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Narrator
Ser podcast.
Nieves
Estás escuchando Acontece, que no es poco. Y yo soy Nieves con Costrina, la que te lo cuenta. Un podcast de historia para conocer, para entretenerse, para criticar, para cotillear y para lo que se tercie. Que disfrutes del episodio.
Guest
Hola, Nieves. Buenas tardes.
Nieves
Buenas tardes.
Guest
¿Qué tal? ¿Cómo está? Hombre, hoy nos vemos.
Nieves
Hoy nos vemos.
Guest
Qué bien.
Nieves
Qué guapo.
Guest
Estás fantástico. Muchas gracias por la parte que me toca. Oye, vamos a abrir la semana de nuestro particular, particular en todos los sentidos, Viaje a la historia, con una de museos. ¿Te parece? Una de museos, Venga. Bueno, a ver, tiene que ver con los museos, Sí, porque el lugar donde pasa lo que pasa o lo que pasaba es en los museos. Pero tiene que ver también con la dignidad, con el racismo, con la diplomacia, con la política. Tiene que ver con muchas cosas. Aunque lo podríamos resumir diciendo los museos se redefinen o se lo repiensan diciendo no a la exhibición de restos humanos.
Nieves
Así es. Y fíjate que me disteis la idea vosotros mismos. Escucha cuándo. Porque hablasteis hace poco más de una semana en el tramo de rojo oscuro casi negro con Patricia.
Guest
Con el arqueólogo forense.
Nieves
Exactamente, con Nicolás Márquez.
Guest
Buenísimo.
Nieves
Y entre otras cosas tocasteis el asunto de la exhibición de restos humanos en museos. Estuve escuchándolo y la verdad es que esto cada vez está peor visto y cada vez más museos los retiran. Retiran los restos de la exposición o se atienden las reclamaciones de los países que exigen la devolución de cráneos o esqueletos o la piel de personas disecadas. Naturalizadas, se dice más finamente, porque cuando es de personas se dice naturalizadas. Sí, es un naturalista. Cuando personas es un bonito eufemismo que utilizan los taxidermistas de humanos.
Guest
Pero el caso es el negro de Bañolas estaba disecado.
Nieves
Estaba disecado, pero lo llaman naturalizado. Sí, pero bueno, los disecaban en nombre de un falso interés científico detrás. En realidad solo había morbo. Con este tema podríamos empezar y no acabar. Y creo que muchos se sorprenderían de la cantidad de casos y de la cantidad de conflictos diplomáticos que se han dado a cuenta de la reclamación de restos humanos que se exhibían, que aún se exhiben en museos o que estaban arrumbados en los almacenes que esta es otra. Los dejan ahí. Bueno, ya no los exhibo, pero están ahí tirados. Hay que diferenciar también lo que es exhibir restos arqueológicos de los restos que no tienen interés científico ni arqueológico ni nada, ni antropológico, que se exhibían sólo por ser de personas de otras razas o de otras culturas. Que primero esas personas fueron sacadas a la fuerza de sus lugares de origen para ser exhibidas en los zoos humanos y en los espectáculos de feria y después de muertas continuaron siendo exhibidas sin su consentimiento. Pero también, también hay casos que traemos de todo. Casos de quienes donaron su cuerpo a la ciencia porque sí había un interés científico, o a quienes sus familiares lo cedieron y autorizaron su exhibición después de muerto. Y eso entre estas cosas. Eso ocurrió aquí en España.
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Guest
Oye, Nieves, ahora iremos al caso concreto, pero es que me he quedado dando vueltas antes. Cuando dices que ha habido muchos casos que han provocado incluso conflictos diplomáticos. Hablamos de decenas de casos, de cientos de miles.
Nieves
Hablamos de decenas de conflictos, pero de miles de restos. Miles y miles de restos. Aquí el más conocido es lo que os he mencionado, el del negro de Bañoles que España tuvo que entregar a Botsuana. Pero también hubo una gran bronca con Francia cuando Sudáfrica exigió la entrega de una mujer que llamaban la Venus Hotentote. También devolvió Francia cuatro guerreros charrúas a Uruguay. Noruega devolvió, que fue cuando estuvisteis hablando, devolvió a Julia Pastrana. California ha devuelto restos de 18.000 indios nativos. Francia también ha devuelto las cabezas de 16 guerreros maoríes a Nueva Zelanda. Suecia, como ves, no se libra nadie. Suecia ha devuelto 18 cráneos de aborígenes australianos. Gran Bretaña, 17 esqueletos de nativos de Tasmania.
Guest
Pero a la inversa, no hay cráneos blancos europeos.
Nieves
Los nativos no coleccionan blancos, son mucho más civilizados. Toda esta colección de restos humanos se consideraban bienes culturales por los museos, pero no había nada científico en reunir 18 cráneos maoríes. Distinto fue el caso, por ejemplo, de Josh el hombre elefante, un extraordinario caso del síndrome de Proteus, que él donó su esqueleto para el estudio. Los órganos se perdieron durante los bombardeos a Londres en la Segunda Guerra Mundial, pero los moldes de esos órganos se conservan y el esqueleto también, pero no están expuestos al morbo del público. Lo conserva el Hospital General de Londres y todavía llegan peticiones para tomar muestras, para estudiarlo, pero para verlo, para ver estos restos hay que pasar muchos trámites porque sólo se autoriza especialistas.
Guest
Y el caso español que has comentado, el que tuvo permisos, autorizaciones, ¿Quién era, dónde está o dónde estaba? ¿Hay que hablar en pretérito o todavía en presente?
Nieves
Pues ya vamos a hablar en pretérito, pero desde hace muy poquito ¿Dónde estaba? Porque hace unos meses que ya no está. Desde que el Museo Nacional de Antropología ha decidido redefinir su misión, han retirado el esqueleto del famoso gigante extremeño, que no tenía mayor interés científico para su exposición, salvo que era un señor muy alto, muy alto, como si te llevaras a Iturriaga en esqueleto. La historia de su exposición viene desde el siglo XIX y se conocía la historia de este hombre, La historia del gigante yo la conocía porque tiene relación con otros dos tipos muy altos de la misma época. De uno de ellos incluso se hizo una película, Andía, se llevó 10 de los 13 premios Goya a los que estaba nominada. Andía significa grande en euskera. Pero de la retirada del esqueleto del gigante extremeño del Museo Nacional de Antropología me enteré por un reportaje de Pello H. Riaño en eldiario, es interesantísimo, que habló con el director del museo, con Fernando Sáez y este hombre, el director le contó que esa redefinición del museo ha pasado por desmontar lo que se llamaba la sala de los orígenes. Todos los restos que había, todos han ido a los almacenes, o sea, es.
Guest
Que no tenían interés, no tenían interés.
Nieves
Nada, es que eran restos sin interés, no tenían contexto, no tenían orden ni concierto, eran cráneos puestos ahí al tuntún, un cráneo, otro cráneo, otro cráneo. Es que El museo tiene 4.426 restos humanos inventariados, que ya se dice, y el gigante extremeño era uno de ellos. Este hombre, el que llevó el esqueleto puesto en su momento, se llamaba Agustín Luengo Capilla, era de Puebla de Alcocer, de Badajoz, medía 2 metros 32, vivió solo 26 años y su historia está ligada precisamente a un famosísimo doctor que tiene una historia muy, muy truculenta detrás y que fue el que fundó lo que ahora es el Museo Nacional de Antropología. Y además ese museo está en el mismo palacete que era la residencia del doctor.
Narrator
Como quiera. Si a tu lado no hay reivindicación. La canción de aquel tiempo no pasará donde nunca pasa nada. Una racha de viento nos visitó.
Nieves
El.
Narrator
Árbol ni una rama se le quitó la canción de aquel viento.
Guest
Oye, ¿Y cómo acabó este hombre, el gigante extremeño Agustín Luengo, en un museo?
Nieves
Agustín Bueno, este hombre padecía acromegalia, que es el crecimiento exagerado de los huesos. Y además es una enfermedad que provoca dolor y deformaciones. Una cosa es ser muy alto, que bromeaba antes con lo de Iturria, y.
Guest
Otra distinta es esto.
Nieves
Otra cosa es padecer una enfermedad. Hay gente muy alta por la cosa de la evolución, por la alimentación, por la genética. Pero en el siglo XIX personas de 230 o de 240 eran auténticos fenómenos. Servían para las ferias o servían para la burla directamente. Con Agustín Luengo ocurrió lo Y todo lo que cuento lo conozco gracias a una porque de este hombre se ha publicado en prensa 50.000 cosas sin confirmar. Pero conocí la investigación que realizó el profesor Luis Ángel Sánchez, de la Complutense. Es un antropólogo. Gracias a él descubrí que el doctor Velasco entró en contacto con Agustín Luengo tres meses antes de que muriera. Agustín lo buscó porque leyó la siguiente noticia en un periódico en octubre de 1875 hoy ha sido presentado a su Majestad el rey Alfonso XII un joven de 26 años, natural de Puebla de Alcocer, provincia de Badajoz, llamado Agustín Luengo Capilla, el cual alcanza ya la disforme estatura de 2 metros 300 milímetros. En el periódico en realidad decía 800 milímetros, que era un error, porque hubiera sido casi 3 metros. Pero bueno, eran 300 milímetros. Y ese humano tan peculiar lo quería para él, el Dr. Velasco. Se sabe que Agustín Luengo llegó a Madrid muy tocado, estaba ya muy enfermo, que vino acompañado por su madre. Ya ves tú que fue a visitar al rey para que el rey mira qué curioso, qué señor tan alto. Su salud se estaba quebrando por momentos. Y también se sabe que el 31 de diciembre de aquel año, 1875, Agustín Luengo murió en una humilde pensión de la calle de Toledo, en Madrid, sin recursos, atendido por un médico de la beneficencia. Es probable que el Dr. Velasco, es probable, no se sabe, pagara algo a la madre para que le entregara el cuerpo, porque lo siguiente fue que Agustín Luengo acabó en el museo. Velasco realizó una autopsia detallada, lo especificó todo muy bien, diciendo que presentaba un debilitamiento general del organismo debido a una vida de pobreza y de sufrimiento, e insistió en que el estudio, Esto es muy curioso, insistió mucho el médico en que lo hacía con la aprobación de su desconsolada madre, quien ha manifestado su deseo de que sirviera para estudios anatómicos y con la aprobación también de las autoridades respectivas. A ver, lo de la aprobación no lo dudo, porque no creo que robara el cuerpo, pero lo de que fuera deseo de su madre, esto me parece un poquito literatura de médico.
Guest
En cualquier caso, este médico solucionó el problema que tenía encima la madre con su hijo muerto en Madrid.
Nieves
Claro, qué hubiera hecho eso es indudable, porque es muy probable que ocurriera. No era el deseo de la madre, pero es que a ver qué hacías. Es que hay que imaginarlo. Estamos 1875, el médico en realidad le quitó el muerto de encima a la mujer. Dos metros treinta de muerto, sin dinero, además teniendo que aceptar un entierro de caridad. Y encima, como digo, estaban en. ¿Qué hacía esa mujer? Probablemente agarrar los duros que le diera el doctor, si es que le dio algo, y volverse a Puebla de Alcocer. Eran otros tiempos y eran tiempos muy duros. El Dr. Velasco hizo un molde del cuerpo, lo revistió luego con la propia piel y el esqueleto quedó perfectamente limpio y colocadito en una vitrina. Agustín Luengo se convirtió de inmediato en la estrella del Museo Nacional de Antropología y ahí ha estado hasta hace nada, hasta que el museo ha decidido que no es un bien cultural. Agustín solo representa los restos de una persona fallecida.
Guest
Claro, es que en este tema de los restos humanos, en los museos de antropología y de arqueología también lo complicado está en diferenciar qué es un resto arqueológico, una momia, por ejemplo, de un resto que unos pueden considerar antropológico, pero que al final son solo restos humanos, unos cráneos por ahí, unas calaveras.
Nieves
Es que claro, no, no, imagínate. Tú no lo sabes, yo tampoco, pero esto no lo tienen resuelto ni los que entienden de ello. Por eso hay tanta bronca a la reclamación y a la devolución de restos. Aunque el que no quiere devolver los restos. Y a veces se niegan, no lo exhiben, pero se niegan a devolverlo, pero lo esconden en los almacenes. Hasta el año 2002, un museo del centro de Francia, en Montrison, tuvo expuesto a un catalán disecazo. Me río porque era un tipo capturado durante las guerras napoleónicas. Luego murió en el museo y ya decidió quedarse allí. Ya me contarás qué interés antropológico tiene un catalán disecado. Un andaluz tampoco, ni un gallego. ¿Pero qué interés tiene? Era un humano. Pero, por ejemplo, el Museo Nacional de Antropología mantiene en exhibición una cabeza reducida polarizada. Es distinto porque es de los nativos del Amazonas, pero no es porque sea una cabeza de un señor, sino porque es un ejemplo antropológico de un rito guerrero. A ver, ojo, que por aquella zona estuvieron cazando cabezas y reduciéndolas hasta 1960. No te digo yo que no haya que retomar algunas costumbres para ir frenando el turismo de masas. Otro día, otro día. Ya van a caer los otros dos gigantes que fueron muy célebres los que hubo en España en el siglo XIX. Fermín Arrudi, aragonés de Sallen, de Gállego, que medía 2,29. Y el prota de la peli Andía, Miguel Joaquín eleizegui, que de 242. Que estos se cuidaron muy mucho de que ningún museo los colocara en alguna vitrina y se ocuparon de desaparecer.
Guest
Pues ya hemos empezado la semana, Nieves. Mañana más, mañana más, no te olvides. Venga, un beso. Hasta mañana.
Nieves
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Episode: "Acontece que no es poco | Los museos se redefinen: no a la exhibición de restos humanos"
Host: Nieves Concostrina
Date: September 18, 2023
This episode explores the evolving ethics around the display of human remains in museums. Nieves Concostrina, with her trademark wit and critical outlook, discusses the growing movement to remove human remains from public view, highlighting cultural, diplomatic, and ethical dimensions. Through historical anecdotes and contemporary cases, she traces the legacy of displaying human bodies and the recent efforts to return them to their places of origin or, at least, keep them out of sight.
“Los museos se redefinen o se lo repiensan diciendo no a la exhibición de restos humanos.”
—Nieves (01:02)
“Lo de que fuera deseo de su madre, esto me parece un poquito literatura de médico.”
—Nieves (11:33)
“Naturalizadas, se dice más finamente, porque cuando es de personas se dice naturalizadas. Es un bonito eufemismo que utilizan los taxidermistas de humanos.”
—Nieves (01:36)
“El caso es el negro de Bañolas estaba disecado... lo llaman naturalizado. Los disecaban en nombre de un falso interés científico detrás. En realidad solo había morbo.”
—Nieves (01:53)
“No lo tienen resuelto ni los que entienden de ello. Por eso hay tanta bronca a la reclamación y a la devolución de restos.”
—Nieves (13:00)
“El museo tiene 4.426 restos humanos inventariados, que ya se dice pronto...”
—Nieves (07:28)
True to Nieves Concostrina’s well-known storytelling, the episode blends thorough research with sharp humor and social critique. Her conversational style, sprinkled with irony, makes a complex ethical debate accessible and thought-provoking for a wide audience.
Through vivid historical narratives and ethical debate, the episode lays bare the need for museums to continually reassess the purpose and morality of exhibiting human remains, reminding listeners of the often-overlooked human stories and dignity behind the glass cases.