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Tiger Bomb Announcer
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Nieves
La Sociedad Española de Radiodifusión presenta SER activa La Radio Podcast siempre.
Carlas
Hola Nieves, buenas tardes.
Nieves
Hola Carlas, ¿Qué tal? Buenas tardes.
Carlas
Bueno, este es nuestro último acontece, que no es poco, antes de descansar un poquito por Semana Santa. Yo creo que en esos días, por cierto, Rafa Panadero ya me ha amenazado con recuperar algunas historias de tiempo atrás para que los oyentes no te echen de menos, Pero bueno, ya veremos lo que hace él.
Nieves
Voy a seguir dando la turra en.
Carlas
Semana Santa, pero ahora toca una pausa. Y yo me pregunto, ya que estamos, no sé, tú haz lo que quieras, pero ¿No querrías comentar algo de la Semana Santa hoy? Algo, lo que sea, me da igual. No sé, en fin, sí, sí, sí.
Nieves
Sí o no, Sí me iba a librar yo no me iba a escapar por ahí, porque tenemos ahí mismo ese show business turístico que es la semana de pasiones y fiestukis y hombre, algo hay que hacer relacionado con ello. Y he pensado que como por lo general todas esas cosas religiosas están repletas de eufemismos, muchas veces lo mencionamos pues para que no se note lo que de verdad representan o lo que de verdad son y lo que de verdad esconden. Hoy podríamos hablar de uno de esos eufemismos de los nazarenos. Constantemente. Los nazarenos, los cofrades, los nazarenos. Esos señores y señoras que van con pinguruchos altos, cara tapada, procesionando delante y detrás de unas estatuas que dan miedito y que se hacen llamar nazareno. Estoy disléxica. Nazarenos. Bueno, se llaman nazarenos porque suena bien, pero que su nombre en origen suena mucho más feo. Son disciplinantes, Son gente con gustos, extraños personajes, eran muy siniestros y con cierta inclinación al sadomaso. Su principal función era infundir temor, acojone. Y como seguramente hay muchos que se disfrazan de disciplinantes en estos próximos días, sólo por tradición, por costumbre, sin saber de dónde viene esto, y que incluso visten a los niños de disciplinantes, pues vamos a contarlo. Puede que a alguien le interese saber que esto tiene un origen tétrico y que no sé si es muy oportuno que los niños rememoren esta costumbre. Pero bueno, allá a mí me da igual. Como si salen en pelota sólo con el cucurucho. Me da lo mismo. Pero que se sepa que nazareno es un eufemismo. Se llamaban disciplinantes. Y eso viene de disciplinarse, infligirse castigo, mortificarse. La historia de hoy va de los nazarenos y su gustito por los látigos, la sangre y el dolor.
Tiger Bomb Announcer
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Nieves
Ay, que gustito pa mis orejas. Enterraito entre tus piernas. ¿Y tú me dices, ay, que te respond? Yo todavía no te he escuchado. Tu preguntas, ay, no te oigo bien. Ay, ¿Por qué ando sumergido en tu miel?
Carlas
A ver, hablando de preguntas. Estás distinta. A ver, no te rías. Esto que has comentado quiere entonces decir que si buscamos en el diccionario, nazareno nos da como sinónimo disciplinante.
Nieves
Es un nazareno es un disciplinante, pero claro, ellos no se llaman ya así. Y también el sinónimo es azotado y encapuchado, pero como son nombres malsonantes, se hacen llamar ya nazarenos, que son sinónimos todos, para que suene más bonito. Pero en realidad nazareno tiene que ver con Nazaret. Orígenes. Nazaret. Claro, claro. No sé por qué se han inventado lo de esto. Bueno, pues para eso, para suavizarlo. Pero el diccionario te especifica aún más. Te dice que hay disciplinantes de luz y disciplinantes de sangre. Los de luz alumbran a los que iban dándose de latigazos y los de sangre son los que van dándose propiamente de latigaz. ¿Sabes de dónde se sigue manteniendo este espectáculo sangriento? De los disciplinantes. Sin blandenguerías nazarenas ni vestidos lujosos como los que se seguramente. Yo creo que lo habrás visto alguna vez.
Carlas
Es que cada Semana Santa en la tele, o casi cada Semana Santa, lo ponemos. Sí, yo creo que en todas las teles. Además. Yo cuando estaba en TV lo poníamos y lo sigo viendo en Filipinas.
Nieves
Sí, sí, claro, es que eso es así, eso es así. Aquí ya los nazarenos se han dedicado a ser una especie de desfile de modelos. El traje más barato cuesta 400 euros, el más baratito, más sencillo, pero se va hasta 2000 y pico euros los trajes de nazareno. Bueno, pues en Filipinas, como tú has dicho, siempre digo que lo peor que algunas metrópolis han hecho en su expansión por el mundo no ha sido la conquista en sí, sino llevar la religión. Pues los filipinos a los que se les impuso el cristianismo siguen manteniendo en Semana Santa lo que se les enseñó en origen.
Carlas
Son flagelarios, eso sí, son flagelar, desde luego.
Nieves
Claro, se pasean en procesión arreándose latigazos, que es lo que tienen que hacer los nazarenos, sangrando la espalda en carne viva, dejándose azotar por otros. Es un espectáculo de locos, es un espectáculo de vergüenza que luego rematan algunos clavándose en una cruz, literalmente. Los clavan los pies y las manos en unas maderas. En fin, cosas absolutamente irracionales. De este asunto de los disciplinantes, como de otros muchos, nos ilustra además muy bien el Quijote de Cervantes.
Carlas
Es verdad, hay una aventura en un capítulo de título kilométrico, ¿Verdad?
Nieves
Sí, totalmente.
Carlas
De la pendencia que DQ tuvo con el cabrero, con la rara aventura de los disciplinantes, a quien dio feliz fin a costa de su sudor, con el título de verdad.
Nieves
Sí es que a Cervantes le gustaban los títulos largos. Además es un capítulo muy divertido. Es un capítulo divertidísimo, es el capítulo 52, por si alguien se quiere ir directamente ahí, Y es un capítulo que empieza con una bronca con un cabrero que dice que Don Quijote le dice el cabrero a DQ que tiene vacíos los aposentos de la cabeza, no está mal visto, Y DQ le responde, sois un grandísimo bellaco y vos sois el vacío y el menguado, que yo estoy más lleno que jamás lo estuvo la muy y de puta puta que os parió. Esto dicho así en el Quijote, la mui de puta puta que os parió. Y luego Don Quijote lo arreó. Bueno, pues en el capítulo se va por el cabrero, le arreó con un pan, le arrean toda la cara, el cabreo se tiró al cuello, Sancho, separándolos. Bueno, y en mitad de esta bronca, en mitad de esta tangana, aguantazos los tres, Don Quijote pide una tregua al cabrero porque oye, una trompeta que anuncia, según él, una nueva aventura. Dice, oh, cuidado que por ahí, ahí tengo yo otra vez faena. Se levantan y ven avanzar, esto es textual, a muchos hombres vestidos de blanco a modo de disciplinantes. Pero también vio que llevaban sobre una plataforma a una mujer enlutada y llorando. Y dijo don hay que liberar a esa mujer, que si va llorando es porque la llevan a la fuerza sus encapuchados. Y allá que te fue él y atacó. Por eso digo, es un capítulo muy divertido. Aquello era una procesión que venía de una ermita, estaban paseando una estatua de una virgen para que lloviera, y al lado iban los disciplinantes arreándose latigazos y como dice el libro, abriéndose las carnes. Ese es el origen de los nazarenos. No cuento cómo termina el capítulo.
Carlas
Hay que dolor, hay que dolor, hay que dolor, hay que dolor, hay que dolor, hay que dolor. Por más que me pregunto no encuentro la razón. Hay que dolor. Para dejar más sin hay que dolor, sin una explicación. Hay que dolor, hay que dolor. A ver, dolor, pase un poquito más para atrás, porque todo esto de ponerse capuchas y arrearse latigazos tendrá un origen anterior. ¿Quién se inventa esto? ¿Cuándo empieza esto?
Nieves
Esto parece, según han estudiado los antropólogos, esto empieza en el siglo XIII, en 1200 y pico. Empieza por Europa, pues con las primeras epidemias de peste, a raíz de las milongas de que si son castigos divinos, la pecadores, la isla de Dios. No te digo que sigo disléxica. La religión aprovechaba el momento para infundir miedo y atrapar clientela. Convencían a la gente de que había que sacrificarse para calmar la ira divina y la gente se castigaba. Por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa. Les hacían creer que el dolor, el sufrimiento, complacía a Dios, que lo calmaba. Y luego en cada sitio, bueno, pues la verdad es que esto es un poco el origen, pero luego en cada sitio se fue añadiendo teatro. Sevilla, Sevilla, por ejemplo, En el siglo XVI, mil quinientos veintitantos, alguien se inventó, que tiene nombre y apellidos, pero alguien se inventó que cada uno de los siete viernes de cuaresma había que salir en procesión rezando 1.321 credos y padrenuestros. Sí, porque alguien se inventó también que 1321 fueron los pasos que dio el tal Jesucristo con la cruz a cuestas, o sea, la imaginación al poder es alucinante, tú te inventas cualquier idiotez que tenga que ver con una Virgen, un Cristo o un santo y se lo creen, por muy disparatado que sea, indemostrable, fantasioso, pero se lo creen y si tú no te lo crees, pues a la hoguera. Te tenías que hacer el idiota. Alguien dice 1321 pasos, Dios, Jesucristo, ¿Te lo crees? Sí, sí, por supuesto, Vamos, claro, ni 22, ni 1322 ni 1320. 21 exactamente. Pasó tiempo. El caso es que se iban añadiendo teatrillos, pasó tiempo, siguen añadiéndose más, fueron creándose cofradías de disciplinantes que desfilaban con capuchas esos viernes de cuaresma y que se arreaban latigazos cada cierto tiempo recreando las caídas de Jesucristo en cada una de las tres, cuatro o cinco caídas, las que fueran. Venga latigazos, venga latigazos. Ese es el origen de las procesiones. Cuando se propagó lo rentable que era tener una cofradía y las subvenciones que llegaban, bueno, pues aquello subió como la espuma a partir del 16 y hasta hoy.
Carlas
¿Oye, y había muchas cofradías de disciplinantes por toda España?
Nieves
Centenares, miles ya miles, miles en cualquier aldea, pueblos, ciudades. La Contrarreforma, la respuesta que dieron los católicos a la reforma protestante tuvo mucha culpa de que los disciplinantes proliferaran por todo el mundo católico. En su afán por revitalizar la Iglesia y luchar contra el protestantismo se alentó el derramamiento de sangre a base de azotes voluntarios. Era una forma, según decían, era una forma de imitar a Cristo para redimir los pecados y para fortificar el espíritu. En la Castilla rural de aquel siglo XVII, porque están contadas además, que por eso eso lo saca relucir Cervantes en el Quijote, había miles y miles de disciplinantes que cada dos por tres andaban en procesión con estatuas de santos y vírgenes azotándose, pidiendo al cielo que acabara la plaga de la vid, que no hubiera granizo, que acabara las plagas de langosta, la pestilencia, la rabia, la sequía, hay que acabar con la sequía. Pues vamos a sacar a la muñeca Cualquier excusa válida la sola visión de aquellos disciplinantes sangrando, cubiertos con unos sacos que dejaban la espalda al aire y con unas caperuzas que preservaban su anonimato y su condición social, que de eso se trataba, pues ya dejaba a los aldeanos por donde pasaban con el corazón en un puño, porque dan miedo. Y si a ellos se añade una espectacular puesta en escena, generalmente era la caída de la tarde. Con cirios, con hachas encendidas, con letanías que retumbaban en el silencio y con una trompeta que sonaba al compás de los chasquidos de los latigazos. Está claro que los impresionables se acojonaban, porque de eso se trataba, de atemorizar. Si eso era la tierra, ¿Que no sería el infierno?
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Carlas
Hasta que no me duele más, oye. La última nieves. Estas cofradías de disciplinantes, entonces, han derivado en las actuales que conocemos hoy. Ese es el origen.
Nieves
Sí, claro, con su evolución y todo, pero sí, ese es el origen de lo que ahora salen con los pinguruchos en la cabeza, con ropajes lujosísimos, carisísimos. A finales del XVI, sólo en Toledo había cuatro cofradías que oscilaban entre los 600 y los 1.000 miembros en el momento de su fundación. De disciplina, por supuesto, se multiplicaron rápidamente. Llegó un momento en que cada pueblo tenía su propia cofradía, además con los nombres muy curiosos. La de la Veracruz, la de la Sangre de Cristo, la de las Angustias, la de las Cinco Llagas. Nombres todos que recuerdan al sufrimiento. Por supuesto, tanto fanatismo provocaba más de una muerte entre los disciplinantes. Pero si tenía. Sí, claro, es que estamos hablando de época. Las infecciones. Tú te dejabas una herida abierta. Las infecciones estaban ahí. Pero es que si tenía. El disciplinante tenía la mala suerte de morirse. Ningún problema, porque el pavo se moría creyendo que iba al cielo y se le aseguraban 60 misas. Si te mueres en una de estas, no te preocupes. En las rogativas más importantes incluían a niños, imitaban a sus mayores y su sacrificio se consideraba especialmente efectivo ante Dios porque eran inocentes y sin pecado. Qué gente. Tú de verdad. Yo no sé. Así que no sean blandengues, señores disciplinantes. Mantengan la tradición. Espalda al aire. Latigazos y sangre. Mucha sangre. Qué falta de respeto al sacrificio que exige Dios. Qué vergüenza. Que atropelló a la fe. Cuánto hipócrita.
Carlas
Bueno, pero tú estos días a descansar. A sosegat. ¿Que dicen en Valencia?
Nieves
De latigazos nada.
Carlas
Venga, venga. Un beso, Nieves. Hasta pronto.
Nieves
Que descanse.
Carlas
Cuídate mucho. Adiós. Adiós.
Nieves
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Tiger Bomb Announcer
No importa lo que te detenga, despierta tus sentidos con la fuerza del tigre y el poder de hierbas aromáticas legendarias. Tiger Bomb. Actúa rápido para calmar, revitalizar y restaurar. Siéntete mejor y vuelve a disfrutar la vida con Tiger Bombarde.
En este episodio de Acontece que no es poco (SER Podcast, 21 de marzo de 2024), Nieves Concostrina, fiel a su estilo crítico y desenfadado, desentraña los orígenes históricos y el significado real de la figura de los "nazarenos" en la Semana Santa española. Nieves expone que, detrás del actual espectáculo visual y turístico, se oculta una tradición mucho más siniestra: la de los "disciplinantes", individuos que se autoflagelaban públicamente como muestra de penitencia religiosa. A lo largo del programa, se desmontan eufemismos, se repasan rituales sangrientos y se analizan las razones sociales, religiosas y políticas que popularizaron estos actos.
Nieves comienza desvelando que el término "nazareno", utilizado comúnmente para designar a los participantes encapuchados en las procesiones, es en realidad un eufemismo para "disciplinante"―personas dedicadas a infligirse castigos físicos por motivos religiosos.
“Nazareno es un eufemismo. Se llamaban disciplinantes. Y eso viene de disciplinarse, infligirse castigo, mortificarse.” (Nieves, 01:37)
Señala el carácter intimidante, e incluso siniestro, que tenía originalmente la figura del disciplinante: infundir temor y mostrar gran inclinación por el dolor y la sangre.
“Su principal función era infundir temor, acojone... Tenían cierta inclinación al sadomaso.” (Nieves, 01:22)
Se apuntan las diferencias entre los “disciplinantes de luz” (los que acompañaban) y los “disciplinantes de sangre” (los que se flagelaban literalmente).
“El diccionario te especifica aún más. Te dice que hay disciplinantes de luz y disciplinantes de sangre. [...] Los de sangre son los que van dándose propiamente de latigazo.” (Nieves, 03:59)
Nieves subraya la transformación estética y económica de la tradición: actualmente, los trajes de nazareno son carísimos —llegando a costar hasta 2000 euros—, convirtiendo un antiguo ritual doloroso en un desfile casi de alta costura religiosa.
“Aquí ya los nazarenos se han dedicado a ser una especie de desfile de modelos. El traje más barato cuesta 400 euros, el más baratito, más sencillo, pero se va hasta 2000 y pico euros los trajes de nazareno.” (Nieves, 05:00)
Se menciona cómo la faceta sangrienta del ritual se mantiene viva en lugares como Filipinas, donde aún se autoflagelan y llegan incluso a crucificarse.
“En Filipinas [...] se pasean en procesión arreándose latigazos, que es lo que tienen que hacer los nazarenos, sangrando la espalda en carne viva, dejándose azotar por otros. Y algunos se clavan en una cruz, literalmente.” (Nieves, 05:42)
La figura del disciplinante también inspiró a Cervantes, que la retrató en el capítulo 52 de "El Quijote". En tono cómico, se describe a Don Quijote atacando a disciplinantes durante una procesión, al no entender su propósito.
“En el capítulo se va por el cabrero, le arreó con un pan, le arrean toda la cara, el cabreo se tiró al cuello, Sancho, separándolos [...] Don Quijote pide una tregua [...], ve a muchos hombres vestidos de blanco a modo de disciplinantes. [...] Y dijo don Quijote 'hay que liberar a esa mujer, que si va llorando es porque la llevan a la fuerza sus encapuchados'.” (Nieves, 07:00)
“Ese es el origen de los nazarenos. No cuento cómo termina el capítulo.” (Nieves, 08:09)
Se origina en el siglo XIII, con las crisis de peste y otras calamidades, donde la autoflagelación surge como respuesta a supuestos “castigos divinos”.
“Esto empieza en el siglo XIII, en 1200 y pico. Empieza por Europa, pues con las primeras epidemias de peste. [...] Convencían a la gente de que había que sacrificarse para calmar la ira divina y la gente se castigaba.” (Nieves, 08:43)
Las procesiones y flagelaciones se van teatralizando —añadiendo "credos" y "padrenuestros" por cada paso, recreando las caídas de Cristo, etc.— para consolidar el control social, emocional y espiritual.
“Alguien se inventó también que 1321 fueron los pasos que dio Jesucristo con la cruz a cuestas. [...] Se iban añadiendo teatrillos, fueron creándose cofradías de disciplinantes…” (Nieves, 09:40)
La Contrarreforma católica facilita la multiplicación de estas cofradías, presentes en todos los pueblos y ciudades, como respuesta a la Reforma protestante.
El impacto visual de las procesiones buscaba infundir pavor, haciéndolo parte integral de la devoción popular.
“La Contrarreforma tuvo mucha culpa de que los disciplinantes proliferaran por todo el mundo católico. [...] La sola visión de aquellos disciplinantes sangrando, cubiertos con unos sacos que dejaban la espalda al aire y con una caperuza que preservaba su anonimato y su condición social, pues ya dejaba a los aldeanos por donde pasaban con el corazón en un puño, porque dan miedo.” (Nieves, 10:59–11:58)
Nieves describe cómo las actuales cofradías derivan de estas agrupaciones originariamente sangrientas; con la evolución, deriva primero en ritual y, luego, en espectáculo, aunque ciertos elementos simbólicos se mantienen.
Muchos nombres de cofradías hacen alusión directa al sufrimiento y la sangre.
Se menciona la alta mortalidad por infecciones, y cómo incluso la muerte era celebrada si llegaba durante la disciplina, pues aseguraba la salvación y misas.
“De disciplina se multiplicaron rápidamente. [...] Por supuesto, tanto fanatismo provocaba más de una muerte entre los disciplinantes. [...] Ningún problema, porque el pavo se moría creyendo que iba al cielo y se le aseguraban 60 misas.” (Nieves, 13:15–14:32)
Incluían a niños, pues su inocencia los hacía aún más “eficaces” en la petición de favores divinos.
“En las rogativas más importantes incluían a niños, imitaban a sus mayores y su sacrificio se consideraba especialmente efectivo ante Dios porque eran inocentes y sin pecado.” (Nieves, 14:33)
Sobre la evolución de la tradición:
“Mantengan la tradición. Espalda al aire. Latigazos y sangre. Mucha sangre. Qué falta de respeto al sacrificio que exige Dios. Qué vergüenza. Cuánto hipócrita.”
(Nieves, 14:45)
Tono irónico-crítico sobre la credulidad popular:
“La imaginación al poder. Tú te inventas cualquier idiotez que tenga que ver con una Virgen, un Cristo o un santo y se lo creen, por muy disparatado que sea, indemostrable, fantasioso, pero se lo creen y si tú no te lo crees, pues a la hoguera.”
(Nieves, 09:10)
Anécdota literaria:
“A Cervantes le gustaban los títulos largos. [...] Y DQ le responde, sois un grandísimo bellaco y vos sois el vacío y el menguado, que yo estoy más lleno que jamás lo estuvo la muy y de puta puta que os parió. [...] Esto dicho así en el Quijote, la mui de puta puta que os parió.”
(Nieves, 06:28)
Este episodio, con la agudeza habitual de Nieves Concostrina y una buena dosis de sentido del humor (a veces ácido), expone el trasfondo histórico no tan bello de las procesiones y tradiciones de Semana Santa. Bajo la figura del nazareno se esconde una tradición de autoflagelación y miedo que, si bien ha perdido su carácter sangriento en España, todavía pervive en otras partes del mundo y sigue influyendo en el imaginario popular.
La reflexión final invita a mirar la Semana Santa más allá de los eufemismos y a entender el peso de la historia, el miedo y el mito en nuestras costumbres actuales.