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A
Ser podcast en la ventana. Acontece que no es poco. Un relato personal de la historia con Nieves con costrina. Cadena SER.
B
Hola, Nieves, buenas tardes.
A
Buenas tardes, Carlas, ¿Qué tal?
B
Ya no sabes distinguir cuándo canta y cuándo no. Para él no me has pillado y no me has seguido porque me gusta escuchar. Oye, hay un montón de refranes y frases hechas que utilizamos de manera habitual en nuestras conversaciones en las que aparece el verbo perder. Qué tremendo es perder la esperanza, por ejemplo. Es tremendo, tremendísimo. Qué doloroso perder a un amigo. Si vas navegando se puede perder el rumbo. Si eres un lerdo o un egoísta, es posible que acabes perdiendo la oportunidad de hacer muchas cosas.
A
Parece ser faro con lo de perder.
B
En fin, que hay mucho donde elegir. Y luego. Y luego está José Luis Rodríguez, el Puma.
A
Voy a perder la cabeza por tu amor, porque tú eres agua, porque yo soy fuego y no nos comprendemos.
B
Bueno, pues nada de esto nos sirve. El Acontece que no es poco que hoy nos trae Nieves habla de una cabeza perdida, pero literal, la. La cocorota. Bueno, y encima que la cabeza de un rey que teníamos por ahí rodando y pendiente de hace unos días, la teníamos ahí.
A
Cabecita loca. ¿Que diría la cabecita loca cantaba? ¿Quién era? Conchita Bautista. Conchita Bautista, cabecita loca. No vamos ya a demorar más aclarar este asunto de la cabeza del rey de Francia, Enrique IV. Enrique IV, sí, porque es que tiene cierto morbo y además, hablando de cabeza, no merece quedarse ahí colgando ni el tema ni la cabeza. A lo peor me queda un mes de noviembre un poco turbio porque después de contar también la historia del cura Hidalgo y sobre todo de Dolores hace unos días, hace un par de semanas que inició el proceso de la independencia de México. También dejé pendiente dar un repaso a los héroes mexicanos, porque a los españoles les dio por cortarles a toda la cabeza. Yo no sé si van a quedar muchas cabezas al retortero. Bueno, ya lo veremos. A lo que vamos hoy es a Enrique IV y a esa cabeza que en estos momentos se guarda en una caja fuerte de un banco de París, como si se fuera a escapar. La cabeza que unos dicen que la llevó puesta este hombre y que otros dicen que no, de momento es propiedad, si se puede decir así, de Luis Alfonso de Borbón y Martínez Bordiú en una prenda ultraderechista, bisnieto de Franco y bisnieto de Alfonso XIII, el marido de la hipermillonaria venezolana, lo que le permite pagar a investigadores que le digan que esa cabeza es de Enrique IV, mientras otros dicen que no, que esa cabeza puede ser de. Pues yo que sé, de François Le Cornu o de Jenny B. Je revois la ville en fête et en délire suffoquant sous le soleil et sous la joie. Et j' entends dans la musique les cris, les rires qui éclatent et rebondissent autour de moi.
B
Oye, vayamos por partes. Ya que hablamos de una cabeza suelta. ¿Perdón por el chiste, oye, que por qué la tiene Luis Alfonso de Borbón la cabeza y para qué la tiene? Sobre todo Sí.
A
A ver el por qué. Para no entretenernos mucho. Porque un anticuario la había comprado esta cabeza en su momento por tres francos. A principios del siglo XX. La cabeza pasó de mano en mano hasta que alguien vamos a buscar a un Borbón para entregársela o para vendérsela. Esto No lo sé. ¿Por qué? No sabemos qué hacer con ella. No la vamos a tirar. No sabemos a qué contenedor va las cabezas. Al orgánico, supongo. No sé el para qué la tiene. Se hace duro contarlo a una audiencia inteligente, Pero Luis Alfonso tiene esa cabeza porque se cree descendiente directo de Enrique IV de Francia y III de Navarra y aspirante legítimo al ilusorio trono de Francia, que pese a su inexistencia, Luis Alfonso espera llegar a ocupar un día como Luis XX de Francia. Si no es él, bueno, pues sus descendientes, que son Luisito o Alfonsito o Enriquito.
B
Pero eso no se entiende mucho, ¿No? Igual estoy espeso.
A
Pero no estás espeso. Los pesos son ellos. Pero ellos intentan colarla siempre porque se deben creer que los franceses son tan idiotas como los españoles, que es que nos cuelan a los Borbones cada dos por tres. Entonces se cree son igual de bobos. Sus cuentas son las para los que tenéis ciertos líos con la numeración real, Pero bueno, tampoco que os explote mucho la cabeza. Luis Alfonso dice ser bisnieto. Bueno, dice bisnieto del playboy Alfonso XIII. Y si seguimos hacia atrás en el tiempo, viene luego el adúltero Alfonso XII, la corrupta Isabel II, el más tuerzo Fernando VII, el tolay de Carlos IV, el rey del postureo Carlos III, el perthur de Felipe V. Luego ya pasamos a Francia, la fashion victim de Luis XIV, Luis XIII y por fin Enrique IV, que fue el primer rey Borbón de Francia. Esto lleva a Luis Alfonso a decir soy el legítimo descendiente y legal propietario de su cabeza. Como no quería tener la cocorota en su casa, porque eso además de que si la vieras que da un poquito de asco. Lo primero fue pagar a 19 estudiosos coordinados por el forense Philippe Charliere, que le dijeran que esa cabeza era auténtica.
B
Bueno, tú contaste en su día que se hizo hasta una reconstrucción facial y pruebas de ADN que no sé con quién se comparó, no sé cómo se hace eso.
A
Esto es todo lo que dejamos pendiente. Se comparó con supuesto ADN de Luis XVI, el decapitado, el marido de María Antonieta. Y sobre la reconstrucción facial, algunas de estas reconstrucciones son muy serias porque son expertos los que lo hacen, pero también depende de quienes la hagan, pues puede ser también un poquito tramposas, porque tú te fijas en el retrato que haya de Enrique IV y en su máscara mortuoria y acabas diseñándote una cabeza que se le parezca, un rostro que se le parezca. ¿Con quién comparar el ADN de la supuesta cabeza? Pues podrían, a lo mejor podrían haberlo hecho con el propio Luis Alfonso, si tan seguro está de descender directamente. ¿Pero y si no? ¿Y si no? Y ocurre que En el año 2010 una familia noble italiana guardaba sangre, sangre, sangre, todo presunto, pero sangre de Luis XVI. Esa sangre estaba en un pañuelo y el pañuelo dentro de una calabaza muy decorada, que era una especie de relicario. La costumbre hace siglos era empapar pañuelos en la sangre de personajes principales para guardarla como reliquia. Y si se terciaba, pues vete tú a saber si había oportunidad de comerciar con esas reliquias. Cuando fusilaron al emperador Maximiliano de México, al austriaco por meterse en camisas de once varas, también acudieron muchos a mojar pañuelos en su sangre y los guardaban. Y cuando guillotinaron a Luis XVI, muchos se acercaron a mojar los pañuelos sabiendo que probablemente guardaban un jugoso recuerdo del que creían que iba a ser el último rey de Francia. Uno de esos pañuelos se supone que ha ido pasando de generación en generación en una familia noble italiana. Esta familia quiso saber, en pleno siglo XXI, si esa sangre era de verdad de Luis XVI. Y el Instituto Biológico Evolutivo de Barcelona recibió el encargo de analizar.
B
Bueno, te he seguido, pero vuelvo a preguntar. ¿Solo analizarla o compararla con alguien o con algo?
A
Es solo estudiarla. Solo estudiarla. Porque la familia no entregó ningún ADN. No, claro, no tenían ADN. Solo dijeron estudien esto, por favor, a ver qué sacan de aquí. Los expertos no pudieron comparar, pero sacaron conclusiones como que la sangre era de varón, que ese varón tenía los ojos azules y que pertenecía a un linaje muy exclusivo. Como no he indagado más, no me pregunto cómo se sabe esto, Pues no tengo ni idea. Pero de cualquier forma, no podían confirmar de ninguna manera que esa sangre hubiera corrido por las venas de Luis XVI en algún momento. Pero ahí estaba, atento a las noticias, nuestro protagonista ultra Luis Alfonso de Borbón y Martínez Bourdieu, que pagando a ese equipo de 19 especialistas, se buscaron la vida para comparar la supuesta cabeza de Enrique IV con la presunta sangre de Luis XVI. Y concluyen que sí, que los dos reyes Borbones comparten cromosoma I, el cromosoma es el de los chicos. Y que por tanto, la cabeza y la sangre son auténticas. Ya está, dice el bisnietísimo. Si Luis XVI desciende directamente de Enrique IV, y Luis XVI era tataranieto de Luis XIV, y yo también soy tata tataranieto de luis XIV, pues se demuestra que yo soy descendiente también de Enrique IV. Ya sabes. Entonces A es igual a B y B es igual a C. A es igual a C. Y bueno, con estos irrefutables datos y un optimismo desbordante, Luis Alfonso le pide al gobierno de la República de Francia que autorice un funeral y entierro para restituir a su sepulcro original la cabeza de Enrique IV, con honores de Jefe de Estado, funeral con procesión, banda y todos sus amigos funerarios, que por supuesto, presidiría Luis Alfonso como descendiente y legítimo aspirante al trono de Francia.
B
Pero ¿De dónde le venía este optimismo desbordante? Pregunto qué le podía hacer creer que la República de Francia iba a autorizar un show monárquico como este.
A
Pues mira, él se anima, porque esto ya se había hecho en 2004 para enterrar en la misma basílica el corazón.
B
Que dijiste tú, ¿No?
A
Exactamente, era el corazón de Luis XVII, del que debería haber sido Luis XVII, lo que pasa es que aquí concurrieron otras circunstancias y aunque el Ministerio de Cultura francés en aquel momento se estuvo pensando muy mucho si autorizarlo o no, pues al final dieron permiso, pero, y esto es fundamental, el corazón estaba genéticamente confirmado que era del hijo de María Antonieta y Luis XVI, sobre todo porque se comparó el ADN mitocondrial de ese corazón con el de María Antonieta, que ese es muy fiable, y bueno, el niño este debería haber sido el rey en su momento de no haberse metido la revolución con el nombre de Luis XVII, pero es que como al chaval lo dejaron morir con 10 años, una muerte muy cruel, pero pues Francia aceptó esa reposición, era como decir, hombre, este chavalín no merecía esto. Aquella performance con el corazón del crío lo promovieron también unos Borbones de cuarta o quinta clase y Luis Alfonso dijo, pues ahora voy yo, estos hicieron esto, pues ahora voy yo con otra Si autorizaron el entierro de un corazón confirmado, también permitirán que entierre mi cabeza, bueno, la cabeza de Enrique IV. Ese era el plan.
B
Bueno, ese era el plan. Espera que me estoy resituando. Ese era el plan, pero el plan resultó frustrado porque recuerdo, ya lo dijimos, que aparecieron otras dos dinastías que contraprogramaron los planes de este Borbón, porque ¿Quiénes?
A
Los Orleans aparecen Los Orleans, claro. ¿Que dicen? Los Orleans aparecen y dice, perdona bonito, pero el último rey legítimo de Francia no fue un Borbón, fue Luis Felipe I de Orleans, nuestro tatarabuelito, o sea que tú no eres legítimo heredero al trono ni mojón, somos nosotros los de la última dinastía reina. Y además, además, amigo mío, también hemos contratado a especialistas que dicen que los tuyos son unos mantas, porque esa cabeza no es de Enrique IV. Y aquí los Orleans jugaban con la complicidad de la otra rama de los Borbones, los carlistas. Son tres descendientes de Borbones los que para dar por el orto a Luis Alfonso se alían con el de Orleans, ya sabes, los enemigos de mis enemigos, pues son mis amigos y ceden muestras de ADN estos tres vivos para hacer una comparativa con alguna de las supuestas reliquias o bien con la sangre de Luis XVI o bien con la cabeza de Enrique IV.
B
No tiene pinta de que la cabeza que guarda Luis Alfonso fuera sacara de la caja fuerte.
A
Este no la presta. Compararon con la sangre. Lo primero que hizo el investigador belga Jean Jacques Casimán, que es el director del. No, si seguirá siendo, pero en un momento era el director del Servicio de Genética Humana de la Universidad de Lovaina, lo que hizo este hombre fue comparar las tres muestras de los tres donantes vivos, que eran Axel de Borbon Parma, Sisto de Borbonparma y Antonio Joao de Orleans Braganza, que los tres descienden echando cuentas sobre el papel de la Casa Real de Luis XIV. Bueno, pues la comparativa del ADN de estos tres dice que sí, que los tres presentan el mismo cromosoma y que comparten los varones de la casa Borbón, o sea, estos tres dicen perfectamente emparentados los tres coincidís y este ADN es el de los Borbón. Es decir, ese estudio dice que estos tres autodenominados príncipes son Borbones pura cepa, porque tienen el cromosoma de los Borbones. Y entonces le dicen a Luis si tienes lo que hay que tener, hazte una prueba a ver si tú eres un Borbón puro como nosotros, tus genes franquistas son genuinos porque se te huelen a la legua. Este fue luego el presidente de la Fundación, Francisco Franco, pero a lo mejor tú no tienes el cromosoma ahí de los Borbones, majo solisto. Pero Ahora viene la segunda parte. Si ya está comprobado que esos tres Borbones vivos que se hacen la prueba en 2012 o 2013 son Borbones auténticos, también tendría que aparecer ese cromosoma en la sangre de Luis XVI. Sorprecha.
B
Pues no, no coincide. El ADN de la sangre no coincide con los Borbones vivos.
A
No, no. Este nuevo estudio sirvió para echar por tierra el que había financiado Luis Alfonso con reconstrucciones faciales y comparativas de ADN, que decía que había coincidencias genéticas de la cabeza de Enrique IV con la sangre de Luis XVI. Pero si el otro estudio dice que esa sangre no es de Luis XVI, pues puede que tampoco la cabeza sea de Enrique IV. Así que tenemos que la cabeza de la caja fuerte que atesora en París Luis Alfonso podría ser efe. Efectivamente, como decía al principio de François le Cogn, que la sangre de la calabaza de vete tú a saber quién porque un día tuvo una hemorragia nasal y guardó el pañuelo, la calabaza o que la cabeza o la sangre solo una de estas cosas fuera auténtico, pero que no coincide con la otra. En fin, que es que esto es muy lioso, pero también podría ser que, como finalmente dejó caer uno de los investigadores lo dijo muy Las genealogías actuales puede que sean más inciertas de lo que realmente estamos dispuestos a admitir. Se ha dicho más claro que los Borbones están muy contaminados. ¿Cuántos González, cuántos Pérez o Martínez se habrán colado en el impuro ADN Borbón? Y me preguntaba otra vez de Mar. ¿Y tú de quién eres? De Josefita, le dije yo a la vieja. ¿Y tú de quién eres? ¿Conoce usted por casualidad a Rafaela? ¿Y tú de quién eres? Miguelina, la que le tocaba prima hermana a la que se casó de Penartí con unión del que vendía tú pones el acción.
B
Se sigue mejor la letra de esta canción que lo que has contado. Pero bueno, al final todo se entiende. Al final todo se entiende. Nieves, la próxima semana más. Descansa igualmente. Un beso. Adiós.
A
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Podcast: Todo Concostrina – SER Podcast
Fecha: 6 de noviembre, 2025
Presentado por: Nieves Concostrina y Carles Francino
Tema central: La historia rocambolesca de la (supuestamente) cabeza de Enrique IV de Francia, las reliquias reales, pruebas de ADN dudosas y el enredo dinástico de los Borbones.
En este episodio, Nieves Concostrina nos acerca con su inconfundible humor y ojo crítico a uno de los capítulos más curiosos y morbosos del coleccionismo histórico: la búsqueda de la autenticidad de los restos reales de los Borbones franceses, concretamente la cabeza de Enrique IV y la sangre de Luis XVI. Se desmenuzan estudios genéticos, anécdotas de reliquias, luchas dinásticas y se ironiza sobre la pasión nobiliaria por los títulos y los restos físicos, arrojando dudas —¡y unas cuantas risas!— sobre todo el asunto.
“Luis Alfonso tiene esa cabeza porque se cree descendiente directo de Enrique IV de Francia y III de Navarra y aspirante legítimo al ilusorio trono de Francia...” (Nieves, 03:32)
“La costumbre hace siglos era empapar pañuelos en la sangre de personajes principales para guardarla como reliquia…” (Nieves, 06:12)
“Ese chavalín no merecía esto. Aquella performance lo promovieron también unos Borbones de cuarta o quinta clase y Luis Alfonso dijo, pues ahora voy yo…” (Nieves, 10:32)
“Este nuevo estudio sirvió para echar por tierra el que había financiado Luis Alfonso... si la sangre no es de Luis XVI, pues puede que tampoco la cabeza sea de Enrique IV…” (Nieves, 14:21)
“Las genealogías actuales puede que sean más inciertas de lo que realmente estamos dispuestos a admitir. Se ha dicho más claro que los Borbones están muy contaminados.” (Nieves, 15:32)
“No sabemos a qué contenedor van las cabezas. Al orgánico, supongo.” (Nieves, 03:46)
“Luis Alfonso espera llegar a ocupar un día [el trono de Francia] como Luis XX. Si no es él, bueno, pues sus descendientes: Luisito o Alfonsito o Enriquito.” (Nieves, 04:13)
“¿Cuántos González, cuántos Pérez o Martínez se habrán colado en el impuro ADN Borbón?” (Nieves, 15:36)
“Se sigue mejor la letra de esta canción que lo que has contado. Pero bueno, al final todo se entiende.” (Carles, 16:05)
Nieves Concostrina desmonta con ironía y datos el caso de las reliquias reales “borbónicas”, mostrando la fragilidad de las pruebas genéticas, la vanidad dinástica y lo absurdo de pelearse por cabezas y corazones remotos. Lo único seguro es el enredo: ni la cabeza es seguro de Enrique IV, ni la sangre de Luis XVI, y la pureza borbónica queda más entre la leyenda y el esperpento que entre la ciencia y la realeza. Un episodio que, como dice la propia Nieves, “no merece quedarse colgando… el tema ni la cabeza”.