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A
En la ventana Acontece, que no es poco. Un relato personal de la historia con Nieves con costrina. Cadena Ser.
B
Hola, Nieves, buenas tardes.
C
Hola, Carlas, ¿Qué tal? ¿Cómo estás?
B
Hoy repetimos un poco lo de ayer, porque hoy nuestro paseo diario por la historia parecería que nos mete de lleno en el mundo del cine lo que comentábamos ayer con Boyero, lo cual está muy bien, pero no sólo eso, no exactamente, porque lo que ha hecho el cine es reflejar, y no una vez, sino varias, un acontecimiento, una movida de hace ya siglo y medio en el salvaje oeste que se conoció como la fiebre del oro. ¿Cuándo empezó esa fiebre? Pues tal día como hoy, un 19 de enero de 1848.
C
Sí, así es. Oye, es que el cine se nutre constantemente de la historia, tiene gran parte del guión hecho y efectivamente, hoy toca una película del oeste. Bien, has dicho que es hoy, 19 de enero, cuando arranca todo. Unos sitúan el comienzo de esta película ese 19 de enero del 48 y otros unos días más tarde, el 24. Pero bueno, como es un hecho tan anecdótico lo que dio lugar a que comenzara, todo el mundo quiere ajustar día y hora, pero bueno, eso es igual. Fuera cuando fuera. De lo que se trata es que un día de enero de 1848 un tal James Marshall, capataz de un aserradero que estaban construyendo varios hombres en un poblachón por ahí perdido californiano que se llama Coloma, pues este hombre bajó al río porque la bomba hidráulica no tiraba bien y el agua que no llegaba a la carpintería. Y cuando estaba en ello, intentando arreglar la bomba, allí en el fondo del agua, entre las piedras, vio unos destellos, vio ahí un brilli brilli, se metió en el agua, hundió la mano, sacó un puñado de arena y entre la arena una pepita de oro y luego otra, y luego otra. El tal Marshall debía de ser un tipo honesto, porque en vez de guardársela se fue a ver a su jefe, al dueño de la serradera, y le ¿Qué dirás que me he encontrado? Los ojos les hicieron chirivitas a los dos y ellos no lo sabían, pero estaban dando el pistoletazo de salida a la fiebre del oro. Anda que no hemos visto este asunto, este tema, en pelis. La conquista del oeste El oro de Mackenna, el jinete pálido. Y, por favor, mi favorita, que es La leyenda de la ciudad.
B
Mítico.
C
Ya, eso es. Palabras mayores. La leyenda de la ciudad sin nombre, en la que sólo por escuchar el diálogo final y después oír cantar a Lee Marvin eso de Yo nací bajo una estrella errante, pues yo creo que ya mereció la pena. Toda la que liaron los colonos. Aguantazos por el oro. Si te parece, podríamos escuchar un poco más de un minuto.
A
Marchas. Bendiciones. Yo tampoco creo que hay dos clases de gente en el mundo. Los que se marchan y los que se quedan. No es cierto. No, yo No lo creo. ¿Pues qué crees tú? Pues que hay dos clases de gente. Los que van a alguna parte y los que no van a ninguna. Eso sí es cierto. No estoy de acuerdo. Bendiciones. Porque no sabes de qué demonios estoy hablando. Soy un ex ciudadano de ninguna parte. A veces echo de menos mi hogar.
B
A Zetton Wade, por cierto. Una película sobre los buscadores de oro, pero que no se sabe muy bien si es un western, si es una comedia musical o las dos.
C
Cuyo cosas es muy loca. Empieza como si fuera un vulgar western. Y es que acaba en una comedia musical. Además, con un guión maravilloso.
B
La conversación es fantástica.
C
Sí, sí. Es que eso de Soy un ex ciudadano de ninguna parte a veces echo de menos mi hogar no puede ser más incongruente.
B
Esto lo pilla nuestro filósofo y te hace un libro.
C
Sí, sí, sí.
B
Vamos a la voz de Ya.
C
Es genial. Pero hay otro diálogo entre dos buscadores de oro que están escuchando los dos a un predicador hablando de la fornicación. Y le Dice uno al ¿Qué es un fornicador? Y responde el no lo sé. No soy hombre religioso. Muy bueno, ¿No? Bueno, pues Lee Marvin, en La leyenda de la ciudad sin nombre, es un granjero que se deja llevar por la fiebre del oro y se instala en uno de aquellos pueblos caóticos y embarrados en busca del vil metal. Y esa fiebre es precisamente la que empezó En enero de 1848, cuando el capataz del aserradero, James Marshall, encontró aquellas primeras pepitas de oro. En realidad no empezó justo en aquel momento, porque los del aserradero no dijeron nada a nadie. Las llevaron a autentificar las pepitas lejos de Coloma para no dar pistas de dónde las habían encontrado. Porque si la voz empezaba a correr antes de tiempo, pues todo el mundo iría a lo loco. Que bueno. ¿Que fue exactamente lo que pasó?
B
Bueno, a ver, ese secreto tampoco se podía guardar mucho tiempo, ¿No? ¿Cuánto tardó en saberse?
C
Unos meses. Se guardó durante unos meses hasta que los bocachanclas de los periodistas lo publicaron. Somos lo peor. De verdad, lo peor. La noticia apareció en el New York Herald y estalló la locura. Ahí llegaban familias enteras por tierra y por mar. Carretas repletas de cachivaches con gentes que lo abandonaban todo a cambio de encontrar oro en la prometedora California. 300.000 criaturas invadieron la zona de San Francisco en los siguientes años, en una carrera delirante por conseguir oro. Aquello fue un delirio, porque algunos eran colonos que llegaban con sus familias en carretas. Esa fue la famosa expansión hacia el oeste del siglo XIX, lo que conocemos como la conquista del Oeste. Pero es que no sólo llegaron colonos de buen rollo, claro. Llegaron ladrones, llegaron mendigos, llegaron prostitutas, llegaron personajes que se ponían hasta las trancas de whisky barato y te pegaban un tiro por preguntar la hora directamente. Los poblados de mineros que se iban levantando eran ciudades sin ley y sin nombre, como el de la película, con barracones donde dormían los buscadores de oro hacinados y con un ojo abierto. Y ahí el dedo en el gatillo. Los había tan pollinos algunos que es que encontraban una pepita de oro por la mañana y se lo gastaban en alcohol y chicas por la tarde. La primera oleada de la fiebre del oro llegó a lo largo de 1848. Y estos fueron los que más pillaron. Pillaron mucho. Al año siguiente, en 1849, llegó una segunda oleada a los que miraban muy mal los de la primera. Esto es muy del género humano. Empieza siendo un colono desgraciado y maltratado. Y luego maltratas a los que están pasando por lo mismo que pasaste tú. Pasa siempre. Bueno, Pues los del 48 se referían a ellos, a los de la segunda oleada, con desprecio, llamándolos los del 49. Y a los aficionados al fútbol americano les va a sonar el nombre Los Cuatro Niners. Los del 49.
A
When you kiss me fever When you hold me tight Fever in the morning Fever all through the night Sunlights up.
C
The daytime Moonlights of the night I light up When you call her name.
A
And you know I'm gonna treat you right you.
B
He visto antes a Poncetti rondar por aquí, que hoy hay carrusel. Le voy a comentar esto de los ers, porque el que es un gran experto. No lo sé, no lo sé. Yo se lo comentaré. Yo se lo comentaré. Oye, todos los que llegaron arrastrados por la fiebre del oro, ¿Todos eran colonos Estados Unidos o venían de otras partes también?
C
Los 40 ERS estos llegaron de todas partes. Estos ya, los del 48 de Estados Unidos, pero los del 49 de Australia, de Nueva Zelanda, de México, de Chile, de Perú. Porque ya es que ya había corrido la voz que los de la anterior oleada, los del 48, habían pillado auténticas fortunas.
B
¿Y eso era verdad o son de aquellas leyendas que circulan?
C
No, no, era verdad, era verdad. Explotaron el oro que no veas, pero fueron los primeros. San Francisco, que tenía menos de mil habitantes, es que tenía menos que Villaconejos de arriba, antes de que apareciera la primera pepita de oro en el 48. Bueno, pues pasó a 20.000 en dos años, y en los otros dos años a 34.000 y enseguida fueron 56.000. Una ciudad no puede absorber esa población en tan poco tiempo, sin tener servicios, infraestructura, la inseguridad fue tremenda. El crecimiento de San Francisco, la verdad es que fue un drama. Mexicanos llegaron, madre mía, a cascoporro. Y de hecho, esto es gracioso, a los buscadores de oro solitarios, los que iban por su cuenta, con eso hemos visto en la peli, con esos sartenones de metal que iban cribando la arena del río para entresacar las pepitas. A todos ellos, los que iban solos, los llamaban gambusinos, porque a los buscadores de oro mexicanos los llamaban así, gambusinos. No confundamos con gamusinos, que es cuando preguntábamos a nuestro padre, cazar gamusinos, Yo.
B
Pensaba que eran gambusinos lo que nos.
C
Decían, pero bueno, no, a mí siempre me decían, ¿Qué vamos a hacer? Cazar gamusinos, sea lo que sea. Eso sí, eso lo que sea, que no es nada. Y esto, bueno, y esto sí que sé que fue una pena, porque el oro apareció. Además me refiero a lo de los buscadores de oro mexicanos, porque el oro apareció cuando México acababa de perder la propiedad de California. ¿Es que los yanquis no pudieron tener más suerte? Es que se quedaron con California rematando su famosa conquista del Oeste justo un minuto antes de que apareciera el oro. Contamos esto así por encima. Esto del Oeste es un tema muy divertido porque tiene los indios, las caravanas, los cowboys. Pero bueno, ya iremos contando. Pero para hacernos una ligera idea, cuando las 13 primeras colonias se independizan de Gran Bretaña a finales del XVIII, en 1783, y nace en los Estados Unidos, ¿Eran una mierdecilla de territorio? Sí, eran una mierdecilla. Era una franjita estrecha, pequeñita, pegada.
B
Villaconejos arriba. Mierdecilla. Hombre.
C
Muy poquito. Muy poquito. ¿Todo lo demás de quién era? Nuestro, de los españoles. Porque ellos en las 13 colonias estaban pegaditas al Atlántico, en la costa atlántica. Y Eso era un 10% más o menos. El resto, el 90%, fueron territorios conquistados. Por eso se llama la conquista del Oeste. Fueron del Este al oeste comiendo terreno. Unas veces compraban territorios, otras directamente te montaban una bronca para quitarle el territorio a otros.
B
A ver algún ejemplo de cuál compraron y a quienes les quitaron territorios. Venga, va.
C
Luisiana, por ejemplo. A Luisiana se la compraron a los franceses por 15 millones de dólares. De ahí viene que Nueva Orleans, lo que los estadounidenses llaman New Orleans, en realidad se llamará La Nouvelle Orléans. Claro, es una ciudad tan francesa y sigue teniendo su barrio francés. Porque el estado de Luisiana se llama así por Luis XIV. Claro, como se quedó aquel territorio, un franchute pues dijo, pues mira, me quedó este territorio en nombre del rey Luis XIV. Y lo llamó como Luisiana. Al que por cierto, a Luis XIV este le interesó un mojón aquello, la mierdecilla, el mojón. A Luis XIV, sacándole de sus pelucas y sus lazos, pues poco más le interesaba. Un territorio allende de los mares. Alaska también lo compraron los yanquis, a los rusos. Mucho más adelante, el estado de Florida nos lo mangaron a nosotros, a los españoles. Porque supieron cuándo hacerlo. Cuando España estaba en su peor momento con el mastuerzo de Fernando VII llevando al. Sí, claro, pero que era él todo lo ha hecho él todo lo malo.
B
Ese con el que hablarás un día.
C
Hablaré un día. Pero eso tenemos que discutirlo. A ver quién ha ilustrado a este para tener una charla con él. Bueno, como sea, la historia oficial. Vamos, de culo. Bueno, estaba el país en aquel momento como para dedicar esfuerzos a defender un territorio a 7.000 kilómetros. Fernando VII no tenía cómo luchar. Así que aprovecharon que había un más tuerzo Borbón en el trono y nos quitaron la Florida. Prometieron pagar, pero no soltaron ni un duro. Y también prometieron que dejarían nuestros otros territorios del oeste tranquilitos. Eso era California, Nevada, Nuevo México, Utah, Wyoming. Pero claro, resulta que casi todos estos territorios pasaron a México cuando México se independizó de España. Y luego Estados Unidos le montó una guerra a México para quitarle todo ese territorio. Y se los quitaron justo a principios de 1848, cuando ya el tal Marshall había encontrado las primeras pepitas de oro en Coloma, California. Pero no había dicho ni mo. A eso se le llama tener suerte.
B
Ahí vuelve Tom Wei y con él cerramos hoy la Ventana. Porque ahora sigue la Ventana en todas las emisoras de la SER. Pero nosotros no marchamos. Que hay carrusel. ¿No te lo crees? Pero hay fútbol hoy otra vez.
C
No me digas.
B
Sí. Copa el rey, hombre.
C
Qué raro, qué raro.
B
Venga. Ala, ala. Un beso. Nieve.
Todo Concostrina – SER Podcast – Jan 19, 2023
Host: Nieves Concostrina (C)
Co-host: Carlas (B)
This episode explores the origins and mania of the California Gold Rush, blending historical facts with Nieves Concostrina’s characteristic humor and cinematic references. The hosts examine how a single discovery in 1848 sparked a wave of migration, greed, and chaos, transforming not just California but the history of the United States.
Nieves Concostrina delivers history with wit, irreverence, and an eye for both irony and human folly. The episode is peppered with pop culture nods, playful banter, and asides that reflect the absurdities of ambition and accident in history.
For listeners and non-listeners alike, this episode brilliantly unpacks how the California Gold Rush wasn't just a cinematic spectacle but a whirlwind of hope, greed, and seismic change set in motion by a glint under the water in 1848.