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A
En la ventana Acontece, que no es poco. Un relato personal de la historia con Nieves con costrina, Cadena SER.
B
Hola, Nieves, buenas tardes.
A
Buenas tardes, Carlas, ¿Qué tal?
B
¿Vamos a lo nuestro? Venga, vamos allá. Las grandes tragedias de la historia, las desgracias que no son catástrofes naturales, quiero decir, pero que se llevan también un montón de vidas por delante. Esas tragedias suelen estar salpicadas de errores humanos y no pocas veces relacionadas con ese pecado nefasto que es la avaricia. Eso de no gastar dinero en cosas que después acaban revelando tan. Tan necesarias que se convierten en cuestión de vida o muerte. Y lo de hoy es literal, vida o muerte. Esta tarde viajamos al 21 de octubre de 1966 para narrar el desastre de Aberfan.
A
Fue tremendo. Qué tremendo, además. Bueno, ha venido dado así, pero terminamos.
B
Luego lo comentarás, viendo una serie de televisión.
A
Efectivamente, fíjate si se centró un capítulo en eso y decía que es una casualidad, pero ha venido así dado porque terminamos la semana sin salir de Gran Bretaña. Lo de ayer fue la ruina escocesa, la loca aventura americana y lo de hoy, pues la tragedia galesa. El 21 de octubre de 1966 se le vino encima a un pueblo de Gales una avalancha de lodo desde la escombrera de una mina de carbón en la luz. Mató a 144 personas, 116 de ellas eran niños y niñas que estaban en ese momento en la escuela de primaria Panglas, en Aberfan, en Gales. Fue a las nueve y cuarto de la mañana. Una de las pilas de desechos de carbón, de varios metros de altura, acumuló agua, se desmoronó y una lengua de fango negro, como si saliera de un volcán, se deslizó ladera abajo y sepultó una zona del pueblo. Aquel mes de octubre había llovido bastante. De hecho, durante los años anteriores, aquel 1966, había llovido más de lo normal. Y los habitantes de Aberfan venían advirtiendo de que ojo con lo que podría ocurrir, porque es que las pilas de escombros, es decir, donde se iban acumulando los desechos de la extracción del carbón, eran peligrosas. Ya había habido un par de deslaves sin víctimas, pero que podría ir a peor. La industria británica del carbón estaba nacionalizada. Luego la responsabilidad civil de la tragedia era del gobierno, efectivamente, pero la que tenía la responsabilidad moral de hacer un gesto de cariño como jefa de Estado era su graciosa Majestad. Y esto trajo mucha cola, porque se demostró que Isabel II de Graciosa no tenía nada de empática, tenía aún menos. Y eso que dicen los reyes de estar al servicio de su país y que yo todavía nunca he conseguido que nadie me explique exactamente qué significa eso de estar al servicio, pues se demostró. Efectivamente. Una milonga.
B
Esto es una milonga de verdad. Oye, Nieves, antes de entrar en la tragedia en sí, en lo que ocurrió ese día, que efectivamente está recogido en un capítulo de la serie The Crown, pongamos un poquito el contexto de la época. Lo que significaba la minería en la economía y en la sociedad de Gran.
A
Bretaña por aquel entonces era importantísima. Lo contamos así muy por encima. El carbón en Gran Bretaña fue lo que impulsó el nacimiento de la Revolución Industrial en la primera mitad del siglo XIX. El carbón convierte al país en líder europeo. La industria, la máquina de vapor, todo era por el carbón. Todas las minas eran de propiedad privada, salvo durante los tiempos de las grandes guerras. En la primera y en la Segunda Guerra Mundial las reservas de carbón se nacionalizaron. Lógico, para abastecer al ejército, a la población, evitar la especulación. Las minas continuaron en manos privadas durante la guerra, pero no el carbón. Terminó la Gran Guerra y hubo un amago de nacionalizar toda la industria carbonera en 1919, pero aquello no prosperó. Sin embargo, al terminar la Segunda Guerra Mundial nació la Junta Nacional del Carbón, que fue una de las empresas públicas que creó el gobierno laborista de posguerra para gestionar las industrias nacionalizadas. Así fue como el primer día del año 1947 se colgó en cada mina de carbón del país un cartel que decía Esta mina de carbón ahora es administrada por la Junta Nacional del Carbón en nombre del pueblo, o sea, los británicos ya eran dueños de su carbón. En total, la Junta Nacional del carbón compró 958 minas que estaban en manos de 800 empresas. Estaba aquello muy disperso. 164 millones de libras pagó el gobierno a esas empresas. Pero madre mía cómo estaba esa mina, Madre mía, madre mía, en qué condiciones. A los empresarios les había importado bastante poco el mantenimiento, la seguridad, ni mucho menos cuántos mineros caían, o sea que.
B
Además de comprarlas tuvieron que poner pasta, invertir en mejoras.
A
Vamos, muchísimo. Porque a los 164 millones de libras por adquirir todas las minas, hubo que añadir otros 550 millones de inversión en mejorarlas, en mecanizarlas, en asegurarlas para evitar desgracias. Pero con todo y con eso, la inversión resultó rentable para el país. Porque las minas de Gran Bretaña producían carbón más barato que en cualquier lugar de Europa. Y las exportaciones iban como un tiro. Iba. Hasta que llegó el petróleo. Ya empezó la cosa a torcerse. Empezaron los problemas. Luego llegó doña Margarita Thatcher con las rebajas. Esto no suena mucho. También redujo subvenciones, desafió a los sindicatos. Hubo huelgas tremendas, cierre de minas, un desempleo salvaje. El mismo cambio social y económico para bien que había traído el carbón al país casi un siglo antes, volvió a provocarlo el carbón, pero esta vez para mal. En los años 90 volvió a privatizarse lo poco que quedaba. Y actual, Actualmente el carbón tiene los días contados ya. Porque en 2025 es el último año fijado por Gran Bretaña para el uso de este combustible fósil como este mineral. Como ha dicho un experto de Oxford en esto de las energías renovables y los combustibles fósiles, ha dicho el carbón merece una muerte digna. Nos ha servido bien, pero es una tecnología del pasado, sucia y poco competitiva. Y bueno, ya está. Hasta aquí una brevísima historia del carbón. Las imágenes que tenemos en la cabeza relacionadas con este asunto minero, nos resonará mucha gente, son las de la película.
B
Billy el con la huelga y el padre que acaba haciendo esquirol y todo.
A
Y por supuesto, en el capítulo concreto de la serie de Crown, que estrena su quinta temporada, creo que en noviembre. Esto es territorio comanche, Kubels, creo.
B
Pero hay una causa aquí de fechas que a mí no me acaba de cuadrar. Nieves. Se nacionalizan las minas de carbono en 1947. La tragedia de Aberfan ocurre en 1966. Se supone que había habido tiempo suficiente para invertir en seguridad en las minas y que algo o bastante habían invertido, ¿No?
A
Sí. Pues ya parece que no fue suficiente. Como siempre, se relajaron las maneras, al menos desde luego, en la Aberfan, en Gales. No hemos dicho que la tragedia vino cuando se deslizó por la ladera hacia el pueblo una enorme lengua de lodo. Y es que aquella montaña de desechos del carbón que se fue formando a lo largo de 50 años, no hacía más que absorber agua que se supone, las zanjas de drenaje debían evacuar de esas montañas para que la pila de metros y metros de altura se mantuviera compacta, firme. Pero es que los canales de drenaje de esas pilas estaban obstruidos, el agua no estaba drenándose y el interior de la pila se fue reblandeciendo. Los habitantes de una zona de Aberfan concreta llevaban un par de años alertando a la Junta Nacional del Carbón de que cada vez que había inundaciones en el pueblo por las lluvias, el agua era negra. Y cuando la inundación. Claro, es que decí cuidado con esto. Cuando la inundación retrocede, cuando las aguas se retiran, queda en el pueblo un residuo negro grasiento. Eso quiere decir que el agua estaba viniendo de dentro de las pilas de los desechos, literalmente. Dijeron que había peligro de que la lechada de carbón se vierta en la parte trasera de las escuelas de Panglas. La Junta Nacional del Carbón se reunió con los posibles afectados de la zona y se acordó que se tomarían medidas para mantener las tuberías despejadas y arreglar las zanjas de drenaje que estaban efectivamente obstruidas, para que el agua discurriera y drenara por donde debía. Esto fue a principios de 1965. En octubre del 66 no se había aplicado ninguna de las medidas prometidas.
B
Y lo que algunos temían que pudiera ocurrir, ocurrió, por desgracia.
A
Fue tremendo. Fue tremendo aquel 21 de octubre, que fue el último día de cole antes de las vacaciones de mitad de curso. Allí llevan sus cuentas distintas. Una avalancha negra de desechos bajó por la ladera, arrastrando rocas, árboles y llevándose todo lo que encontró a su paso. Esa lengua fue a sepultar precisamente la escuela primaria de 116 niños entre 7 y 10 años murieron asfixiados o golpeados por el derrumbe, casi la mitad del alumnado, otros sí, otros 38 resultaron heridos, algunos muy graves. El impacto emocional fue tremendo. Algunos todavía no lo han superado. Murieron también cinco maestros. Por supuesto, hubo una investigación oficial de la tragedia para como se dice, de puras responsabilidades. Y la responsable fue la Junta Nacional del Carbón. Se dijo negligencia extrema. Quedó demostrado que la causa había sido una total ausencia de una política de seguridad en el vertido de desechos. Nadie fue juzgado, ni mucho menos nadie fue condenado por la negligencia. Los 116 niños y los 28 adultos ya eso, ya estaban enterrados en Aberfan. Dicen que se perdió toda una generación. Es impresionante ver en el cementerio de allí las 144 tumbas blancas alineadas. Son idénticas todas que recuerdan a aquell tragedia, la más grave de la minería en Reino Unido. Su Majestad la Reina ni se molestó en ir a los funerales. Por supuesto. Aceptó de mala gana ir ocho días después de la tragedia. Pero al fin y al cabo eran 144 galeses pobres. Una reina no está para esas cosas. Dicen que se arrepintió de su feo gesto toda la vida y que se le humedecieron los ojos. Yo me lo creo lo justito. No se arrepintió, lo que pasa es que le llovieron las críticas por su frialdad. Reconoció, después de acudir 8 días después de la tragedia, que fue el error que más lamentaba haber cometido como rey.
B
Bueno, pues en la tercera temporada de The Crown, que comentábamos al comienzo, hay un capítulo titulado precisamente así. Aberfan.
A
Aberfan. Es que fue una de las mayores pifias que hizo esta señora que se acaba de morir. Al día siguiente de la tragedia que conmovió a todo Reino Unido, a todo el mundo, la reina Isabel II mandó a su marido, al duque de Edimburgo y a Lord Mountbatten en representación. El primer ministro y sus asesores insistieron a la Reina por favor, que tienes que ir. Y ella es Estuvo negándose siete días. No un día, ni dos, siete días. Ni siquiera acudió al entierro, al que sí fueron dos mil personas. Le cayó tal avalancha de críticas que ocho días después acabó yendo una niña del pueblo le entregó un ramo de flores donde decía en una de parte de los niños que quedan en Aberfan. Alucinante. La Reina se ocupó de salir de una de las casas de los niños muertos secándose una lágrima de un ojo delante de las cámaras. Se arrepintió mucho, dicen. Y dicen que lloró mucho. Sí, pero la muerte de Diana de Gales estuvo otra vez resistiénd, o sea, dejarse ver con los Súbditos Yo juego.
C
A que te creas que me importa conozco la jugada, sé manejar las distancias cortas y no me importa nada nada. Querrías o que sueñes, que digas o que hagas y no me importa n por mucho que me empeñe que digas o que haga y no me importa nada.
B
Nieves Congostrina Hasta el próximo lunes. Un beso Carlas gracias que a usted lo pase bien.
A
Gracias, hasta luego.
C
Querrías o que sueñes, que digas o qué hagas y no me importa nada. Que tomes o que dejes, que vengas o que vayas y no me importa nada. Que subas o que bajes, que entre eso que salga y no me importa nada.
Podcast: Todo Concostrina
Host: Nieves Concostrina (A), with Carlas (B)
Date: October 21, 2022
Theme: The Aberfan tragedy of 1966 — its human, social, and political ramifications
In this episode, Nieves Concostrina explores the tragic disaster that befell the Welsh village of Aberfan in 1966, where a coal tip collapse killed 144 people, most of them children. The episode delves into the context of the British coal industry, the failures that led to the disaster, and the controversial response by Queen Elizabeth II. Concostrina’s signature style combines historical analysis with sharp social commentary, making the events resonate with listeners today.
“Una de las pilas de desechos de carbón, de varios metros de altura, acumuló agua, se desmoronó y una lengua de fango negro... sepultó una zona del pueblo.” — Nieves Concostrina [01:07]
"Las minas de Gran Bretaña producían carbón más barato que en cualquier lugar de Europa… Hasta que llegó el petróleo." — Nieves Concostrina [05:33]
“La responsable fue la Junta Nacional del Carbón. Se dijo negligencia extrema. Quedó demostrado que la causa había sido una total ausencia de una política de seguridad en el vertido de desechos.” — Nieves Concostrina [09:59]
“Aceptó de mala gana ir ocho días después de la tragedia. Pero al fin y al cabo eran 144 galeses pobres. Una reina no está para esas cosas.” — Nieves Concostrina [10:24]
On Avoidable Tragedies:
"Esas tragedias suelen estar salpicadas de errores humanos y no pocas veces relacionadas con ese pecado nefasto que es la avaricia."
— Carlas [00:26]
On Nationalization:
"Los británicos ya eran dueños de su carbón."
— Nieves Concostrina [04:57]
On Institutional Neglect:
"Los habitantes... llevaban un par de años alertando a la Junta Nacional del Carbón..."
— Nieves Concostrina [08:13]
On the Queen’s Empathy:
“Se demostró que Isabel II de Graciosa no tenía nada de empática, tenía aún menos.”
— Nieves Concostrina [02:05]
On Public Grieving:
"Es impresionante ver en el cementerio de allí las 144 tumbas blancas alineadas. Son idénticas todas..."
— Nieves Concostrina [09:59]
On The Queen's Late Regret:
"Reconoció... que fue el error que más lamentaba haber cometido como rey."
— Nieves Concostrina [10:24]
Concostrina’s narration is forthright, often caustic in her criticism of authority, and vivid in describing both the human and political elements surrounding the tragedy. She balances historical explanation with pointed social commentary and empathy for Aberfan’s victims.
This episode serves as a compelling reminder that some of history’s worst tragedies are not the result of natural disasters but of human negligence and institutional indifference—paired with the enduring pain and demands for respect of the affected communities. The retelling of Aberfan’s loss remains both a call to remember and a warning against repeating such errors.