Transcript
A (0:04)
En la ventana acontece que no es poco. Un relato personal de la historia con Nieves con costrina, Cadena Ser.
B (0:16)
Hola, Nieves, buenas tardes.
A (0:18)
Buenas tardes, Carlas, ¿Qué tal?
B (0:19)
¿Sabes una cosa? Que hoy este paseo por la historia yo creo que se convierte en una especie de prolongación de La ventana de los libros. Estoy por decirle a Benjamín Prado que se vuelva. Hemos estado hablando de novela gráfica y vamos a hablar de un género muy concreto, los libros de caballerías, cuyo final o cuya puntilla muchos hacen coincidir con la publicación de El Quijote. Que no sé yo, pero bueno, tú el otro día ya nos anunciaste algo de esto, así que ala, cuando quieras lo dejamos.
A (0:45)
Apuesta por hoy. Precisamente por eso, porque como era La ventana de los libros ya por lo menos le dábamos una continuidad. No nos hemos entretenido nada en recoger las miguitas esas que vamos dejando a veces. Esta vez lo hemos hecho enseguida. Hoy toca los libros de caballería. Si, es otro de esos temas que suena a peñazo y que me juego el cuello a que no lo es. No huyan, no huyan, que no es. Es una cosa que tiene su aquel. La versión oficial, es cierto, dice que El Quijote llegó y dio la puntilla a esos libros criticados por todos aquellos a los que les fastidiaba que la gente dedicara tanto tiempo a la lectura del entretenimiento en vez de a las lecturas piadosas. Y eso que la Biblia es mucho más fantástica y mucho más loca que cualquier libro de caballerías del siglo XVI. Es muy divertida, Está muy mal escrita, está escrita con los pies, pero es divertida. Sin embargo, los que saben dicen que los libros de caballerías ya estaban pasados de moda, estaban en decadencia y que Miguel de Cervantes los remató al hacer un libro cómico sobre un caballero andante al que se le va la pinza por leer libros de caballeros andantes. No fue el único al que se le fue la hoy con los libros de caballerías, aunque DQ fuera un personaje de ficción. Hay varias referencias históricas sobre lo presuntamente perniciosos que eran estos libros o que algunos los consideraban para la mente, decían. Hay referencias de un estudiante, por ejemplo, al que pillaron en Salamanca pegándose en su cuarto a espadazos con un enemigo imaginario y salió. Estaba recogido en las crónicas de las ciudades. Hubo otro tipo, y esto es textual, un caballero honrado más y cuerdo que perdió las luces e imitó la locura de Orlando quedándose en cueros en mitad de su villa, arreando palos a los labradores y matando asnos acuchilladas, decían. Un caballero honrado al que se le fue la pinza por leer libros de caballería. Bueno, coño, también los británicos hacen balcony y será porque han visto Superman. Pero la culpa no es de Superman, es de ellos. Bueno, que alguno se le fuera la olla no significa que los libros fueran malos. Pues no, claro que no. Puede que Cervantes tuviera noticias de esos casos históricas porque son de finales del siglo XVI y le inspirara la historia del ingenioso hidalgo. También se sabe que Teresa de Jesús, siendo una niña, fue víctima, y lo pongo entre comillas, de la lectura de esos libros de entretenimiento que no gustaban nada a los guardianes de la moral y mucho menos gustaba que los leyeran mujeres. Claro. Ni lavar, ni planchar, ni barrer, ni guisar, ni fregar, ni coser, ni bordar, ni tender, ni lavar, ni pianchar, ni barrer, ni guistar, ni fregar, ni coser, ni bordar, ni tender, ni la. Estamos contemplando el mundo volando desde una avioneta. Las cosas se ven tan pequeñas. Si te hablo del ya ni te acuerdas a veces. Observen.
