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A
Ser podcast.
En la ventana Acontece que no es poco, Un relato personal de la historia con Nieves con costrina, Cadena SER.
B
Hola, Nieves, buenas tardes.
A
Buenas tardes, Carlos.
B
¿Cómo estás? ¿Estás bien? ¿Has descansado? Sí. ¿Has reflexionado también?
A
Sí.
B
Vale, vale mucho.
A
Soy un poco irreflexiva.
B
Muy bien, muy bien. Bueno, hoy abrimos nuestra semana de paseos por la historia. Mira, la abrimos todavía rebufo del Día Mundial de la Radio. Me explico. El pasado jueves nos contaste cómo la radio puede utilizarse en clave positiva, o sea, de información, de complicidad, de compañía, de entretenimiento, para divulgar, o de manera torticera, para nadar, como con casi todo. Y en ese relato nos quedó, ¿Te acuerdas? Nos quedó colgada o poco perfilada una figura de gran simbolismo histórico. Así que hoy, si te parece, retomamos el tema y la persona. Venga.
A
Sí, sí, sí. Es que dejamos colgada de la brocha Marlene Dietrich. Y bueno, mejor rematar ya la historia política de esta mujer. En realidad, todavía la de hoy es una historia que tiene que ver con la radio, porque si visualizamos a alguien cantando la famosa canción Lili MacLean, siempre viene a la cabeza ella, Marlene Dietrich, y esa melodía está íntimamente ligada a la radio. Era una canción de 1938 que cantaba la alemana Lale Andersen y que es una canción que apenas tuvo éxito cuando la sacó esta mujer, al parecer vendió 700 discos y listo. En 1941 los nazis tomaron Belgrado y tomaron también Radio Belgrado. Cómo no era la emisora de mayor alcance en aquella zona, hablamos de cuando Belgrado era la capital de la antigua Yugoslavia, Radio Belgrado llegaba a casi toda Europa, y es que traspasaba el Mediterráneo, alcanzaba el norte de África. Los nazis convierten Radio Belgrado, cuando la ocupan, en la Soldaten Sender Belgrad, o sea, Radio Belgrado de los soldados. Y los responsables de los contenidos se organizaron, evidentemente tuvieron que renovar la programación y se organizan una programación nazi en Alemania, en serbio, mucha musiquita para entretener a la soldadesca, un programa de variedades. Como la programación tenía que ser nueva y la música que sonara muy alemana y muy austriaca, uno de los soldados encargados de la emisora compró en Viena, muy barato, en una tienda de segunda mano, una pila de discos, un mogollón al bulto, al por mayor. Entre esos discos estaba la canción de Lale Andersen, Lili Marlene, que programaban todas las noches machaconamente y que suena así.
Vor dem grossen Tor stand eine Laterne Und steht sie noch davor So wollen wir uns da wiedersehen Bei der Laterne wollen wir stehen Wie ein Lili Marle. Wie ein Lili Marle.
B
Bueno, base de proclamar a todas las noches, claro, cuando insistes en algo. Lili Marlene se hizo imprescindible. Pero es una canción muy triste. Para quien no lo sepa, cuenta la historia de un soldado que se encontraba todas las noches con su novia, con Lili, bajo la luz de una farola junto al cuartel, hasta que le envíen a la guerra. Y entonces solo piensan que si palma con quién se encontrará bajo la misma farola de Di Marlene. Celos prospectivos.
A
Me está engañando, fijo. Era muy triste. Una canción que no te da muchas ganas de vivir, la verdad. Y eso mismo pensaba Goebbels, que era muy triste como para mantener arriba el ánimo de los soldados alemanes, que era a quienes se dirigía la emisora esa de Belgrado, que a ver, eso de echar de menos a la novia desmoralizaba la tropa. Y ordenó Goebbels que la canción no se programara más. Bueno, muchos soldados escribieron a la emisora diciendo que dónde estaba Lili Marlene y la echaban de menos, que porque ya no sonaba. Y hasta el general nazi Rommel, el zorro del desierto, el que dirigía toda la estrategia nazi en el norte de África, escribió preguntando por Lili Marlene, la canción no hubo más remedio que volver a programarla todos los días. Pero como ya hemos dicho que Radio Belgrado tenía mucho alcance, no solo llegaba al frente alemán, también al frente aliado. Y todos los soldados se engancharon a escuchar aquella tristeza de canción porque Lili Marlene se convirtió en la novia que todos los soldados, los soldados que la tuvieran, claro, pues esperaban volver a ver bajo la luz de una farola. Cuando los estadounidenses se percataron del éxito, la incluyeron en sus emisiones y le pidieron a Marlene, Die, que ya había renegado de los nazis y de su nacionalidad, que la grabara. Lili Marlene acabó siendo el himno de los soldados nazis y de los soldados aliados, para gran cabreo de Goebbels.
B
Bueno, dejemos la canción y ocupémonos de Marlene Dietrich. ¿Que has dicho? Que había renegado de los nazis y de su nacionalidad. Cuándo pidió la nacionalidad norteamericana. ¿Cuándo la pidió?
A
En el 39, nada más empezar la guerra, aunque Estados Unidos aún no había entrado. Pero ella ya pide la nacionalidad. Goebbels le recordó al principio de la guerra que ella seguía siendo alemana y llegó a ponerle delante un cheque en blanco para que volviera. Sí, sí, le dijo. Vuelve, te doy lo que quieras. Vuelve aquí. Y además le prometió encumbrarla y bañarla en Or. La respuesta de Marlene Dietrich a esa petición de Goebbels fue solicitar la nacionalidad estadounidense en 1939. Las pasó muy mal. Las pasó mal su hija, María Riva, que por cierto, ha cumplido 100 años el pasado diciembre. La hija de Lili, Marlene vive. María Riva se llama. Bueno, pues la hija contó que cuando su madre recibió el mensaje de Goebbels, y abro comillas, convocó a todo el personal de estudio, los estudios de cine, y les comunicó que a partir de ese momento rompía todos sus lazos con Alemania. Mientras hablaba, contaba, la hija miraba hacia un lado para impedir que vieran que estaba llorando. Marlene siempre dijo que su decisión de hacerse ciudadana de Estados Unidos se debió a una lucha personal contra los nazis y no contra sus compatriotas. Lo hice por un sentido de decencia, dijo, y siguió insistiendo muy poco antes de su muerte. Yo no odio a los alemanes, dijo. Odio a los nazis.
B
Bueno, no solo renunció a la nacionalidad alemana, es que encima se vino a Europa y se dedicó a cantarles a las tropas aliadas en plena guerra. Eso es tomar partido. Lo demás son tonterías.
A
Sí, sí, sí. Era muy activa. Activa y muy activista. Fue como si por ser alemana se sintiera obligada a hacer más y con más riesgo. Porque además a ella le daba igual tener delante a 20 o 20 mil soldados. Marlene hacía dos espectáculos al día, comía lo que comían todos en los campamentos, dormía donde dormían todos y curraba como una bestia. Estuvo en el norte de África, en Italia, en Francia y hasta en plena batalla de las Ardenas en Bélgica, que fue una de las últimas y más cruentas ofensivas nazis, estuvo cantando con las líneas enemigas a unos pocos metros. Esa fue su respuesta a Hitler y a Goebbels. Aunque luego las autoridades alemanas, tras su muerte, la Muerte fue en 1992, se tomaron venganza por su activismo y se cobraron el desprecio que dedicó a los nazis. Fue una mujer, Marlene, al margen de su compromiso personal y su implicación ideológica, además una tía muy preparada intelectualmente, en idiomas, en teatro, en poesía.
Que por cierto se llamaba Marie Magdalene. De ahí sale Marlene. El primer nombre de Marie y las últimas letras de Magdalena. Marlene estudió música, Tocaba el violín y el serrucho. Sí, tocaba el serrucho. Y a veces es que tocaba los dos a la vez. Esto se lo he dicho a Diego Galaz, el serruchista, y le ha explotado la cabeza. ¿Dices cómo lo hacía? Y fíjate, así sonaba el serrucho que Marlene Dietrich tocaba delante de las tropas.
B
La grabación del año 48. Esto que acaban de escuchar. Oye, si. Si Marlene Dietrich muere en 1992, cuarenta y siete años después de que acabara la guerra, y todavía no habían olvidado su activismo, es porque alguien seguía sin entender que ella. Lo acabamos de escuchar. Odiaba a los nazis, no a los alemanes.
A
Comprensión es clase de comprensión. Es que no le perdonaron que se hiciera estadounidense. Y porque a muchos alemanes ha costado décadas sacarles el nazismo de la cabeza.
B
Mira cómo estamos.
A
Exactamente. Y eso en un país que trabajó activamente por la desnazificación, sin paños calientes que fueron a degüello, a arrancarla de cuajo. Pues imagina España, donde no ha movido un dedo nadie por la desfranquización, porque los franquistas, con el rey a la cabeza, organizaron la transición y se lo montaron para seguir aquí, o sea que Tremendo. Bueno, Marlene murió a los 90 años en su apartamento de París en 1992 y sus restos fueron despedidos con honores, bueno, ya sabes, como sólo los franceses saben hacer estas cosas. Y envuelto en la bandera de los Estados Unidos para trasladarlos desde París a Berlín y ser enterrados junto a su madre, tal y como ella pidió. Siempre quiso volver a Alemania para quedarse, siempre. Y por fin iba a ser posible, aunque lo devolverá su tierra a su pueblo. Lo decidió un par de años antes, cuando por fin pudo ver la caída del muro de Berlín. Nunca antes. Si, el muro de Berlín había caído. Si, allí estaba su casa y su tierra, también allí quería su tumba junto a su madre. Alemania. Bueno, Berlín en concreto. Preparó unos funerales de mala gana, los preparó, pero muy fríos. Se organizó un gran homenaje en el mismo lugar donde había iniciado su carrera, en el Teatro Deutsch de Berlín. Pero oye, qué casualidad, casi todos los invitados se pusieron malitos de repente, el acto tuvo que anularse y Marlene se.
B
Quedó sin homenaje, cosa más cutre, ¿No?
A
Tremendo.
B
Oye, año 92. ¿Quién era Helmut Kohl, el canciller por aquel entonces?
A
Helmut. Helmut. El señor Helmut, mi católico. Él. Sí, a lo mejor. Yo creo que al señor Helmut Kol no le gustó que Marlene fuera atea declarada. Que es lo decía por todas partes, soy atea. Y además hay que fijarse en el año para que aquí no nos enteráramos mucho. 1992. Alguna noticia salió, pero en España apenas alguien se enteró de este asunto, porque aquí no había otro interés que no fuera el follón de la Expo de Sevilla y los juegos de Barcelona. Claro. Pese al desplante que le hicieron a Marlene Dietrich en los alemanes, en el cementerio esperaban 400 periodistas de medio mundo estaban esperando la llegada de Marlene al entierro. El gobierno alemán sólo envió a un funcionario de tercera fila. Y todo porque Marlene Dietrich no volvió a Alemania para quedarse cuando los nazis se lo exigieron, sino cuando ella quiso. Es que, de verdad, los patriotas dan mucho asco. Así en general. El patriotismo es, como dicen que dijo el escritor inglés Samuel Johnson, ya sabes, el último refugio de un canalla.
That look that leaves me weak you with your eyes across the table technique.
You got that look that look between the lines you with your. Let's get more than friendly design.
B
Oye, Nieves, ya para terminar la última Ha pasado tiempo. Ya se han reconciliado los alemanes, dirías, podríamos decir, con Marlene Dietrich.
A
Parece que sí. No tenemos tampoco datos aquí del propio país, pero parece que sí. Todavía año y medio después del entierro de la actriz, unos perturbados de derechas profanaron la tumba, hicieron pintadas, dañaron la lápida. Una lápida ¿Donde? Sólo pone por aquí estoy en la culminación de mis días. Eso pone. Marlene Dietrich está enterrada, por si alguien quiere ir a verla. Cementerio de Friedenau, en la sección 34, parcela 363. Por si alguien quiere. Es en un barrio de Berlín Occidental. Tuvieron que pasar 10 años para que Berlín por fin declarase a la actriz ciudadana de honor y se reconciliara con ella. Lo hizo, según dijeron las autoridades, por haber sido embajadora de la democracia y por su amor a una Alemania humana y libre. Era el año 2002 y Marlene entonces sí, descansó en paz. Hoy es una de las tumbas más visitadas de los cementerios de Berlín.
B
Nieves, esto es todo por hoy. Venga.
A
Qué historia. Sí, muchas gracias.
B
Fantástica Fantástica.
A
Muchas gracias. Un beso.
B
Un beso muy grande. Hasta mañana.
A
Chao, chao.
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Host: Nieves Concostrina
Date: February 17, 2025
Platform: SER Podcast
This episode of "Acontece que no es poco" dives deep into the complex and courageous life of Marlene Dietrich, the legendary German actress and singer. Nieves Concostrina tells the story of how Dietrich, though born German, actively opposed the Nazi regime, renounced her nationality, became a U.S. citizen, and risked everything to support the Allied troops during WWII. The episode explores her legacy, the political significance of her art (especially the song "Lili Marlene"), and Germany’s long path to reconciling with her memory.
On Decency and Nationality:
“Lo hice por un sentido de decencia... Yo no odio a los alemanes, odio a los nazis.”
—Marlene Dietrich (as recalled by Nieves, [06:47])
On Patriotism:
“Los patriotas dan mucho asco. Así en general. El patriotismo es, como dicen que dijo el escritor inglés Samuel Johnson, ya sabes, el último refugio de un canalla.”
—Nieves Concostrina ([12:13])
Dietrich’s Legacy:
“Por haber sido embajadora de la democracia y por su amor a una Alemania humana y libre. Era el año 2002 y Marlene entonces sí, descansó en paz.”
—Nieves Concostrina ([12:46])
The episode, rich in both historical detail and personal narrative, highlights the enduring courage and integrity of Marlene Dietrich, whose artistry and activism made her an international symbol of anti-Nazi resistance. It also calls attention to the slow, sometimes reluctant process by which societies reckon with both their complicities and their heroes. The tone is characteristically direct, reflective, and occasionally acerbic, in keeping with Nieves Concostrina’s storytelling style.
For visitors:
If you wish to visit Marlene Dietrich’s grave, it is located in the cemeterio de Friedenau, sección 34, parcela 363, in Berlin ([12:46]).