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La Sociedad Española de Radiodifusión presenta Ser activa la radio podcast siempre.
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Vamos a ver si alguien todavía conserva alguna duda alguna sobre la conexión entre la historia, o sea, entre el pasado y el presente. Nieves se encarga cada X tiempo de despejar esas dudas y lo hace simplemente husmeando en noticias que podemos leer o escuchar como si tal cosa, pero que tirando, tirando del hilo. Pues eso, nos conectan. Nieves, buenas tardes.
A
Hola Carla, buenas tardes.
B
Dicho esto, ingredientes del episodio de hoy. Como si fuera una receta, unas monjas y un copón. Un copón, Un copón. Así como suena. Hay más elementos en esta historia, pero yo diría que estos son los más relevantes. Estos dos.
A
Así es, así es. El tema de hoy me lo ha inspirado la propia Ventana. Hombre, sí. He tomado nota de dos asuntos que me que me interesaban mucho y que han pasado por la Ventana en las últimas semanas. Y con los dos asuntos me ha salido un mil para el acontecido de hoy. Por un lado, cuando Rafa Panadero en la Ventana al mundo con los corresponsales, planteó el tema de la descolonización de los museos, ¿Te acuerdas? Ojo, que además de las joyas arqueológicas que las potencias han robado aprovechando la debilidad o la escasa protección del patrimonio en otros países, también se mencionó que no todo ha sido rocas piezas fueron vendidas porque no tenía derecho a venderlas, pero se vendieron. Y el otro asunto que pasó por la Ventana fue el de las monjitas negociantas con los pisos turísticos en el centro de una ciudad que no me apetece decir qué ciudad es porque si quieren pública la paguen.
B
Es del sur.
A
Si ya soy contraria yo al destrozo de los pisos turísticos en los barrios del centro que están expulsando a los vecinos. Pues si esto lo hacen monjas para sacar dinero, pues ya suelto espuma por la boca directamente. Pero el caso es que uniendo estos dos asuntos, el expolio artístico y las monjas negociantas, traigo un tema que reúne las dos Lo de las clarisas que se han tirado al negocio hotelero y que lo han vendido como si fuera la idea del siglo. Y pobrecitas, porque son muy pobres. Esto no es nuevo. No, ni mucho menos. A mí me tocó estar hace años, no lo elegí, me llevaron porque si lo elijo no voy. Me tocó estar en otro convento de clarisas que han reconvertido una parte en nueve apartamentos turísticos. Se conoce que las clarisas lo de los pastelitos, pues que ya no les da para más, se les queda corto, pero en fin. Pobreza, señoras, su voto es de pobreza y sacrificio. La Rosalía, que eso sé que no es comparse millonaria. Un día parmi alza buena malta siempre ven a escultada, probada bala. El cabundrillo está en invelida, culo blanco y un do a culo verde. Protota yo seca en un puffer.
B
A ver, Rosalía quiere ser millonaria, o eso canta por lo menos. Este otro convento hotelero al que te refieres, ¿Dónde está?
A
Está en Medina de Pomar, muy al norte de Burgos, casi en el límite norte de Burgos. Estas señoras empezaron hace diez años con cuatro apartament. Cinco. Ya tiene nueve o diez. Solo indicar, para lo que vamos a contar enseguida, que en su momento se informó de que la adecuación del convento en hospedería se hizo con un importante esfuerzo por parte de las monjitas. Y también vamos a añadir con 414.301 euros que aportó la Junta de Castilla y León en 2011 para la restauración del convento, con otros 120.000 euros del programa de desarrollo rural Lea Dercal se llama, para ayudita de los apartamentos turísticos en 2012. Y en 2013 la Junta les dio a las pobrecitas otra subvención de 125.000 euros. Y ahí dejé de sumar.
B
¿Es mucho dinero todo esto, pero yo.
A
Ahí ya dejé de sumar porque pa qué voy a sumar más? ¿Qué tiene que ver esto con el expolio artístico? Se preguntará alguien así como con angustia. Pues tiene que ver con un copón, con el famoso copón de Medina de Pomar que ahora luce en el Museo Británico de Londres, en la sala dedicada al arte gótico europeo. Ese copón está considerada la joya de esa sala. Es un cáliz de oro y perlas que durante tres siglos estuvo donde tenía que estar, en el convento de las Clarisas de Medina de Pomar.
B
La siguiente pregunta es ¿Qué hace en Londres? ¿Qué hace un copón como tú en un sitio como este? ¿Qué hace en Londres? El copón de Medina de Pomar está.
A
En Londres porque alguien decidió venderlo sin derecho a hacerlo porque pertenecía al patrimonio de Medina. El copón lo vendió un cura que encima hizo el canelo porque aquello valía un pastizal y lo tangano. Quede claro que no fue un expolio. Esa pieza, esa joya gótica, fue vendida tal y como se hizo con la dama de Elche.
B
Es verdad.
A
Esta señora luego pudo ser recuperada, afortunadamente, tal y como se hizo también con la reja de la catedral de Valladolid, que luce estupenda en el Metropolitan de Nueva York, porque la vendió el cura por 500 pesetas, por ejemplo. Tal y como se hizo también con los frescos románicos de la ermita de San Baudelio de Berlanga en Soria, que eso era una maravilla. Aquello era una maravilla. Esos frescos ahora están en museos de Cincinnati, de Nueva York, de Indianápolis, de Boston. Cosas de esta España tan patriotera y tan despreocupada por el patrimonio cultural durante varios siglos. Y la historia del copón de Medina de Pomar comienza en realidad en Inglaterra, o sea, que es un copón de ida y vuelta. Ese cáliz fue un regalo del rey inglés Jacobo I al condestable de Castilla, Juan Fernández de Velasco, y le hizo ese regalo tan chulo y tan valioso porque en 1604 las dos coronas firmaron la paz. España e Inglaterra estaban en guerra después de casi 20 años pegándose, y el conde estable formó parte de las conversaciones de paz en Londres. Juan Fernández de Velasco, para que costara de dónde venía ese regalo, hizo grabar en la base de ese copón, en latín, lo juan de Velasco, condestable, agradecido al rey de la Gran Bretaña, consagra a su regreso a su país, a Cristo el Pacificador, esta copa de oro macizo procedente del Real Tesoro de Inglaterra y monumento de la paz concluida entre los reyes.
B
A ver, Nieves, yo sigo el orden de las preguntas lógicas y previsibles. La siguiente. ¿Por qué acabó en Medina de Pomar el copón procedente de Londres?
A
Porque el convento de Santa Clara de Medina de Pomar lo había fundado, sufragado y estaba siendo mantenido desde hacía dos siglos y pico por la familia del condestable. Lo habían fundado los Velasco, los nobles ricachones. Esto lo sabemos de siempre. Los nobles ricachones de aquellos siglos, XIV, el 15, el XVI, el XVII, se creían, porque así se lo habían hecho creer, que si fundaban monasterios y conventos y los dotaban de pasta para mantener a curas y monjas, que no hacían otra cosa que contemplar la vida sin pegar sello, pues que llegaban antes al cielo, o sea, compraban el hueco en el cielo. Esos monasterios, además, se usaban como panteón familiar, donde se supone que monjas y curas seguían rezando por la salvación de esos ricachones muertos. Existe una descripción de los regalos que recibió el Condestable de manos del rey Jacobo I. Esa descripción la gran cantidad de vajilla de plata, preciosa por su peso y porque había sido usada por los antecesores del rey. Había especialmente un jarro de oro con su plato y tres grandes copas de oro, una de ellas decorada con imágenes de santos en esmalte de labor antiquísima. Esta es la descripción de aquel siglo de principios del XVII. Esto último que he dicho, con imágenes de santos en esmalte, labor antiquísima. Este era el copón que el Condestable depositó en el convento de Santa Clara de Medina de Pomar. Probablemente depositó también todo lo demás, pero no tengo los datos. Pero en el documento de donación al convento, otorgado ante notario en Burgos, se hizo constar que las clarisas no podían enajenar el copón ni los demás objetos que se donaban. Es decir, no se podían vender, ni prestar, ni regalar. Y que si esto se hiciese, el capellán de la capilla del Condestable de la catedral de Burgos confiscaría todo lo donado.
B
Está claro que las clarisas, la orden, la despreciaron directamente. Pero entonces, ¿En qué momento deciden vender el copón?
A
Pues cuando se les corte, claro, cuando se les cortó el grifo del dinero. Hay una cosa que jamás se plantean las monjas cuando se trata de obtener recursos, que es trabajar. Eso lo hacen otros, como muchos, como mucho, ya te digo, hacen pastelitos ellas, hasta que el pastelito no da para más. Y allá por 1800 y pico, ya estamos en el siglo XIX, las pobrecitas Clarisas necesitaban pasta. Vieron aquel copón de oro y perlas ricamente labrado y decidieron pulirlo. Por supuesto, encargaron a un cura que se hiciera cargo de la venta, porque ellas, ya se sabe, ya viven enclaustradas. El cura agarró aquel copón de oro macizo de 24 centímetros de altura con tapadera, profusamente decorado con esmaltes que representaban a los cuatro evangelistas y también escenas de la vida de Santa Inés. Había ricos adornos en el interior de la tapa, en el interior de la copa, es un ejemplar de joyería único, la leche. Único. Esto es del siglo XIV, que el cura vendió a un coleccionista francés, un varón, por 9.000 francos.
B
El copón no parece mucho.
A
Estaba valorado en aquellos años, siglo XIX, según los expertos, en 300.000 francos.
B
¿Y nadie pudo frenar aquella venta ilegal? Quiero decir, existía un documento firmado ante notario que lo prohibía de manera explícita.
A
¿Explícita? Pues vete tú a decirle a un cura y a una monja que lo suyo es ilegal. Vete a decírselo. Ellos hacen lo que Dios quiere y si está mal hecho, luego se confiesan y santas pascuas. Pero este cura y las monjas, además de chorizos, eran idiotas, porque vendieron por una miseria una pieza que, como bien señala el Museo Británico, es una joya de arte gótico europeo. La venta no pudo frenarse porque se enteraron a toro pasado, pero sí intentó revertirse cuando el duque de Frías, heredero directo del Condestable, se enteró de la venta hecha en París y le pidió al coleccionista que devolviera la pieza porque la venta había sido ilegal. El coleccionista dijo, bueno, le devolvió una pedorreta directamente. Hubo denuncias. Arrancó un proceso largo y complejo en Francia. Los abogados franceses pelearon bien y el heredero del Condestable perdió el pleito y se quedó sin la joya regalada por el rey de Inglaterra a su antepasado. El copón de Medina de Pomar se quedó en Francia durante los siguientes 10 años, hasta que este coleccionista, a finales del XIX, en 1892, lo vendió al Museo Británico por una pasta. Está identificada en el catálogo del Museo Británico. Está identificada como la Copa Real de Oro, de dos kilos de peso. Los expertos la han descrito como la superviviente real más excelsa de la edad gótica internacional. Aquel copón maravilloso, conocido en su momento como la Copa del Condestable. Las pobrecitas monjitas de Medina de Pomar la llamaban la Copa del Rey de Turquía.
B
¿Y eso?
A
Pues porque además de unas caraduras, unas ignorantes.
B
Al final el moni aparece por todas partes. Hay que seguir siempre su rastro. Mañana más, Nieves. Un beso muy grande.
A
Otro para ti, Carla. Gracias. Para no perderte ningún episodio, síguenos en la aplicación o la web de Laser Podium Podcast o tu plataforma de audio favorita.
Podcast: Todo Concostrina (SER Podcast)
Host: Nieves Concostrina
Date: February 21, 2024
En este episodio, Nieves Concostrina explora la curiosa y polémica trayectoria del famoso copón de Medina de Pomar, una joya gótica que terminó en el Museo Británico de Londres. Vinculando la historia con temas actuales, la autora conecta la venta (ilegal) de obras de arte religiosas con el presente, donde existen monjas negociantes y la transformación de conventos en negocios turísticos, todo en un tono irónico y mordaz que caracteriza el programa.
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Concostrina repasa, con ironía y rigor, cómo el expolio y la venta de patrimonio artístico no depende solo de saqueos extranjeros, sino muchas veces de la connivencia —por ignorancia o avaricia— de la iglesia local. Entre conventos que son ahora hoteles con ayudas públicas y copones que terminan en museos británicos tras ventas ilegales, la historia se repite: el dinero, la falta de escrúpulos y el olvido del sentido original del patrimonio.
Un episodio que combina humor, denuncia y anécdotas históricas para entender cómo el pasado nunca está realmente perdido —simplemente, cambia de dueño.