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A
En la ventana acontece que no es poco. Un relato personal de la historia con Nieves con costrina, Cadena Ser.
B
Hola, Nieves, buenas tardes.
A
Buenas tardes, Carlas, ¿Qué tal?
B
¿Sabes una cosa? Que hoy este paseo por la historia yo creo que se convierte en una especie de prolongación de La ventana de los libros. Estoy por decirle a Benjamín Prado que se vuelva. Hemos estado hablando de novela gráfica y vamos a hablar de un género muy concreto, los libros de caballerías, cuyo final o cuya puntilla muchos hacen coincidir con la publicación de El Quijote. Que no sé yo, pero bueno, tú el otro día ya nos anunciaste algo de esto, así que ala, cuando quieras lo dejamos.
A
Apuesta por hoy. Precisamente por eso, porque como era La ventana de los libros ya por lo menos le dábamos una continuidad. No nos hemos entretenido nada en recoger las miguitas esas que vamos dejando a veces. Esta vez lo hemos hecho enseguida. Hoy toca los libros de caballería. Si, es otro de esos temas que suena a peñazo y que me juego el cuello a que no lo es. No huyan, no huyan, que no es. Es una cosa que tiene su aquel. La versión oficial, es cierto, dice que El Quijote llegó y dio la puntilla a esos libros criticados por todos aquellos a los que les fastidiaba que la gente dedicara tanto tiempo a la lectura del entretenimiento en vez de a las lecturas piadosas. Y eso que la Biblia es mucho más fantástica y mucho más loca que cualquier libro de caballerías del siglo XVI. Es muy divertida, Está muy mal escrita, está escrita con los pies, pero es divertida. Sin embargo, los que saben dicen que los libros de caballerías ya estaban pasados de moda, estaban en decadencia y que Miguel de Cervantes los remató al hacer un libro cómico sobre un caballero andante al que se le va la pinza por leer libros de caballeros andantes. No fue el único al que se le fue la hoy con los libros de caballerías, aunque DQ fuera un personaje de ficción. Hay varias referencias históricas sobre lo presuntamente perniciosos que eran estos libros o que algunos los consideraban para la mente, decían. Hay referencias de un estudiante, por ejemplo, al que pillaron en Salamanca pegándose en su cuarto a espadazos con un enemigo imaginario y salió. Estaba recogido en las crónicas de las ciudades. Hubo otro tipo, y esto es textual, un caballero honrado más y cuerdo que perdió las luces e imitó la locura de Orlando quedándose en cueros en mitad de su villa, arreando palos a los labradores y matando asnos acuchilladas, decían. Un caballero honrado al que se le fue la pinza por leer libros de caballería. Bueno, coño, también los británicos hacen balcony y será porque han visto Superman. Pero la culpa no es de Superman, es de ellos. Bueno, que alguno se le fuera la olla no significa que los libros fueran malos. Pues no, claro que no. Puede que Cervantes tuviera noticias de esos casos históricas porque son de finales del siglo XVI y le inspirara la historia del ingenioso hidalgo. También se sabe que Teresa de Jesús, siendo una niña, fue víctima, y lo pongo entre comillas, de la lectura de esos libros de entretenimiento que no gustaban nada a los guardianes de la moral y mucho menos gustaba que los leyeran mujeres. Claro. Ni lavar, ni planchar, ni barrer, ni guisar, ni fregar, ni coser, ni bordar, ni tender, ni lavar, ni pianchar, ni barrer, ni guistar, ni fregar, ni coser, ni bordar, ni tender, ni la. Estamos contemplando el mundo volando desde una avioneta. Las cosas se ven tan pequeñas. Si te hablo del ya ni te acuerdas a veces. Observen.
B
De todas formas, Nieves, tampoco habría muchas mujeres con acceso a los libros de caballerías o a cualquier otro libro, porque no serían muchas las que supieran leer.
A
Claro que iban a saber en aquellos años. Pero bueno, las que sabían devoraban y retuiteaban, o sea, se lo contaban a las otras. Si En el siglo XVI el analfabetismo era elevadísimo en general. Bueno, pues imagina en las mujeres. Y luego hay que imaginar a las mujeres del mundo rural. Esa ya nada, nada. Pero una cosa es leer y otra cosa que te lo lean. Y era muy divertido que te leyeran un libro de caballerías. Teresa Sánchez sí sabía leer ella sola. Es que antes de ser monja y de llamarse Teresa de Jesús se llamaba Sánchez. Tenía un apellido normal y como era de buena familia y de familia culta, aprendió a leer y a escribir desde muy pequeñita. Ella leía como una loca y además animada por su madre, pero escondiéndose de su padre que se lo prohibía. La niña Teresa leía libros de caballerías y leía también muchas vidas de santos. Y como esta cría era muy marimandona. Y era muy lista también. Y muy lianta, muy lianta. Desde pequeña protagonizó un episodio muy quijotesco, porque con ocho o nueve años mezcló en su cabeza las aventuras de los caballeros con las vidas de los santos. Y enredó a su hermano, se llamaba Rodrigo, que tenía un año más que ella. Le enredó y dijo vamos a fugarnos de casa. Y se fugaron los dos de casa para alargarse a Tierra Santa, a tierra de infieles y que allí les dieran martirio, los descabezaran para que su aventura la recogieran. Por un lado los libros de caballerías y por otro los libros de santos. Esto era. Bueno, pues lo que le bull Esta mujer en la cabeza. Un tío de los niños salió tras ellos y los pilló en el camino. Dijo ¿Dónde vais? ¿Dónde va? ¿Y dónde traes para casa? Teresa y su hermano iban en plan Don Quijote y Sancho. Pero la verdad es que lo hicieron mucho antes de que naciera Cervantes.
B
Oye, ¿Y antes de saber cómo acabaron los libros estos de caballerías, ¿Se sabe cómo empezaron?
A
Sí, se sabe cómo empezaron. Se sabe cuándo llegaron a la cima de la popularidad y se conoce el momento en el que murieron gracias a que Cervantes les dio ese matarile con el Quijote. Empezaron en el siglo XII con las historietas del fantástico rey Arturo. Eso es el principio. El rey Arturo es legendario, no existió. Y Ginebra y el reino de Camelot. Y los doce caballeros de la Mesa Redonda que se lanzaron a buscar el Santo Grial. Que esto es más fantástico aún que el rey Arturo. Los doce caballeros, la tabla y el camelo juntos. La única real aquí es Ginebra, con esa te hace su gin tonic. Oye, es verdad. Ginebra real.
B
Todo lo demás invent.
A
En aquel siglo XII se mezclaron unos cuantos datos históricos con la fantasía del Santo Grial. Su lectura se extendió por el norte de la Europa medieval. Y de la misma manera que nació el caballero Arturo, fueron naciendo otros caballeros y otras historias que son las que se supone vuelven majareta a Don Quijote, porque él los leyó todos. Y además todos los libros de caballerías, todos, tenían títulos parecidísimos. Y en cuanto los digamos, enseguida se entiende por qué Cervantes tituló su libro como lo tituló. Amadís de Gaula, Belanís de Grecia, Celidón de Iberia, Florando de Castilla, Polidolfo de Croacia, Bufaldoro de Mauritania, Cirongilio de Tracia, Clarián del Andanís, Policisne de Boecia. Todos los títulos siguen un patrón clarísimo.
B
Si, el modelo de título era igual para todos, o sea, nombre del caballero seguido de la patria del caballero. Don Quijote de la Mancha. De ahí sale, ¿No? Don Quijote de la Mancha.
A
De la Mancha, claro, de ahí sale. Estaba todo pensadísimo. Los libros de caballería se identificaban por el título. Por cierto, que Cervantes comete un error, es un desliz sin importancia. Claro, porque él da por hecho que el primer libro de caballerías impreso en España fue el Amadís de Gaula, que con el Amadís, el género. Ahí fue cuando llegó la cumbre del éxito, principios del siglo XVI, 1508, por ahí. Y así lo pone en boca del cura amigo de DQ, que es el que luego le quema todos los libros, le dice Amadís de Gaula es el primero y tal. Pero no se coló. Cuando Amadís de Gaula se pudo leer en España ya existía aquí desde hacía 10 años tirante el Blanco. Lo que pasa es que estaba editado en valenciano.
B
Tirarlo blanco.
A
Claro, claro. Pero vamos, que ya existía otro libro antes y Cervantes, bueno, pues no se había enterado. Cervantes sólo conocía la edición en castellano de Tirante el Blanco y ésta sí que se imprimió después de la Madis de Gaula. Pero bueno, esto es un detallico. Sólo se sabe que en la época de Cervantes circulaban por España alrededor de 1.100 libros de caballerías. Eso es una salvajada para la época. Los pedantes y las autoridades eclesiásticas y civiles los llamaban libros de bellaquería. Muchos intentaron que se prohibiera su publicación, otros intentaban impedir su lectura. Pero el exitazo de esas novelas es que era imparable. Decían que eran dañinos para el alma, despertadores de torpeza, de pecado y de ofensa a Dios. Lo de siempre, lo de siempre. Todo lo que fuera entretenimiento a estos guardianes de la moral siempre les parece mal. Siempre. Los libros de caballerías fueron el principio de la lectura, como entretenimiento puro y duro. Las novelas, por eso les fastidiaba. Hubo una explosión de libros de caballerías en muy, muy poco tiempo porque por fin se podía leer algo más que no fuera la Biblia y todos esos tochos infumables. Por favor.
B
Porque aparte de la Biblia, ¿Qué más se podía leer? Hasta la llegada de los libros de aventuras, nada.
A
Todos eran religios libros de leyes, tratados, vidas de santos, autos sacramentales. Aquello era insoportable. Cuando ya te habían contado tropecientas veces los cuentos de los apóstoles Moisés y el chaparrón de Noé, pues te querías cortar las venas. Ya con los libros de aventuras llegó la diversión. Y en cuanto llegó la imprenta esto ya fue barra libre. Se leían en casa, se leían durante el hospedaje, en mesones y ventas. También se leían en el camino, durante los viajes. Uno leía y los demás escuchaban. Un cura de la época se quejaba de que el libro con la palabra de Dios, la Biblia, apenas lo leía nadie. Y eso que era pequeño y fácil de manejar, mientras que los libros de caballerías, que pesaban un quintal, se leían hasta andando. La mala noticia es que algunos se creían que esas historias de aventuras de caballeros eran verdad, porque les habían dicho, y no estoy haciendo broma, que todo lo que decía la Biblia era cierto. Y en la Biblia todo es absolutamente fantástico, increíble. Tan increíble que todo es mentira. Pero si había que dar por cierto todas esas fantasías bíblicas y todas las inventadas vidas de santos, ¿Qué razón había para no creerse lo que pasaba a los caballeros andantes? Si era verdad una cosa era verdad la otra también sus aventuras serían ciertas, pensaban los lectores. Además, ¿Cómo pueden decir mentiras unos libros impresos con aprobación de los superiores y con permiso real?
B
Has dicho al principio que lo que menos gustaba a estos vigilantes de la moral era que los libros se los leyeran a mujeres.
A
Lo llevaban fatal porque eran las más fanáticas. Además eran las las que más se divertían. Las mujeres se volcaron especialmente en los libros de caballería. Se volvían locas con los protagonistas y las que sabían leer, las nobles, leían y releían a escondidas de los padres y los maridos. A los hombres también les gustaban y admiraban la valentía de los caballeros. Pero lo que no les hacía ni pizca de gracia es que las mujeres también estuvieran al tanto de lo valientes y lo guapos que eran los caballeros andantes. Luego veían lo que tenían al lado ¿Y yo qué hago con esto aquí, sabiendo lo que hay ahí fuera? Los libros de caballerías fueron una maravilla. Fueron diversión, fueron entretenimiento. Y ninguna autoridad civil o eclesiástica pudo con ellos. Murieron, la verdad, porque pasaron de moda por la propia decadencia de las historias. Cuando Cervantes dio el tiro de gracia a las novelas de caballerías con su Don Quijote, las aventuras caballerescas ya estaban agonizando, ya habían pasado de moda. DQ, que fue magnífico, solo puso el punto final, pero yo creo que no pudo haber un punto final más magistral.
B
Nieveson Costrina, mañana más aquí en la ventana. Un beso Carla, gracias, un beso muy grande, adiós. Son las.
Host: Nieves Concostrina | Co-Host: Carlas | Date: November 21, 2022
Episode Theme:
A witty, engaging exploration of the rise and fall of chivalric novels (“libros de caballerías”) with Nieves Concostrina’s distinctive historical perspective. The episode unpacks why these books were beloved — and controversial — how they shaped society, who really read them, and the myth that Cervantes’ Don Quijote singlehandedly ended their popularity.
Nieves opens with her signature irreverence, swearing that the topic is “menos peñazo de lo que parece” (not as boring as it sounds).
The common belief: El Quijote by Cervantes “gave the coup de grâce” to these novels, but they were already in decline when he wrote his parody ([01:01]).
Books of chivalry were criticized by moral guardians who feared popular fiction was distracting from “lecturas piadosas” (pious readings), especially for women.
Notable Quote:
“La Biblia es mucho más fantástica y mucho más loca que cualquier libro de caballerías… Está escrita con los pies, pero es divertida.”
—Nieves Concostrina ([01:13])
The fear wasn’t new: Stories circulated of young readers going mad, such as a student in Salamanca found “peleándose a espadazos con un enemigo imaginario” ([02:13]).
Another tale: An otherwise sensible caballero imitates “la locura de Orlando,” running naked through his town, attacking peasants and donkeys ([02:35]).
Nieves draws a modern analogy:
“Coño, también los británicos hacen balcony y será porque han visto Superman. Pero la culpa no es de Superman, es de ellos.”
—Nieves Concostrina ([02:48])
Access to chivalric books was scarce for women, given widespread illiteracy, especially in rural areas ([03:50]).
However, “las que sabían, devoraban y retuiteaban”—those who could read, shared stories with others ([03:58]).
Teresa de Jesús: As a child, hid her voracious reading (both saints’ lives and chivalric tales) from her father. In a Quixotesque episode, Teresa convinced her brother to run away seeking martyrdom, blending saints’ adventures with caballería ([04:52]).
Notable Quote:
“Teresa y su hermano iban en plan Don Quijote y Sancho. Pero la verdad es que lo hicieron mucho antes de que naciera Cervantes.”
—Nieves Concostrina ([05:36])
Origins in medieval tales—King Arthur, the Grail—began in the 12th century, mixing legend and fantasy that spread across northern Europe ([05:47]).
Structural satire: All titles followed the formula “Name of knight + homeland.” Examples: Amadís de Gaula, Belanís de Grecia, Don Quijote de la Mancha ([07:06]).
Tirant lo Blanc was actually published in Spain a decade before Amadís de Gaula, but in Valencian. Cervantes mistakenly credits Amadís as the first ([08:00]).
Notable Quote:
“Amadís de Gaula es el primero y tal. Pero no, se coló... Cuando Amadís de Gaula se pudo leer en España ya existía aquí desde hacía diez años Tirante el Blanco. Lo que pasa es que estaba editado en valenciano.”
—Nieves Concostrina ([08:02])
At Cervantes' time, as many as 1,100 different chivalric titles circulated ([08:26]).
Authorities tried to ban or disparage them, labeling them “libros de bellaquería,” believing them to corrupt the soul and offend God ([08:42]).
These novels marked the birth of literature as entertainment in Spain, distinct from religious or legal texts.
Guardians of morals especially resented women’s enthusiasm; noble women read them secretly, obsessed with the dashing knights ([11:19]).
Male anxieties: “No les hacía ni pizca de gracia que las mujeres también estuvieran al tanto de lo valientes y lo guapos que eran los caballeros andantes.” ([11:34])
In the end, chivalric novels weren’t suppressed—they simply fell out of fashion:
“Cuando Cervantes dio el tiro de gracia a las novelas de caballerías... ya estaban agonizando, ya habían pasado de moda. DQ [...] solo puso el punto final, pero yo creo que no pudo haber un punto final más magistral.”
—Nieves Concostrina ([12:40])
Nieves on Literature vs. Piety:
“Todo lo que fuera entretenimiento a estos guardianes de la moral siempre les parece mal. [...] Los libros de caballerías fueron el principio de la lectura, como entretenimiento puro y duro.”
([08:52])
On Genre’s Formulaic Titles:
“Todos los títulos siguen un patrón clarísimo.”
([07:14])
Jab at Official Censorship:
“Decían que eran dañinos para el alma, despertadores de torpeza, de pecado y de ofensa a Dios. Lo de siempre."
([08:51])
On Women Readers:
"Las mujeres se volcaron especialmente en los libros de caballería. Se volvían locas con los protagonistas..."
([11:26])
With her trademark sarcasm and vivid storytelling, Nieves Concostrina debunks myths about chivalric novels, showing them as more than escapist fiction — they were a literary revolution that thrilled everyone, especially women, and survived despite official disapproval. Cervantes’ Don Quijote didn’t kill the genre; it gave it a magnificently ironic epitaph. This is history as delightful gossip: incisive, irreverent, and irresistibly fun.