Transcript
A (0:01)
La Sociedad Española de Radiodifusión presenta Ser Podcast siempre.
B (0:18)
Hola, Nieves, buenas tardes.
A (0:19)
Buenas tardes, Carlos. ¿Qué tal?
B (0:21)
Bien, allá vamos. Oye, hace años, a lo mejor sigue existiendo y meto la pata, pero tampoco será grave. Hace años la prensa local y no tan local, que yo recuerdo, publicaba los natalicios. Las necrológicas siguen, eso está claro, pero natalicios yo no veo tantos.
A (0:38)
No, ya no es verdad.
B (0:40)
Da igual. En cualquier caso, esta semana creo que Nieves se ha empeñado en recuperar esa sección de natalicios o algo parecido. Porque ayer hablamos del nacimiento de un papa, el papa gafe, y hoy, no sé cómo decirlo, hoy sería el nacimiento del padre, entre comillas, de James Bond. Que no está mal. Que no está mal.
A (0:59)
Sí, sí, es así, es así. El padre, como no tuvo otro, este fue su único hijo. Sí, es verdad. Hombre, pues ayer. Hoy toca que nazca un escritor. Ya que ayer le estuvimos dando cera a un papa, pues hoy a un escritor. Y además gracias al cual nació el héroe cinematográfico del siglo XX, que tenía licencia para todo, para matar, para ligar, para tirarse por un barranco y salir indemne, para huir de 17 matones sin que se le arrugara el traje. Bueno, sigue sin arrugársele. El que nació el 28 de mayo de 1908 fue Fleming, Ian Fleming, que luego dio forma a Bond, James Bond, que fue todo lo que no pudo ser Ian Fleming. En realidad nadie puede ser James Bond, como nadie puede ser Batman. Pero el caso es que Bon se convirtió en el símbolo del orgullo nacional británico, lo cual demostraba la simpleza de algunos británicos, porque Bon no existe. Es como algunos españoles muy españoles que tienen como ídolo español al Cid. A ver, que ese cice heroico es mentira. El Cid era un mercenario muy listo, pero no un héroe español. Primero porque España no existía y de haber existido le traería al fresco. Él luchaba, luchaba por su pasta, por su botín y por sus tierras. Luego viene el dictador Franco, le pone una estatua en Burgos y los desinformados pues se lo comen. Claro, empezando por José María Aznar, que de pequeñito quería ser el Cid, de más pequeñito. Y James Bond es un personaje divertido, pero es mentira. Ya está. Que es que a veces los británicos parecen todo Boris Johnson, de verdad. En realidad, hablar de Fleming y de Bon es hablar de la misma persona con los mismos vicios. Porque el cine suavizó mucho a Bon. Lo del martini agitado, no mezclado. Eso es una moñería pija comparado con lo que le pegaba al jarro o el Bon de las novelas.
