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A
Ser podcast. En la ventana. Acontece, que no es poco. Un relato personal de la historia con Nieves con costrina, Cadena SER.
B
¿Te ha gustado el libro de Carlos Leita?
A
Sí, a mí me gusta el libro y me gusta Carlos de Ita.
B
Y me gusta mucho todo lo que está. Muy bien, muy bien. Bueno, vamos a lo nuestro. Sí, vamos a lo nuestro porque no todos los días se muere un emperador. Sobre todo porque hace tiempo que van llegando pocos. Pero hubo una época en que sí, o que había más. Y si había emperadores era porque existían los imperios. Por ejemplo, el Sacro Imperio Germánico, tal día como hoy, pero de 1558 murió.
A
Su titular, Carlos V, el favorito de tu padre. No puedo evitar acordarme siempre. Bueno, pues es que repasando las veces que hemos hablado de Carlos V en esta sección de acontecidos, nos salen infinitos.
B
Unas cuantas, unas cuantas.
A
Yo lo recuerdo porque lo he repasado. Bueno, hemos hablado de su llegada a la península con 16 años, la bronca.
B
Que le dieron los comunes, cómo terminó.
A
Eso, su proclamación como emperador, sus tres coronaciones, sus follones con Lutero, sus abdicaciones, su jubilación en Yuste.
B
La gota.
A
La gota. Pero nunca, nunca hemos rematado su historia con lo último que hizo, qué fue morirse. Ya, Pero ya no pudo hacer nada más el hombre.
B
Y murió un 21 de septiembre.
A
El 21 de septiembre de 1558 murió en Yuste, en la Vera de Cáceres, de donde sale el mejor pimentón del mundo mundial. Carlos V no estaba entre sus planes morirse tan pronto. Morirse, sí, le pasa a todo dios. Pero hombre, no. Cuando sólo llevaba año y medio jubilado. Es que sólo tenía 58 años. Es que la había liado muy parda. Organizando su palacete, sus caprichitos, su coro de monjes, ahora su servidumbre, sus cervezas que se trajo hasta maestros cerveceros para que le tuvieran bien servido. Su plan era pasar unos añitos allí, disfrutar de sus autómatas, montando y desmontando relojes, su música, sus comilonas. Pero llegó un mal día en que agarró unas fiebres de las que ya no salió y cascó. Unos le echaban la culpa a la gota, otros que si, las almorranas. Las almorranas no matan, ni la gota tampoco, pero fastidian mucho. Pero podían haberle provocado las fiebres que le mataron. Otros decían que la pésima alimentación lo acabaría matando. Pero. Pero no llegaron a confirmarse las causas de la muerte hasta finales del siglo XX. Y todo gracias a la última falange de un meñique del emperador. Una mierdecilla de dedo permitió resolver las dudas.
B
A ver, que nos vamos superando. ¿Cómo enlazamos la muerte de Carlos V con la malaria y con un trocito de uno de sus meñiques?
A
Ni siquiera fue un meñique entero. Para llegar a las conclusiones científicas que han permitido saber de qué murió Carlos V, tenemos que conocer sus idas y venidas después de muerto. Porque si no se hubieran dado una serie de circunstancias en cadena, no se habría averiguado absolutamente nada. Así que nos Vamos a aquel 21 de septiembre de 1558 a Yuste. Carlos V muere y su hijo Felipe II se asegura de que se cumplan las últimas disposiciones de su padre, que había dejado muy clarito cómo y dónde quería enterrarse. Carlos V tuvo una época que fue muy plasta con su tumba, muy plástica, muy pejiguera. Estuvo dando la turra con que quería que lo enterraran aquí, luego allí, que no, que luego mejor en el otro lado, que si mejor en Innsbruck, en Austria, con el abuelo, que si luego en Dijon, donde la mostaza, en Francia, que si luego en Brujas con la abuela, que si luego en Granada con los otros abuel. El problema de ser dueño de medio mundo es que no sabes dónde poner el huevo ni siquiera cuando te mueres. Granada se lo planteó porque allí se estaba preparando el sepulcro dinástico. Allí acabarían los abuelos maternos, Isabel y Fernando, los pecadores. Y también allí acabarían sus padres, Felipe y Juana. Y si ahí iban a estar todos, lo lógico sería que él venía de esa rama, que él también acabara allí. Pues no, ahí había que matizar mucho porque él no quería mezclar churras con merinas, que todos esos eran reyes castellanos y aragoneses, pero él era emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, tonterías las justas. Así que tampoco le pareció grave.
B
Bueno, ya sabemos que su destino final fue El Escorial, porque está allí. ¿Pero era su plan inicial o alguien se lo varió?
A
Aunque Carlos V estaba encantado de haberse conocido y todo le parecía poco para él, parece que ya muriéndose le vino la desgana. Eso es lógico. Está muriendo y no tiene ganas de nada. 14 días antes de morir pidió ser. Dijo, mira, me da igual ya. Pidió ser enterrado allí mismo en Yuste. Y dictó en testament ser sepultado bajo el altar mayor con la mitad de su cuerpo desde los pies hasta la mitad de su cuerpo desde los pies hasta el pecho bajo el altar y la otra mitad del pecho a la cabeza fuera de él. Y ahora leo tal y como está dispuesto en su testamento, de manera que cualquier sacerdote que dijere misa ponga los pies sobre mis pechos y cabeza. Al final no le pudieron poner como él quiso, porque no estaba construido eso para cumplir sus deseos lo metieron detrás del retablo al pobre. Pero bueno, que le tomó nota de todo esto, fue su fiel secretario, Luis Méndez de Quijada. Y este hombre, su secretario, le dijo, hombre jefe, a mí este conventito jerónimo me parece un poquito birria para tanto emperador. Y Carlos V aceptó la sugerencia. Dispuso que lo enterraran en Yuste y que luego su hijo Felipe decidiera dónde encajarlo definitivamente. De momento en Yuste, que luego decidiera Felipe. Y Felipe II, tan encantado de haberse conocido como su padre, dijo, vamos a ver, todas las dinastías reales, las castellanas, las navarras, las aragonesas, las leonesas, todas tenían su panteón propio para sus muertos. ¿Qué tenían los Austrias, mojón? Ninguno, No tenían ninguno. Estaban todos los que se habían ido muriendo. Los Austrias estaban todos por ahí desperdigados. Bueno, pues hay que hacer uno. Es cierto que también todos tenemos archisabido que Felipe II decidió erigir el Monasterio del Escorial para conmemorar su triunfo en la batalla de San Quintín y en honor del santo que se supone le echó una mano, Lorenzo, protagonista de una de las más célebres barbacoas. Pero la batalla y el santo fueron las excusas, porque en la carta fundacional del Monasterio del Escorial queda claro que la principal finalidad era albergar un pedazo de mausoleo para la dinastía de los Austrias.
C
Tampoco pido tanto. Solo pido un poquito de todo. Tampoco pido tanto. Lo que me entra por los ojos.
A
Nada más y nada menos.
C
Tampoco pido tanto. Tampoco pido tanto. Tampoco pido tanto. Tampoco pido tanto.
B
Oye, sé que estaba fiambre, pero ¿Tuvo que esperar mucho Carlos V hasta que le llevaran al escorial?
A
Un poquito. 16 años. ¿Tú has oído eso? Has durado más que las obras del escorial pues eso, 16 años. Se momificó el hombre de tanto esperar. Y si se hubiera quedado en Yuste se habría ahorrado el ajetreo que le esperaba. Se sabe que está momificado porque ha entrado y salido varias veces de la tumba. Después de este traslado y una vez enterrado ya en el Escorial, Felipe II quiso ver cómo estaba amortajado su papá para que a él le hicieran ese exactamente el mismo paño mortuorio. Lo quería exactamente igual, así que tuvieron que sacarlo. La tercera vez que sacaron la momia de Carlos V fue en 1868, durante la Revolución de La Gloriosa, cuando expulsaron de España a la borbón, a Isabel II. Lo de Charreyes de España está guay, pero no hace falta profanar tumbas de emperadores para celebrarlo. Quede dicho. Volvieron a sacar de su tumba Carlos V en 1870, esta vez no se sabe a cuento de qué, pero el caso es que aprovecharon y le hicieron un retrato a lápiz de la momia que aún se conserva. Hay una foto de ese retrato en el Prado y creo que en El Escorial también está el original, no estoy segura. Y la última vez que airearon. Que airearon a Carlos V fue en 1936 y a unos milicianos que asaltaron el monasterio y abrieron algunas tumbas les hizo gracia que Carlos V estuviera tan tieso como la mojama. Así que un miliciano agarró al emperador como si fuera un colega y se hizo una foto abrazando a la momia. Se colocaron así, se hizo una foto y aquí llega la primera carambola. Esa foto del miliciano y la momia se publicó en un periódico francés. Y este periódico lo vio siendo un adolescente, Julián de Zulueta. Este chaval era hijo del embajador español en Francia con la República en aquel 1936.
B
Pero ¿Cómo conecta el hijo del embajador con la muerte Carlos V? Ahí hay algo que se nos escapa.
A
Vas a ver cómo conecta enseguida. El joven Julián de Zulueta acabó convertido en médico, en un epidemiólogo de fama mundial. Dedicó su carrera al estudio y a la erradicación de la malaria. Le llamaban en algunos sitios, en Borneo, por ejemplo, le llamaban el señor de los mosquitos. Erradicó el paludismo en algunos países, en otros ayudó a frenarlo. Llegó a ser alcalde de Ronda en Málaga en sus últimos años. Y un día, en los años 80, ya apartado de la actividad médica, pero no del estudio, el Dr. Zulueta leyó un artículo científico sobre la posibilidad de trabajar con tejidos momificados. Era un trabajo que leyó Zulueta, era de un investigador estadounidense que hablaba de una técnica para rehidratar tejidos acartonados y poder estudiarlos. Y ahí vuelve a su memoria la foto del miliciano con Carlos V. Y piensa é si me permitieran estudiar la momia de Carlos V, extraer algún tejido poquito momificado, podría rehidratarlo, estudiarlo y saber si esas fiebres que atacaban al Emperador fueron paludismo. Iba el doctor Zulueta, tan contento él y tan confiado, a solicitar al ex rey bribón Juan Carlos de Borbón permiso para coger una pequeñísima muestra. A ver, los Borbones se creen que el Panteón del Escorial es suyo, pero no, lo pagamos nosotros, es Patrimonio Nacional. Pero Borbón le dijo que no había permiso, que no se lo daba. Julián de Zulueta se disgustó, pero se conformó y abandonó su empresa. Y llega la siguiente carambola. Un día un responsable de Patrimonio que sabía lo de este hombre, le dijo al oye, así, con cuidado. Que sepas que en El Escorial hay una pequeña urna donde se conserva la última falange del meñique de Carlos.
B
La última falange del meñique. ¿Y se sabe por qué estaba ese dedo separado?
A
No está muy documentado. Es que nadie sabe explicar por qué. Nadie explica el periplo del meñique. Pero parece. Parece confirmar que un aristócrata, una de las veces que sacaron al Emperador de su tumba, quizás en 1868, cuando lo sacaron en 1870, le birló el dedo al Emperador y al parecer, años después, arrepentido por la irreverencia, devolvió el dedo a Alfonso XIII. Como este playboy tampoco sabía qué hacer con el dedo, pues lo metió en un relicario y oiga, pongan esto en él. Llévenlo al Escorial. Y allí se quedó el dedo. A ese dedo sí pudo acceder el epidemiólogo Dr. Zulueta, pero como él ya estaba retirado y no contaba con la tecnología ni los laboratorios necesarios, se puso en contacto con investigadores biomédicos del Instituto Auguste Pin Suña del Hospital Clínico, para hacer un estudio a fondo del meñique y allá que te fue la Falange a Barcelona. El Meñique, efectivamente, pudo ser rehidratado y cantó la Traviata. Lo cantó todo. Se confirmó que el emperador Carlos V las debió pasar fatal con la gota, pero que se murió de paludismo, de malaria, la enfermedad que provoca el parásito Plasmodium falciparum, que te empadrona el canalla mosquito anófeles cuando te pica. Julián de Zulueta, que era un tipo extraordinario, murió con 97 tacos. Murió en 2015 y no dejó de preocuparse hasta el último de sus días por las 600.000 muertes que la malaria provoca cada año en el mundo.
B
Me estoy acordando con esto. El dedo cortado del emperador, que había un personaje de Juego de Tronos. Meñique. Meñique, sí, sí, en personaje de Juego de Trono.
A
Hagámosles pruebas de ADN.
B
Bueno, Nieves, a descansar. El lunes más.
A
El lunes más.
B
Nosotros mañana estamos en Barcelona.
A
Pasadlo muy bien, disfrutad los 30 años.
B
Y el lunes más. Y al próximo viernes a Palencia, a la tierra de Isaías. No te lo pierdas.
A
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Podcast: Todo Concostrina
Host: Nieves Concostrina (@nievesconcostrina)
Episode: "Acontece que no es poco | La muerte de Carlos V y la importancia de un meñique"
Date: September 21, 2023
Original Language: Spanish
This episode explores the unusual and intriguing circumstances around the death of Emperor Carlos V, the transfer of his remains, and how a fragment of his pinky finger finally revealed the cause of his death centuries later. Using her signature witty and insightful style, Nieves Concostrina delves into royal caprices, burial dilemmas, and remarkable turns of fate that ultimately connected a famous emperor with a twentieth-century malaria researcher.
“Morirse, sí, le pasa a todo dios. Pero hombre, no. Cuando solo llevaba año y medio jubilado. Es que solo tenía 58 años.” – Nieves Concostrina, [01:35]
“Cualquier sacerdote que dijere misa ponga los pies sobre mis pechos y cabeza.” – Nieves Concostrina, [05:15]
La sepultura ideal no se pudo materializar y fue enterrado provisionalmente detrás del retablo.
Decisión final sobre su descanso la dejó a Felipe II.
“Un aristócrata, una de las veces que sacaron al Emperador de su tumba, quizás en 1868 ó 1870, le birló el dedo al Emperador... Años después lo devolvió arrepentido a Alfonso XIII.” – Nieves Concostrina, [10:49]
Sobre la indecisión funeraria de Carlos V
“El problema de ser dueño de medio mundo es que no sabes dónde poner el huevo ni siquiera cuando te mueres.”
— Nieves Concostrina, [04:17]
Sobre la herencia dinástica y El Escorial
“Todas las dinastías reales tenían su panteón propio para sus muertos. ¿Qué tenían los Austrias? Mojón. Ninguno.”
— Nieves Concostrina, [05:32]
El hallazgo científico:
“El meñique, efectivamente, pudo ser rehidratado y cantó la Traviata. Lo cantó todo.”
— Nieves Concostrina, [11:51]
Concostrina mantiene su tono irónico, sagaz e irreverente, salpicando datos históricos con humor y giros coloquiales muy característicos.
El episodio combina la divulgación rigurosa con anécdotas y analogías contemporáneas, siempre desde una perspectiva muy personal.
A través de una serie de improbables conexiones —desde los caprichos funerarios y los saqueos revolucionarios, hasta un doctor obsesionado con la malaria y un humilde meñique errante—, este episodio ilustra cómo la historia y la ciencia pueden encontrarse en los lugares más insospechados, y de paso, saldar una deuda histórica con uno de los personajes más poderosos del Renacimiento.