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A
Ser podcast. Nieves con costrina. Buenas tardes.
B
Buenas tardes, Rafa. ¿Cómo estás?
A
¿Todo bien? Antes de meternos en faena, creo que quieres hacer una aclaración sobre un acontece de la semana pasada.
B
Más que una aclaración, lo que quiero sacar el cuezo que metí.
A
Bueno, de esta semana, ¿No?
B
Sí, sí. Es que hablando el otro día, el lunes, de Eleanor Roosevelt y de cómo organizó el concierto de la cantante de ópera en el Lincoln Memorial de Washington, dije que esta mujer, Marian Anderson se llamaba. Dije que canta encima de esas escaleras tan famosas que también subió Rocky. Pues no es correcto. Error. Metedura de pata. Mi memoria mala en este caso se me vino arriba ella por su cuenta. Y como hace 30 años, por lo menos, que yo no he visto la peli, confundí las escaleras que llevan al Museo de Arte de Filadelfia, que son las que sube Rocky, con las de Lincoln. Memoria.
A
Bueno, yo no hubiera.
B
Yo ya he rectificado esto en redes y ya me he autoenviado a la UVI y ya está. Pero bueno, tenía que decirlo en el sitio. Lo que pasa es que yo cada vez que veo unas escaleras largas, veo a Rocky subiendo por ellas. Me da igual que sean las que lleven a la Catedral de Girona o las del Congreso.
A
Pero yo es que cada vez que pillo así de casualidad Rocky en la tele, me quedo viéndola. Lo tengo ya muy situado y reconozco que lo hice cuando fui, subí las escaleras y me hice foto brazos en alto. Pero bueno, aclarado que da.
B
Nadie me dijo nada cuando lo dije. Nadie me rectificó. Hasta después.
A
Hasta después, Después sí. Bueno, aclarado que da nieve. Vamos con lo de hoy. Te tengo que decir A mí ya se me estaba haciendo raro que llevaras unos cuantos días sin hablar de reyes, sobre todo después del exitazo de crítica público que tuvieron esos Borbones institucionales. El gran oxímoron que te marcaste el otro día. Pero eso va a cambiar hoy, porque hoy saludamos de vuelta a Carlos III. Algo así como el regreso del rey del postureo.
B
Podemos decir sí regresa, pero va a regresar muerto porque lo vamos a matar. Es que hoy hace 235 años que murió Carlos III, que es el Borbón con mejor fama porque fue también el que tuvo mejor marketing. Yo creo que es el rey del postureo. Mi profesor de Historia en Ciencias de la información que era Carlos Eco Serrano llamaba a Carlos III el rey de las tres paradojas, por no llamarle el rey incongruente, porque es que los cortesanos lo consideraban el mejor alcalde de Madrid, pero resulta que solo pasaba en la capital ocho semanas al año. Ya me dirás. También mucha gente se cree que es un rey ilustrado, pero nunca leyó un libro. Y también se le juzga como un rey muy religioso, pero expulsó a los jesuitas, o sea que ya me contarás. Y añado yo una cuarta mientras fue rey de Nápoles durante veintitantos años, antes de venir a reinar a España, se ganó la fama de rey reformista, pero no reformó un mojón, porque cada vez que introducía una modificación que molestaba a la élite aristocrática, en cuanto le protestaban un poquito la retiraba, o sea, que reforma. No reformó nada, decía que iba a reformar. En resumen, el caso de Carlos III es que pertenece a una dinastía tal desastrosa que entre todos los peores es el menos malo. Y hoy, 14 de diciembre, toca que se muera porque se largó de este mundo. Este día de 1788 en Madrid, en el Palacio Real, se murió en medio de una tremenda parafernalia, porque así tenía que ser. Los Borbones nacían, comían y morían en público. Siempre había gente mirando. Tenemos que hablar alguna vez de cómo era un día en la vida del rey de Carlos III. Por otra parte, era absolutamente vulgar si lo comparamos con el día a día de Luis XIV, porque eso no era una jornada normal, eso era un circo de tres pistas.
A
Nieves. Si, se sabe, aparte de todas las miradas puestas en él, también en ese momento se sabe de que murió. Más allá de la clásica parada cardiorrespiratoria, que es como se muere todo el mundo, hay otro clásico que es el heridas incompatibles con la vida.
B
Con la vida. Bueno, pues no tenía heridas incompatibles con la vida, pero se murió exactamente de eso. Dejó de respirar y se paró el corazón. Antes tampoco se explicaban mucho más. Nos tenemos que fiar del secretario de Estado del conde de Floridablanca, que redactó el certificado de defunción, el que luego. El mismo que luego cosió al testamento y lo redactó en estos té cadáver de muerte natural sin señal alguna de viviente. Qué bonito. Y ya está. Ya está. Esto es lo que puso, o sea que se murió naturalmente. Naturalmente que se murió. Quizás podríamos decir que murió de lo mismo que puso el médico en el certificado de defunción de Isabel II. Que tú también tiene guasa. La reina de Inglaterra dijo que se murió por su avanzada edad.
A
Eso sí tiene WhatsApp.
B
Pues así está puesto en el certificado. Es cierto que también lo puso en el de su marido, en el de el de Edimburgo. Es cierto que para lo que tuvo alrededor, Carlos III fue un rey bastante sano. Sanote de salud. Su padre, Felipe V, desequilibrado. Su hermano, Fernando VI, con gravísimos problemas de salud mental también. Aunque no todo el mundo está de acuerdo con que Carlos III era un rey equilibrado. Ahí hubo uno famoso, la lumbrera del cacareado psiquiatra nazi Antonio Vallejo Nájera, que es conocido como el Dr. Mengel español. El abuelito, para quien le suene el apellido, el abuelito de la MasterChef Samantha. Pues este ultraderechista que hizo experimentos para extirpar la raza española de la raza española al gen marxista es alucinante. Bueno, lo que ya te demuestra que era el enfermo era él. Bueno, pues este dijo que Carlos III era el típico ejemplo de psicópata epileptoide. No dan más explicaciones. Ni yo sabéis de dónde se sacó este hombre. Pero bueno, no parecía muy buen psiquiatra. Y además algunos de los Vallejo Nájera les pasa como a Carlos III. Una cosa es la fama que los alimenta y otra la verdad. En resumen, que no se sabe de que murió Carlos III, pero dejó de dar señales de viviente aquel 14 de diciembre.
A
Entonces no sabemos de qué murió. No queda claro eso. Pero sí sabemos cómo murió.
B
Sí, ahí lo apuntaban todo. No sé si mucha o poca gente tuvo oportunidad de verla, pero en 2016 hubo una exposición en el Palacio Real por el tercer centenario del nacimiento de Carlos III que titularon Grandeza y ornato en los escenarios del reilustrado. Muy chula, la verdad. Entre esos escenarios estaban precisamente los que tuvieron que ver con su muerte. La Expo se abría con la cama en donde murió, la que ocupaba el rey en el dormitorio real y desde la que se dirigió a su secretario de Estado, al Conde de Floridablanca, diciéndole ¿Qué creías que había yo de ser eterno?
A
¿Eso fue así?
B
Sí, sí, sí, sí. ¿Se lo dijo? Sí. Y cerraba la Expo el lecho dispuesto para su capilla ardiente. Era una impresionante cama imperial de doble dosel que se instaló en el salón del Trono. También se llama Salón de Embajadores. La cama donde falleció el rey a la una veinte de la madrugada, no era exactamente como se mostraba, y eso lo explicaba el catálogo de la exposición. Los organizadores tuvieron que reconstruirla, imaginarla, porque Alfonso XII, su tataranieto de Carlos III, la desmontó para hacerla a su gusto. Y también se sabe que parte del dosel de esta cama está en la sala capitular de la catedral de Santiago de Compostela.
A
Ahí va. ¿Y ese viaje?
B
Pues no se sabe ni cómo Demon llegó hasta allí, ni para qué ni por qué. En esa cama fue donde recibió la extremaunción, donde dictó y firmó su testamento y por donde empezaron a desfilar trozos de muertos que pidió el propio Carlos III. Aunque la verdad es que alguno de los momios no llegó a tiempo.
A
Estoy mal infinitamente ma ¿Y por qué? Es un misterio, Fát. A ver, habrá que hacer recuento entonces de despojos qué pidió que le llevaran. ¿Y para qué lo pedía? Para evitar morirse.
B
Estaban esas para tener enchufe en el más allá. Es lo que hacían. Son solo supersticiones. Porque además todos los despojos son mentiras, son inventados. Muy pocas horas antes de morir le entraron las prisas al rey para que le acercaran hasta su cama los restos de San Isidro, el cráneo y las tibias de Santa María de la Cabeza. Era su esposa. Y el cuerpecillo de San Diego de Alcalá, el muerto al que llaman San Isidro. Bueno, pues este podría haberse llamado fácilmente Pepe López, porque es mentira. Y la cocorota y las tibias que dicen son de su esposa Santa María de la Cabeza. Pues yo que sé, serían de Maripur y González. También son falsas, pero llegaron antes de que la hora fatal alcanzara al rey, porque las tenían allí, muy cerca de palacio. Pero el momio del tal San Diego hubo que trasladarlo desde Alcalá de Henares, que es donde lo tienen. Y cuando llegó Carlos III dio ahí su última bocanada. Ya está. Esa dos horas antes de morir dijo una frase muy bonica, la verdad, que también está he hecho el papel de rey y se acabó para mí esta comedia. ¿Y después? Pues nada, siguiendo el asunto, hizo mutis y no hubo aplausos. Cuando Cascó llegó el momento de cumplir con sus órdenes testamentarias, no sin antes comprobar que de verdad estaba muerto. Y además esto se hizo de una forma novedosa por decisión del hombre de confianza del rey del Floridablanca citado, que introdujo en el protocolo funerario algo nunca util en la monarquía hispánica. El investigador Javier Valela, que probablemente el tipo que más sabe de funerales reales, cuenta que Floridablanca se acercó a la cama y gritó ante el cuerpo del Señor, Señor, señor. Como el rey no contestó, pues el ministro se acercó a su cara hasta casi rozar la nariz del supuesto difunto y repitió las tres Señor. Le gritaba mucho al rey. Como tampoco reaccionó a esta segunda tanda de llamadas, acercó un espejito a ver si se empañaba. Sólo entonces redactó el certificado de defunción que hemos leí cadáver de muerte natural sin señal alguna de viviendas.
A
Oye, y una ¿También se exponía después el cuerpo para que sus súbditos, el pueblo, pasara por ahí a despedirse de él?
B
Sí, con Carlos III se hizo. Además se permitió la entrada a todas las personas sin distinción de clases, a hombres y a mujeres. Carlos III fue el primero en usar esa cama imperial como capilla ardiente, pero no el último, porque sus últimos ocupantes fueron primero la consorte moña María de las Mercedes la Dalia, que cuidaba Sevilla, y después su marido Alfonso XII. Pero ya no ha vuelto a utilizarse, sencillamente porque hace 138 años que no se muere un rey reinando. Y esto es muy loco. Esto sólo pasa en España, país con una monarquía tan consolidada que hace casi siglo y medio que los reyes se mueren en el extranjero. Y fíjate que mi mayor deseo, sin embargo, es que nunca más vuelva a morirse un rey o reina de España. Pero todavía quedaba un poquito de teatrillo antes de instalar la capilla ardiente. Tras los tres gritos del Señor, señor, señor. Se informó al príncipe de Maserano, el capitán de la Guardia de Corps, que era el encargado de hacer el comunicado oficial ante todos los que esperaban en palacio. Y lo hizo así también a el rey ha muerto. Pues el rey viva. Doble guardia a los príncipes nuevos soberanos. No te digo nada, porque el nuevo soberano era el tolay este de Carlos IV. Inmediatamente después, y en presencia de todos los cortesanos, el capitán de la Guardia de Corps rompió su bastón de mando en dos pedazos y los dejó en la cama del rey. Carlos III estuvo poco tiempo expuesto porque pidió no ser embalsamado en la explicación correcta y oficial. Dice que el rey rechazó el embalsamamiento por humildad, porque los designios divinos después de la muerte llevan a la corrupción y nadie debería evitar retrasar ese proceso. Pero cuidado, que los estudiosos creen que el rey era un cagueta y no soportaba la idea de que abrieran su cuerpo.
A
Y de allí, Nieves, al Escorial, directamente.
B
Al pudridero del Escorial, con los pies por delante. Se entregó el cuerpo a los frailes, se repitió el novedoso protocolo importado de la Borbonia francesa. Eso de señor, señor, señor. Pues que su majestad no responde, dijo Maserano. Verdaderamente está muerto. Y otra vez rompió su bastón de mando, ya era el segundo, y lo arrojó, lo arrojió a los pies del féretro de entrada. Ya comprobamos que el jefe de la guardia no ganaba para bastones de mano.
A
No le daba para más. Nieves, gracias. Mañana no, pero el lunes sí. Más acontece.
B
Un beso, Rafa, muchas gracias. Para no perderte ningún episodio, síguenos en la aplicación o la web de Laser Podium Podcast o tu plataforma de audio favorita.
Podcast: Todo Concostrina
Host: Nieves Concostrina (Co-host: Rafa)
Date: December 14, 2023
Episode Focus: The death and legacy of Carlos III, painted through Nieves Concostrina’s irreverent and witty historical lens.
In this episode, Nieves Concostrina explores the life, death, and mythos of Carlos III of Spain, humorously labeling him "el rey del postureo" (the king of posturing). With her characteristic blend of anecdote and critical history, Concostrina peels away the image and marketing that have surrounded Carlos III, questioning his true achievements and legacy, and describes in vivid detail the ritual and paradoxes that surrounded his passing.
“¿Qué creías que había yo de ser eterno?”
(What did you think, that I was going to be eternal?) (06:30)
“Todos los despojos son mentiras, son inventados.” (All the relics are fake, they’re invented.) (08:09)
“He hecho el papel de rey y se acabó para mí esta comedia.”
(I have played the part of a king, and for me, this comedy is over.) (09:02)
On Carlos III’s Paradoxes:
“Mucha gente se cree que es un rey ilustrado, pero nunca leyó un libro.” (Many people believe he was an enlightened king, but he never read a book.) (02:14)
On Superstitious Rituals:
“Todos los despojos son mentiras, son inventados.” (All the relics are fake, they’re invented.) (08:09)
Carlos III’s Final Reflection:
“He hecho el papel de rey y se acabó para mí esta comedia.” (I have played the part of a king, and for me, this comedy is over.) (09:02)
On Royal Death Certification:
“Señor, señor, señor.” Shouted thrice to verify the king’s death before writing the death certificate. (10:09)
On Spanish Monarchy’s Peculiarity:
“Hace 138 años que no se muere un rey reinando. Esto sólo pasa en España.” (It’s been 138 years since a reigning king died in Spain. Only in Spain.) (11:14)
Concostrina playfully deconstructs the legendary status of Carlos III, exposing myth against the reality of a king defined more by good image than genuine reform or enlightenment. The episode offers both humorous anecdote and sharp historical critique, making the complexity and spectacle of royal death rituals accessible to all listeners.
Final wish from Nieves:
“Mi mayor deseo, sin embargo, es que nunca más vuelva a morirse un rey o reina de España.”
(My greatest wish, however, is that never again a king or queen of Spain should die.) (11:47)