no siempre se consiguió este bondadoso objetivo, la verdad. Es importante que los pilares por donde descendía la cuchilla fueran altos, muy altos. Cuatro metros tenían para que la hoja pillara velocidad y fuerza. Que esto ya lo decía Newton, ya que hablabas de ciencias y de letras. La fuerza aplicada sobre un objeto es directamente proporcional a la aceleración que adquiere en su trayectoria. Esto lo teníamos que aprender. A más recorrido, pues más fuerza. Cuatro metros, como digo, tenía la guillotina que diseñó Tobías. Lo que pasa es que las cervicales son huesos muy duros y como no lo colocaras justo en la coyuntura, pues la cuchilla no los podía cortar. Es que más bien los rompía. Y más valía que los rompiera la primera, porque dolía muchísimo. Hubo un jacobino, esto está recogido también, hubo un jacobino que consiguieron decapitar a.
B
La tercera, al tercer intento. ¿Se sabe quién la estrenó ya?
A
Sí es que. Si es que en la Revolución Francesa lo apuntaron todo, después de comprobar con cadáveres de animales y humanos la eficacia de la guillotina. La primera se instaló en abril de 1792 frente al ayuntamiento de París, en una plaza que se llama la plaza de Greffe. Allí era donde se realizaban ejecuciones mediante la horca. Y como se democratizó la pena de muerte, pues dijeron por donde esté la horca, pues ya instalamos la primera guillotina. Y el primer ejecutado no fue, en contra de lo que pudiera parecer, un contrarrevolucionario, fue simplemente un chorizo, un vulgar chorizo. Nicolás Jacques Pelletier se llamaba, que asesinó a un paisano para robarle. Porque al principio, durante los primeros años de la Revolución, se ejecutaba delincuentes comunes, no había ejecuciones políticas. Cuando se les fue la pinza con presos políticos. Fue tres años después de revolucionarse que pusieron la guillotina en marcha y madre mía, ahí ya no pararon. Por eso se convirtió en el instrumento y el símbolo del terror francés.
B
Pues llegamos al momento, no sé si más esperado, pero más demandado en este acontece que no es poco, porque te lo preguntaba al comienzo, ¿Cuántas cabezas cortaron las guillotinas? ¿Cuántas?
A
16.594. Yo tengo que reconocer que me desconcierta una cifra tan exacta, pero todas, o.
B
Sea, no la época solo de todo, desde chorizos hasta todo en la época del terror.
A
Pero por eso digo. Pero así está recogido Con esa cifra, 16.594 en París fueron guillotinados 2.622. Estos son los datos de un libro del historiador francés Daniel Arach. Es un libro que se llama La guillotina y la figuración del terror. Y ojo que esas cifras son sólo durante la época del terror francés, no del de los delincuentes anteriores ni de los de después, porque es que luego siguieron usándola con delincuentes comunes y también con presos políticos. Todos los gobernantes, desde Napoleón al presidente de la República Francesa Valéry Giscard d', Estaing, les ha venido muy bien tener la guillotina a mano, que el último guillotinado fue en 1977 en una prisión de Marsella, que por cierto fue un machista, fue un condenado a muerte por torturar y asesinar a su ex novia. Hasta que no me duele más.
B
Hasta que no me duele más. A mí me duele solo pensarlo, pero.
A
Bueno, es un abrir y cerrar de ojo, no te preocupes.
B
Ya, ya, eso es verdad, en eso tienes razón. Nieves, hasta mañana, un beso muy grande.
A
Gracias, Carlos.
B
Adiós. Cuídate.
A
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Podcast: Todo Concostrina
Host: SER Podcast
Date: October 10, 2023
Presenter: Nieves Concostrina
Co-host: Carlas Francino
This episode, delivered in NIEVES CONCOSTRINA’s signature witty and irreverent tone, dives into the history of the guillotine, challenging common assumptions about its origins. The conversation unpacks the device’s history before it bore Dr. Guillotin's name and explores its role in democratizing capital punishment during the French Revolution. Not only are the device’s origins and mechanics discussed, but the philosophical backdrop and notable statistics surrounding its grim legacy are also brought to light.
With engaging banter and sharp observations, Nieves Concostrina debunks myths about the guillotine's origin, centers the revolutionary quest for equality—even in death—and doesn’t shy away from the grim excesses of the Terror. The episode balances dark facts with dark humor, making it both informative and impactful for history buffs and casual listeners alike.