Loading summary
Pura Advertisement
Scent the season with Pura. Take up to thirty percent off site wide during Pura's Black Friday sale, the biggest sale of the year for a limited time only shop premium. Long lasting single fragrances, curated gift sets for everyone on your list and sleek modern diffusers for home and car, all at exclusive discounts. Head to Pura dot com to unwrap the savings and upgrade your space just in time for the holidays.
Carla
Hola, Nieves, buenas tardes.
Nieves
Buenas tardes, Carlas. ¿Cómo estás?
Carla
Allí en el Cabo de Gata ¿Celebraréis la noche de San Juan o qué?
Nieves
Bueno, a mí me va a pillar en San Fernando, en la Feria del Libro de San Fernando, en Cádiz, o sea que sí se celebra. No soy yo mucho de verbenas, la verdad. Prefiero ver los fuegos de la playa desde lejos, la verdad.
Carla
Y más en este tiempo.
Nieves
Sí, sí, no, no. Y luego, la verdad, es muy divertida la fiesta y es una tradición, pero las playas quedan. Quedan hechas una auténtica porquería y me da mucha pena, pero bueno, no paras de extremar libros.
Carla
Qué bien, qué bonito es eso.
Nieves
Sí es que, joder, ver a los lectores es la leche.
Carla
Bueno, vamos a lo nuestro. ¿Va? A ver, los oyentes más cinéfilos de La ventana posiblemente recordarán, a ver si te acuerdas tú, Nieves, una peli titulada Seis días, siete noches. ¿Recuerdas? ¿Harrison Ford? Una comedia de aventuras con un piloto y una pasajera tirados en una isla y pasa lo que pasa. Vale, bien. Pues lo que hoy va a contarnos Nieves podríamos titular algo así como Ocho días y siete noches, pero de comedia no tiene nada.
Nieves
No, no tiene comedia. Y respecto a la película, cualquiera no se enamora en una isla de Harrison Ford.
Carla
Incluso fuera de una isla.
Nieves
Incluso fuera de una isla. A ver sí Lo de hoy 7 días, 8 noches, 8 noches, 7 días. Como sea. A estas alturas es verdad que ya nadie se molesta en blanquear la imagen de los caraduras de los duques de Windsor. Todo el mundo ya sabe de qué hablamos. Ya no sirve decir eso de que El rey Eduardo VIII renunció al trono. Eduardo VIII de Inglaterra, que renunció trono por amor a la estadounidense Wallis Simpson. Ya casi todo el mundo ha visto The Crown y saben de qué pasó. Los mínimamente informados saben que estos dos eran un par de nazis, que eran dos personajes de la ultraderecha extrema que sólo dañaban a la monarquía británica y que por eso Reino Unido y sobre todo el primer ministro Winston Churchill, ¿Te acuerdas? El tataranieto del señor Manbru. Bueno, pues Churchill tenía que deshacerse de ellos con fuera anulándoles cualquier representación oficial, porque es que les hundía el país, les hundía el prestigio y les hundía la monarquía. Igualito que aquí, que el primer ministro protege al delincuente Juan Carlos, no le vaya a faltar en un chuletón en San Y. Uno de los episodios protagonizados por los duques de Windsor que más comprometieron al gobierno británico y a su monarquía se produjo en España. Y se produjo en estos días, en 1940. Hoy mismo, 23 de junio, los duques Eduardo y Wallis habían pasado su primera noche en el Hotel Rich, en Madrid. Reparemos en el año 1940, en plena posguerra. No podía estar peor la cosa. Un país muerto de hambre después de tres años de una guerra provocada por un golpe de Estado, ciudades en ruina, bombardeadas. Los españoles estaban unos en las colas del hambre del Auxilio Social, otros petando las cárceles y otros, eso sí, disfrutando viendo cómo fusilaban a los rojos. ¿Qué hacían los duques de Windsor en una ciudad tan poco apetecible como Madrid en aquellos días de junio de 1940? ¿Qué tramaban estos dos? Pues en realidad sólo estaban haciendo una escala técnica, pero en ese rato la liaron muy parda y trajeron de cabeza a los servicios de inteligencia británicos por un lado y a los colegas Franco y Hitler por otro.
Carla
A ver, vamos a hacer una cosa. Estamos dando por hecho que seguro que la mayoría de los oyentes saben de quién estamos hablando, pero por si acaso, repasemos un par de datos de los duques de Windsor.
Nieves
¿Va de estos dos? Sí, Venga. Eduardo fue el tipo que dimitió como rey de Inglaterra al año de ocupar el trono con el nombre de Eduardo VIII porque este hombre quería casarse con una plebeya bastante nazi y muy caradura la tía de verdad, que arruinaría la monarquía británica. Las plebeyas siempre acaban arruinando las monarquías, y eso siempre es una buena noticia. Al fin y al cabo, Eduardo no pudo casarse con Wallis Simpson para convertirla en reina de Inglaterra, que era lo que quería. Pero acabaron siendo los bien pagados duques de Windsor, un título que fue creado expresamente para ellos y que ha muerto con ellos.
Carla
No existía antes.
Nieves
No, no tenían que. ¿Cómo iban a dejar a ese niño caprichoso sin un título y sin una paga? No era príncipe de Gales. Luego se negó a ser rey. Pues algo había que darle. Aquello fue como os vais, os casáis y os largáis con viento fresco. No os queremos ver aunque nos cueste el dinero. Eduardo y Wallis se pasearon por el siglo XX con ese halo de enamorados dispuestos a todo por defender su pasión, bla, bla, bla, bla. Una edulcorada pose que ya no hay quien se trague, salvo los que leen el Hol, que tampoco ha cambiado de siglo.
Carla
Oye, ¿Y estos dos cuando llegaron a Madrid? ¿Cuánto tiempo llevaban casados?
Nieves
Entonces llevaban tres años. Llevaban justo tres años. Eduardo VIII dimite a finales del 36 y en junio del 37 ya se estaban casando. Estamos hablando de junio del 40. Pues tres años a partir de ese momento. Sus máximas preocupaciones. A partir de que se casaran, lo único que les preocupaba era tener suficiente presupuesto personal para sus gastos a lo largo y ancho del mundo. Eran viajes en el Orient Express, fies millonarias de acá para allá, residencia en París o en el castillo austriaco del barón Rothschild. También era lujo y despiporre y champán. Viviendo a costa de los presupuestos del Estado, sin hacer nada salvo incordiar. Porque incordiar, No paraban de incordiar. Excelente nómina y nula responsabilidad. Y aunque desaparecieron de Reino Unido, el primer ministro británico, Churchill, es que no les quitaba el ojo de encima, porque sabía que se la podían liar en cuanto se descuidase. Eso sí, prefería tenerlos holgazaneando por ahí, jugando al golf, pendiente de la hora de la manicura, que molestando en Londres. Sobre todo, claro, porque empezó la Segunda Guerra Mundial y resultó que los duques de Windsor eran más amigos de Hitler, del enemigo de Gran Bretaña, que del rey de Gran Bretaña, que encima era su hermano Bertie, el que llamaban Bertie en casa. Jorge VI, el rey tartamudo, todo el mundo lo conoce. El discurso del reino, que era el padre de la imperecedera y por siempre reina Isabel II, que nos va a enterrar a todas. Y precisamente. Tremenda, oye. Nos alegramos, por supuesto. Y precisamente la guerra en Europa fue lo que vino a perturbar la placentera vida que llevaban los duques de Windsor en Francia. Hitler invadió el país y, hombre, la guerra molesta un poquito. Tenían que reorganizar su agenda y ver hacia dónde encaminaban sus pasos.
Carla
Cuando vengas a Madrid, chulona mía, voy a ser temperatriz de Lavapiés y alfombrarte con claveles la Gran Vía y a bañarte con vinillo de jerez en Chicote. Una gasajo postinero con la crema de la intelectualidad y la gracia de un piropo retrechero más castizo que la calle de Alcalá. De todas formas, si el motivo de moverse eran las molestias de la guerra, ¿Por qué eligieron Madrid? Quiero decir, un país en plena posguerra, Así de primeras parece lo menos glamuroso del mundo.
Nieves
Sí, aquí no había poco lujo y poca diversión por estos lares. Pero había una ventaja. España era un país fascista en donde los duques de Windsor se encontrarían cómodos y bien atendidos y con un dictador, Franco, que era aliado de Hitler. Estaban entre amigos. Es un dato que no es poca cosa. Aquella visita de los duques de Windsor hizo mucha ilusión a los nazis y a los fascistas españoles, pero trajo de cabeza Churchill. Sobre Reino Unido pesaba la amenaza de Hitler de bombardear Londres. De hecho, ese mismo año, al final bombardeó, o un año después, creo recordar. Pero bueno, estaba amenazando constantemente con que iba a bombardear. Y el mismo imbécil, el hermano del rey, el mismo que había sido rey, estaba de compadreo en Madrid con las ultraderechas alemana y española. Esto era de locos. Y además, Churchill no acababa de tener claro si la estancia de los Windsor en el reach de Madrid era solo para un rato mientras decidían qué hacer, si irse a Bora Bora o a las Seychelles, o si habían venido a establecer contactos de algún tipo.
Carla
También podía ser.
Nieves
Sí, sí, es que podía ser perfectamente. De hecho, medio fue. Era una visita de lo más inoportuna para Gran Bretaña, pero tremendamente útil para los nazis españoles y los alemanes. Y aquí comenzaron los tiras y aflojas entre las delegaciones diplomáticas británica y española. Los espías de los tres países no tenían suficientes orejas y ojos para dar abasto a lo que se estaba cociendo. Cada vez que salían por la Puerta del risco los tres perritos, la parejita, ahí había 50.000 espías detrás. Churchill encargó al embajador británico en España que vigilara de cerca al duque Franco. Envió al ministro de Exteriores al frente de una corte de aduladores para que sondeara las intenciones de Eduardo y Wallis. Y los alemanes no paraban de bailarles el agua por donde iban para que el duque insistiera en su país en la conveniencia de ponerse del lado de Hitler como ya habían hecho España e Italia, o sea qué estrés de verdad el de los pobres duques que no sabían a quién atender.
Carla
¿Y al final estuvieron mucho tiempo en Madrid?
Nieves
Pues eso, ocho días. Ocho días y siete noches. Ocho días y 7 noches. Durante ese tiempo el ministro español sondeando, el embajador británico organizando cenas de gala en el Reach con 300 invitados para disimular Porque aunque los británicos bien informados sentían un profundo desprecio por este parásito, al fin y al cabo era familia real, se encontraban un poco oficialmente en la obligación de agasajarlo. Pero este tipo era el rey de Inglaterra. Era germanófilo, era antisemitántico, comunista, Era un caradura, era un vago, Era el perfecto ultraderechista. Lo tenía todo. Al parecer los alemanes estuvieron pergeñando durante esta estancia en Madrid una maniobra muy arriesgada que unos llaman Operación Willy y otros Operación David porque igual que al otro lo llamaban Bertie, a este en casa lo llamaban David. Los nazis se plantearon retener e incluso secuestrar a los duques de Windsor para presionar a Gran Bretaña y que se pusiera del lado de Alemania. Un poco raro, ¿No? Sí, sí. Era una operación aparentemente Abs porque todo el mundo sabía que los nazis y los duques eran colegas. ¿Con qué vas a amenazar a Gran Bretaña? ¿Con matarlos? Era absurdo. Además Churchill se lo hubiera tomado como favor y el propio rey de Gran Bretaña, Jorge VI está diciendo pero por favor, que se lo carguen de una vez Era una maniobra tan absurda. Pues yo que sé, como si ahora el emir de Abu Dhabi secuestrara a Juan Carlos. Y tiene dinero. Lo que pasa es que el plan no era matarlos, el secuestro era. Estaba pensado para invadir Inglaterra y luego conseguir encajarlo en el trono inglés para convertirlo en un títere de Alemania como el nuevo rey. Pero bueno, esta historia queda para otro momento. Escapamos juntos Ver el sol caer Vamos pa la playa pa curarte el alma Cierra la pantalla Abre la medalla Todo en mar Caribe Viendo tu cintura Tú le coqueteas.
Carla
A ver, Nieves. ¿Y el viaje de la pareja, ¿Cómo terminó finalmente?
Nieves
Vaya viajes. Aquel juego entre gatos y ratones acabó siendo muy estresante para los señores duques. Nadie se salió con la suya en esto Pero aquella presión diplomática provocó que los duques, pues como digo, muy estresados, se largaran a Lisboa. Churchill al principio respiró, pero enseguida se percató de que eso fue como salir de Málaga para meterse en Malagón, porque es que Lisboa era un nido de espías. Y tras los duques se fueron nazis. Y se fueron los fracasos, porque seguían empeñados en lo suyo. Al primer ministro británico ya no le quedó otra que nombrar al duque de Windsor gobernador de las Bahamas, que es la forma más fina de decir que le dio una patada en el culo y lo empadronó en el Caribe para que se dejara de incordiar. A la pareja le sentó fatal, claro, aquel lugar infecto, lleno de negros pobres. Qué horror. Donde los mosquitos no pican. Empuja. Horrible, horrible.
Carla
Bueno, Nieves, has dejado el pabellón muy alto. A ver el próximo lunes con qué nos sorprendes.
Nieves
Vale, vamos a intentarlo.
Carla
Venga, un beso y que triunfes en San Fernando.
Nieves
Suscríbete. Acontece que no es poco. Todos los episodios y contenidos adicionales en la app de Cadena Ser y en nuestros canales de Apple Podcast, Spotify, Ivoox, Google Podcast y YouTube. Escúchanos en directo en la SER de lunes a jueves a las 7 de tarde. La tarde, Cadena ser, la radio.
Fecha: 23 de junio de 2022
Host: Nieves Concostrina (& Carla)
Este episodio explora la escandalosa y comprometida visita de los duques de Windsor, Eduardo VIII y Wallis Simpson, a Madrid en junio de 1940, en plena posguerra española y a las puertas de la Segunda Guerra Mundial. Nieves Concostrina, fiel a su estilo irreverente y esclarecedor, desmenuza el contexto político, las simpatías nazis de la pareja y el caos diplomático que provocaron durante su breve y notoria estancia en el Hotel Ritz, mientras los servicios de inteligencia y gobiernos europeos lidiaban con sus peligrosos coqueteos con el fascismo.
Eduardo VIII:
Abdicó en 1936 para poder casarse con Wallis, siendo exiliados de la vida pública británica pero lujosamente mantenidos.
(05:23): “¿Cómo iban a dejar a ese niño caprichoso sin un título y sin una paga?...Aquello fue como: os vais, os casáis y os largáis con viento fresco. No os queremos ver aunque nos cueste el dinero.”
Wallis Simpson:
Descrita por Nieves como “bastante nazi y muy caradura”, la figura de Simpson es vista con dureza pero también con ironía, remarcando la repercusión de su relación en la monarquía.
Supervisión y maniobras británicas:
Churchill solicita vigilancia extrema a su embajada; mientras tanto, los nazis y franquistas intentan influir en la pareja.
(10:08): “Aquí comenzaron los tiras y aflojas entre las delegaciones diplomáticas británica y española. Los espías no tenían suficientes orejas y ojos para dar abasto a lo que se estaba cociendo.”
Ambiente de espionaje:
Cada salida de los duques era seguida por decenas de espías de diferentes países, todos temiendo un desliz diplomático que cambiara el curso de la guerra.
Sobre la monarquía y la plebe:
“Las plebeyas siempre acaban arruinando las monarquías, y eso siempre es una buena noticia.”
— Nieves Concostrina, 04:47
Sobre las simpatías nazis:
“Los mínimamente informados saben que estos dos eran un par de nazis.”
— Nieves Concostrina, 02:14
En tono irónico sobre la “importancia” de la visita:
“Era una visita de lo más inoportuna para Gran Bretaña, pero tremendamente útil para los nazis españoles y los alemanes.”
— Nieves Concostrina, 10:08
Bofetada de realidad sobre las motivaciones y consecuencias:
“Ahí estaban, viajes en el Orient Express, fies millonarias de acá para allá... Viviendo a costa de los presupuestos del Estado, sin hacer nada salvo incordiar. Porque incordiar, no paraban de incordiar.”
— Nieves Concostrina, 06:19
Sobre el destino final:
“A la pareja le sentó fatal, claro, aquel lugar infecto, lleno de negros pobres. Qué horror. Donde los mosquitos no pican. Empuja. Horrible, horrible.”
— Nieves Concostrina, 14:10
Fiel al inconfundible estilo de Concostrina, el episodio mezcla el rigor histórico con la acidez, la ironía y la denuncia social, apuntando a la hipocresía monárquica y los pecados no redimidos de las élites europeas de la época. Concostrina desgrana los hechos con un humor cortante, referencias culturales y una perspectiva siempre crítica.
Este episodio ofrece una visión desmitificadora y agudamente irónica sobre una página oscura de la monarquía británica y el papel de España en el tablero internacional de 1940. A través de la anécdota de los duques de Windsor en Madrid, Nieves Concostrina lanza reflexiones sobre la historia, el poder y la moralidad de la clase dirigente, todo aderezado con chispa y claridad.
Ideal para oyentes que disfrutan de la historia sin tapujos y con mucho sarcasmo.