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A
Ser podcast. Esto es Acontece que no es poco. Y yo soy Nieves con Costrina, la que te lo cuenta en cuanto te descuides. Cada fecha esconde grandes historias, minúsculas o no, a veces guarda pequeñas historias con mayúscula. Aquí te dejo escuchando una.
B
Cada día tiene su afán y cada semana, en este recorrido por la historia que nos propone Nieves, tiene también su línea de relato. Y si ayer ya estrenamos la serie Maximiliano y Carlota, Emperadores de México, pues hoy, Nieves, buenas tardes. No te rías. ¿Hoy casi que podríamos seguir, no?
A
Sí, me encanta la presentación. Claro.
B
No, pero que verdad, hombre, este es un formato por capítulos. Claro que sí.
A
Sí, hay veces que lo pide el tema. A mí la verdad es que me lo pide.
B
¿Según pienso, ayer nos quedamos ahí pendientes, no?
A
Sí, y sobre todo estos pobres que.
B
Les dejaron tirado todo el mundo.
A
Sí, sí, sí. Y además conocer a estos personajes, conocer un poquito quiénes eran. Y hombre, he pensado que para qué demorar más, conocer en un plano más personal a la pareja de Maximiliano y Carlota, emperadores de México. Primero, porque ya tenemos fresca la historia de ayer, cuando contamos que pintaban estos dos pijos centroeuropeos metiéndose a emperadores en el polvorín mexicano, que no se le ocurre a nadie. Segundo, porque la semana que viene, ya lo dijimos, también lo vamos a fusilar a él. Claro. Y ya mejor lo fusilamos. Conociéndolo un poco mejor, fusilar a un desconocido está feo. Y tercero, porque como muchos oyentes nos dicen constantemente que juntan los podcast de la semana para escuchar los del tirón el finde en el coche cuando salen a correr o a caminar, pues lo vamos a poner fácil. Lo de hoy sigue a lo de ayer. Si va seguidito. Y empiezo con algo que escribió el hermano de la princesa Carlota de Bélgica el día que a la muchacha la casaron en 1857 con el archiduque Maximiliano de Austria. Y recordemos que el hermano de Carlota se convirtió años después en el rey de los belgas, Leopoldo II, el carnicero del Congo, escribió él Que el día de la boda de su hermana, y abro comillas, no llovió en todo el día. Que a Carlota se le cayó el ramillete de la cintura. Que durante la misa su silla se volcó. Que por la mañana mi cruz de San Esteban se había roto. Todo esto se consideró entonces signos de mala suerte. Ya que estamos hoy.
B
Hoy es martes 13.
A
Efectivamente, aquí cada uno tiene sus propias tonterías. Y allí en Bélgica la tontería era que si no llueve da mala suerte.
B
Esto era malos augurios para el matrimonio.
A
No exactamente. Aquello pintaba mal. Aunque ya le vale al tal Leopoldo, el que exterminó a 10 millones de personas en el Congo y mutiló y torturó a millones más, estar preocupado porque se le rompiera su cruz de San Esteban. La mala suerte fue la de los congoleños, no la de su hermana, que al fin y al cabo, a la pobre su mala suerte se la buscó ella solita.
B
Este fue un matrimonio de conveniencia, como tantos otros, pero este en concreto, para entenderlos, ¿Qué motivos había detrás? ¿Por qué los casaron? Vamos a Carlota y a Maximiliano.
A
Sí, fue un matrimonio de conveniencia, pero la verdad es que sólo a medias. Porque ella tuvo la oportunidad de haber elegido. Como eran segundones, no era tanta imposición, era de conveniencia. Pero al ser segundones, un poquito menos. Ella pudo haber elegido, pero se enamoró del guapo. Aquí no lo ha pasado. Carlota era la hija pequeña del rey de los belgas, Leopoldo I. Le pusieron varios novios delante, todos miembros de familias reales europeas, pero a ella no le gustaba ninguno. Hasta que un día pasó por Bruselas el archiduque Maximiliano de Habsburgo, el hermano del emperador de Austria, con 87 ojazos azules, tan alto, tan mono, tan rubio, con un tipazo. Y dijo Carlota, mira, va a ser este. Ella tenía 17 años y era muy pava. Él tenía 28 y ya tenía muchos tiros pegados. Al rey de los belgas le venía de perlas esa unión con el Imperio Austrohúngaro, que era el hermano del emperador. Y a Maximiliano le venía más de perlas aún la pasta que tenía el padre de la que era uno de los tipos más ricos de Europa, Leopoldo I, un tío riquísimo. Así que la niña llegó con una dote impresionante que permitió al guaperas de Maximiliano terminar de construirse su no menos impresionante castillo en Trieste, en Italia, a orillas del Adriático. Recomiendo entrar a Google a verlo porque es un pedazo de palacio.
B
Lo miraremos.
A
¿Problema? Pues que Maximiliano era un gamberro súper católico que manejaba mantes a cuatro manos y que no paraba de visitar prostíbulos. En una de estas, Maximiliano pilló la sífilis y ya lo único que mantuvo unida a la pareja, que duró unida poquísimo, fue el dinero, la obligación, porque las parejas reales no se separan. Las profesionales aguantan los cuernos por el bien del negocio, como la suegra de Leticia. Y también se mantuvieron juntos por la ambición, por el poder. Así que bueno, ¿Qué quieres que te diga? Si no son felices, pues ajo y agua.
B
Entonces, Nieves, cuando fueron llamados a esto, ser emperadores de México, ¿Ya tenían entonces mala relación?
A
Sí, malísima. Malísima, Sí. No, no, ya iban fatal. Y él continuó con sus amantes y sus prostitutas en México, y ella intentando quedarse embarazada, porque si ya eran emperadores, había que tener heredero como fuera. Pero es que no había forma. No se sabe si quizás por la sífilis de él o por lo que fuera, Carlota se fue frustrando, como dice el anuncio, una frustración encima de otra frustración encima de otra frustración. Se deprimió, no comía enfermó, pero por encima de todo seguía estando su ambición por conservar el trono imperial. Por eso, cuando ayer contamos que desde Bélgica y desde Francia, cuando ya las cosas se estaban poniendo muy malitas, que fue prácticamente al año, les aconsejaban abdicar porque ya no les iban a proteger y quedaban expuestos a las tropas de Benito Juárez, Cuando les decían que se volvieran echando leches para Europa, la codiciosa Carlota decía que no. Tú aguanta aquí, le decía Maximiliano, que yo voy a buscar apoyos en Francia y en Roma y en donde haga falta, me voy a Europa a dar la turra a todo el mundo. No está claro, y esto no se ha acabado de aclarar nunca, en qué momento se le fue la cabeza a la emperatriz Carlota. Ni se sabe qué lo provocó. Hay varias teorías. Unos culpan a su obsesión por quedarse embarazada, a su empeño por dejar un heredero cuando el imperio se estaba yendo al garete. Desde el minuto uno se cree que acudió a una curandera mexicana que le dio un hongo que en teoría la iba a ayudar a concebir y que se pasó de dosis, o que aquello la alucinó un poco. Es una teoría, sí, pero esto no está confirmado, pero es una de las teorías que se maneja. Ya estando en Europa, cuando fue a entrevistarse con Napoleón III para que les volviera a dar apoyo para poder mantener el trono. Salió de aquella entrevista empeñada en que el emperador y su mujer, que era mujer, era la española Eugenia de Montijo, salió empeñada en que la habían querido envenenar. Que me han querido envenenar. Salió enloquecida. Hombre, yo la verdad no veo. Siempre se negó y yo no veo al emperador francés queriendo envenenar a la todavía emperatriz de México. En lo único que le insistían era en que Maximiliano abdicara. Ya.
B
Y después de esta gira europea, ¿Carlota en algún momento se planteó regresar a México o ya no?
A
No, porque había entrado en barrena. Se fue a orillas del Adriático, al casoplón este, al castillo palacio de Trieste. Y ahí empiezan a llegar muy malas noticias desde México. Maximiliano estaba ya acorralado y ella cada vez más desequilibrada. No tenía ya ningún sentido. Maximiliano empeñado en no salir y ella ya no tenía sentido que fuera. Ahí fue cuando el papa pastelito Pionono la recibió. ¿Estamos ricos, por cierto, los papas, no?
B
Pero.
A
Pionono la recibió por aquello de mantener las formas y porque al fin y al cabo era una emperatriz, la hija del rey de Bélgica. Era la hermana del catoliquísimo, luego exterminador Leopoldo II, princesa de Bélgica y cuñada del catoliquísimo emperador austrohúngaro y emperatriz del catolicísimo imperio mexicano. Era todo muy católico, pero aquí ningún maldito católico echaba un cable al panoli de Maximiliano ni atendía los desequilibrios de la emperatriz Carlota. Los episodios paranoicos de Carlota en el Vaticano cuando fue a entrevistarse con el papa son absolutamente increíbles. Sólo aceptaba beber agua de las fuentes públicas porque decía que los vasos y el agua de los hoteles y del propio Vaticano que estaban envenenados. Estaba obsesionada. Todo el mundo quería envenenarla. Se encerró en la biblioteca de allí, del Vaticano. Hubo que llamar a su hermano, sacarla por la fuerza, montaba unos pifostios por donde iba. Absolutamente tremendo.
B
Pero aquí hay algo, fíjate, que no acaba de cuadrar porque si. Mira, si en el terreno político, por los motivos que fuera, por geopolítica o por tal, dejaron a Maximiliano tirado, ya no nos interesa México. Teníamos lío y guerras en Europa Pero las familias. Las familias no hacían nada. Tanto la suya, la familia real belga, como la otra, la familia política, la austríaca, no nos hacían cargo. No hicieron nada.
A
No, nada, nada, nada. Bueno, y además te invito a que eches una mirada a la actualidad. Yo no conozco una familia real a lo largo de la historia que no sean familias desestructuradas a hostias entre ellos. Ambiciosos, vigilando cada uno su fortuna y su posición y evitando verse perjudicados por las pifias del hermano, del padre o del hijo. Insisto, basta echar una ojeada. Cualquiera de ellas. Ahora nuestros propios Borbones, que no se soportan entre ellos. Y bueno, desde que se les coló Leticia han ido a pe los Windsor. Ahí están, igual que los Borbones. Aguantazos, cuernos, hermanos, sin hablarse, juicios, corrupción. La actual familia belga. Los escándalos les salen por las orejas. La familia real danesa tiene liada una gordísima, la holandesa, la sueca, en el hola, todos son sonrisas. Porque la gente ve claro los banquetes y los posados por detrás a puñaladas. Todos, absolutamente todas, están. Y con Maximiliano y Carlota dijeron que cada palo aguantara su vela. A Maximiliano lo debería haber sacado de México su propio herman a la fuerza, el emperador Francisco José de Austria. Pero vamos, sacadlo de allí de una oreja. ¿Pero como esta gente se cree divina e intocable, pues cómo iban a imaginar que nadie se atreviera a fusilar a un emperador, a un Habsburgo? Y encima la madre recuerda que le dijo eso de que un Habsburgo no abdica nunca, bajo ninguna circunstancia, hasta que le entregaron el cadáver de su hijo. Tenga usted. No lo quería abdicado, pero aquí lo tiene usted, fusilado. Lo de esta pareja, los emperadores de México, y esto no lo digo yo, está así considerado en la historia. Es una de las historias contemporáneas más surrealistas de las cortes europeas.
B
Es que lo es. Has dicho que fusionaremos a Maximiliano El próximo lunes, Carlota. ¿Dónde y cómo acabó sus días la pobre?
A
Acabó con brotes de esquizofrenia paranoica. Tan pronto se creía que seguía siendo emperatriz y hablaba con Maximiliano, aunque ya llevaba fusilada muchos años. Tenía episodios agresivos. Siguió con la manía de que todo el mundo la quería envenenar. Acabó recluida en dos castillos distintos de las afueras de Bruselas, donde la encerró su hermano, el carnicero Leopoldo II. Pero esta mujer acabó enterrando a todo el mundo. Enterró al emperador de Austria, enterró a Sisí, a su hermano Leopoldo, a Benito Juárez, a Napoleón III, Eugenia de Montijo. Enterró todo. Y por enterrar enterró hasta los imperios. Enterró el imperio austrohúngaro, el mexicano, el francés, el alemán, el ruso. Cuando Carlota murió, es que murió en 1927, hace nada, con 86 tacos, tenía la cabeza totalmente perdida. Pero de haber estado en sus cabales, no sé si hubiera podido encajar. El mundo que conoció a mediados del XIX y el que quedó tras la primera guerra mundial era otro. La joven princesa belga, borracha de ambición, se convirtió, como era su deseo, en su Real Majestad Imperial, Carlota de México. Pero era emperatriz de un imperio fake. Un imperio, como dijo alguien, erigido sobre bayonetas francesas, pero que dos pijors centroeuropeos destinados a ser segundones en sus familias reales, se lo tomaron como una misión. En fin, lo dicho, que hoy hemos dejado enterrada a Carlota, pero el lunes fusilamos a Maximiliano y la historia es aún un poquito más absurda.
B
La historia más triste, la verdad. Un beso, Nieves. Hasta mañana.
A
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Host: Nieves Concostrina
Co-host/Interviewer: Carla
Date: June 13, 2023
Podcast: SER Podcast – Acontece que no es poco
In this second episode dedicated to Maximiliano and Carlota, Nieves Concostrina delves into the personal and tragic story of the ill-fated imperial couple, who became emperors of Mexico. Concostrina’s irreverent and sharply critical historical style shines as she uncovers the absurdities, misfortunes, and intrigues surrounding their marriage, their disastrous reign, and Carlota’s infamous descent into madness.
The couple’s marital problems continued unabated in Mexico; Maximiliano kept up his affairs, Carlota grew increasingly desperate to conceive an heir.
Carlota's frustration and eventual mental decline are described, partly attributed to repeated failures to have a child and perhaps Maximiliano’s illness (syphilis).
Her ambition to retain the throne made her reject advice to abdicate, even as support from Europe evaporated.
Nieves mentions the possible role of “curanderismo” (folk medicine) in Carlota’s breakdown—a folk healer allegedly gave her a mushroom to help her conceive, which could have contributed to her mental decline.
Carlota becomes fixated on the idea that people are trying to poison her, especially after meeting with Napoleon III.
This episode of "Acontece que no es poco" paints a vivid, tragic, and absurd portrait of Maximiliano and Carlota—two secondary European royals caught in the web of international intrigue, personal ambition, and collective royal dysfunction. With biting humor and a historian’s eye for irony, Concostrina reveals the personal dysfunction beneath imperial pageantry, leaving listeners with both a sense of the surreal and the deeply human cost behind this “imperio fake.” The story of Carlota’s decline, abandonment, and tragic longevity serves as a fitting conclusion to this chapter—before promising, with Concostrina’s trademark wit, to "fusilar" Maximiliano in the next episode.