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A
Ser podcast. Estás escuchando Acontece que no es poco y yo soy Nieves con Costrina, la que te lo cuenta. Un podcast de historia para conocer, para entretenerse, para criticar, para cotillear y para lo que se tercie. Que disfrutes del episodio.
B
Hola Nieves, buenas tardes.
A
Buenas tardes.
B
¿Cómo estás?
A
Muy bien, muy bien.
B
Empezando semana. Oye, ya hacía tiempo, demasiado tiempo de hecho, que no se sumaba este Acontece que no es poco uno de los personajes más relevantes de toda la historia, que es Napoleón, que por tener tiene hasta el nombre de un coñac. No sé si lo sabe o da nombre a un coñac.
A
Sí, da nombre a un coñac, sí, lo he visto alguna vez. Muy caro, además.
B
Bueno, pues hoy no hablamos de cosas caras ni de lujos, sino de los últimos años de su vida que transcurrieron en la isla de Santa Elena y no precisamente a cuerpo de rey ni de emperador, como era su caso.
A
Ni mucho menos. Ni mucho menos. Fíjate que cuando Napoleón aceptó por fin que ya no podía seguir dando la turra al mundo, que ya tuvo que entender que se acabó, que ya no había de dónde rascar más cuando aceptó su definitiva rendición, echó las cuentas de la lechera, el hombre pensó ¿Él que? ¿Lo que me quede de vida? Pues creo yo que permaneceré súper vigilado, pero viviendo confortablemente y respetado, porque al fin y al cabo fue el amo de Europa, fue un gran estratega y un jefe de Estado que menos que atenderlo de acuerdo a su dignidad imperial. Y hombre, además estaba ya estaba un poco malito. Por eso, tras su definitiva derrota en Waterloo, tras su abdicación y su renuncia a todo, cuando los británicos se lo llevaron a Inglaterra, Napoleón pensó que lo alojarían en alguna cómoda finca de la campiña inglesa para tenerlo controladito cerca. No contaba él con que más que un retiro dorado le estaba esperando un retiro lejano. En una isla sí, pero no en la británica. Le dijeron los british te vamos a mandar a una isla muy chula de donde no vas a salir en los días de tu vida, pesado. Nos engañaste una vez, pero no nos vas a engañar una segunda. Así fue como el 17 de octubre de 1815 Napoleón desembarcó en la isla de Santa Elena, en mitad del Atlántico, allá donde da la vuelta al aire y a 2000 kilómetros de la costa africana. Es una isla que el navegante también británico, James Cook cuando hizo una parada técnica en ella al volver de sus viajes a lo largo y ancho del mundo. Esta isla no es más que un montón confuso de peñascos bordeados por acantilados.
B
Qué hermosa.
A
Muy hermosa. Pero salió pitando de allí.
B
No me extraña.
A
Y cierto, porque cuando Napo vio aquellos acantilados que rodeaban Santa Elena, es que no se lo podía creer. Y encima un viento, un frío, una humedad. Y la casa. Uy, la casa donde la instalaron. Si hasta las ratas se metían a dormir en su sombrero. Allí lo dejaron los británicos dicié y ahora vas y te escapas otra vez La que nos hiciste en la isla de Elba no nos la vas a volver a hacer, Solisto, Quiero irme de aquí. Y dejar de sufrir.
B
No puedo ser más adecuada. La canción de verdad es fantástica. Oye, queda bastante claro que lo de escaparse no lo iba a tener nada fácil, pero lo llegó a intentar en algún momento, o al menos se le pasó por la cabeza, o ni eso.
A
Sí, sí, la cabeza de Napoleón no paraba quieto, o sea que alguna se le ocurriría. Pero es que esta vez era imposible, era imposible que los ingleses se pasaron con la vigilancia y con el exagerado celo sobre su prisionero, pero que no se podían fiar, no podían descuidarse. Cuando apenas llevaba unos meses en Santa Elena, el emperador destronado agarró un caballo por su cuenta, salió de los límites que le marcaron alrededor de la casita de campo donde lo instalaron al principio y se acercó a una bahía de la isla. Pues ahí a bichear el terreno. ¿A qué fue? A darse ahí una vuelta, desafiando a sus vigilantes a estudiar el terreno para planificar su huida. Porque es que su hermano, José Bonaparte, el que fue nuestro rey de España, vivía en Estados Unidos. Oye, y quién sabe, bien podría intentar un rescate por si acaso Inglaterra envió a Santa Elena a un gobernador con muy malas pulgas. Y además hay un mogollón de ingleses que no quitaban ojo de Napoleón. Esta vez no se iban a confiar cuando lo desterraron a la isla de Elba. Este es un episodio que también contamos en su momento, cuando lo mandaron al Mediterráneo, cerca de la costa, tuvieron la deferencia de tratarle como el emperador que había. Si, le permitieron que se llevara todos los libros que le diera la gana, todos los entretenimientos que le acompañaran mil de sus hombres más una guardia personal de otros 400. Le dieron un presupuesto millonario para que viviera todo tren. La isla de Elba era su cortijo y allí le dejaron que hiciera, que deshiciera. Y fíjate la que lió.
B
Y la lió, claro.
A
En cuanto se descuidaron, organizó la operación que se llamó así, el vuelo del águila. Y se piró. Pues esta vez no. Esta vez no iba a ser una simple deportación. Esta vez iba a ser una absoluta incomunicación.
B
Y esta vez, ¿Quién le acompañó? Santa Elena.
A
Esta vez cuatro gatos. Cuatro gatos, pero literalmente cuatro. Fueron cuatro. Un mariscal, un varón, un conde y un general. Esos cuatro le acompañaron. Y también fueron las esposas de dos de ellos. Esto no fue muy buena idea, lo de las esposas. Porque al menos uno de ellos parece que tuvo que compartir con su emperador algo más que exilio. Napoleón no reparaba en territorios, en mujeres ajenas. Que era el emperador. Al parecer fue el último romance del Bonaparte. No está confirmado, son habladurías, pero bueno, parece que por ahí van los tiros. Fue con Madame Montolón, esposa del conde de Montolón. Rumores de la relación hubo en toda la isla. Y de hecho, esta señora tuvo una hija tres años después de que llegaran todos a Santa Elena. Y la niña se llamó Josephine Napoleone Montolón. Oye, que puede que la llamaran Napoleone por la admiración. ¿Sí o no? A lo mejor era su verdadero padre. Yo qué sé. Esto no se sabe. Lo que sí es cierto es que cuando esta mujer y la niña abandonaron Santa Elena, Napoleón se agarró una depre tremenda. Y a partir de ahí no levantó cabeza. La salud ya fue en picado y el ánimo estaba por los suelos. Porque es que la esperanza que tenía en un indulto o en un permiso para irse a América no llegaba. Sí dijo, bueno, me voy lejos, me voy lejos. Y también es cierto que el gobernador al que los británicos encajaron en Santa Elena para que vigilara Napoleón fue con un objetivo. Hacerle la vida imposible. Lo que fuera con tal de fastidiarle los británicos. A ver quién es el oficial más vengativo y con más mala leche que tenemos en Reino Unido. Y dijo alguien, Sir Hudson Law, dice, pero es un mediocre y es muy mal militar y mal tipo. No importa. Solo necesitamos que esté permanentemente cabreado para que fastidien Napoleón todo lo que pueda. Y efectivamente, le fastidió. Pero bien.
B
Quiero que te esfuerza tanto que te.
A
Quieras arrancar la piel, que la herida nunca cierre y que la sal te ayude a comprender. Que no sufras. Que me ayud.
B
Para que nos entendamos. Además de tener que lidiar con. ¿Cómo se llamaba este? Con el gobernador, con el Hudson Low. Además de lidiar con este tipo, ¿Cómo era un día normal en la vida de Napoleón en Santa Elena? ¿Qué hacía? ¿Qué podía hacer? ¿Qué le dejaban hacer?
A
Se aburría como una leer y escribir. Si le dejaban tener cinco años allí, así. Y. En fin, tertuliar sobre literatura, reunirse con los suyos, contar batallitas, salir a dar vueltas por la isla. Pero lo de salir a dar una vuelta se le acabó. Con el nuevo gobernador también le usted se queda en casa y tiene tanto espacio alrededor para moverse. Esto de todos ante Elena, para usted se ha acabado. Nada de salirse de esos límites. Generales. Napoleón dijo ¿Cómo que general? ¿Qué es eso de general? Soy el emperador de los franceses. A mí se me trata de majestad. Y dijo si, un mojón imperial. Nada de majestad. A usted se le trata de general y va que chuta. Como mucho lo podemos llamar Llamadme doña Elena. Que decía ella. Al parecer, el gobernador ejerció un descarado abuso de autoridad sobre Napoleón, porque le tenía un odio visceral. Lo consideraba. Consideraba a Napoleón responsable de la muerte de 15.000 soldados británicos en Waterloo. Fue. Sí, sí, fue así. Fue la última que lió. Y por eso el gobernador fue implacable en el acoso. En cuanto ponía el pie fuera de casa, tenía Napoleón varios guardias pegados a él. También rebajó el presupuesto para la manutención de Napoleón y sus colegas a la mitad. Nada de lujos, nada de comilona, nada. La casa donde le instalaron estaba llena de humedades. En el sitio donde estaba, el viento arreaba de todas partes, llovía constantemente, o.
B
Sea que además del gobernador, que se la tenía jurada. Menuda diferencia con el clima mediterráneo de la isla de Elba.
A
Claro qué anda que no se acordó de su paraíso mediterráneo. Debió acordarse, si se hubiese estado quietecito. A los hombres que acompañaban a Napoleón también les hizo la vida imposible el gobernador, con constantes amenazas. Si pillo alguno perjañando alguna huida de Napoleón, lo condenó a muerte, o si decían o hacían algo contra el gobernador, a quien fuera lo enviaría al cabo de Buena Esperanza, a la punta de abajo de África. Y dijo y no salir de ahí.
B
Que tampoco está mal mandar del cabo.
A
De Buena Esperanza, donde se acaba el mundo. Pues ahí os vais. Napoleón llegó a decirles a sus mirad vosotros que podéis iros de Santa Elena, esto es insufrible. Napoleón dijo de él que no era su carcelero, de este hombre del lou, es mi verdugo. Corremos, es cierto que corremos el riesgo de que nos dé pena Napoleón por sus últimos cinco años de vida de encierro, pero es que antes él puso el mundo boca abajo. Le estaban dando de su propia medicina. El gobernador buscaba doblegarlo, humillarlo. Ahí se juntaron dos canallas, pero por primera vez Napoleón estaba en desventaja.
B
¿Oye, Nieves, has dicho antes que su hermano, el hermano de Napoleón, José Bonaparte, que vivía en Estados Unidos, que ya sé que queda lejos, como Japón, pero nunca intentó ayudarle, intentar montar alguna operación de rescate?
A
Aquí ya cada uno iba a lo suyo. Cada uno. A ver, José Bonaparte se instaló en su casoplón de Nueva Jersey a cuerpo de rey, con todo lo que se había llevado de España, y se rodeó de intelectuales, porque él era un intelectual. Es que era un tipo. Un tipo muy brillante. Tenía muy buenos amigos en la política estadounidense, entre la aristocracia de allí. Este fue el que mejor se lo montó al final de todo. Bastante mal las había pasado en España por culpa de su hermano, que fue el que se empeñó en nombrarlo rey de un país que no lo quería. Como para correr el riesgo ahora de que le trincaran los británicos por intentar rescatar al hermanito. Anda que echa las apañara. Ni movió un dedo. Napoleón sí se planteó en un principio haber huido a Estados Unidos de estrangis, justo tras la derrota en Waterloo, pero era tan orgulloso que dijo que su dignidad imperial, pues hombre, le impedía huir y encima tener que salir disfrazado. Además pensó que más pronto que tarde le permitirían exiliarse en América, porque allí, ¿Qué iba a hacer? No podía hacer nada. Pero no, no, de eso nada. Napoleón tenía peligro en que lo llevaran a lo más profundo de la selva del Amazonas. Ni en Japón, que está muy lejos también de ahí, era capaz de hacer algo donde estuviera. Tenía que estar cercado y vigil las 24 horas del día. En Santa Elena. Napoleón echó de menos no haber muerto en algún campo de batalla con un poco de épica y esquivando balas. No, las putadas del gobernador. Él dijo cada día que pasa es solo una victoria sobre el tiempo, sobre nada más. Creo que voy a dormirme. Hoy será un día horrible. ¿Porque empezar.
B
Y no acabarlo ya? Muchos días horribles en los últimos años de vida de Napoleón Bonaparte. Mañana más, Nieves.
A
Mañana más. Para no perderte ningún episodio, síguenos en la aplicación o la web de Laser Podium Podcast o tu plataforma de audio favorita, Cadena ser, la radio.
C
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Podcast: Todo Concostrina
Host: Nieves Concostrina (A), with co-host (B)
Episode: "Napoleón llega a Santa Elena"
Date: October 17, 2022
Duration Covered: [00:02]–[13:27]
Summary by: SER Podcast Summarizer
This episode of Acontece que no es poco, with Nieves Concostrina, takes a closer look at the final years of Napoleon Bonaparte, focusing on his exile to the remote island of Saint Helena after his defeat at Waterloo. Emphasizing both the historical facts and the peculiarly irreverent tone characteristic of the show, Concostrina unpacks Napoleon’s dashed expectations, his monotonous routine, and the calculated cruelty of his captors in his forced retreat from the world stage.
1. Napoleon’s Expectations vs. Reality ([00:58]–[02:48])
“Ni mucho menos. Fíjate que cuando Napoleón aceptó por fin que ya no podía seguir dando la turra al mundo… pensó que permanecería súper vigilado, pero viviendo confortablemente…” (A, [00:58]) “Le dijeron los british: te vamos a mandar a una isla muy chula de donde no vas a salir en los días de tu vida, pesado.” (A, [01:26])
2. The Harsh Reality of Saint Helena ([02:48]–[03:56])
"Allí lo dejaron los británicos: 'Ahora vas y te escapas otra vez. La que nos hiciste en la isla de Elba no nos la vas a volver a hacer, solisto.'" (A, [02:57])
3. Attempts at Escape and Strict Surveillance ([03:56]–[05:43])
“Esta vez no iba a ser una simple deportación. Esta vez iba a ser una absoluta incomunicación.” (A, [05:37])
4. Napoleon’s Companions and Speculated Affairs ([05:45]–[07:42])
“Napoleón no reparaba en territorios, en mujeres ajenas. Que era el emperador.” (A, [06:13]) “La señora tuvo una hija tres años después… la niña se llamó Josephine Napoleone Montolón.” (A, [06:40])
5. Life with the Malicious Governor Sir Hudson Lowe ([07:42]–[10:06])
“Nada de majestad. A usted se le trata de general y va que chuta. Como mucho lo podemos llamar Llamadme doña Elena, que decía ella.” (A, [09:20])
6. Napoleon’s Downfall and Reflections ([10:06]–[13:15])
“José Bonaparte se instaló en su casoplón de Nueva Jersey a cuerpo de rey... bastante mal las había pasado en España por culpa de su hermano.” (A, [11:32])
“En Santa Elena, Napoleón echó de menos no haber muerto en algún campo de batalla con un poco de épica y esquivando balas. No, las putadas del gobernador.” (A, [12:22])
“Cada día que pasa es solo una victoria sobre el tiempo, sobre nada más. Creo que voy a dormirme. Hoy será un día horrible.” (A, [12:54])
On British Deception and Exile Location:
"Le dijeron los british: te vamos a mandar a una isla muy chula de donde no vas a salir en los días de tu vida, pesado."
(A, [01:26])
On the Harshness of the Environment:
“Es una isla que... no es más que un montón confuso de peñascos bordeados por acantilados.”
(A, [01:37])
On the Governor’s Vengeance:
“Solo necesitamos que esté permanentemente cabreado para que fastidien a Napoleón todo lo que pueda. Y efectivamente, le fastidió. Pero bien.”
(A, [07:31])
On His Treatment in Exile:
"Nada de majestad. A usted se le trata de general y va que chuta."
(A, [09:18])
Napoleon’s Own Words on His Fate:
"Cada día que pasa es solo una victoria sobre el tiempo, sobre nada más. Creo que voy a dormirme. Hoy será un día horrible."
(A, [12:54])
This episode utilizes Nieves Concostrina’s engaging and witty analysis to bring history alive, revealing not only the harshness of Napoleon’s last years but also how the consequences of political downfall can be lonely and deeply humiliating. The historical facts are enlivened by rumors, colorful expressions, and a critical look at the personalities involved, all while maintaining the host’s trademark blend of rigor and irreverence.