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A
Ser podcast. En la ventana. Acontece que no es poco. Un relato personal de la historia con Nieves con costrina. Cadena SER.
B
Hola, Nieves, buenas tardes.
A
Hola, Carlas, ¿Qué tal? ¿Cómo estás?
B
Ahora que recordamos esto del relato personal de la historia, ¿Has escuchado la conversación entre la profesora de Historia y el profesor de Filosofía con el descarte? Que habrá que elegir si una cosa u otra.
A
Los dos querían dejárselo al otro. No, no, que elijan lo mío fijo y lo otro. Que lo elijan.
B
Ha sido muy chulo, pero muy bien.
A
Ha estado muy bien.
B
Hoy toca un capítulo de la serie Migas de pan. Me explico, por si algún oyente no lo sabe, que yo creo que sí, pero lo recuerdo. Nieves cuenta muchas historias, muchísimas, pero algunas son tan potentes, tienen tantas derivadas, es lo que llaman el spin off de una serie, que hay que parar y reservarles espacio propio. Entonces ella lo avisa y los demás lo que tenemos que hacer es ir siguiendo el rastro como si fueran migas de pan. Es eso. La semana pasada, por ejemplo, que yo recuerde, los Austrias contra los Borbones y viceversa, quedó algo pendiente, importante. Pues venga, al lío, va. ¿Para qué esperamos más?
A
Es que he pensado que para qué demorar más lo que anunciábamos el jueves. Hay veces que dejo pasar dos semanas y digo qué tontería. Lo mismo a lo mejor no, pero si hay gente pendiente. Fue cuando efectivamente estuvimos hablando de las intrigas y los chanchullos entre partidarios de Austrias y Borbones en la villa y corte para presionar a Carlos II y conseguir que declarara heredero a uno o a otro candidato. Como tenemos fresco el acontecido de la firma del testamento del pupas, mejor lo rematamos ya. Hoy ya contamos que se declaró una guerra sucísima, sobre todo desde la banda de los Borbones, que ponían más empeño en desprestigiar y lanzar bulos hacia el contrario que en vender sus prop. Excelencias, que quizás con eso hubiera sido suficiente. Pero no, aquí se trataba de machacar al contrario. Eso pasa todavía en este país. En vez de buscar apoyos y explicarnos lo bueno que en teoría pretendes hacer, te dedicas a atacar e insultar a la oposición. Cuéntame lo que quieres hacer tú y deja al otro en paz. Lo que pasa es que hace 300 años Luis XIV era muchísimo más listo que Feijóo y tenía mejor equipo que Feijóo. Y uno de esos episodios de desprestigio tuvo que ver con lo que se conoció como el motín de los gatos. Nada que ver con los mininos, por supuesto, nada que ver con ellos. Se llamó así porque fue un motín y porque a los de Madrid los llamaban gatos. Bueno, los siguen llamando aunque la mayoría no sepa por qué.
B
Venga, que la has dejado votando, remata. Aprovechemos para explicar de dónde viene esto de gatos.
A
Sí, bueno, es una leyenda, viene de muchas cosas, de una leyenda y todavía los que tienen. A los que tenemos padres y abuelos de Madrid, pues muchos nos dicen tú eres gata, gata, como si fuera un mérito, yo no creo que lo sea, la verdad, pero bueno, siempre que dices algo dos veces, además suena más auténtico cuando dices eso. ¿Tiene usted melocotón, que sepa? Melocotón, melocotón. Pues esto es lo de gato, gato, o cuando Arguiñano dice rico, rico, rico, ricO, rico, rico. Pues a los de Madrid los llamaba gatos porque cuando los omeyas fundaron ese poblachón, que era un poblachón, no había ni Dios viviendo ahí, vinieron los omeyas a fundarlo, lo rodearon de una muralla para defenderse del enemigo y en los años de la conquista cristiana, que no reconquista porque ahí no había nadie, fue conquista, cuentan que un tipo trepó por la muralla ayudándose solo con una daga que se coló, que abrió una de las puertas que daban entrada a la ciudad y los cristianos les birlaron Mayritos Madrid. Se dijo que aquel tipo parecía un gato trepando por la muralla y debido a su destreza se le dio el apodo de gato. Eso lo hizo un tío, si es que lo hizo, si es que lo hizo y se ha extendido a lo largo de los siglos para designar a todos los nacidos en Madrid, como dirían típicos regardela, gilipuyoa, o sea, lo que.
B
Se conoce como el motín de los gatos fue un motín de madrileños.
A
Un motín, eso fue, fue un motín en el que se juntó el hambre con las ganas de comer y en este caso, nunca mejor dich, se juntó una crisis de subsistencia de las habituales en aquella época que fue hábilmente aprovechada para desprestigiar a un político muy considerado, al conde de Oropesa y así anular, si, lo desprestigiaban a él, anulaba la ascendencia que este tipo tenía con el rey Carlos II. Si desacreditabas al tipo al que escuchaba al rey, el rey dejaría de escucharle. Contamos primero lo que eran las crisis de subsistencia, aunque bueno, pues se explica sólo con el nombre. Crisis de subsistencia es el nombre dicho en fino, pero eran hambruna. Todo por la falta de pan o porque estaba tan caro que los pobres no podían comprarlo. Y esas hambrunas provocaban motines de la población. Ocurría en toda Europa, también por estas tierras hispanas. En 1652 los hubo muy conocidos. Se dio el famoso motín del hambre de Córdoba y en Madrid el motín de los gatos, que se produjo 50 años después. La escasez de alimentos, ya fuera trigo o aceite, no era siempre por culpa de malas cosechas, a veces pura especulación. Los nobles, los aristócratas, que eran los propietarios de los campos y de los cultivos, acaparaban trigo o aceite, lo almacenaban y lo mantenían fuera del mercado para provocar la subida de los precios.
B
¿Cómo nos suena esto del aceite?
A
Claro, claro, es que lo tenemos ahí mismo. Esto que hemos contado, esto de las crisis de subsistencia, era parte del contexto. Y el que completa el contexto era un tipo que se llamaba Manuel Joaquín Álvarez de Toledo Portugal y Córdoba Monroy y Ayala, al que vamos a llamar Manolo, el conde de Oropesa.
B
¿Y quién era el conde de Oropesa?
A
Pues a ver, para entender. ¿No será el presidente del gobierno?
B
Hombre.
A
Era un tipo importante, era el válido del rey, era uno de los políticos más respetados y prestigiosos, presidente del Consejo de Castilla, que es lo mismo que decir ahora, pues presidente del gobierno. Todo el mundo tenía en alta estima y en alta consideración al conde de Oropesa. De hecho, fue él quien señaló al que fue designado en primer lugar como heredero de Carlos II. Estuvimos hablando de él, José Fernandito de Baviera, pero con el que se fastidiaron los planes porque al chaval lo nombraron heredero con cuatro años, pero se murió antes de cumplir los siete. Y cuando surgió de nuevo el problema de a quién demonios debe nombrar Carlos II para que herede esta bestialidad de imperio hispánico, la opinión de Oropesa iba a ser definitiva otra vez. Como Luis XIV no conseguía ni sobornar al conde ni atraerlo al bando de los Borbones para que apoyara al candidato Repollo, a Felipín. Hubo que armar una operación de desprestigio para que el rey lo apartara de su lado y anulara así el apoyo al candidato austriaco. Y aquí entra en escena la condesa de Oropesa, la señora esposa, que era una de las especuladoras de las que hemos hablado antes, pero que hacía como hacían todos los aristócratas que podían hacerlo en alguna ocasión. Había acaparado aceite y grano en tiempos de escasez y lo había hecho la señora aprovechándose de la posición privilegiada de su marido. Esa fue la grieta que encontró el comando Borbón para iniciar el ataque contra Manolo, el conde de Oropesa. Y en la primavera de 1699, ahí fue cuando lo puso a los pies de los caballos de los madrileños.
B
Entiendo que en la primavera de ese año igual se estaba produciendo una de esas crisis. Crisis de subsistencia, ahora hambruna, vamos.
A
Sí, hambruna, sí. Crisis de subsistencia. Y sí, efectivamente, la crisis empezó con el año. El motín fue en la primavera, pero con el año empezó ya estaba muy calentita. Había escasez de aceite y de grano, lo que había provocado el aumento de los precios de esos dos productos básicos. Por Madrid empezaron a correr rumores y a señalar directamente como responsable a la condesa y al conde de Oropesa. La verdad es que sólo había que por los bulos, sólo había que soltar unos cuantos cotillas por los mercados y por los mentideros y a pues los condes de Oropesa tienen guardado mucho aceite y mucho trigo. Pues esto está tan caro porque los de Oropesa tienen hasta arriba sus almacenes de aceite y grano. Todo consistía en eso. También aparecieron pasquines que señalaban como acaparadores no sólo al presidente del gobierno, al de oro pesa, sino a otros nobles, Mira tú qué casualidad. Todos partidarios del bando de los ovnis. Claro, es que de los cotilleos y de los pasquines se pasó directamente a los motines y por las calles y en los mercados empezó a correr el grito de Viva el rey. Muera el mal gobierno. Era un grito muy común, que esto es muy propio también de la plebe ignorante. Disculpas al rey, que es el verdadero parásito, y culpas a los que en realidad curran.
B
Entonces, al margen de que la crisis fuera cierta, que lo era lo de la hambruna. Este ataque al conde de Oropesa, por lo que cuentas, estaba claramente dirigido por la propaganda de los Borbones. Pero vamos, los más listos del lugar.
A
En este caso es que lo hicieron muy bien. Es que fueron los maestros de la propaganda. Había dos bandos a muerte intentando influir en la decisión de Carlos segundo del Pupas. Si los partidarios del bando de los Austrias no se dejaban sobornar, había que hundirlos. Y para eso nada mejor que dirigir contra ellos a esa plebe manejable y manipulable. Gritad contra el gobierno y a favor del rey. Y lo gritaban. Gritad que te vote Makoke. Y la plebe va y lo grita también. Ahora gritas contra el rey y la plebe va y grita también. Muñecos. Los propagandistas de los Borbones dirigieron la ira de los madrileños, sobre todo contra Oropesa, el tipo que más influía en la decisión del rey. Esa indignación se tradujo en el motín de los gatos y el motín de los madrileños. Hubo muchas broncas, hubo tremendos altercados, manifestaciones del pueblo pidiendo pan, se acercaban a palacio gritando, hasta que el propio Carlos II, que ya estaba además muy tocado, tuvo que salir un día al balcón del Alcázar para pedir calma. Hombre, calmaros, hombre. De haber sabido yo que había tanta necesidad. Eso, hijo, claro. Aquí en palacio, como tía mesa puesta, pues no me entero que falta pan. Esto no sé si lo dijo, pero me lo imagino. Y lo que también diría, pues lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir. Pero no os preocupéis, que ya arreglo yo esto inmediatamente, seguida.
B
No lo has contado todavía, pero ya lo veo venir, o sea, lo arreglo yo enseguida. Supondría la destitución del pobre Europe del presidente del gobierno y principal consejero, con lo cual éste quedaba ya eliminado de la Champions. Este ya no entraba.
A
Claro, es que lo habían anulado cuando lo hubiera hecho su mujer en algunos momentos, de acuerdo, pero no se había dado en esta ocasión así, en este caso, un absoluto bulo. Pero sí, efectivamente, destituyó directamente y se acabó. Muerto el perro, se acabó la rabia. El conde de Oropesa tuvo que huir. Al principio lo protegió a su lado Carlos II, pero los ataques continuaron, porque si lo dejaba a su lado, aunque no fuera presidente del Consejo de Castilla, podría seguir teniendo influencia en el rey. Entonces consiguieron desprestigiarle a tales términos, que ya tuvo que desterrarse. Y con él desapareció el principal obstáculo del Borbón Luis XIV para colocar a su nieto Felipín de Anjou, el Borbón que se creía batracio y que acabó corriendo en pelotas y lleno de mugre por el Palacio de la Granja. Así fue como pasamos del rey pupas al rey rana. Lo íbamos mejorando. Al conde de Oropesa lo sustituyó como principal consejero y como presidente del Consejo de Castilla el cardenal Portocarrero, un tipo poderosísimo. Era un cura fiel defensor de la causa borbónica y fiel defensor de su bolsillo. Bien trincó, bien de pasta. Tú dale a la plebe un bulo que se lo come fijo ahora. Y da igual en el siglo XVII también fundamental que contaran con propagandistas antes y con periodistas ahora, que ponen los medios para que la plebe se lo trague un poquito mejor.
B
Bueno, Nives, iba a decirte hasta mañana, pero mañana ya te apañarás con Rafa Panadero, si no te importa.
A
No, no me importa. Estoy encantada de apañarme con Rafa Panadero.
B
Yo también. Yo también estoy encantada de que os apañéis. Ala, un beso muy grande. Son las 7 y 20. Las 6 y 20 en Can.
A
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Host: Nieves Concostrina
Episode Date: October 11, 2023
Podcast: SER Podcast
Episode Context: "Acontece que no es poco" is a history podcast where Nieves Concostrina offers a personal, witty, and informal look at historical events. In this episode, she analyzes the "Motín de los Gatos" (Riot of the Cats) of 1699 in Madrid—a crisis that blended social unrest, political intrigue, and propaganda during the final years of King Carlos II’s reign.
Nieves Concostrina unpacks the "Motín de los Gatos," an uprising in Madrid in the spring of 1699. She explores how this crisis of subsistence—sparked by hunger and rising food prices—was cleverly leveraged as a political weapon amid the fierce succession struggle between supporters of the Austrian Habsburgs and the Bourbon dynasty. The episode investigates the confluence of popular anger, noble scheming, and ruthless propaganda that ultimately removed a key political figure (the Count of Oropesa) and paved the way for Bourbon ascendancy in Spain.
[03:17] Nieves on the “gato” nickname:
“Siempre que dices algo dos veces, además suena más auténtico… Pues esto es lo de gato, gato…”
[05:55] Nieves draws a contemporary parallel:
“¿Cómo nos suena esto del aceite?”
(Reminding listeners that speculation on staple commodities is timeless.)
[09:24] Social critique:
“Disculpas al rey, que es el verdadero parásito, y culpas a los que en realidad curran.”
(On the people's misplaced blame.)
[10:55] Satirical reenactment of Carlos II’s out-of-touch response:
“Aquí en palacio, como tía mesa puesta, pues no me entero que falta pan. Esto no sé si lo dijo, pero me lo imagino. Y lo que también diría, pues lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir.”
[12:57] Enduring lessons of mass manipulation:
“Tú dale a la plebe un bulo que se lo come fijo ahora. Y da igual en el siglo XVII también fundamental que contaran con propagandistas antes y con periodistas ahora, que ponen los medios para que la plebe se lo trague un poquito mejor.”
Through wit and historical anecdotes, Nieves Concostrina exposes how a crisis of hunger in 1699 was amplified and exploited to shift the political direction of Spain—using strategies and patterns of manipulation recognizable even today. The intersection of popular unrest, rumor-mongering, and court intrigue led to the downfall of Oropesa, clearing the way for the Bourbon dynasty, with lasting impact. The episode closes on the enduring truth that, regardless of era, manipulating masses through rumor and media remains a critical tool for those seeking power.