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A
La Sociedad Española de Radiodifusión presenta SER.
B
Aquí va la radio.
A
Podcast siempre.
C
Hola Nieves, buenas tardes.
A
Buenas tardes, Carlas, ¿Qué tal?
C
Mira, voy a recordar a los oyentes que la historia está llena de episodios que hacen buena aquella frase de Einstein de que sólo hay dos cosas, el universo y la estupidez humana, y que de la primera no estaba muy seguro. Hoy viajamos a la Alemania de Hitler. Estamos en 1943, en plena Segunda Guerra Mundial. Viajamos ahí para contar el sorprendente caso de las mujeres que habían votado al partido nazi, que habían aceptado que el nazismo las relegara al papel de menos comparsas de los hombres, pero que protestaron y mucho cuando detuvieron a sus maridos porque algunos tenían un poquito de sangre judía. Bueno, lo de hoy ya lo advierto y no querría parecer grosero ni mucho menos, pero como dice el refrán, para mear y no echar gota.
A
Así es, así es. Pero fíjate, antes de llegar al acontecido de hoy, que es cuando el 27 de febrero de 1943 comenzaron las célebres protestas en Berlín de cientos de mujeres de pura raza aria, ellas, porque habían detenido a sus maridos. Mira tú, de pura raza judía. Antes de esto tenemos que hacer un poco de previa del partido para ver si conseguimos entender algo, pero yo creo que no, porque esto no hay quien lo entienda.
C
Vamos a intentarlo, venga.
A
Sí, vamos a intentarlo, pero no lo vamos a entender. La relación de las mujeres alemanas con el nazismo en el primer cuarto del siglo XX es absolutamente sorprendente. Se pegaron auténticos palizones a trabajar en fábricas y en el campo, cuidando hijos, sacando el hogar adelante solas, mientras los hombres estaban en las trincheras de la Gran guerra, en la Primera Guerra Mundial. De repente, esas mujeres, entre 1914 y 1920, empezaron a ocupar puestos en oficinas, conducían autobuses, repartían el correo, tiraban de los hijos, palante. Bueno, habían currado tanto y habían currado tan bien, demostraron ser tan útiles y efectivas que se acabaron las excusas para que no pudieran votar. Oye, y lo consiguieron. No les cayó del cielo, pero se reunieron, formaron asociaciones, los reclamaron y pudieron votar las mujeres por primera vez en las elecciones de 1919. Hasta aquí todo bien, todo lógico. Pero ya sabemos lo que pasó en los años 20 en Alemania, que empezó a crecer la ultraderecha, el partido de Hitler, gracias también al voto femenino. Porque ellas votaban. No hay quien lo entienda. Claro que no. Porque lo primero que hace la ultraderecha cuando va ganando terreno, es ir eliminando los derechos conseguidos, sobre todo los de las mujeres. Pero bueno, el género humano es así. No es que sea inescrutable como Dios es. Cabe de un poquito gilipollas.
B
Algunos nacen idiotas, otros aprenden a hacerlo, otros se hacen los idiotas y tratan de convencernos. Puedes pensar lo que quieras, hoy no te salva la aritmética. Todo el mundo tiene un porcentaje de idiotez en su genética. Pa separarnos con la arrogancia de que en el mundo somos el centro, mejor unificarnos con el idiota que todos llevamos adentro. Cristóbal Colón descubrió América por pura coincidencia. Por eso, para ser idiota, la idiotez tiene sus puntos a favor. Es la única enfermedad en donde el enfermo no sufre, excepto todos a su alrededor. Hacer buenas preguntas ayuda que no sea contagiosa. La idiotez es colectiva cuando nadie se cuestiona las cosas. Esta enfermedad no te permite mentir, porque se te nota. Por eso cuando estás enamorado sonríes como un idiota. Los idiotas.
C
Si es verdad lo que dice esta canción, que hacer buenas preguntas ayuda. Podríamos afirmar que una mayoría de mujeres alemanes luchó por conseguir el voto. Y que también una mayoría de mujeres alemanas votó luego al partido que les quitaría el derecho a votar. Es que fue así, ¿No?
A
Que es así de loco. Sí, sí, más o menos es eso. En realidad, la ultraderecha luego le quitó el voto a todo el mundo. Porque si algo odia la ultraderecha es todo lo que huele a democracia o a constitución. Solo lo utilizan para posicionarse. Y cuando están posicionados, lo revientan todo. Las mujeres pudieron votar en Alemania entre 1919 y 1933, año en el que el ultraderechista Hitler alcanzó el poder. A partir de ese momento ya no votó nadie. Nadie. Pero Hitler tuvo muchos votos de muchas mujeres. Mujeres más simples que el asa de un cubo, todo hay que decirlo. A ver. Porque si el partido de Hitler, que empieza a crecer en 1921, admite a las mujeres como militantes, se podían apuntar paramilitar, Pero su comité ejecutivo vota por unanimidad que ninguna mujer pueda acceder a puestos de relevancia, ni que aparezcan en listas electorales, ni que formen parte de la actividad política. ¿Digo yo que te paras a pensar un poquito y como a poco te puedes oler que si ese partido gana no te va a dejar votar? Yo creo que es muy fácil de deducir. Si tú votas a la ultraderecha, no molestes luego con tus quejas si te talan los árboles del barrio, si te revientan los tímpanos con una mascleta o si te dan cita para un tag dentro de un año. A mí qué me estás contando. Era lo que querías. Pues eso hizo una mayoría de mujeres alemanas. Votar al que les iba a quitar derechos a ellas y a toda la ciudadanía. Pero sobre todo los nazis consideraban a las mujeres seres inferiores, pero seres a los que había que proteger y cuidar mucho porque estaban destinadas únicamente a la multiplicación de la raza y a la crianza de los pequeños nazis.
C
Sin embargo, tampoco escatimaban alabanzas constantes hacia el hecho de ser mujer, hacia la figura femenina.
A
Constantemente, constante. No hay nada más fácil que arrastrar a los simples con alabanza a un adulador. Es lo peor que hay. Y eso era Joseph Goebbels, el que acabaría siendo ya más adelante Ministro de Propaganda. Y por cierto, aprovecho para desmentirme, es que la última vez que lo mencioné dije que era licenciado en Filosofía y mentí sin querer. Filología germánica. Era filólogo, era lo suyo. Pero aclarado que era, me equivoqué. Sí, pues Goebbels, para justificar en los años 20 el que las mujeres pudieran militar en su partido ultraderechista pero no participar en las decisiones ni mucho menos ser elegidas como parlamentarias de dijo lo no es que no respetemos bastante a las mujeres, es que las respetamos demasiado como para mantenerlas en contacto con las miasmas de la democracia parlamentaria. Así fue. Así fue como tacita, tacita, tanto los alemanes como las alemanas fueron dando su confianza a la ultraderecha. Y lo mismo que en su momento contamos cómo había judíos afiliados y que votaron a Hitler, judíos que además de mala gente eran tontos, también hubo mujeres muy alemanas y muy rubias que también votaron a Hitler pese a estar casadas con judíos. Así que a lo que vamos. A mí qué me cuentas. Y luego viene Hitler a detenerte al marido para gasearlo si entre tu marido y tú le disteis a Hitler el poder para hacerlo. Eso es lo que ocurrió el 27 de febrero de 1943 cuando empezaron las protestas de mujeres en Berlín, en la famosa Rosenstrasse, la calle de las Rosas. Porque les detuvieron a sus maridos alemanes.
C
Judí bueno, pero esos matrimonios mixtos también tendrían hijos. Y también se les consideraba judíos a los niños también.
A
Por eso fueron detenidos maridos e hijos. Porque según las leyes de Núremberg, unas leyes aprobadas por la ultraderecha en 1935 para asegurar la pureza de la inexistente raza ario. Según esas leyes, para ser considerado alemán tenías que tener los cuatro abuelos que los nazis llamaban arios. Pero en cuanto tuvieras un abuelo judío y tres arios, claro, ya te ponían en la lista negra y se perdía la categoría de ciudadano de pleno derecho en la Alemania de Hitler. Daba igual que el alemán oiga, a ver un momento, que yo soy cristiano, aunque mi abuelo fuera judío. Y además soy alemán. Y además le he votado a usted. Lo que decían algunos nos importa un pito si tu abuelo era judío. Tú eres judío. Y si con un abuelo judío me has votado además es que eres idiota como el de la canción. Hasta 1943 hubo una categoría, hasta el momento del que hablamos, hubo una categoría especial aparte como protegida de judíos. Que se sentían ellos muy seguros porque estaban casados con alemanas muy rubias y muy arias. Hasta que Goebbels y Hitler, que estaban hartos de mantener esas excepciones porque tenían auténtico odio, sufrieron un ataque de rabia. Justo además después de haber sido derrotados en la batalla de Stalingrado. Y ahí decidieron que mira, que ya se acabaron las excepciones que aport todas. Que había que detener a los últimos judíos que quedaran en Berlín. Daba igual que tuvieran un 5% de ideología judía heredada del tatarabuelo judío. 2 Palante Maridos judíos e hijos judíos, aunque la esposa y la madre fueran puras arias. Y aquel 27 de febrero del 43 al amanecer empezó la gran redada en Berlín para recolectar a los últimos alemanes impuros. Y trincaron a 5.000. Pillaron a los últimos 5.000 que estaban controlados allí. De ellos 1.700. Otras fuentes hablan de 1.800 eran maridos de alemanas y otros tantos hijos. Los pobres, fíjate, muy desconcertados, igual que las esposas. Pero bueno, ¿No se supone que sólo ibais a eliminar a los comunistas, a los gitanos, a los otros judíos, a los homosexuales y a los disminuidos, como les gusta llamarlos a la ultraderecha? Pues ya ha debido decir Goebbels, pero esos ya están todos controlados. Ahora vamos a por ti. Ich weiss nicht zu wem. Ich gehöre. Ich bin doch zu schade für einen allein. Wenn ich jetzt grad ihr treuer. ¿Sch wird wieder ein andrer ganz unglück?
C
Oye, Nieves, las protestas de las esposas, ¿Por qué se produjeron en ese lugar concreto, en Rosenstrasse? ¿Que estaban allí detenidos los maridos o qué?
A
Sí, es un edificio. Estaban detenidos en un edificio entre los números 2 y 4 de Rosenstrasse. El edificio ya no existe, pero por aquello de la memoria democrática sí hay colocado una especie de monumento. Es una columna, como si fuera un gran bolardo, y alrededor está forrado con toda la información de lo que ocurrió allí. Y frente al edificio de Rosenstrasse, aquel mismo 27 de febrero, se reunieron cientos de mujeres exigiendo la liberación de sus maridos y sus hijos e intentando impedir que se los llevaran a los campos donde los iban a exterminar. Y los iban a exterminar pese a que, y me voy a poner en modo irónico, los alemanes no sabían que se estaban exterminando a millones de personas en campos de concentración. Qué va, no tenían ni idea. Pero querían impedir que sus maridos e hijos fueran a correr la misma suerte. Sobre todo porque ellos no eran tan judíos como los otros judíos. Esas protestas en Rosestrasse se alargaron durante poco más de una semana. Esos cientos de mujeres que todos los días devuélvanos a nuestros maridos, allí, sin moverse, pasaron a ser miles de ciudadanos. Aquello saltó a la prensa internacional, Goebbels se puso un poquito nervioso y acabó liberándolos. Aquello se consideró efectivamente un gran triunfo. ¿No lo dudo, no dudo que lo fue, pero yo qué quieres que te diga? Yo creo que los árboles ahí no nos dejan ver el bosque y que esto merece poquita fiesta.
C
Pero ¿Por qué, Nieves? ¿Fue un triunfo, fue una conquista o qué se supone que hay detrás de esto?
A
Esto es cosa mía, es fariseísmo, hipocresía, cinismo. Es que yo no sé exactamente cómo llamarlo. Yo voy a quitar un poquito de épica a esta historia de aquellas mujeres alemanas y a los pobrecitos de sus maridos e hijos judíos que fueron arrestados. Cerca de Rosestrasse hay otro monumento dedicado a las protestas de estas mujeres. Está muy cerquita para quien quiera verlo, buscarlo, está muy cerquita de Alexander Plumento, muy tocho en piedra, con una leyenda que dice más o menos, tiene muchas letras, La fuerza de la desobediencia civil. El vigor del amor supera la violencia de la dictadura. Las mujeres están de pie aquí frente a la muerte. Los hombres judíos fueron liberados, bla, bla, bla, bla, bla. Pues muy bien. Pero no movieron un dedo por el resto de exterminados, ni antes ni después, ni probablemente se sintieron mal por haber contribuido al triunfo de la ultraderecha de Hitler. Simplemente se movilizaron cuando fueron a por ellos. Durante los siguientes dos años Hitler continuó con el exterminio, pero eran otros los exterminados, no ellos.
C
Pues está muy bien visto y bien recordado, la verdad. Ay, Dios mío. Bueno, Nieves, qué tremendo día, lo que es la historia. Un abrazo muy grande.
A
Otro para ti. Gracias, Carlas. Un beso. Para no perderte ningún episodio, síguenos en la aplicación o la web de Láser Podium Podcast o tu plataforma de audio favorita.
Host: Nieves Concostrina
Date: February 27, 2024
Podcast: SER Podcast
Duration (content): ~13 minutes
This episode, hosted by Nieves Concostrina, dives into the 1943 Rosenstrasse protest in Nazi Germany, a remarkable episode where hundreds of "Aryan" German women protested the arrest and intended deportation of their Jewish husbands under the Nazi regime. Through her signature irreverence and sharp historical critique, Concostrina contextualizes these events in terms of gender, politics, and the layered ironies and hypocrisies of the time.
Early 20th-Century Shifts:
Women Voting for Their Own Suppression:
Nazis’ Contradictory Attitude:
The Nuremberg Laws and Increasing Persecution:
The Round-Up and Immediate Protest:
Localization and Scale:
The Result:
Far from a Heroic Epic:
Contrast with Commemorative Narratives:
On the Tragedy and Foolishness of History:
Self-critical riff on the role of women in Nazi Germany:
Irony about Knowledge of the Holocaust:
| Timestamp | Segment Synopsis | |-------------|------------------------------------------------------------------------| | 00:14 | Introduction to the episode’s historical theme | | 01:24 | Context: Women’s rights in early 20th-century Germany | | 02:51 | Women voting for Nazis and the resultant ironies | | 05:53 | Goebbels’ manipulation: "adoración" por las mujeres pero sin poder | | 07:39 | The Nuremberg Laws and their absurd logic | | 09:08 | 1943 Berlin round-up of "impure" Germans; Rosenstrasse arrests | | 10:33 | Details and location of the protest | | 11:18 | Impact and outcome: Goebbels releases protesters’ husbands | | 12:09 | Nieves’ critical take on the protest’s legacy |
This summary distills Nieves Concostrina’s critical and nuanced exploration of the Rosenstrasse protest—an event at the intersection of gender, complicity, and resistance in Nazi Germany. While acknowledging the protest's unique outcome, Concostrina encourages listeners to see past simplistic hero narratives and reckon with the troubling complexities behind individual and collective actions during the Holocaust.