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A
Ser podcast. Nieves, ¿Qué tal? Buenas tardes.
B
Hola, Buenas tardes, Rafa. ¿Cómo estás?
A
Bien. Oye, el acontece de hoy podría. Estoy pensando, podría llamarse Tan cerca y tan lejos, o mejor algo así como Amigos, amigos, pero. El borrico en la linde, que decía mi abuelo.
B
Pues sí, bien traído. Sí, es verdad.
A
Es verdad que tenemos mucho que aprender de nuestros vecinos portugueses, pero durante mucho, mucho tiempo casi que les hemos ignorado o les hemos mirado por encima del hombro. Y hoy nos vas a contar un episodio histórico en el que los portugueses Basta, hasta aquí hemos llegado. Y lo dijeron de una manera bien.
B
Clara, pero vamos, taxativos. Fueron ellos. Ya estaba bien. Mira, cualquiera que haya estado, que haya ido a Lisboa ha tenido que pasar irremediablemente por la Plaza de los Restauradores. Y si no, ya te digo que es que no ha estado Lisboa. Porque esto es como ir a Barcelona, pasar por la Plaza Cataluña, como. Como ir a Bilbao y no ver el Guggenheim, aunque sea desde lejos, o como no, subirte a la muralla de Lugo. La Plaza de los Restauradores es esa grande, enorme, que tiene un pedazo de obelisco en el centro, que es el monumento a los que restauraron la independencia de Portugal, los que liberaron al país del dominio español y de los plastas de los Habsburgo, los Felipes II, III y IV, que allí en Portugal fueron los Felipes I, II y III. Cambiaron las cuentas. En el pedestal de ese monumento hay varias fechas grabadas, pero la más importante, que es la que nos ocupa hoy, es la del 1 de diciembre de 1640, porque ese fue el día que empezó la liberación. Aquel 1 de diciembre, un grupo de portugueses muy cabreados entró al Palacio Real de Lisboa, buscaron al secretario de Estado, al representante del rey español, lo encontraron escondido en un armario, lo agarraron y lo tiraron por la ventana. Lo que viene a ser defenestrarlo. Pero no he sentido figurado.
A
Ya, no, tal cual, literal, literal.
B
Miguel de Vasconcelos salió por la ventana y claro, caput, despanzurrando.
A
A ver, Nieves, tirar a todo un secretario de Estado por una ventana es cosa muy seria, ¿No? A ver, ¿Qué razones tenían para estar tan cabreados para llegar a este punto?
B
Pues yo ya te digo que mucho tardaron, mucho tardaron en hacerlo y me extraña que no hayan tirado algún español más desde entonces, porque sepamos, los portugueses han tenido mucha paciencia con nosotros. Ya lo has dicho, los hemos tratado fatal y ellos son una gente estupenda de la que aprender mucho. Hemos sido muy pesados, muy cansinos con la chorrada de la Unión Ibérica. Qué manía de juntarse para todo. Basta, como tú dices, el burro en la linde, ¿No? Pues basta con ser buenos vecinos y cooperar. No es necesario irse a vivir juntos. A los portugueses los hemos tenido hasta la peineta durante casi cuatro siglos, o invadiéndolos o pensando en invadirlos, como esto lo pensó el dictador Franco. Hasta en dos ocasiones tuvo un plan para invadir Portugal o dejando que otros pasaran a invadir, como fue el caso de Napoleón. ¿Cuando puedes pasar por aquí a invadir a los portugueses sin problemas? Yo creo que mejor nos hubiera ido dejándonos que nos invadieran ellos.
A
Pero bueno, hubiera sido buena idea quizás. Oye, ¿Cuándo empezaron los reyes españoles? ¿Cuándo empezó España a fijarse en portugués y a tener todas estas ideas?
B
A ver, el enreda mayor del reino, Felipe II. Felipe II entró con disimulo, entró de perfil, invadiendo, pero con buenas maneras, pero ya se sabe lo que pasaba con el glorioso imperio español, que entraba suavito hasta que empezaba a dar caña. Nos tenemos que ir solo 60 años antes de aquel día que salió por la ventana el secretario de Estado. Ojo, los nuevos secretarios de Estado, el nuevo gobierno, que están los nazis españoles muy rabiosos, que no les den la espalda. Nos vamos a 1580, el año en que Felipe II invadió Portugal aprovechando un desconcierto portugués, una falta de previsión que tuvieron. Lo contamos. Portugal era un reino independiente donde reinaba un señor que se llamaba Sebastián, pero Sebastián se murió muy jovencito en una batalla, con sólo 24 años y sin dejar descendientes. No tuvo tiempo. ¿A quién no le ha pasado? Te vas a la guerra y no vuelves. Pues ya está. Y tuvo que encajarse en el trono portugués un tío abuelo de Sebas, Enrique, se llamaba. Era el cardenal Enrique, o sea que ya vamos mal, porque a ver qué herederos legítimos vas a dejar siendo cardenal. Se complica, se complica un poco la cosa. Pero eso no iba a ser un problema irresoluble, porque el yayo Enrique se mostró dispuesto a quitarse las faldas, colgar los hábitos, buscar novia o casarse con alguna de las que ya tuviera y ponerse a la faena de copular lo justo y necesario para tener descendencia. Y aquí es donde entra Felipe II, que era el ansias, que estaba pendiente de todos los movimientos en Portugal, a ver cómo se lo podía quedar. Y cuando se enteró de que el cardenal Enrique iba a colgar la sotana, escribió a su colega, al Papa Gregorio XIII. El que luego nos instaló el calendario gregoriano. Exactamente. Bueno, pues escribió Felipe II a su colega el Papa, que era aliado de los Habsburgo, y le dijo, no dejes que Enrique se salga de cura, no lo dispenses de los votos. Que reine, vale, pero que reine soltero, que se aguante. Ay, ay, como me duele el amor. Ay, corazón espinado, Como me duele el amor. Ay.
A
El corazón espina. Entonces, el plan de Felipe II, el ansioso, era que este señor reine, pero que siga siendo cardenal, que así no me deja un heredero para después al trono.
B
Claro, ese era el plan. Ese era el plan. Por eso el rey Enrique I de Portugal pasó a la historia con el apodo de El Casto. Enrique I el Casto. Bueno, porque él lo diga también, claro. El caso es que así se murió, siendo rey y cardenal y sin descendiente oficial. Cuando murió, un consejo de regencia se sentó a decidir, que mucho tardaron, lo podían haber hecho antes, a decidir el sucesor al trono de Portugal. Y entre los que levantó la mano, y yo quiero, estaba Felipe II, porque dijo que era pariente muy lejano del rey muerto. Eso no era una razón poderosa, porque es que todas las familias reales europeas estaban emparentadas, se cruzaban entre ellos, todo, y así han salido. Y además luego en aquellos años, vete tú a hacer pruebas de ADN para saber si era o no verdad que eran parientes. Pero bueno, Felipe II dice, yo soy pariente lejano y tengo derecho. Pero es que aparece otro candidato que se llamaba Antonio, diciendo que era hijo bastardo de uno de los reyes de Portugal y por tanto sobrino del rey muerto, del cardenal, y se puso a reinar por su cuenta y riesgo, con el apoyo de la plebe, porque este nos cae bien, el bastardo nos cae bien. Felipe II dijo de sonada, este no reina, invadió Portugal y se instaló en el trono como Felipe I de Portugal. Así es como nació la conocida como Dinastía Filipina de Portugal. Felipe II en España, primero de Portugal, luego Felipe III de España, segundo de Portugal y por último Felipe IV de España y tercero de Portugal. Porque aquí se acabaron las cuentas y se fastidió la cosa.
A
Pero decías que Felipe II entró con buenas maneras, casi con educación, en Portugal. ¿Qué fue pasando con los reyes posteriores? ¿Qué pasó para que con Felipe IV, como dices, la cosa se fastidiara del todo?
B
A ver, la fueron pifiando. Felipe II entró con prudencia, es verdad. De hecho estuvo mucho tiempo viviendo en Lisboa para que los portugueses vieran que estaba presente en su nuevo reino. Se fijó en las costumbres, se aficionó. Hay que comer bacalao, yo como bacalao. No es que lo recibieran de mil amores, pero se mantuvo una relativa calma tensa. Luego llegó el lerdo de su hijo, Felipe III, que pasaba de todo y dejó todo en manos de su valido, el duque de lerma, porque Felipe III, con rezar nueve rosarios al día en Ferraz, cazar y jugar a los dados, este ya tenía bastante. Los portugueses ya llevaban tiempo notando que eran súbditos de segunda clase con respecto a los españoles y se fueron mosqueando de más. Empezaron a complicarse las relaciones y la complicación se complicó más. Y tiene que valer la redundancia, porque con el reinado de Felipe IV en España, tercero en Portugal, llegó de la mano el liante mayor del reino, que era el conde duque de Olivares. Hombre que faltaba, claro, el que faltaba para el duro. Este fue de los cansinos del España se rompe. Y tanto quiso unirla que acabó rompiéndola él. Pero además yo creo que no se ha pegado desde entonces. Felipe IV estaba más ocupado de repartir bastardos por el mundo y de perseguir chicas que de atender los asuntos del imperio. Y dejó que hiciera y deshiciera el conde duque, que la lió muy gorda. En Cataluña, con la famosa Unión de Armas, que era la creación de un gran ejército nacional español compuesto por todos y financiado por todos, ordenó que cada reino, cada estado y cada señorío de la Corona española estuviera obligado a colaborar en cada guerra en la que se metiera el rey. Eso fue la centralización del Estado. Y ahí se lió gorda, pasando de fueros, pasando de privilegios acordados y firmados en los distintos territorios.
A
Ahí saltó.
B
Vestido negro sin y cabelo negro comprido y negro sale bordado. Subiendo Anoita avenida.
A
Qué bonito es el fado, Nieves. Bueno, claro, puestos a centralizar, claro, centraliza reinos, centralizas toda la zona de alrededor de España, Pues también centralizas Portugal. ¿También afectó a Portugal este proceso?
B
Sí, sí esto afectó a Portugal. Se le exigió que aportara 16.000 hombres para la unión de armas. Y lo hicieron. Lo hicieron de mala gana, pero lo hicieron porque decían los ¿Qué necesidad tenemos de discutir con los extranjeros cada vez que el rey de España se mete en una guerra? Si luego encima cuando toca repartir, a nosotros no nos toca porque somos de segunda. Estamos hablando de un momento en el que España andaba involucrada en Europa en la guerra de los treinta Años, que duró mucho, como su propio nombre indica. La paz de esta guerra se firmó en la isla de los Faisanes. Hemos hablado muchas veces de ella. Pues para esta guerra aportaron esos 16.000 hombres. Pero es que se les siguieron apretando las tuercas, obligándoles a pagar impuestos extraordinarios porque en realidad el imperio estaba en quiebra. Nadie sostuviera este imperio tan salvaje. Y Así llegamos a 1640, cuando se lía muy gorda en Cataluña contra las decisiones del conde duque de Olivares. Y para aplastar la bronca, el rey Felipe IV ordena a los portugueses que echen un cable.
A
Y con esto ya cerramos el círculo. Volvemos al principio. Porque me temo que no es casual que el año de la Sublevación de Cataluña, 1640, sea el mismo en que defenestraron a nuestro secretario de Estado en Lisboa.
B
Claro, claro. Es que fue lo mismo. Es que esa fue la gota ya que colmó el vaso de la paciencia de los portugueses. Ahí fue cuando le dijeron al rey Felipe y al mangoneador conde duque De eso nada. Vuestros líos con los catalanes son vuestros y a nosotros nos dejáis en paz, que ya estamos hartos de que nos metáis en guerras que no son nuestras cada dos por tres. Y decidieron revolucionarse. Aquel primero de diciembre tiraron al representante del rey por la ventana. Y a partir de ahí ya fue un no parar. Ese mismo día que se cargaron a Miguel de Vasconcelos, los portugueses proclamaron rey de Portugal a uno de los suyos, a Juan IV, de la dinastía de los Braganza. Y ya no pararon de guerrear durante los siguientes 28 años hasta recuperar su independencia. Hasta el gorro acabaron de los españoles.
A
Y desde entonces, lo que decíamos, Nieves. Amigos, Amigos. Por el borrico en la linde.
B
No exactamente. La linda. Me ha gustado.
A
Gracias. Buen fin de semana.
B
El lunes más acontece gracias a ti, Rafa. Un beso para no perderte ningún episodio. Síguenos en la aplicación o la web de Laser, Podium Podcast o tu plataforma de audio favorita. Y todos busqué a luz desvela esparc. Y a poco ofendios pasados todavía. Cómo pedir perdón. Vestido negro sin cabe de un negro comprado.
A
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Podcast: Todo Concostrina
Host: Nieves Concostrina (with interlocutor Rafa)
Date: November 30, 2023
Episode Main Theme:
A lively recounting of the Portuguese Restoration of Independence in 1640, focusing on the dramatic act of defenestration (throwing out of a window) of the Spanish Secretary of State in Lisbon. Concostrina explores centuries of complex and often tense Spanish-Portuguese relations, using her signature humor and directness to illuminate this pivotal episode.
Nieves Concostrina, joined by Rafa, narrates the story of how Portuguese revolutionaries, fed up with Spanish rule, threw the Spanish Secretary of State, Miguel de Vasconcelos, out a window in Lisbon’s Royal Palace—a literal and symbolic act that set off Portugal's fight for independence from Spain. The episode traces the history leading up to this event, the dynamics between Spain and Portugal through the Habsburg "Filipino" dynasty, and the eventual Portuguese Restoration under King John IV.
Concostrina utilizes her trademark wit, groundedness, and irreverence, delivering historical analysis mixed with popular sayings, personal asides, and musical touches. The dialogue is informal yet deeply informed, blending detailed history with anecdotes and contemporary parallels.
This episode masterfully narrates the long buildup to Portuguese independence, highlighting how a weary but patient neighbor finally lost patience with imperial overreach. Nieves Concostrina leaves listeners with appreciation for Portugal’s fortitude, a keen sense of the pitfalls of forced unions, and an invitation to be better neighbors.