
Loading summary
A
La Sociedad Española de Radiodifusión presenta Ser Podcast siempre.
B
Hola, Nieves, buenas tardes.
A
Buenas tardes, Carlos. ¿Qué tal?
B
Bien, allá vamos. Oye, hace años, a lo mejor sigue existiendo y meto la pata, pero tampoco será grave. Hace años la prensa local y no tan local, que yo recuerdo, publicaba los natalicios. Las necrológicas siguen, eso está claro, pero natalicios yo no veo tantos.
A
No, ya no es verdad.
B
Da igual. En cualquier caso, esta semana creo que Nieves se ha empeñado en recuperar esa sección de natalicios o algo parecido. Porque ayer hablamos del nacimiento de un papa, el papa gafe, y hoy, no sé cómo decirlo, hoy sería el nacimiento del padre, entre comillas, de James Bond. Que no está mal. Que no está mal.
A
Sí, sí, es así, es así. El padre, como no tuvo otro, este fue su único hijo. Sí, es verdad. Hombre, pues ayer. Hoy toca que nazca un escritor. Ya que ayer le estuvimos dando cera a un papa, pues hoy a un escritor. Y además gracias al cual nació el héroe cinematográfico del siglo XX, que tenía licencia para todo, para matar, para ligar, para tirarse por un barranco y salir indemne, para huir de 17 matones sin que se le arrugara el traje. Bueno, sigue sin arrugársele. El que nació el 28 de mayo de 1908 fue Fleming, Ian Fleming, que luego dio forma a Bond, James Bond, que fue todo lo que no pudo ser Ian Fleming. En realidad nadie puede ser James Bond, como nadie puede ser Batman. Pero el caso es que Bon se convirtió en el símbolo del orgullo nacional británico, lo cual demostraba la simpleza de algunos británicos, porque Bon no existe. Es como algunos españoles muy españoles que tienen como ídolo español al Cid. A ver, que ese cice heroico es mentira. El Cid era un mercenario muy listo, pero no un héroe español. Primero porque España no existía y de haber existido le traería al fresco. Él luchaba, luchaba por su pasta, por su botín y por sus tierras. Luego viene el dictador Franco, le pone una estatua en Burgos y los desinformados pues se lo comen. Claro, empezando por José María Aznar, que de pequeñito quería ser el Cid, de más pequeñito. Y James Bond es un personaje divertido, pero es mentira. Ya está. Que es que a veces los británicos parecen todo Boris Johnson, de verdad. En realidad, hablar de Fleming y de Bon es hablar de la misma persona con los mismos vicios. Porque el cine suavizó mucho a Bon. Lo del martini agitado, no mezclado. Eso es una moñería pija comparado con lo que le pegaba al jarro o el Bon de las novelas.
B
Esto es la fanfarria de James Bond. Oye, empecemos por conocer un poquito más a Fleming. Y así se entenderá a Bond. Porque el escritor trabajó un tiempo en los servicios de inteligencia británicos, ¿No?
A
Sí, sí. No es que hiciera grandes cosas. Solo le dejaban ocuparse del papeleo. Chupó despacho. Chupó. Sobre todo despacho. Por eso se inventó a un agente súper especial y súper secreto que combatía a los chinos y a los rusos. Y por supuesto, mucho más listo y resolutivo que los torpes yanquis de la CIA. Lo cierto es que Ian Fleming parió a James Bond en el momento en el que los británicos estaban un poquito con la moral por los suelos en plena Guerra Fría. Ya no les quedaba un mojón del imperio británico. El país estaba hecho una ruina tras la guerra. Y puesto que no le dejaron ser a Fleming lo que quiso, pues se inventó al tipo que sí podía serlo. Porque Ian Fleming no estaba en la élite de los servicios secretos. Él en realidad trabajaba en la Inteligencia Naval, que era donde lo colocó su madre con enchufe, porque era un poco mindundi. Y Ann Fleming era de familia muy rica y muy influyente. Y lo tuvo todo hecho. La verdad que si algo dependía de él, solía cagarla un poquito en el Ministerio de Exteriores, que en el Foreign Office que quiso entrar, lo rechazaron. Y de la academia militar empezó ahí. Acabaron expulsándole por pillarse una gonorrea. Claro que ¿Dónde se ha visto? ¿Hombre, un pijo británico rico y militar con gonorrea? Pues fuera. Pero ahí estaba James Bond, que es. Daba igual. Hiciera lo que hiciera este, no se pillaba nada. Lo suyo, lo que le gustaba a Ian Fleming de verdad, era acumular amantes de forma compulsiva, se habla de cientos. Meter mano a jovencitas en los taxis. Esto luego, según su biógrafo. Y los latigazos. Le gustaba el sadomaso al señor este. Como todo esto él lo practicaba de manera burda, pues creó a un James Bond que ligar ligaba, pero bueno, de forma mucho más refinada.
B
Vaya prenda, Fleming. Bueno, pero quedémonos con el personaje de James Bond. La primera novela fue Casino Royal, que la escribió ya mayorcito.
A
Sí es que dicen, bueno, dicen evidentemente todos los que lean sus biógrafos y tal, dicen que la escribió casi por desahogo, porque se vio obligado a casarse con 44 años y tenía un cabreo del 7. Se lió a escribir para huir del shock que le supuso el matrimonio. A quién se le ocurre, Claro, por dejar embarazada a una viuda de alto stand. Y le dijeron, macho, ahora pasa por la vicaría. Ian Fleming escribió Casino Royal en 1952 en su finca jamaicana GoldenEye. ¿Cómo no acordarse de la gran Tina Turner cantando este tema? GoldenEye fue la primera, además, la primera peli que hizo Pierre Brosnan como agente y la primera en la que se empieza a dar una vueltecita de tuerca, así no nos volvamos locos, un poquito al papel de las mujeres en la saga de los Bon, porque, joer, madre mía, el machismo, el servilismo rendido de las chicas, una sexualización de ciencia ficción, que es que hasta las malas de las películas caían desmayadas ellas ante Sean Connery, Rogelio Moreno, que es el que menos me gustaba a mí, Timothy Dalton, Pierre Brosnan, Daniel Craig. Había otro, a George la Seville me.
B
Lo he saltado porque es que casi ni nos acordamos de él.
A
Es que solo hizo una de. Aunque en realidad hubo uno antes de todos estos que también pasó muy desapercibido. La mayoría creíamos que el primer James Bond, yo lo creía, fue Sean Connery. ¿En la primera peli, no? Pues en la primera saga esta del Dr. No, pero no, mira, valga la redundancia. Por cierto, que esta peli tiene un guiño muy sutil a Francisco de Goya, muy curioso. Antes de Connery hubo otro, una versión televisiva de la CBS que llevó a la pantalla la primera novela, Casino Royal. Barry Nelson se llamaba el primer James Bond, Que por cierto, por lo de James Bond, Fleming tomó el nombre de James Bond de un ornitólogo estadounidense. Fíjate, le podría haber dicho Ita, Carlos de Ita. Pues dice, le gustó James Bond, el nombre, porque dijo que era breve, poco romántico y muy masculino. Se refería sólo al nombre. Aunque el hombre, el hombre real que inspiró a Fleming, eso era lo peor. Por eso tenemos la imagen que tenemos de los primeros James Bond. Era machista, era homófobo, era chulo. El cine. Ya lo ha corregido un poquito.
B
Sí, lo ha corregido un poquito. Un poquito bastante. ¿Qué has dicho antes? ¿Qué tiene que ver Goya con la primera peli de James Bond?
A
Pues tú la has visto, seguro que la has visto.
B
La de contrato. Sí, las he visto todas las de Bond.
A
Bueno, pues quien no la haya visto, que se fije cuando la vaya a ver. Y si la vuelves a ver, fíjate. Memoria. Casi al final de la película, casi al final, hay una escena en la que la gente, mientras recorre la guarida del malo del Doctor No, está ahí. Bueno, se detiene un momentito justo antes de subir unas escaleras y se queda clavado mirando una pintura que hay sobre un caballete. Es una pintura pequeña. Sean Connery mira ese retrato ahí, nada, unos segundos, como con cara de sorpresa. Y luego. Sí, la búsqueda del malo. Porque es que es el retrato del duque de Wellington pintado por Francisco de Goya, que en el momento de rodarse y estrenarse la película de. Estaba en paradero desconocido. Lo habían robado de la National Gallery de Londres. Hasta hoy es el único robo que ha sufrido la National Gallery. El director de la peli de Dr. No, Terence Young, hizo un guiño a los espectadores y situó el cuadro robado en la guarida del mal como si lo hubiera robado el doctor. No se lo colgó a él, se lo colgó a. Y bueno, ya que esto va de. El cuadro apareció después. Y como esto va de cine, para quien quiera conocer la historia del robo de este retrato pintado por Goya, por favor, no os perdáis, si no lo has visto tampoco, una película fantástica. Se llama El duque. Es del año pasado, Helen Mirren. Es fantástica la película. Y ahí no me acuerdo del actor, pero es buenísimo. Y ahí está contado quién se llevó el cuadro, por qué estuvo cuatro años desaparecido y qué pedía por su devolución el taxista londinense que lo robó. Sí, sí, sí. Es una historia real y de las bonitas. De las muy bonitas.
C
Tu madre no lo dice, pero me mira mal. ¿Quién es el chico tan raro con el que vas cuando yo estoy delante? Me trata muy normal.
B
Oye, volvamos al personaje de Bond. Porque el escritor se inspiraría en alguien también. Lo podía crear de cero, pero tendría algún referente en quien inspirarse.
A
Un referente lamentable. Fue un impresentable, pues era el playboy del momento y muy conocido en Estados Unidos y en Europa. Era un tipo que se llamaba Porfirio Rubios.
B
Ya me suena. Ya.
A
Este tipo era dominicano. Y además, si ves su foto, estás viendo a James Bond en las poses. Era un tipo muy guapo, muy cortés, muy educado, un tío polifacético. Fue espía, tuvo cinco esposas. La primera una menor, hija del sanguinario dictador Leónidas Trujillo, y otras dos esposas eran multimillonarias, porque así mantuvo su tren de vida, claro, por sus contactos políticos y sociales. Pero además de esposas, tuvo mujeres por un tubo. Entre las más famosas se cita a Sasha Gabor, a Rita Hayworth, Marilyn Monroe, Ava Gardner, Joan Crawford, Kim Novak, Judy Garland, Eva Perón. Era tremendo. Porfirio Rubirosa también era muy deportista. Campeón internacional de polo. Era submarinista, esquiaba también conducía coches de carreras. Por supuesto, tenía un tipo con un aspecto muy viril y del que corrían muchísimas leyendas sobre sus dimensiones. Es verdad, en aquellos años estelares de Porfirio Rubirosa, en determinados restaurantes de moda de París, a los pimenteros grandes que se ponen en las mesas para moler los granos, los llamaban. Pero este tipo no tenía ninguna gracia, porque además de todo esto, también era muy celoso, pese a que el infiel era él. Esto suele ocurrir mucho. Era un tipo muy violento y cómplice de un asesino porque trabajó como espía para el régimen criminal del dictador Dominica Leonidas Trujillo. Todas estas virtudes inspiraron a Ian Fleming. Virtudes, lo digo entre comillas, claro. Pues inspiraron a Ian Fleming para crear a James Bond. Afortunadamente, este tal Ruby Rosa tuvo un final. Pues que te diga que no nos disgusta, porque iba haciendo el imbécil a toda leche con su Ferrari por un barrio pijo de París, por. Se estampó contra un castaño y oye, allí se quedó. Y el chiste viene solo, literalmente, casco de un castañazo.
B
No me extraña, con esa inspiración, con ese referente que en fin, al margen del personaje literario, pero que saliera un James Bond, los primeros James Bond, los primeros tan exageradamente machistas. Si el referente era Porfirio Rubirosa, pues qué menos, ¿No?
A
Sí, sí, ese fue. Ese fue Porfirio. Y Sean Connery, además, que fue el primer, se ajustaba perfectamente al personaje de Rubirosa en cuanto a guapo, en cuanto a machista, en cuanto a maltratador, en cuanto a chulo, porque como actor me encanta. Pero a Connery le persiguió toda su vida aquella declaración en 1965 que ratificó luego cada vez que le preguntaban si se arrepentía de haberlo dicho. Y no, la verdad es que el tío mantuvo aquello de que una bofetada con la mano abierta una mujer estaba justificada. Si todas las demás alternativas fallan, dijo sí. Fue tremendo. Si una mujer es una perra o una histérica, yo lo haría. ¿Es lo que dijo Siempre le preguntaban, pero se arrepiente de haberlo dicho? Y no es que no se arrepentía. Y esa clase de hombre también era Ian Fleming, que era muy misógino además. Por eso escogió a Rubirosa como modelo y por eso Sean Connery fue el ideal para el primer Ian Fleming. Eso sí, no era tan guapo como sus agentes, para nada. Ni las chicas que lo rodeaban tan guapas como las de las pelis, o sea, las del cine son. Son recauchutadas pero espectaculares, hay que reconocerlo. Y las que conseguía Fleming a veces, pues eso ya dependía de lo que pagar.
B
Nacido para ser malaje, vaya victorión también. Venga, Nieves, mañana más.
A
Joder.
B
Ala, Un beso, Carla, Hasta mañana.
A
Adiós.
B
Adiós.
A
Para no perderte ningún episodio, síguenos en la aplicación o la web de Lasser Podium Podcast o tu plataforma de audio favorita. We can climb so high and never.
C
Fall a time.
A
Boom to be wild. Boom to be wild.
Host: Nieves Concostrina with Carlos
Date: May 28, 2024
In this lively and satirical history episode, Nieves Concostrina celebrates the birth of Ian Fleming (May 28, 1908), best known as the creator of the legendary spy James Bond. With her trademark irreverence, Nieves explores both the real-life Fleming and the mythos of Bond—examining the blur between fiction and reality, the social context behind their creation, and the problematic traits inherited from their inspirations. The episode deconstructs the glamor, machismo, and British pride tangled up in the Bond legend, while highlighting lesser-known anecdotes and offering sharp commentary on their cultural legacy.
“En realidad nadie puede ser James Bond, como nadie puede ser Batman.” (01:27)
“No es que hiciera grandes cosas. Solo le dejaban ocuparse del papeleo. Chupó despacho. Chupó. Sobre todo despacho.” (03:13)
“Lo del martini agitado, no mezclado. Eso es una moñería pija comparado con lo que le pegaba al jarro el Bond de las novelas.” (02:55)
“La escribió casi por desahogo, porque se vio obligado a casarse con 44 años y tenía un cabreo del 7.” (05:29)
“El director de la peli de Dr. No, Terence Young, hizo un guiño a los espectadores y situó el cuadro robado en la guarida del mal como si lo hubiera robado el doctor No.” (08:26)
“Fue espía, tuvo cinco esposas... Por sus contactos políticos y sociales. Pero además de esposas, tuvo mujeres por un tubo… Fue campeón internacional de polo, submarinista, esquiaba, conducía coches de carrera…” (10:32–11:45)
“Iba haciendo el imbécil a toda leche con su Ferrari... Se estampó contra un castaño y oye, allí se quedó. Y el chiste viene solo, literalmente, casco de un castañazo.” (12:46–13:02)
“A Connery le persiguió toda su vida aquella declaración en 1965... mantenía aquello de que una bofetada con la mano abierta a una mujer estaba justificada.” (13:29)
The episode is lighthearted, ironic, and at times sharply critical. Nieves employs humor, sarcasm, and cultural references to debunk myths, highlight uncomfortable truths, and provide vivid, colorful storytelling—staying true to her unique voice throughout.
Perfect for listeners seeking a witty yet unflinching look at history’s icons—and the uncomfortable realities beneath their legend.