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A
Ser podcast.
B
Soy Nieves con Costrina y estás escuchando Acontece, que no es poco. Un podcast donde no te contamos nada nuevo, pero te lo contamos de otra manera. Aquí te va otro episodio.
C
Hola, Nieves, buenas tardes.
B
Buenas tardes, Carla. Muy bien, muy bien.
C
Oye, hace meses que en el mundo de la música se escucha un runrún así muy general, de cómo después de la pandemia y del confinamiento había tantas ganas de marcha y de buen rollo que los conciertos y los festivales viven un boom espectacular. Y es verdad, es verdad, aunque eso tiene letra pequeña. Y es que de este boom se benefician sobre todo las grandes figuras, los consagrados, los grandes grupos y tal, pero luego hay otro montón de gente que sigue en el sector pasando las canutas. Eso es así. Hoy no toca ampliarlo mucho, ya se, acaso otro día, pero lo que sí haremos hoy es confirmar que esto de las estrellas de la música y las giras, el merchandising y todo esto ya viene de muy atrás. Y si hubiera que buscar un punto de inicio, hacer un piqué, casi diríamos que todo empezó ¿Con quién? Con Paganini.
B
Y empezó hoy. Empezó con Paganini y empezó hoy. Eso dicen los que saben y han estudiado otras cosas, que con él empezó el fenómeno fan. A ver, yo voy a pisar con toda prudencia terrenos sheilanianos.
C
Ah, de Sheila Blanco.
B
Y lo hago con toda humildad y con todo respeto a la maestra del chan chan, chan, chan, chan, chan, chan. Aunque no voy a entrar, por supuesto, en asuntos técnicos compositivos, ni voy a poner letras, ni me voy a poner a cantar el concierto para violín número 2 en sí menos de Paganini, del violinista Nicoló Paga. Voy a ir a otro asunto más prosaico, menos artístico, incluso más científico, más extravagante, más luctuoso también. Vamos a hacer aquí un pack con el señor Paganini, porque todas estas cosas tienen mucho que ver con él, con Niccoló Paganini. Podría parecer que todo eso del fenómeno fan en la música y que todo lo del merchandising y tal, pues que pueda ser patrimonio del siglo XX. Si nos remontamos a ver cuándo empezó esto, Vitelmanía, o incluso antes, Carlos Gardel, que ya le levantaba locuras, había guantazos por pillar una entrada para sus conciertos o histeria entre sus fans cada vez que lo veían. Pero bueno, parece que no, que hay que irse casi 200 años atrás al 29 de marzo de 1828, cuando este violinista inició en Viena su gira europea de conciertos. El arranque de aquella gira fue el comienzo del fenómeno fan. Tenía una técnica que arrastraba masas enloquecidas porque hacía diabluras con el violín y también tocaba endiabladamente rápido. Y tenía un carisma y una pose, además. Hay que saber estar en el escenario, que hacían ver sobre el escenario las tablas de los teatros, algo más que un señor tocando muy bien el violín. Era tan especial tocando, quizás gracias a sus enfermedades, que le endosaron bulos, le inventaron excentricidades y acabó pagándolo muy, muy caro. Aunque como ya estábamos muerto, le dio igual lo que le hicieran pagar, él ni se enteró.
C
Entonces, aquella primera gira de Paganini, por hacernos una idea, era más o menos como una gira de una estrella de rock de ahora, como Fito y los Fetén, por ejemplo, ¿No?
B
Sí, sí, salvando las distancias, pero sí más o menos en cuanto a entusiasmo de los fans y a que hicieran colas kilométricas para conseguir entradas. Ahora lo que pasa es que las entradas las pillas por Internet. Antes no quedaba más remedio que ir a comprarlas. A ver, no solo reventó la taquilla este hombre, es que también reventó su caché como músico. Agotaba entradas, tenía que prorrogar los conciertos. El recital de Viena donde arrancó la gira, solo el de Viena, hubo que prorrogarlo dos semanas. Sí, sí, fue tremendo. Esta gira que empezó en Viena el 29 de marzo, no terminó hasta seis años después, o sea que es que no es que fue una gira de verano diciendo que salimos de gira este verano, no, esto se alargaba mucho. Y allá donde tocaba crecía la fama. Todos querían oírle tocar, hasta los que no entendían un mojón querían oírle tocar, pero todos querían decir yo es que yo he visto tocar a Paganini. Puso de moda además su estilismo también porque vestía levita muy especial él muy legantón. Los restaurantes hacían platos con su nombre. Hubo hasta una marca de cigarrillos Paganini. Con esto me refería a lo del merchandising. De Viena fue a Praga, a Varsovia, Leipzig, Berlín, Hamburgo, Frankfurt, París, Londres y por donde iba. Encima cosechando elogios de primerísimas figuras. Mendelssohn, Chopin, Schuman, Berlioz, Leeds. Rossini. Rossini. Este es muy gracioso. Rossini. Dijo que sólo había llorado tres veces en su vida. La primera con el fracaso de su primera ópera, la segunda en un barco, cuando un pavo relleno con trufas se le cayó al agua. Y la tercera, la primera vez que oyó tocar a Paganini, solo lloró tres veces. Paganini ganó muchísima pasta, pero también parece que era más agarro que un chotis del puño cerrado. Las grandes familias aristocráticas le invitaban a cenar para agasajarlo y bueno, con la esperanza de bueno, pues que esté, que venga y ya de paso a ver si nos da un concierto aquí en los salones, exclusivo y gratuito. Pero él nunca, nunca llevaba el violín. Cuando le decían, hombre, señor Paganini, ¿Cómo no lo ha traído usted? No, él siempre decía lo mi violín nunca cena fuera de casa, jamás tocaba.
C
Gratuito, no lo tenía mal en form. Oye, que lo has dicho antes de pasada, Nieves, ¿Qué tenían que ver sus posibles enfermedades con que tocara también el violín?
B
Sí, bueno, hay varios estudios médicos sobre Paganini. Todos se basan en los escritos que dejó su propio médico, que se llamaba Francesco Benatti, que hizo además una minuciosa descripción física del violinista y de todas sus dolencias. Las conclusiones médicas actuales sólo son teorías, evidentemente, porque no pueden ser otra cosa, pero coincide en casi todos los estudiosos. Ningún estudio además duda de que el principal factor, por supuesto son, eso no lo discuten, que son unas cualidades físicas excepcionales, una capacidad como intérprete alucinante y su entrenamiento. Esto nadie lo pone en duda, pero parece que hay algo más, porque otros intérpretes con capacidad y con entrenamiento pues no llegan. Entonces aquí hay algo más. Y eso puede ser porque Paganini, según estudios actuales, sufría un trastorno del tejido conectivo, llaman, como su propio nombre indica, sirve para conectar, para sujetarnos todo, la piel, los cartílagos, los ligamentos, lo que nos sujeta. Y se cree que Paganini sufría el síndrome de Marfan, por eso tenía dedos muy largos, larguísimos y muy flexibles. U otro síndrome que se llama el de Ehlers Landos, con articulaciones muy, muy laxas. Esta gente que se dobla.
C
Sí el Circo del Sol llevaba en su último espectáculo uno de estos, daba una grima, era muy bueno porque hacía unas cosas absolutamente imposibles, pero daba grima, daba grima porque se doblaba por lugares que son impensables de una manera tienen.
B
Las articulaciones, son laxos, son prácticamente que se doblan y puede que se cree que Paganini también tenía alguno de estos dos síndromes. Y es que la técnica de Paganini era incomprensible para músicos y críticos, porque era imposible mover los dedos a semejante velocidad y de forma tan flexible. Es que no llegaban. Y a base de decir que lo de este hombre no era normal, ni que tocara tan bien, ni que pudiera tocar tan rápido, ni que mantuviera un éxito alucinante en toda su gira esa que le hizo multimillonario. Bueno, pues a base de repetir todo eso, pues sólo podía tener una explicación. Es que había hecho un pacto con el diablo.
C
Hay algo que no me cuadra. La misma gente, gente culta, se supone que admiraba a un intérprete tan genial y acudía a sus conciertos. Luego se tragaba leyendas de estas absurdas.
B
Porque la religión provoca daños irreversibles en las cabezas. Sí, claro, la gente dio pábulo a esas idioteces que por supuesto, contribuyeron a distribuir desde la propia iglesia. Es más, todas esas leyendas y todos esos bulos los corrigieron y los aumentaron. Se inventaron que sus composiciones y su habilidad con el violín tenían un origen sobrenatural y que Paganini tenía un instrumento con una sola cuerda hecha con el intestino de su novia, a la que había asesinado antes. Sí, sí, sí, sí. Y otros decían que. Otros decían que no era de su novia, que era de su maestro de violín, al que le arrancó los. Bueno, bueno, unas cosas. Pero por mucho que el violinista desmintiera todo, aunque hay cosas que dice Pero bueno, ¿Para qué me voy a parar yo a desmentir esto? Bueno, aunque lo desmintiera, a la gente no le gusta que la realidad le fastidie un buen bulo. Pero todas aquellas estupideces sobrenaturales de pactos con demonios acabaron haciendo mella. Y cuando Paganini se estaba muriendo en Niza, se acercó a su casa un cura a darle la extremaunción y a librarle de sus pactos diabólicos, que los curas siempre están metiéndose donde no los llaman y sobre todo, metiendo mano a quien no deben. Pero Paganini le dijo al mira, asusta el guano, Déjeme a mí morirme en paje. No quiero nada con ustedes. ¿Qué hizo el canalla de la sotana? Chivarse a su hechicero jefe, al obispo de Niza, que Paganini, el que había hecho un pacto con el diablo, se había negado a confesarse y a recibir la extrema opción. Y el obispo Chizo le negó a Paganini la cristiana sepultura, le negó el enterramiento en un cementerio. Tenía que ir a una fosa común. Pero el hijo de Paganini dijo que de ninguna manera se negó a enterrar de mala manera a un genio de la música como era su padre, para que se perdiera para siempre. Así que intentó negociar con las altas instancias católicas de unas y de otras ciudades, con Roma. Llegó a Roma incluso para conseguir el permiso y enterrar a su padre en una tumba individual en un cementerio cristiano. Bueno, trámites que se alargaron muchísimo.
C
Y mientras, ¿Que hicieron con el cuerpo? ¿Que hicieron con el pobre Paganini?
B
Pues 18 meses estuvo esperando en la casa donde se murió. Lo embalsamaron como pudieron para que aquello se mantuviera más o menos bien, que oliera lo menos posible. Pero allí 18 meses se quedó el gran Niccol Paganini insepulto, esperando que los católicos, curas, obispos y demás fauna con falda, pues dejaran asomar un ápice de caridad cristiana. Pero nada, no pudo ser. Al final la gente decía que de la casa de Paganini salían los sonidos de un violín. Que se lo llevaran de allí cuanto antes, porque era el diablo el que estaba tocando el cadáver. Al final se lo llevó un amigo. Dámelo a mí. El conde de Cesole se lo llevó a su finca con olivos. Lo tuvo escondido en una cuba de aceite, supongo que vacía de aceite, si no lo sacarían pringando. A ver si se olvidaban. Mientras lo tenga yo, dijo el conde de Cesole, a ver si se olvidan de la idiotez esta del pacto con el diablo. Y a la vez que él mismo intentaba conseguir el permiso para el enterramiento en sagrado. Y nada, no había forma. El obispo de Génova lo negó, el arzobispo de Turín lo negó, el Papa Gregorio XVI lo negó.
C
Y a todo esto, ¿Cuánto tiempo había pasado ya desde que había palmado Paganini?
B
Cuatro años. Estábamos ya en 1844. Habían pasado cuatro años y seguían cambiando el cadáver de sitio, porque en cuanto se enteraba la gente de que por allí cerca estaba Paganini, es que se oyen violines, vuelven a oírse violines. Ese es el diablo, el que está tocando. En 1844, el rey Alberto de Piamonte, Cerdeña, autorizó el entierro en el cementerio de Génova, que era la ciudad natal de Paganini. Pero allí también volvieron a sonar. Bueno, no volvieron a sonar. La gente decía que sonaban violines. Otra vez. Saca el cadáver de Paganini otra vez para otro sitio. Esta vez se lo llevaron a Parma, a otra finca de una pariente de Napoleón que Mira, dejad aquí este hombre mientras seguimos realizando trámites. Mucha gente intentando para un nuevo entierro en algún otro cementerio. Y en 1876, treinta y seis años después de la muerte, el Papa. Ese Papa que tiene nombre de pastelito. Pionono. Pionono. Bueno, pues este hombre rehabilitó a Paganini y autorizó que lo enterraran en el cementerio de.
C
Menos mal.
B
Sí, sí, que no fue el último entierro. Aunque esta vez las intenciones fueron mejores. Una comisión oficial entendió que el irrepetible Niccoló Paganini merecía una tumba de honor en el nuevo cementerio de Parma. Y la tiene. Tiene un pedazo de panteón con columnas y esc. Cultura incluida. Bueno, pues todavía cuando lo trasladaron, algún idiota dijo que se oyeron violines. Sí, sí, y bebido y de todo. Y se había metido de todo. Pero bueno, toda esta crueldad católica con Paganini porque tocaba muy bien el violín y porque mandó a un cura a freír espárragos.
C
Es que son muy pesados, Muy pesados. A ritmo de Paganini, despedimos hoy a Nieves con Costrín. Ala. Hasta mañana, Nieves. Un beso hasta Mañanin.
A
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En este episodio, Nieves Concostrina explora la figura del violinista Niccolò Paganini y su papel pionero en el nacimiento del fenómeno fan y el merchandising musical, siglos antes de la cultura pop moderna. El relato zigzaguea entre anécdotas curiosas, detalles médicos y las absurdas leyendas que rodearon su vida y muerte, siempre con el tono irónico y crítico característico de Concostrina.
“Tenía una técnica que arrastraba masas enloquecidas... era tan especial tocando, quizás gracias a sus enfermedades, que le endosaron bulos, le inventaron excentricidades y acabó pagándolo muy, muy caro.” (B/Nieves, 02:12)
“Allá donde tocaba crecía la fama. Todos querían oírle tocar, hasta los que no entendían un mojón querían oírle tocar, pero todos querían decir, ‘yo he visto tocar a Paganini’.” (B/Nieves, 04:33)
“Mi violín nunca cena fuera de casa, jamás tocaba.” (B/Nieves, 05:48)
“La técnica de Paganini era incomprensible... era imposible mover los dedos a semejante velocidad...” (B/Nieves, 07:59–08:11)
“La religión provoca daños irreversibles en las cabezas.” (B/Nieves, 09:22)
“Mire, asusta el guano, déjeme a mí morirme en paz. No quiero nada con ustedes.” (B/Nieves, 10:42)
“18 meses estuvo esperando en la casa donde se murió... Lo embalsamaron como pudieron... Pero allí 18 meses se quedó el gran Niccolò Paganini insepulto.” (B/Nieves, 11:25)
“Solo había llorado tres veces en su vida. La primera con el fracaso de su primera ópera, la segunda en un barco, cuando un pavo relleno con trufas se le cayó al agua. Y la tercera, la primera vez que oyó tocar a Paganini.” (B/Nieves, 05:00)
“Pero nada, no pudo ser. Al final la gente decía que de la casa de Paganini salían los sonidos de un violín… que era el diablo que estaba tocando el cadáver.” (B/Nieves, 11:37)
“Es que son muy pesados, muy pesados.” (C/Carla, 14:10)
Nieves Concostrina, fiel a su estilo mordaz y didáctico, desentierra la figura de Paganini para mostrar cómo antes de los Beatles o Madonna ya existió la fiebre del fan y el merchandising musical, sumando leyendas fantásticas, arbitrariedades religiosas y muchas, muchas anécdotas jugosas. Un episodio entretenido, culto y lleno de picardía, ideal para quienes disfrutan de la historia lejos de monumentos y solemnidades.