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Ser podcast, soy Nieves con Costrina y estás escuchando Acontece que no es poco, un podcast donde no te contamos nada nuevo pero te lo contamos de otra manera. Aquí te va otro episodio.
B
Hace ya bastante tiempo y de hecho esta tarde lo hemos comentado un poco de pasada con Santiago Oriño Becerra, que un debate recorre todas o muchas de las conversaciones y es qué va a pasar finalmente con la inteligencia artificial y qué impacto acabará teniendo este y otros elementos de la gran revolución tecnológica en el mercado de trabajo, o sea, resumiendo. Nieves, buenas tardes.
A
Hola, buenas tardes Carlas.
B
Resumiendo, ¿Cuántos empleos se van a destruir en favor de las máquinas? Yo, y creo que tú tampoco, respuesta para eso no tengo, pero creo que hoy vas a contarnos una historia que conecta con esa misma incertidumbre de ahora, pero que nos traslada ¿Cuánto? Dos siglos atrás.
A
¿Dos siglos atrás? Sí, sí, incluso más de dos siglos. Yo creo que hoy hablamos de un asunto así, muy poco conocido, bueno, salvo para los expertos en asuntos de revolución industrial, lógicamente, pero vamos, para los que conocemos la historia a nivel usuario, pues esto cuando lo descubrí también me sorprendió mucho. Hablamos de los luditas, así como suena, luditas. Vamos a partir de un hecho concreto y luego ponemos el contexto y hacemos la previa del partido. Pero digamos que lo que hoy recordamos tiene que ver con el alto precio del progreso y con que siempre pagan el pato los mismos, porque en este mundo el que nace le echó, muere cochino. Antes, ahora y siempre. En abril de 1811 300 obreros asaltaron y destruyeron una fábrica textil de Nottinghamshire, en el centro de Inglaterra. Se liaron a martillazos con todos los telares y no dejaron un tornillo en su sitio. No era la primera vez que ocurría. Un mes antes, en marzo, en otro pueblo inglés llamado Arnold, los soldados del rey Jorge III dispersaron a un grupo de obreros en paro que estaban en la plaza del mercado y esa misma noche casi 100 telares fueron destruidos a mazazos en distintas empresas donde se había bajado los salarios de los trabajadores. Meses después se repitió el ataque a las máquinas de otra factoría textil en otro pueblo llamado Bulwell. A base de martillazos, hachazos y mazazos se cargaron todos los tela. Esos eran los luditas, los obreros que se rebelaron contra las máquinas, los trabajadores que sólo veían en el progreso industrial a un gran monstruo que los estaba hundiendo en la más por camiseria. If I was young it didn't stop you coming Oh, oh, oh That you credit for your second symphony We're written by machine and new technology And now I understand the problems you can see Oh, whoa, whoa, I met your children.
B
Ni la radio ni nada queda a salvo de esa incertidumbre. Ya veremos lo que pasa. Pero oye, antes de perfilar más el contexto de todo esto, ¿El nombre de Luditas, de dónde sale? Los Luditas parece una tribu.
A
Sí, sí, el tribu de los Luditas graciosos. Es el nombre de un líder obrero imaginario. Imaginado. Imaginario imaginado. No existió como tal, como líder de los obreros. No existió. En realidad fue un aprendiz de tejedor de medias que 30 años antes del momento del que hablamos, en 1779, antes de la Revolución Francesa, este aprendiz se mosqueó con su maestro y rompió a martillazos el telar del taller. Este chaval se llamaba Ned Luz, escrito Ludd. Bueno, pues de ahí salió Luditas, porque adoptaron a este personaje como propio, aunque no lo conocieron, y los líderes obreros empezaron a mandar cartas amenazantes a los empresarios textiles. Usando su nombre. Crearon una especie de líder que no existía, pero que servía para inspirar miedo a los patronos, porque cada vez que recibían una amenaza firmada por Ned Luz, pues ya sabía el empresario que lo siguiente era. Vamos, que le iban a destrozar los telares mecánicos a martillazos. Y ahora ponemos el contexto a este movimiento obrero, a la gran rebelión contra las máquinas, en protesta porque esos telares estaban degradando las condiciones de trabajo y de vida de los obreros. A la vista está, visto dónde estamos ahora, que fue una batalla perdida. Pero bueno, ellos lo intentaron. Nos vamos años antes de la historia con la que hemos empezado. Nos vamos a esa época previa a la Revolución Francesa, pero cuando ya estaba en marcha otra revolución, la industrial, la que empezó en Gran Bretaña en el siglo XVIII. Y con esa revolución industrial arrancó también la revolución agrícola. La introducción de maquinaria para arar y sembrar, los nuevos métodos de cultivo, la mejora del transporte. Todo ello disparó la producción y trajo unos poquillos ingresos más a los campesinos. Ganaban más perrillas. ¿Qué hicieron con ese dinerillo de más? Bueno, pues comprarse una cosa que les iba a permitir tener otro pequeño ingreso. Una máquina de hilar. Por hacer una mala comparación que no será acertada, pero parecida, como cuando en la negra España de los 60 o en la posguerra, algunas mujeres se compraban a plazos una máquina de coser, que lo han hecho muchas, para hacer trabajos en casa y sacar unos cuartos.
B
¿Y para quién trabajaban entonces los que tenían esas máquinas de hilar en casa? ¿Trabajaban para las empresas o lo hacían por su cuenta?
A
Sí, sí. No, no. Es que la revolución industrial y agraria también con ello llegó una explosión de la industria textil y había mucha demanda de hilo de algodón, de lino, de lana. Y los campesinos que antes hilaban con ruecas artesanalmente ahí muy despac, Ahora hilaban más y más rápido con hiladoras mecánicas. Quedémonos con este dato de las familias que empiezan a dedicarse a la fabricación del hilado al principio de forma doméstica. Quedémonos con eso, porque ahora vamos a otra cosa. Porque es que a la vez se dio otra que las innovaciones técnicas agrícolas provocó que se necesitaran menos braceros. Se producía más, pero con menos mano de obra. ¿Qué hicieron los campesinos? Emigrar en masa a la ciudad en busca de trabajo. ¿Qué hicieron los obreros de ciudad? Mosquearse por la invasión de campesinos. Era una avalancha de ellos la que llenaba los suburbios de las ciudades.
B
¿Te has visto que la historia es pendular, es cíclica? Pero bueno, de esto que estás contando hoy, hasta ahora, la cadena de acontecimientos no hacen presagiar nada bueno, absolutamente nada.
A
Se huele la tragedia. Esto va a empeorar, Va a empeorar. Empezaron las tensiones sociales y políticas y a la vez estalló la revolución francesa un poco más abajo de Gran Bretaña, o sea, ahí mismo. Se juntaron muchas cosas. Los ciudadanos empezaron a venirse arriba un poquito hartos de ser súbditos. Y con los ciudadanos también se vinieron arriba los obreros, hartitos de cobrar una miseria por 14 horas de trabajo. El mosqueo laboral y la tensión de glúteos de los patronos llevó a que el parlamento británico aprobara unas leyes que prohibían la asociación de trabajadores.
B
Ya estamos.
A
Claro, claro. Es decir, los obreros, ahí estaba la COE, los obreros ya no podían juntarse para tener representantes que negociaran con los patronos en nombre de la masa del colectivo. Lo que viene a ser que conocemos como una negociación colectiva. Ahora en este punto retomamos a esos hiladores domésticos que hemos dejado antes. Esos que empezaron poquito a poco con una primera maquinita de hilar. Esos hiladores que fueron ganando cada vez más porque la industria textil crecía toda leche y lo que ganaban lo invertían en nuevas máquinas que producían todavía más. Y cuando llegó la máquina de vapor, ya estamos metidos. A principios del XIX los telares multiplicaron la capacidad productiva. Esas pequeñitas empresas textiles empezaron a convertirse en grandes factorías con 300, con 400 trabajadores. Por un lado, cuantas más máquinas había menos obreros se necesitaban. Y cuanto mejores eran las máquinas se necesitaba menos mano de obra cualificada. Los tejedores y los hiladores que habían adquirido su oficio a lo largo de años de trabajo vieron que una máquina lo hacía igual o mejor y mucho más rápido. Y no sólo eso, en las factorías textiles ahora se hacinaban 300 o 400 obreros con un capataz apretando para que aceleraran el curro. Ahí a latigazos prácticamente. El ambiente exageradamente ruidoso. Tensión, castigos y sanciones si no se cumplían objetivos de producción.
B
La consecuencia está clarísima, la degradación severa, además de las condiciones laborales. Ya está, los sueldos debieron caer, ¿No?
A
Madre mía. Pero cayó en picado. Y los patronos decían eso, que todavía dicen mucho. Bueno, pues si no lo haces tú, da igual, ya habrá otro dispuesto que lo haga por ti. Esa es la desunión del obrero, de lo que se aprovecha el empresario. Un tejedor artesano cobraba 21 chelines en 1802. Catorce chelines siete años después. Era insoportable. La situación laboral era tan precaria y las condiciones de vida tan míseras que en 1807 130.000 trabajadores de la industria textil pidieron que por favor se estableciera un salario mínimo porque ya sólo les quedaba pagar por trabajar. Pidieron un salario mínimo. Fíjate a veces los paralelismos que hay con la actualidad. Bueno, este era el plan laboral cuando los obreros de las factorías textiles terminaron de inflarse y dijeron pues a la guerra. Alguien lo ha definido como negociación colectiva por disturbio. Es decir, montamos la bronca y así negociamos. Es que las fábricas textiles estaban tan repartidas por Reino Unido y los trabajadores tan dispersos que no podían juntarse para protestar ni organizar movidas masivas. No podían vamos a juntarnos. Era imposible. Por eso se organizaron en una especie de guerrillas contra los telares. Esos eran los luditas. Fíjate, todo esto para poder llegar a entender. Pero es que es importante. Esos eran los luditas. Grupos de obreros que destrozaban a mazazos las máquinas de una factoría aquí, que se liaban a hachazos con los telares industriales de más allá. Por supuesto, en todo esto hubo muertos. Una empresa que se llamaba William Horsfall, que tenía una factoría con 400 trabajadores, se puso un poquito chulo y prometió en voz alta que la sangre de los luditas llegará hasta mi silla de montar, dijo. Así que un día que iba a caballo, unos luditas le pegaron un tiro Y efectivamente, se manchó de sangre su silla de montar, pero sangre de la suya.
B
Oye, Nieves, ¿Y hasta cuándo duró todo este movimiento de los luditas?
A
La época dura, la más activa fue entre 1811 y 1816. Duró cinco años más o menos. Pero el gobierno británico se puso muy duro con esto. Aprobó otra ley, además de la otra que prohibía asociarse, aprobó otra que castigaba con la pena de muerte la destrucción de un telar mecánico. Rompías un telar, pena de muerte. Y hubo unas cuantas ejecuciones. Ejecutaron en una ocasión a 14 y a otros 13 los mandaron a Australia. En otro proceso, en York se ahorcaron a 17 luditas. En Lancaster ejecutaron a otros ocho y enviaron a 17 a Tasmania. Sí, porque como todas las colonias que tenían los británicos por allí, los usaban casi como cárceles. Entonces los mandaban allí. Australia la hicieron crecer a base de presidiarios. La batalla estaba perdida. Pero bueno, se luchó lo que se pudo. En favor de los luditas decir que los ataques estaban medidos. Rompían las máquinas que pertenecían a patronos que rebajaron los salarios al mínimo y que hacían productos de baja calidad para venderlos muy baratos y en mucha cantidad. A los otros empresarios no les atacaban. Los luditas reclamaban salarios justos, reclamaban precios justos de los productos que manufacturaban y reclamaban calidad del trabajo. Reclamaban que la tecnología se adaptara a las necesidades humanas, que los humanos se adaptaran al ritmo de las máquinas, pero no lo consiguieron. Y ya ves cómo estamos. Yo creo que el progreso nos acabará matando a todos.
B
Eso si no conseguimos embridarlo antes y ponernos un poquito de acuerdo de que cualquier progreso tiene que estar acompañado de ética y si no va camino de la catástrofe. Pero en fin, ya está dicho. Ala, mañana más nieves. Un beso, cuídate mucho.
A
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Episode Title: Acontece que no es poco | La rebelión de los luditas, guerra a las máquinas
Host: Nieves Concostrina (with regular collaborator Carlas)
Date: April 19, 2023
Duration (main content): ~00:02–14:00
This episode explores the origins, context, and eventual repression of the Luddite movement in early 19th-century England—a social uprising in which textile workers rebelled against machines that threatened their livelihoods. Drawing striking parallels between the past upheaval over industrial mechanization and today’s anxiety about artificial intelligence and automation destroying jobs, Nieves Concostrina takes listeners on a vivid journey through labor history with her signature wit and irony.
On inevitability and recurring cycles:
“En este mundo el que nace le echó, muere cochino. Antes, ahora y siempre.”
—Nieves, [01:31]
Parallels to modern times:
“Pidieron un salario mínimo. Fíjate a veces los paralelismos que hay con la actualidad.”
—Nieves, [10:16]
On ethical progress:
“Eso si no conseguimos embridarlo antes y ponernos un poquito de acuerdo de que cualquier progreso tiene que estar acompañado de ética y si no va camino de la catástrofe.”
—Carlas, [14:00]
Summary of Luddite intentions:
“Los luditas reclamaban salarios justos, reclamaban precios justos de los productos que manufacturaban y reclamaban calidad del trabajo. Reclamaban que la tecnología se adaptara a las necesidades humanas, que los humanos se adaptaran al ritmo de las máquinas, pero no lo consiguieron.”
—Nieves, [13:33]
Through a lively historical retelling, this episode positions the Luddite rebellion not as ignorant resistance to progress, but as a demand for dignity and fairness when facing radical economic and technological change—a dilemma every generation faces anew.