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Nieves
Ser podcast.
Carla
Buenas tardes, Nieves. Hola, Carla, ¿Qué tal estás? Muy bien, muy bien. Oye, que la pena de muerte es un signo de barbarie más que de justicia. Yo creo que a estas alturas es algo como bastante reconocido. Bueno, es verdad que hay todavía una cincuentena de países donde se sigue aplicando eso es verdad, pero la tendencia histórica es. Bueno, y ojalá a que vaya desapareciendo en todo el mundo. Claro, si apelamos a eso, a la historia, que es lo que hacemos cada tarde contigo, nos encontramos con casos flagrantes para demostrar eso de la barbarie y no justicia, como el episodio que nos vas a contar. Atención oyentes. Y que ocurrió un día como hoy, 12 de diciembre de 1492 y de verdad que es para no perdérselo.
Narrator/Host
Y ha llovido de esto. Y fíjate que lo de la pena de muerte está más que demostrado en todos los países, que allá donde se aplica es donde más criminalidad hay. No sirve absolutamente para nada aplicarla. Pero sí hoy la verdad que como dices, vamos a dejar la sección perdida de sangre porque vamos a relatar una ejecución que consistió en despedazar poquito a poco a un hombre para apedrearlo, después dejarlo tuerto sacándole un ojo, luego le vamos a abrir la cabeza para sacarle los sesos, después le vamos a sacar el corazón por la espalda y por último lo vamos a quemar. Sirva esto peor de lo que pensaba. Espérate que esto se hincha. Esto que ocurrió en Barcelona el 12 de diciembre de 1492 sirva a modo de cebo para que la audiencia se quede ahí esperando saber quién es capaz de aplicar semejante condena y por qué delito. Esto que hemos contado es en realidad destripar el final de la historia. Nunca mejor dicho lo de destripar, dado de lo que estamos hablando. Pero mejor entrar degüello que no decir eso de lo que vamos a contar puede herir la sensibilidad de los oyentes, que también es una buena táctica.
Carla
Por otra parte, para que esté más atenta todavía.
Narrator/Host
Va a salir la sensibilidad y cincuño a ver qué van a contar. Todo ocurrió en una plaza monumental muy famosa de Barcelona, que es la Plaza del Rey, en pleno Barrio Gótico. Yo hice. Bueno, primero es una visita obligada, hay que conocerla, es muy bonita, medida preciosa. Una de las visitas que hice yo a esta plaza. Fue en Sant Jordi, en 2012. Y alguien, muy gracioso, alguien había trepado hasta el cartel donde pone Plaza del Rey. Había tachado lo de rey porque el año que estamos es 2012. Y escrito debajo Elefant.
Carla
El año del elefante.
Narrator/Host
Sí, sí. Ah, sí, que se leía. En realidad quería poner Plaza del Elefante, pero se leía Plaza del Rey Elefante. Tengo pruebas gráficas que lo mismo luego pongo porque hice una foto, por supuesto. Pero esa plaza no está ahí puesta en honor de Juan Carlos de Borbón, por supuesto, sino de Fernando II de Aragón, que en aquel diciembre de 1492 sufrió un atentado allí mismo, en esa plaza, cuando salía de currar en su palacio. Casi no lo cuenta, pero desde luego el que no lo contó fue el regicida.
Guest/Performer
Y bailaré sobre tu tumba, te degollaré con un disco afilado de los Rolling Stones o de los Shadow. Te tragarás la colección de Cas. De las Sangrilas o de las Rone. Y bailar sobre tu tumba.
Carla
Es oportuna la letra de esta canción. Estamos hablando del año 1492, que fue un año lleno de éxitos para la pareja de los Reyes Católicos. Bueno, pero que no terminó muy bien.
Narrator/Host
No terminó.
Carla
Terminó fatal.
Narrator/Host
Terminó fatal. Fíjate cómo terminó. 1492 lo empezó esta pareja católica, excomulgada, por cierto, tomando Granada. Luego siguieron disfrutando con la expulsión de los judíos. Después fue Colón y descubrió América. Pero de esto aún no se habían enterado porque no había vuelto de su primer viaje. Ni siquiera sabía lo que había descubierto. Los Reyes Católicos andaban por Barcelona después de hacerse una gira triunfal por sus dominios castellanos y aragoneses y darse un baño de masas para celebrar el final de la guerra de granada. Y el 7 de diciembre, cuando el rey Fernando salía del palacio donde trabajaba, en lo que ahora es la Plaza del Rey, bajó las escaleras, fue a subirse a su caballo, puso el pie en el estribo y en ese momento apareció un tipo por detrás. Le arreó un espadazo con todas sus ganas, arriba para abajo. El espadazo iba al cuello a rebanárselo. Rozó la sien, casi le rebana la oreja izquierda y le podría haber partido en dos. Pero el rey llevaba puesto el collar de oro con el Toisón, el famoso collar del Toisón de Oro, que muy grueso. Y ese collar paró el golpe y lo desvió del pescuezo. Sólo acabó con la clavícula rota y una gran herida y perdiendo mucha sangre. Pero al regicida casi lo matan allí mismo. Se tiraron a por él. Fue el propio rey, según lo metían en volandas al palacio, quien ordenó que no lo mataran. Eso estaba muy bien visto, porque había que saber primero por qué había tentado ese hombre y si eso era cosa de un tío solo o era un complot como lo de Kennedy.
Carla
Y llegaron a averiguarlo, si estaba solo o en compañía de hoy. Y por cierto, ¿Quién era el hombre, el agresor?
Narrator/Host
Este era un payés. Era un payés muy cabreado que se llamaba Joan de Cañamar. Cabreado por hechos pasados, pero también que en estos momentos del atentado tenía la olla bastante ida. No formaba parte de ninguna conspiración, aunque el rey tenía enemigos para dar y tomar por todas partes. El payés era un hombre mayor para la época, 60 años. Puede que por eso se le escapara vivo el rey. Hemos dicho que el atentado fue el 7 de diciembre y lo ejecutaron tal que hoy, el día 12. Pues en esos cuatro días que hubo en el medio, las torturas fueron tremendas para que confesara quién le pagaba, quién le mandaba, quiénes eran sus cómplices. No le sacaron nada al hombre. Confesar, confesó, pero cosas muy locas que no entiendo cómo pudieron condenarlo aplicando tantísima crueldad. Joan de Cañamar dijo que quiso matar al rey Fernando porque tuvo una revelación del Espíritu Santo. Ya está. El palomo. El palomo, el que tuvo un lío con María, que le dijo el palomo, mata al rey y ponte tú a reinar en su lugar para instaurar el bien común en el Principado de Cataluña. El payés estaba como una regadera, pero en su memoria emocional estaba encastrada una antigua traición del rey a los campesinos del principado catalán, a los que se conocieron como payeses de remensa. Va.
Nieves
Pasan días y días, aguantan humillaciones. La di no te forza cuando estás allí.
Carla
Al bacho la sutat. El loco de la ciudad se titula esta canción de Sopa de caber que nos viene muy al pelo también. Lo de la remensa es radamsió, o sea, redención. ¿Pero qué era exactamente lo de ser payeses de remensa? Porque usted no lo conozco tampoco.
Narrator/Host
Los payeses de remensa es una cosa muy medieval. Eran los campesinos que tenían que pagar por su redención, por su libertad, para que el señor feudal les dejara abandonar las tierras y poder largarse a un lugar mejor o menos malo, poder decir ya no trabajo aquí, me quiero ir a otro sitio. Bueno, pues eso, tenían que pagar esa redención. Fernando II, rey de Aragón, no caía bien a los catalanes. En realidad no les caía bien ni él, ni les cayó bien su padre, el anterior rey, porque los dos habían traicionado a esos campesinos. A lo largo De aquel siglo XV, los payeses estuvieron en una bronca constante con los señores feudales para acabar con el maltrato que recibían. Entre otras cosas, esta de tener que pagar al señor para poder abandonar sus tierras en libertad tiene tela. Bueno, pues en un momento en que Cataluña se metió en una guerra civil en la que se enfrentaron los nobles contra el rey, los payeses vamos a apoyar a la Corona, a la monarquía, porque así luego el rey nos apoyará a nosotros en nuestras reivindicaciones contra los señores feudales para dejar de pagar la remensa. Error. No te fíes de un rey nunca. Los payeses se quedaron efectivamente tirados. Ayudaron al rey, pero se quedaron tirados. Fernando el Católico, además, apenas pisaba Cataluña. La última vez que estuvo fue en 1481, hacía 11 años. Y en esos 11 años la situación de los campesinos había ido a peor. En resumen, que no le tenían ningún cariño. Y encima Joan de Cañamars había sido uno de aquellos payeses de remensa que luchó al lado de la Corona y que se sintió luego tirado. Pero cuando atenta contra el rey, aunque en su cabeza estuviera el rencor contra aquel tipo, en realidad no lo quería matar porque hubiera dejado tirado a los campesinos. Quizás eso ya se le había olvidado, sino porque se lo había dicho el Espíritu Santo. Le quedaría ahí. Se demostró y quedó claro que estaba. Que estaba fatal de la.
Carla
Pero si se demostró que estaba grillado y que no estaba bien, entonces ¿A qué vino ejecutarlo y de manera tan salvaje?
Narrator/Host
Pues mira, el rey Fernando pidió que no lo mataran precisamente por eso, porque se veía que no estaba bien. Pero el Consejo Real concluyó que lo que había hecho era un acto gravísimo de lesa majestad y condenó al payés a la pena de descuartizamiento. Además de que, sin olvidar que a la plebe estos espectáculos le encantaban también porque es que eran muy vistosos y muy coloristas. Lo que se buscaba con este tipo de ejecuciones era avisar a la población, mostrar lo que le ocurría a quien atentara contra el rey. Si el Payé Yuan estaba loco, cuerdo, ya daba igual. Lo importante es que todo el mundo viera las consecuencias de atacar al poder real. Y ahora sí, ahora es cuando viene la bonita performance gore por Barcelona.
Carla
¿Cómo por Barcelona? No lo mataron en un sitio concret, fue una ejecución itinerante.
Narrator/Host
Esto fue un pasacalles prácticamente. Sí, sí, sí. Y con todos los Barcelona. Bueno, con todos, con todos los que quisieron ir, claro. Pero vamos, con cientos, con miles presenciando la juerga flamenca. La fiesta empezó subiendo a un carromato al pobre Joan de Cañamar, que ya iba hecho polvo. Primero porque el mismo día del atentado los miembros del séquito del Rey le arrearon alguna puñalada para reducirlo, y luego estuvo aguantando cuatro días de torturas, o sea que ya cómo estaba este hombre hecho polvo. En el carromato al que lo iban a subir, situaron encima del carromato una especie de tarima con un poste de madera en medio. Al payés, al pobre Joan de Cañamar, lo desnudaron y lo ataron a esa columna, a ese poste. Y ahí empezó el paseo por Barcelona. La gente corría al lado, gritaba, insultaba. Acuérdate lo que hablábamos el otro día, que decía Voltaire, La masa plebeya, la verdad es que es lo peor, se mantiene en un estado de imbecilidad permanente. ¿Cómo es posible que te pongas a gritar a un hombre así? Bueno, me acusarán de presentista. La primera parada fue exactamente en el mismo lugar del atentado, en la actual plaza del Rey, al pie de las escalinatas. Ahí le cortaron la mano y el antebrazo derecho, con el que al parecer arreó el espadazo al rey. Y siguió, arrancó el carromato y siguió. Siguió la misma ruta. Por cierto, que seguía la procesión del Corpus para que esta ejecución contara con. Bueno, pues con todas las bendiciones católicas. Y cada vez que hacía una parada le cortaban algo. En el nombre de Dios clemente y misericordioso. En un sitio le sacaron un ojo. Seguían el recorrido, paraban, le cortaban la otra mano, continuaba la procesión, paraban, le.
Carla
Cortaban el brazo, pero ya estaría muerto.
Narrator/Host
Estaría ya frito, estaría desangrado. Se mantenía erguido para que la gente lo viera, porque si lo hubiera mantenido, se estaría tumbado y el espectáculo no se hubiera disfrazado, disfrutado igual, pero se mantenía erguido para que la gente lo viera, porque estaba atado al poste de madera, pero seguramente estaría, ya que eso ya no era un hombre. Y los que jaleaban aquella ejecución tampoco eran hombres, eran bestias. El carromato paró junto a una de las puertas de la muralla. Allí llegó el momento de la lapidación, que esto también le gustaba mucho a la plebe, porque se siente que forma parte del proceso justiciero. Aquí ya también ellos participan. Isabel la Católica había pedido que justo antes de la lapidación, por favor, lo ahogaran para que no sufriera. Luego apareció un verdugo. Este hombre ya estaría muerto seguro, pero apareció un verdugo, le abrió la cabeza, le sacó los sesos. No entiendo el sentido de esto, la verdad. Lo buscó no sé a cuento de qué, pero eso fue lo que se hizo. Está todo perfectamente documentado. Y luego le abrió la espalda y le sacó el corazón por la espalda. Y lo último, pues ya está, fue prenderle fuego al carro, mato y ahí ardió Joan de Cañamars mientras Cristóbal Colón estaba descubriendo e iniciando la evangelización de América para civilizar a los indios.
Nieves
Estoy todo roto por dentro Estoy todo roto y deshecho Estoy todo roto y no quiero seguir así. Otra trampa en un cajón, Zancadilla al.
Carla
Corazón Oportuno, Las canciones Hoy esté roto por dentro de Me Clan.
Nieves
En fin.
Carla
Bueno, mañana más lleves un beso muy.
Narrator/Host
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Episode: "Acontece que no es poco | Pasen y vean, vamos a despedazar a un hombre"
Host: Nieves Concostrina (with Carla)
Date: December 12, 2023
This episode centers on a chilling execution in Barcelona in 1492, used as a historical lens by Nieves Concostrina to reflect on the brutality of the death penalty, arbitrary royal justice, and the mechanisms of public spectacle. Through her signature wit and sharp historical commentary, Concostrina dissects the story of Joan de Cañamar ― a peasant who attempted to assassinate King Ferdinand II of Aragon and faced a frightful, public execution.
Throughout, the tone is satirical, incisively critical, and colored with dark humor and irony. The hosts punctuate grim subject matter with modern references, music, and pointed remarks about human nature, justice, and spectacle.
This episode serves as a stark, historical reminder of both royal cruelty and the dangers of mob mentality, all delivered with Nieves Concostrina’s characteristic bite. It’s a rich commentary on the futility and horror of state violence—then and now.