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Carla
Ser podcast.
Nieves
Cómo suena Bocchirini en el Erase Nobel en Borbonia, el otro día en Burgos, que viene. ¿Y la gente cómo se la sabe?
¿Cómo le suena esta musiquita de escucharla cada tarde en la ventana? Qué personaje. Boquerini, Wolf. A ver cuándo. Ya avisarás de cuando va el borbonismo.
Carla
Por ahí de gira, cuando vayan llamando. A ver si nos queda tiempo. A ver si la gente quiere.
Nieves
Y a nosotros nos queda tiempo, oye. Es curioso cómo la historia nos confirma una y otra vez la importancia que tiene el factor humano para todo. Para todo. Y cómo aparece casi siempre en los grandes episodios, con los grandes personajes. Si lo pensamos, es lógico que sea así. ¿Por qué van a ser diferentes las miserias que se cuecen bosques que se En un barrio, en una casa, en una radio, en una empresa o en una cancillería? Hay gente que se cae bien, que se cae mal, y eso puede influir en las relaciones, puede influir en los negocios, puede influir incluso en la geopolítica. Y si no, ahí tenemos por ejemplo, el caso de hoy, los celos de Churchill por lo bien que se llevaban Stalin y Roosevelt, que ya comentamos algo de pasada el otro día, pero este hombre tenía como una fijación.
Carla
Sí, sí, sí. Estaba cabreadísimo por lo bien que se llevaban estos dos. Ya dijimos que íbamos a ir contando así cosas sueltas. Y dijimos el otro día que si Stalin y Roosevelt se habían caído bien por Tinder, cuando sólo se escribían cuando tuvieron su primera cita en Teherán, a finales de noviembre de 1943. Bueno, eso ya fue un flechazo ida Teherán.
Nieves
En fin, esa es otra.
Carla
Se tuvo que desplazar el capitalista presidente estadounidense para conocer al estalinista presidente. Que digo estalinista porque se le queda muy cortito. Roosevelt corrió muchos riesgos para tener esa cita. El Atlántico estaba cuajado de submarinos alemanes y aunque el presidente viajara en un acorazado, iba escoltado además por nueve destructores y un portal. Pero mira, un pepinazo es un pepinazo. Si te reía. Ya está. Y hubo que atravesar el estrecho de Gibraltar para adentrarse en el Mediterráneo. Y como aquí teníamos a un dictador nazi, Franco, aliado del nazi Hitler, pues todo lo que pasaba por Gibraltar lo vigilaban de cerca para avisar a los alemanes de que había objetivo a la vista. Pasaron, pasaron ahí con el culillo apretado, pero pasaron. Y llegó Roosevelt y quiso mostrar tanta cercanía, mostrar tal confianza en Stalin, que no le importó no dormir en la embajada estadounidense en Irán.
Pusieron como excusa que había un peligro de atentado, que mejor que se fueran a los edificios soviéticos. Y nada, se instaló en una villa que le puso Stalin, aunque su cuarto, vamos a ver, estuviera cuajado de micrófonos y el que le hacía la cama era gente del KGB. Pero bueno, eso le daba igual. Y Churchill mientras, mosqueadísimo y a expensas de que le dieran audiencia aquellos dos.
Nieves
Pero aquí hay dos cosas. Ha quedado claro que a Roosevelt le cayó en gracia a Stalin. Miren, cosas que pasan. Pero también parece bastante claro que el británico no le caía bien a él. ¿Había pasado algo entre ellos?
Carla
¿Entre Churchill y personalmente? No. Pero es que Roosevelt sentía mucha antipatía por los británicos en general. Sí, el Imperio Británico. Eso es una cosa que no lo han llevado bien. Churchill le parecía un aristócrata rancio. Y además se arrepintió Roosevelt de haberle hecho caso un año antes, en noviembre de 1942, con el desembarco aliado del norte de África. No porque saliera mal ese desembarco, sino porque retrasó otro, quizás más efectivo, el famoso desembarco de Normandía, que finalmente se produjo a mediados de 1944. Podría haberse producido dos años antes, en 1942. Eso le hubiera interesado a Stalin. Y presionaba para ello que un gran desembarco aliado en Normandía se hubiera producido en 1942. Porque así Hitler se habría visto obligado a dividir sus fuerzas. Tendría que haber sacado mucha tropa de la Unión Soviética para llevársela a Francia y frenar el avance aliado hacia Alemania. Pero Churchill no estaba de acuerdo con esto. Churchill quería que el desembarco fuera en el norte de África, en Casablanca, en Orán y en Argel.
De este desembarco hemos oído hablar menos. Pero gracias a esto fue cuando echaron de Marruecos a los nazis. Te acordarás de que contamos que la película Casablanca se estrenó precipitadamente en noviembre de 1942 en Nueva York para insuflar ánimos a los estadounidenses. Casablanca recrea la ciudad tomada por los nazis, pero se estrenó cuando a los nazis los habían echado hacía muy poquito. Pues fue gracias a este desembarco que se llamó Operación Torch. Salió bien, fue brillante. Pero la mayoría de los generales de Roosevelt no estuvieron de acuerdo con el desembarco en África porque era más práctico y efectivo ir a por los nazis en Europa. Pero Churchill no Chuchil al final, en aquel momento se llevó el gato al agua y convenció a Roosevelt de que mejor en África.
Nieves
Igual es porque Churchill tenía intereses en el norte de África. Churchill y el Reino Unido.
Carla
Sí, claro. Había, había. Churchill quería frenar el avance en el Mediterráneo sur del famoso general Rommel, el zorro del desierto. Si los aliados desembarcaban en el norte de África, pues frenarían Rommel, controlarían el Mediterráneo y desde ahí, eso quería Churchill, avanzar desde el sur de Europa hacia Alemania. Supongo que también querría proteger el Canal de Suez. Por supuesto. De cualquier forma, aquella fue la última vez que Roosevelt tuvo en cuenta las sugerencias de Churchill. Él ya sólo se entendía bien con su colegio, Stalin. Tiempo después, cuando tenían más confianza, Roosevelt le dijo a Stalin esta frase muy buena. El inglés es un pueblo muy especial. Quiere tener su pastel y comer del de otros. No en mala definición. En Teherán, Churchill estaba mosqueado y celoso. De entrada no fue invitado al primer encuentro de la parejita. Pero es que luego hubo otros dos a los que tampoco le invitaron. Sobre todo porque iban a tratar asuntos que afectaban a Francia y no querían que los oyera Churchill. El británico apostaba por que Francia estuviera presente en las grandes decisiones. Que se sentara en la misma mesa con los potentes rusos, con los británicos y estadounidenses, para diseñar también el futuro de la Europa de posguerra. Y en eso no estaban de acuerdo Rusia, porque es que consideraba la verdad. A los franceses los consideraban unos flojos. Al fin y al cabo, Francia se había hecho colaboracionista de los nazis. Claro, ahí estaba la Francia de Vichy y el general Petain rendido al amor de Hitler. Aunque el general De Gaulle resistiera como podía. Eso no le daba categoría para sentarse entre los grandes, ni mucho menos para pillar nada en el reparto de Alemania previsto cuando terminara la guerra.
Ne me quitte pas.
Il faut oublier. ¿D' où peut s' oublier qui s'? ¿Enfuit? ¿Déjà oublier le temps des malentendus et le temps perdu à savoir comment oublier ces heures qui tu es parfois à coup de pourquoi?
Nieves
Al final Francia sí pilló algo. De hecho tuvo una zona de ocupación. Es verdad que no tan grande como las que se repartieron los otros tres. Y también dejaron que formara parte del Consejo de Seguridad de la ONU no salió tan mal parada Francia.
Carla
Para nada. Para lo que había hecho, la verdad es que salió muy bien parada. Pero todo eso lo sacaron. Y en eso insistieron. Porque Stalin y Roosevelt quisieron hacerles ese favor. Insistieron mucho en ello. Y porque Churchill se puso muy pesado. Estaba claro que el yanqui y el soviético se sentían los reyes del mambo, los que iban a cortar el bacalao en el nuevo Orden mundial. Y además sentían cierto desdén por esa vieja Europa añeja. En España, Italia, fíjate, dos fascistas. Luego en Reino Unido, los altivos británicos y sus aires imperiales. Por otro lado, los franceses, unos flojos, apenas habían participado en la guerra. Es que se entregaron enseguida a los nazis y pretendían los mismos derechos que británicos, estadounidenses y soviéticos De Sorada dijeron. Además, ese tal De Gaulle tenía unos aires de grandeza que tampoco le gustaban a Roosevelt. Roosevelt contó que dos años antes, en una entrevista con él, De Gaulle se había comparado con Juana de Arco y que se creía el guía espiritual de Francia. Así que entre lo mal que le caía a Church y lo mal que le caía a De Gaulle. En fin. Ah, sí, sí. Al final, y dejando claro que era un favor, en vez de dividir la Alemania post nazi en tres zonas de ocupación bajo control de británicos, yanquis y soviéticos, la dividieron en cuatro y le dieron un pedacito a los franceses por la zona por abajo, por la Alsacia. Y Berlín también se dividió en cuatro sectores y también le dieron el sector más pequeñito al control francés.
Nieves
Oye, Nieves, en esa reunión de Teherán, además de cabrear a Churchill, ¿Qué otros asuntos se acordaron? A ver.
Carla
Pues en Teherán es donde Roosevelt le planteaba Stalin si le apoyaba con todas sus ganas en su plan para la creación de la ONU. Ahí es donde se lo plantea. Que ya sabía él que le iba a gustar, pero necesitaba que se lo dijera. Y sí, por supuesto, Stalin le aplaudió la idea de crear un superorganismo internacional donde todos los países decidieran defender la paz en el mundo, pero que en el fondo la última palabra la tuvieran Estados Unidos, Unión Soviética, China y Reino Unido. En este proyecto todavía la pandilla no había decidido hacerle el favor a los franceses y decirle eso. Venga, vale, te dejamos jugar con nosotros. Todavía no. Pero el objetivo de la cumbre de Teherán era establecer la estrategia definitiva para ganar la guerra de una vez por todas. Después vendría la cumbre de Yalta que se estaba celebrando en estas fechas entre el 4 y el 11 de febrero del 45 que ahí fueron a tomar decisiones concretas para después de ganar la guerra. Pero ahora en Teherán las decisiones a tomar eran para ganarla. Y la decisión más importante fue fijar la fecha para el desembarco de Normandía siete meses después para empezar el avance hacia Alemania desde el noroeste de Europa. Y otra vez Churchill diciendo que no, que no, que por ahí no. Y Roosevelt, Stalin sí, que Por ahí sí.
Nieves
¿Pero qué le pasaba a Churchill con Normandía? ¿Por qué rechazaba que se hiciera ahí el desembarco? ¿Qué problema tenía?
Carla
Como su propio nombre indica, Churchill era muy conservador. Y eso de empezar el avance hacia Alemania entrando por ahí y además al lado de Reino Unido con un choque frontal y a lo bestia, eso no le gustaba. Pero es que era lo que le gustaba a Stalin. Churchill apostaba por invadir Alemania partiendo desde Italia para avanzar por el centro de Europa. Y además es que no se fiaba nada de Stalin y le preocupaba tanta influencia sobre Roosevelt. Si Stalin quería una cosa, el otro quería la otra. Churchill creía que el estalinismo podía ser tan peligroso como el nazismo. Y en esto el tiempo demostró que tenía razón. Pero entonces no lo sabía, solo lo sospechaba. Y esa desconfianza les llevaba a tener unas agarradas tremendas. La tuvieron muy gorda en Terán. La tuvieron también en Yalta. Porque si en algo coincidían aquellos tres líderes mundiales es que les gustaba la botella más que a MacGyver. Una ferretería. Madre mía. Fue famoso el cebollón en. En una cena en Teherán en la que todos estaban con la corbata en la cabeza prácticamente, pero Churchill también, hasta las cejas. Pero lo que pasa es que Churchill tenía mala copa precisamente el día que además le sentó especialmente mal la copa. Porque fue el día en el que le dijeron a Churchill que el desembarco de Normandía iba a ser en junio de 1944 y que no se hablaba más. Y en la cena, con un pedal del 7 estaban allí casi todos. Stalin propuso un brindis con el deseo de que al menos 50.000 alemanes fueran ejecutados después de la guerra. Churchill salvador, enfadadísimo. Y dijo que eso jamás lo permitiría a Reino Unido. Pero es que entró a la broma Roosevelt y al brindis y a mediar en la bronca. Y bueno, hombre, te pongo así. Tampoco hace falta exagerar. Podemos buscar un término medio. En vez de 50.000, fusilamos a 49.500.
Y venga, más risa. Y Churchill que se levanta mosqueado. Se va Stalin y Molotov detrás. Venga, va, Winston, te pongas así, hombre. Vuelve. Gran broma, perdónanos.
Nieves
Y no, no volvió nunca.
Qué caráct.
Carla
Listen, baby, ain't no mountain high, ain't no valley low, ain't no river wide enough Baby, if you need me, call me No matter where you are, no matter how far Don't worry, baby, just call my name I'll be there in a hurry You don't have to worry of baby name.
Nieves
Pues nada, Nieves, a descansar y a recuperarse, que el lunes hay que volver.
Carla
A la carga con ganas.
Nieves
Venga, un beso. Gracias, Carla.
Carla
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Podcast: Todo Concostrina
Host: SER Podcast (Nieves Concostrina, Carla)
Date: February 6, 2025
This episode dives into an iconic moment of history: the Teherán Conference of November 1943, where the dynamic between Winston Churchill, Joseph Stalin, and Franklin D. Roosevelt played a defining role in shaping the final chapter of World War II. With her characteristic sharp wit and engaging style, Nieves Concostrina explores not just the political outcomes of the meeting, but especially the very human drama—Churchill’s jealousy over the budding "bromance" between Roosevelt and Stalin, and how personal likings, distrust, and egos influenced the fate of Europe.
“Es curioso cómo la historia nos confirma una y otra vez la importancia que tiene el factor humano para todo. Para todo... Hay gente que se cae bien, que se cae mal, y eso puede influir... incluso en la geopolítica.” (00:36)
“Roosevelt quiso mostrar tanta cercanía, mostrar tal confianza en Stalin, que no le importó no dormir en la embajada estadounidense...” (01:39)
“Churchill mientras, mosqueadísimo y a expensas de que le dieran audiencia aquellos dos.” (02:28)
“Roosevelt sentía mucha antipatía por los británicos en general... se arrepintió Roosevelt de haberle hecho caso un año antes...” (03:32)
“Aquella fue la última vez que Roosevelt tuvo en cuenta las sugerencias de Churchill. Él ya sólo se entendía bien con su colegio, Stalin.” (05:21)
“Al final, y dejando claro que era un favor... la dividieron en cuatro y le dieron un pedacito a los franceses...” (09:03)
“En Teherán es donde Roosevelt le planteaba Stalin si le apoyaba con todas ganas en su plan para la creación de la ONU.” (09:21)
“Churchill era muy conservador... eso de empezar el avance hacia Alemania entrando por ahí... no le gustaba. Pero es que era lo que le gustaba a Stalin... Y además es que no se fiaba nada de Stalin...” (10:35)
“Stalin propuso un brindis con el deseo de que al menos 50.000 alemanes fueran ejecutados después de la guerra. Churchill salvador, enfadadísimo... Y Roosevelt, al brindis y a mediar en la bronca. Y bueno, hombre... En vez de 50.000, fusilamos a 49.500.” (11:39–12:08)
“Churchill que se levanta mosqueado...” (12:15)
On historic meetings being like a ‘first date’:
“Stalin y Roosevelt se habían caído bien por Tinder... cuando tuvieron su primera cita en Teherán, a finales de noviembre de 1943. Bueno, eso ya fue un flechazo ida Teherán.” (Carla, 01:18)
On Franco’s Spain aiding Nazi Germany:
“Como aquí teníamos a un dictador nazi, Franco, aliado del nazi Hitler, pues todo lo que pasaba por Gibraltar lo vigilaban de cerca para avisar a los alemanes...” (Carla, 01:39)
On the Allies’ rivalry and division of Germany:
“En vez de dividir la Alemania post nazi en tres zonas de ocupación bajo control de británicos, yanquis y soviéticos, la dividieron en cuatro y le dieron un pedacito a los franceses por la zona por abajo...” (Carla, 09:03)
On the personal failing of France in the war:
“Los franceses... apenas habían participado en la guerra. Es que se entregaron enseguida a los nazis y pretendían los mismos derechos...” (Carla, 07:44)
The episode is marked by Nieves Concostrina’s trademark mix of playful irreverence, direct language, and biting humor, matched by Carla’s lively and informed contributions. The tone is conversational, witty, and peppered with metaphors and colloquial Spanish.
This witty, engaging history lesson provides not only a recap of major World War II strategic decisions but—true to the Concostrina style—focuses on the egos, quirks, and all-too-human foibles that shaped the destinies of nations. Combining sharp analysis with memorable anecdotes, it serves as a reminder: world history is as much about personalities and grudges as it is about armies and treaties.