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A
La Sociedad Española de Radiodifusión presenta Ser Podcast siempre.
B
Hola, Nieves, buenas tardes.
A
Buenas tardes, Carla.
B
¿Cómo estás?
A
Yo muy bien, ¿Y tú?
B
Bien, bien. Mira, el paseo por la historia que vamos a dar esta tarde yo creo que bien podría ser presentado como con un título de película. El rey y la monja o La monja y el rey. Tanto monta, monta tanto. Y el verbo montar, juro por mis muertos que no lo utilizo con mala intención. Otra cosa ya veremos. Otra cosa es que sea el adecuado o no para contar lo que ocurrió entre Felipe IV y una monja llamada Margarita. Tú dirás. En tus manos encomiendo mi relato. No me ha pintado.
A
No vamos a dilatarlo más porque ya lo anunciamos y es hoy. Vamos a contar efectivamente el supuesto, vamos a dejarlo en su es un supuesto affaire erótico festivo sexual del rey Felipe IV con una monja llamada Margarita de la Cruz. Como este relato que recogió el escritor y cronista de la Villa y Corte Ramón de Mesonero Romanos, y pese a existir un legajo en la Biblioteca Nacional con el título Relación de todo lo sucedido en el caso de San Plácido en tiempo del Conde Duque, no está claro que se produjera cómo recogen esos textos. Habrá que creérselo o mejor no, si lo vamos a trasladar. Pero en fin, que no digan que hemos dicho que esto ocurrió de verdad. Digamos que cuando el río suena, agua lleva y que Aquel episodio, dado Logan Berro, que era Felipe IV, es perfectamente factible porque extravagancias de este rey con distintas amantes hay para dar y para tomar. Nos vamos al Madrid de mediados del siglo XVII, en torno a 1640. Nos vamos al convento de San Plácido, que está a espaldas de Láser, a espaldas de la Gran Vía y está cerrado a cal y canto desde el año pasado, porque, ya lo dijimos, ya no encuentran incautas o caraduras, según se mire, para mantenerlo abierto. En ese convento estaba enclaustrada la joven y monísima monja Margarita. El fundador del convento de San Plácido era Jerónimo de Villanueva, que era consejero del rey, secretario y amigo, amigo, conocido, colega bueno del conde duque de Olivares. Conde duque de Olivares. De Olivares. Olivares. Olivares.
B
Olivares.
A
Olivares. Bueno, que era mano, ya sabemos, mano derecha de Felipe IV, mangoneador mayor del reino, corrupto, liante y bueno, encubridor de novias de su jefe. Y así fue como, según el relato cotilla que nos ocupa, el Conde Duque, advertido por su amigo Jerónimo de Villanueva, informó al rey de que en San Plácido había una chavala para mojar pan. Que fuera monja solo era un ligero contratiempo.
B
Nos viene bien la banda sonora de sonrisas y lágrimas. ¿Dices un contratiempo? Un contratiempo que seguro, segurísimo, supo solventar el Conde Duque de Olivares. Olivares, Olivares.
A
Ese le solucionaba todo.
B
El conseguidor.
A
El conseguidor se solucionó con cuidadín, porque es que el convento era de clausura. No era tan fácil apañar un encuentro para el que, no hace falta decirlo, nadie había consultado con la monja Margarita supuesto, Jerónimo de Villanueva vivía. Porque, por cierto, este episodio cambiado y tal, también lo usó Torrente Ballester en su crónica del rey pasmado cuando hizo la caricatura de Felipe IV. Jerónimo de Villanueva vivía pegando con el convento, pared con pared, y por eso tenía comunicación directa. Por el sótano había una especie de puerta discreta por la carbonera, y por ahí se planificó la entrada del rey. Se organizó la cita a escondidas. A Margarita le dijeron que quería verla el rey en una estancia. La monja en principio se asustó un poco, pero bueno, era el rey, no se le iba a negar la entrevista. A ver qué quiere Su Majestad. Llegó la muchacha, vio las intenciones de Felipe IV y salió de estampida a chivarse a la abadesa. Teresa de Silva se llamaba la abadesa. La abadesa. Esta mujer tiró de contactos, llegó hasta determinados nobles y pidió ayuda para que convencieran al rey de que se estuviera quieto. Pero los contactos le dijeron a la abadesa Mira, mira, lo sentimos mucho, pero donde el rey por el ojo pilla novia y que nadie le iba a llevar la contraria en esto, aunque sean distintas dinastías, ya te digo que clavaditos. El Borbón corrupto, Juan Carlos y el Austria, Felipe IV. Ya, lo siento, pero es que la comparación es inevitable.
B
En esto que dices de buscar o tapar a las novias. Felipe IV tenía al Conde Duque de Olivares. ¿Y Juan Carlos a quién tenía? Al jefe de la Casa Real, A Sabino. A Sabino Fernández Campo.
A
Sí, sí, pero tenían distintas. Eran muy distintos en sus actitudes. La diferencia entre el Conde Duque y Sabino es que el Conde Duque le buscaba novias a Felipe cuarto y Sabino intentaba que Juan Carlos echara las menos posibles, tapar las que había también y que dejaran de usarse recursos de la Jefatura del Estado para mantener a las amantes que pululaban por ahí por Borbonia. Bueno, hasta que Sabino dejó de taparlas y eso fue lo que le costó su destitución. Estas cosas no se publican en primeras páginas ni abren informativos porque para los periodistas serios estas cosas son solo cotilleos sin importancia. Esto no hace falta contarlo, aunque nos hayan costado muchos millones de euros esas cosas sin importancia. Recordemos que Juan Carlos se cargó a Sabino en 1992 para que dejara de recordarle que no estaba bonito esto de estar hoy con la fotógrafa Keka Campillo, mañana con la decoradora Marta Gayá, al día siguiente con Bárbara Rey. Y por cierto, y lo traigo a la memoria, hace año y pico que teníamos la esperanza de que la Brigada de Patrimonio Histórico de la Policía Nacional diera algún detalle sobre la investigación que aún mantiene abierta desde 1989 sobre el robo de cuatro pinturas, dos de ellas de Velázquez, dos retratos del Palacio Real que al parecer cuelgan en la casa de una de las novias de.
B
Lo contamos aquí. Sí señora.
A
Y eso está contado y publicado en el libro Acuérdate de King Corp. También Sabino tenía datos de ese robo y de la casa donde aún lucen. Sabino sabía demasiado y Juan Carlos lo fulminó para que dejara de darle el coñazo con lo que debía o no debía hacer. Ahí fue cuando nombró a Fernando Almanza y le dijo que era vizconde y le mira, tú cobras, callas y me dejas tranquilo. También te digo que en caso de que la policía confirmara que Juan Carlos robó los cuadros, que no lo haría jamás, jamás confirmaría esto. Bueno, no lo robó él mandaría a robarlos. Daría igual porque es que recordemos que el rey es inviolable y no está sujeto responsabilidad como Felipe IV. Pero volvamos a Margarita, Venga, pues ¿Qué.
B
Hizo la abadesa de San Plácido ante la negativa de sus contactos para que intentaran frenar al rey con la pobre Margarita?
A
Margarita Marga. La abadesa organizó, siempre según el relato. E insistimos, organizó una performance cuando fue informada del día que El rey Felipe IV iba a volver a visitar a Margarita, hizo que la monja se hiciera la muerta, la tumbó en la cama de la celda con un crucifijo entre las manos y montó un velatorio en toda regla o de cirios encendido. Monja llorando y Margarita ahí aguantando la respiración. No te muevas, Marga. Si convencían al rey de que Margarita se había muerto, la dejaría en paz. Y al principio coló porque el revolcón se suspendió. El rey se disgustó porque, hombre, se quedó con ganas de Marga. Pero la trampa acabó descubriéndose y al final la monja tragó. Cuentan con varias citas. No sabemos si al final Margarita le pilló el gusto al rey, pero bueno, las quejas de la abadesa llegaron a el Santo Oficio hasta la Inquisición. Y resulta que el inquisidor general era por aquel entonces el confesor del rey, fray Antonio de Sotomayor, que le arreó un tirón de orejas a Felipe IV y le dijo que hombre, que dejara ya de ligar con la monja Margarita. El rey dijo que vale, que sí tampoco para ponerse así. Hombre, Pues si tengo 50 novias, que igual da una más. Pero como la Inquisición era un perro de presa y cuando mordía no soltaba, el Santo Oficio quería un culpable y se fue a por el más débil del trío calavera ese que había.
B
Pues hay pocas dudas de quién pringaría de ese trío calavera sería el fundador del convento, este Jerónimo de Villanueva. Bueno, que en el fondo este solo había hecho de celestino, tampoco se había mojado más.
A
Este era un mandado, este cumplió órdenes, este es el pringao de la historia. ¿A quién se le ocurre meterse en trato con estos dos? Tampoco tenía mucha opción. Jerónimo de Villanueva fue detenido y encarcelado en la prisión inquisitorial de Toledo. Y esto no forma parte de la leyenda, esto fue así, fue encarcelado. El proceso fue muy largo y muy enrevesado. Voy a resumirlo lo mejor que pueda. Porque Jerónimo de Villanueva tenía antecedentes con la Inquisición por un proceso 15 años antes en el que también estuvieron implicadas las monjas del convento de San Plácido. Porque alguien. Sí, sí, es que había mucha historia detrás. Alguien denunció que hacían pactos con el diablo las monjas de San Plácido. Las Benitas, creo que la llamaba, no estoy segura. Bueno, no nos podemos entretener con esto, que tiene mucho recorrido, pero fue un proceso conocido como el de las endemoniadas de San plácido, que no estaban endemoniadas, pero se las acusó de ello porque se sospechaba que estuvieron relacionadas con un movimiento herético que se llamaba de los alumbrados, que estaban relacionados con el protestantismo.
B
No tiene nada que ver con los iluminados esto. Con los Illuminati no tendrá nada que ver.
A
Los Illuminati también los llamaban después. Sí, pero estaban los alumbrados, los iluminados, que también les llamaban igual. Era gente que empezó a recibir el protestantismo en España cuando se produjo. Y eso estuvo vigiladísimo y se abrieron multitud de procesos. De ahí le venían los antecedentes a Jerónimo de Villanueva y por eso se fueron otra vez por él. El rey y el Conde Duque, esto ya sí es el relato, presionaron al Inquisidor General en España para que frenara el proceso, pero los secos ya habían llegado a Roma. Y el Papa, que no sé si era porque no tengo clara la fecha, al ser un relato que, insisto, hay que poner en cuarentena si era Urbano VIII o Inocencio X. Todo esto dicen que ocurrió en el interregno, si es que ocurrió. Bueno, pues pidió al Santo Oficio. Roma pidió al Santo Oficio de España que le enviara más document Si en Roma investigaban demasiado a Villanueva, oye, lo mismo llegaban hasta el sacrílego y pecador rey Felipe IV. La Inquisición reunió efectivamente la documentación requerida por el Papa y se le entregó en una arqueta sellada a uno de los notarios del Consejo Real. Muy bien, pero no llegó.
B
No llegó nunca. ¿Pero quién o quién no llegó? ¿El notario o la documentación?
A
No llegó ninguno. No llegó ninguno. Se supone que se ordenó la discreta detención del notario, se alertó a los virreyes de Sicilia y Nápoles, a los embajadores en Roma y Génova, y el que lo pillara que lo retuviera y que le quitara la arqueta con la documentación y que esa arqueta se enviara de vuelta a Madrid a manos del conde duque o del rey o de quien fuera. El contenido de esa arqueta cuenta, fue quemado en la chimenea de los aposentos reales. Fin del affaire erótico festivo de Felipe IV con la monja Margarita. Villanueva fue puesto en libertad dos años después por intercesión real, con la prohibición de volver al convento, prohibido también tener contacto con las monjas. Tuvo que entregar 2.000 ducados de limosna y desterrarse de Madrid. ¿Y también tuvo que ayunar todos los viernes durante un año? Seguramente, no. Respecto a la abadesa que montó la performance, quiso sacar alguna compensación por todo lo que había liado el rey. Y consiguió varias cosas. Que el rey comprara un reloj para la torre del convento. Un supuesto reloj que hasta finales del siglo XIX tenía una sonoridad muy peculiar. En vez de dar los cuartos con las habituales campanadas, las daba tocando a muerto para recordar aquel episodio de la monja Margarita y el velatorio que no coló. Y dijeron además que el rey, para desagraviar al convento, encargó a Velázquez, que era el pintor de corte, que le pintara un Cristo para regalárselo a las monjas sacacuartos. Ese sería el famoso Cristo de Velázquez que ahora está en el Museo del Prado. Pero esto es mentir. Absolutamente mentira. El recorrido del Cristo no fue ese y es anterior a la época. ¿Qué parte de esta historia es cierta? ¿Y dónde se metieron los adornos? Pues no lo sabemos. Pero como harían Ana Rosa Inda o Eduardo Quintana o Pedro José Ferreras, Pues mira, no vamos a dejar que la realidad nos joda una buena historia.
C
Pretty woman walking down the street Pretty woman, the kind I like to meet Pretty woman, I don't believe you you're not the truth No one could look as good as you.
B
Mercy. Freddy. Monja en este caso. Vaya historia. Chula.
A
Divertida hasta donde se. La acierta no sabe, pero algo habría. Pero vete tú a saber. Pero divertida. Y como lo dejamos ahí colgado, pues bueno, pues la hemos rematado así.
B
Venga, Nieves, hasta mañana.
A
Hasta mañana. Muchas gracias. Un beso y gracias. Para no perderte ningún episodio, síguenos en la aplicación o la web de Laser Podium Podcast o tu plataforma de audio favorita. ¿To me.
C
Pretty woman, Yeah, yeah, yeah Pretty woman, look my way Pretty woman, say you'll stay with me Cause I need you I'll treat you right.
A
Come.
C
With me, baby, be mine tonight? Pretty woman, don't walk on the bike Pretty woman, don't make me cry Pretty woman, don't walk away.
B
¿Ok.
C
That'S where it must be Okay, I guess I'll go, go on home It's late, there'll be tomorrow night But wait, What do I see? ¿Is she walking back to me? Yeah, she's walking back to me.
A
Oh.
C
Pretty.
SER Podcast, 2 de octubre de 2024
Host: Nieves Concostrina
Duración (sección de contenido): 00:19 – 14:14
En este episodio de “Acontece que no es poco”, Nieves Concostrina ahonda en una de las leyendas más picantes y misteriosas de la historia española: el supuesto affaire entre el rey Felipe IV y la monja Margarita de la Cruz, en el convento de San Plácido (Madrid, siglo XVII). Un relato entre la realidad y la ficción, lleno de maniobras palaciegas, intervenciones de la Inquisición, venganzas y hasta performances fúnebres, que Concostrina relata con su sello de humor y escepticismo.
"Vamos a contar efectivamente el supuesto, vamos a dejarlo en su es un supuesto affaire erótico festivo sexual del rey Felipe IV con una monja llamada Margarita de la Cruz." (Nieves, [00:56])
"El conseguidor... el Conde Duque le buscaba novias a Felipe cuarto..." (Nieves, [05:09])
"Los contactos le dijeron a la abadesa 'Mira, mira, lo sentimos mucho, pero...' donde el rey pilla novia..." (Nieves, [04:28])
"No te muevas, Marga... Si convencían al rey de que Margarita se había muerto, la dejaría en paz..." (Nieves, [07:24])
"El inquisidor general... le arreó un tirón de orejas a Felipe IV y le dijo que hombre, que dejara ya de ligar con la monja Margarita." (Nieves, [08:39])
"Este es el pringao de la historia. ¿A quién se le ocurre meterse en trato con estos dos?" (Nieves, [09:01])
"El contenido de esa arqueta... fue quemado en la chimenea de los aposentos reales. Fin del affaire erótico festivo..." (Nieves, [12:06])
"Eso es mentira. El recorrido del Cristo no fue ese y es anterior a la época..." (Nieves, [13:09])
"Pues mira, no vamos a dejar que la realidad nos joda una buena historia." (Nieves, [13:20])
Sobre el contexto dudoso de la leyenda:
"Que no digan que hemos dicho que esto ocurrió de verdad. Digamos que cuando el río suena, agua lleva..." (Nieves, [00:56])
Comparación con Juan Carlos I:
"El Borbón corrupto, Juan Carlos, y el Austria, Felipe IV. La comparación es inevitable." (Nieves, [04:33])
Sobre el papel de Villanueva:
"Este era un mandado, este cumplió órdenes, este es el pringao de la historia." (Nieves, [09:01])
La quema de documentos en Palacio:
"El contenido de esa arqueta... fue quemado en la chimenea de los aposentos reales. Fin del affaire erótico festivo de Felipe IV con la monja Margarita." (Nieves, [12:06])
Moraleja sobre la diferencia entre historia y mito:
"No vamos a dejar que la realidad nos joda una buena historia." (Nieves, [13:20])
Este episodio ilustra perfectamente el estilo irreverente y mordaz de Nieves Concostrina, combinando rigor histórico y escepticismo frente al cotilleo palaciego, poniendo en el punto de mira la frontera entre leyenda y realidad. La historia del rey y la monja Margarita es, más allá de los hechos concretos, un ejemplo de cómo los relatos sobre poder, sexo y política se entretejen en la memoria popular —y cómo conviene, parafraseando a la autora, no dejar que la realidad estropee una buena anécdota.